Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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domingo, 29 de octubre de 2017

Corto Maltés en la era de lo (im)prescindible

El lenguaje vivo -hablado, leído- es el lugar de donde emergen las paradojas. Al decir que ya no llueve sentimos la lluvia, igual que al indicarle a alguien que ha adelgazado aflora su gordura. La paradoja flirtea con la lengua, si bien la realidad se encuentra siempre en otro sitio. (Cuando con mi boca digo pasa un carro, ciertamente un carro no atraviesa mi boca.)

Es así que, en el ámbito de las producciones culturales, nunca antes como ahora se ha insistido tanto -tal vez abusado- en decir de este o de aquel artefacto (un libro, una película, un cómic) que es imprescindible. Pero claro, en virtud de la paradoja inherente a toda habla, cada vez que suena o resuena el adjetivo 'imprescindible', revive en el oyente su opuesto, que alude a lo prescindible. 

La reciente aparición de Equatoria, segundo álbum del tándem Juan Díaz Canales-Rubén Pellejero inscrito en la serie de las aventuras del marinero creado por Hugo Pratt, en cuanto se revela como una lectura imprescindible para muchos (incluido yo mismo), activa la pregunta sobre la pertinencia de Corto Maltés en la era de lo (im)prescindible. 


Con Bajo el sol de medianoche (1915), Díaz Canales y Pellejero salieron airosos del difícil reto que suponía realizar un álbum centrado en la figura de Corto Maltés. Hugo Pratt había interrumpido la serie del marinero con su aventura nº 29: Mû, el misterio del continente perdido (1988). Muerto el creador veneciano en 1995, concluir con manos nuevas un trigésimo episodio de la mítica serie de Pratt exigía, como digo, demasiada responsabilidad. Y Pellejero y Canales lo consiguieron.

Bajo el sol de medianoche resulta, con todo, algo apelmazado. Es muy comprensible, dado que ambos autores debían establecer una continuidad indudable con el resto de la serie y convencer a todo el mundo de que, en efecto, se trata de un nuevo álbum de Corto Maltés y como tal reconocible. Es quizá un exceso de guiños y referencias prattianas lo que recarga este álbum. El tiempo de la historia de esta aventura de Corto parece ser inmediatamente anterior al de La balada del mar salado e inmediatamente posterior a la misma, según sugiere el nombre de Pamela Groovesnore en la penúltima plancha del libro. Una nueva ordenación cronológica de las aventuras de Corto Maltés situaría Bajo el sol de medianoche como el episodio nº 2, después de La juventud, y ubicaría La balada en el 3.

No obstante, la aventura que se narra en Equatoria altera de nuevo la ordenación temporal de la serie de Corto Maltés. La visita, por ejemplo, de un joven Winston Churchill a la Alejandría de Kavafis, así como el final de la historia, sitúan Equatoria, trigésimo primer episodio de Corto, en el tercer puesto de la ordenación temporal o biográfica del héroe. Con lo cual, La balada del mar salado pasaría a ser el episodio nº 4.

Equatoria sorprende por su ligereza, que se da tanto en la soltura del trazo de Pellejero y en su dosificación de la mancha, como en la narrativa secuencial aportada por el guion de Canales. Estamos ante un buen tebeo. Los autores inscriben una nueva historia en el corpus cortomaltesiano siguiendo (respetando) los rasgos fundamentales del personaje y de la serie establecidos por Hugo Pratt. Me refiero a cosas tales como la inserción de personas y hechos reales en los avatares de la ficción, el uso de la ironía en el lenguaje de Corto, el culturalismo presente, las referencias más o menos juguetonas a lo esotérico, la actitud descreída y a la vez comprometida del marino, el poder de seducción de su imagen, etc.

Con tan buenas manos, tenemos Corto Maltés para rato. Esperamos la aventura nº 32 del intrépido marinero.


Pero volvamos a lo sugerido por el título de esta entrada.

No puedo evitar relacionar el asunto de lo prescindible imprescindible en el contexto del cómic -y en concreto de Corto Maltés- con el libro de Hugo Pratt El deseo de ser inútil.

Sé que la semántica de 'útil/inútil' no es equivalente a la de 'imprescindible/prescindible'. Sin embargo, hay una sutil asociación de ideas que lleva a vincular lo útil con lo imprescindible y lo inútil con lo prescindible. Es una asociación en cierto modo gratuita, pues no es difícil encontrar ejemplos que la desmienten, al menos claramente en lo que concierne a lo útil entendido como imprescindible.

La ironía de Hugo Pratt se revela en esa frase sobre su deseo de ser inútil.

Conviene situar históricamente esta frase, contextualizarla para apreciar su sentido. La cosa tiene que ver con todo aquello de la literatura y el arte 'comprometidos' del siglo XX. El arte al servicio de una causa. La cultura del compromiso. L'artiste engagé. La primera aventura de Corto Maltés, La balada del mar salado, irrumpió en el mercado europeo en 1967, poco antes del mayo francés. Hugo Pratt ya había rebasado su etapa argentina (con o sin Oesterheld), rozaba la cuarentena y tenía un buen número de historietas publicadas. Pero ahora nos importa el contexto. No ya solo el gusto de Pratt por las historias y aventuras en parajes exóticos, sino el arte del tebeo mismo era percibido entonces por los intelectuales y artistas comprometidos como un gusto infantil, completamente inútil para la causa de los militantes. La vía lúdica aparecía entonces como poco menos que pecaminosa para las "mentes serias". El cómic es cosa de críos, decían.

La vía lúdica se impuso, no obstante. Un intelectual de aquí describió esta conversión como La infancia recuperada. El principio de placer es un buen compañero de tantísimas causas, no necesariamente perdidas. Hugo Pratt contribuyó a dejarlo claro mediante sus cómics.

Yo no sé si Corto Maltés es imprescindible, entre otras razones porque haría falta especificar un para qué. Así a bulto, o en términos gruesos, pocas cosas son estrictamente imprescindibles. Pero tampoco es eso. La civilización amplía nuestro horizonte y nuestros deseos...

Para terminar, destacaré la importancia y el valor de Corto Maltés en un mundo saturado de productos prescindibles.


miércoles, 5 de julio de 2017

Wonder Woman, mito y poder

Seguramente, cuando Hugo Pratt en sus conversaciones con Dominique Petitfaux dijo aquello de que uno de los cometidos del cómic podría ser el de crear los grandes mitos contemporáneos, sabía qué se traía entre manos. Ahí está, sin ir más lejos, su Corto Maltese. 

Otro asunto es discernir si es posible crear nuevos mitos o si, por el contrario, los mitos contemporáneos -procedan estos del cómic o de otras narrativas- remiten a arquetipos universales presentes en la mitología clásica. (Aunque no estoy seguro de que esto último sea lo más importante en cuanto a desbrozar una fenomenología y hasta una pragmática de los mitos contemporáneos.)

Quizás donde mejor se aprecia una estrecha relación entre el cómic y la mitología es en el ámbito de los tebeos de superhéroes. [Valga como muestra este artículo de Natalie Haynes.] Pero creo que si hablamos de mitos y cómic en sentido pleno, el asunto no se reduce a encontrar conexiones más o menos simbólicas entre (super)héroes de tebeo y personajes mitológicos clásicos. Lo que importa, insisto, es el valor de los mitos contemporáneos, su importancia en el imaginario de nuestra época, su calidad en cuanto espejos no tanto de lo que somos, sino de lo que podríamos ser.



Recientemente, Elisa McCausland ha dedicado un ensayo a uno de los mitos superheroicos más pregnantes o plenos de significado en nuestra contemporaneidad: Wonder Woman. Es este un fenómeno, el de WW, nacido en 1941 y que tiene ya cumplidos 75 años de presencia ininterrumpida en comic book (y otros medios). Y de entrada, uno de los aciertos de Elisa McCausland en su libro Wonder Woman. El feminismo como superpoder (2017) ha sido presentar ampliamente en nuestro país a un personaje cuyas vicisitudes muchos desconocíamos en detalle. 

No obstante, la cosa no se queda ahí. Solo desde la fascinación es posible escribir un tratado como el que Elisa McCausland dedica a Wonder Woman. Una fascinación, claro está, por el personaje en principio. Pero esa misma fuerza atractiva lleva a esta autora a trascender el ámbito de la representación del personaje y sus aventuras para adentrarse en el espacio de sentido que el fenómeno WW porta. Más allá del ámbito de la figuración y sus características, McCausland recrea en su libro el título de Joseph Campbell: El poder del mito, aplicado esta vez a sugerir el poder emancipador que aun hoy el mito de Wonder Woman conlleva. Un poder que es, ya en el título del libro, un superpoder. Y este no es otro que el del feminismo.

Pero no hay opinión sin información, dice un viejo eslogan. La información que proporciona  en su libro McCausland es pertinente y valiosa, máxime teniendo en cuenta la ya dilatada vida de Wonder Woman y su diferentes trayectorias en manos de unos y otros guionistas y dibujantes. Y hablando de trayectorias... la historia de los tebeos, como la de cualquier otro arte, es inseparable de la historia de la época en que se producen, en cuanto no dejan de ser un reflejo, bien que elaborado, de esta. El "efecto Wertham", por ejemplo, producido a raíz de la publicación en 1954 del libro Seduction of the innocent, escrito por el psiquiatra estadounidense de origen germano Fredric Wertham, tuvo unas consecuencias cifradas en la creación del CCA o Comics Code Authority, una práctica de autocensura editorial dirigida a regular el contenido de los comic books de la época y de la que no se libró, ciertamente, Wonder Woman. De igual modo, los vaivenes éticos, estéticos, sociológicos, etcétera, que han afectado a la sociedad civil de EE. UU., acaso ahora global, han tenido su (in)conveniente reflejo estético, ético, etc., en las historietas de nuestra heroína. El women's lib, p. e., bien que edulcorado y domesticado.

La autora deja claro que entre todas las etapas habidas por WW, se queda sin duda con la primera. Es la que se dio entre los años 1941-1947, esto es, la que corresponde al periodo que oscila entre el momento fundacional del mito de Wonder Woman y la muerte de su principal demiurgo, W. M. Marston.

(Elisa McCausland, como el resto de estudiosos del fenómeno WW, se refieren al "clan Marston" (compuesto por William Moulton Marston, su esposa Elizabeth Holloway Marston y la compañera de ambos, Olive Byrne) como artífice genuino de Wonder Woman. La muerte de William M. Marston en 1947 marcó el final de la etapa fundacional del mito. Harry George Peter, por su parte, fue el dibujante de Wonder Woman en ese periodo.)



McCausland aporta datos suficientes en su ensayo para encontrar vínculos entre el nacimiento de Wonder Woman y la primera ola de feministas, las sufragistas. Fueron estas las que iniciaron la revolución efectiva más importante del siglo XX, cuyas esperanzas y anhelos perviven en el XXI. La primera etapa de la heroína, la específica del "clan Marston", sería según la autora la que preserva esa fuerza revolucionaria, sus esperanzas y anhelos.

Con todo, Elisa McCausland acoge como perspectiva y enfoque de su mirada la posición de Simone de Beauvoir, inspiradora de la segunda ola de feministas etiquetadas ahora como representantes del feminismo de la igualdad. De hecho, Wonder Woman. El feminismo como superpoder se inicia con una cita de la filósofa parisina:
"No se trata de que la mujer le arrebate el poder al hombre. Eso no cambia el mundo. Se trata de demoler la concepción establecida del poder."
La palabra clave en esta cita de Beauvoir es poder. Es el quid. El poder es el núcleo que conforma las realidades sociales. Tal vez sea insoslayable en cuanto tal, en cuanto poder (existe, sin más). Pero acaso sí se pueden disolver (demoler, dice la filósofa) determinadas concepciones establecidas de poder. Nuevas olas de feminismo y sus derivados apuntan en esta tarea.

(Como curiosidad histórica, cabe señalar que El segundo sexo, el libro de Simone de Beauvoir considerado impulsor de la segunda ola de feministas que floreció en los sesenta pasados, es del año 1949. Justamente cuando la primera etapa de Wonder Woman, la más pregnante a los ojos de Elisa McCausland, concluía.)

Terminaré observando que las ilustraciones de Carla Berrocal y de Natacha Bustos enriquecen con mayúsculas el texto de Elisa McCausland Wonder Woman. El feminismo como superpoder.



domingo, 19 de febrero de 2017

La causa irlandesa



Los conflictos pueden ser políticos, bélicos, personales, psíquicos, amorosos, sociales, de cualquier índole.

Son fuente de inspiración. Alimentan historias.

Los conflictos ofrecen no solo materia narrativa, sino también localizaciones y escenarios, partes contendientes, personajes, tramas. No es preciso ponerse dialécticos (à la Hegel o à la Marx) para concluir que sin contestación, sin oposición, sin conflicto, sin agón, sin contradicción no hay historia... ni narración de la historia. Con Heráclito es suficiente.

En lo que aquí nos atañe, basta con percatarse de que, en efecto, el conflicto -un conflicto determinado- está en la base de un muy elevado porcentaje de historias, sean estas dramáticas, trágicas, cómicas... Es la narración entendida como puesta en escena de conflictos variados. Y los escenarios, de naturaleza múltiple, suelen acoger una combinatoria de conflictos de carácter político, histórico, biográfico, rural, bélico, pasional, urbano, etcétera,

La isla de Irlanda proporciona uno de esos escenarios al ser sede de un conflicto histórico y político, más que religioso, basado en la dominación territorial por parte de los ingleses y el rechazo y la lucha ante esa dominación, por parte de los irlandeses. Es un conflicto violento, trágico, que inspira numerosos relatos literarios, gráficos y cinematográficos. Y es a lo que se refiere el sintagma 'la causa irlandesa'.


Hugo Pratt inscribió su Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina (1972) en el contexto y la situación de la causa irlandesa.

En otro post [ aquí ] relacioné este relato de Pratt con otro texto de Borges titulado "El tema del traidor y del héroe". Pero es más lo que en la historieta del italiano se ofrece. Gracias al dibujo secuenciado de Pratt, a su arte, el lector percibe la lucha de voluntades que la causa irlandesa encierra. Percibe la amistad como valor que aglutina destinos a la vez que percibe el dudoso valor de la simulación. Percibe igualmente la belleza un tanto agónica de 'la verde Erin'. Y conoce el lector, en fin, uno más de los amores imposibles de Corto Maltés. No creo incurrir en spoliler diciendo que Corto toma partido en este relato a favor de la causa irlandesa.

Por cierto, en A la sombra de Corto, uno de los dos libros de conversaciones de Hugo Pratt con Dominique Petitfaux, leemos respecto al título de esta historieta:

[Pratt] ... Es un título bonito. Los americanos no lo entendieron. Tradujeron "en fa menor". Y los españoles, "en do menor".

[Petitfaux] Mientras que la O se refiere al O' de muchos apellidos irlandeses, ¿no?

[Pratt] Exactamente.

Es obvio que, por su parte, el arpa y la nitroglicerina remiten, respectivamente, a la cultura irlandesa y a la lucha de ese pueblo contra la dominación inglesa.

Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina pasó a formar parte del álbum de Hugo Pratt titulado Las Célticas. Distintos avatares propiciaron que el número de historietas de Pratt incluidas en este álbum variase en sucesivas ediciones, pasando de seis a cuatro. Sin embargo, Concierto en do menor... siempre ha sido un elemento constante en Las Célticas.


En la portada de una edición de Las Célticas de 1987 que conservo, publicada en la Biblioteca Totem Extra de la editorial New Comic (Madrid), está escrito:

Con la alegre participación
del mago Merlín,
de las hadas Morgana y Viviana,
del rey Arturo,
de Oberón, Puck y sus amigos:
los lepricanos de Irlanda,
los pidies de Cornualles,
los bogeis de Escocia,
los korrigans de Bretaña,
los mineros del país de Gales,
los lutins de Francia, los guinness,
los druidas disparatados,
la "gente menuda"
del bosque de Brocelianda,
los cuervos reales
de Stonehenge...
sin olvidar a W. B. Yeats
ni el arpa del viento
de algún lugar
del norte.

A todos, muchas gracias.
Corto Maltés

Es decir, el relato de Pratt referido a la cuestión irlandesa, su Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina está inmerso a su vez en un contexto que alude a un imaginario más amplio: el imaginario celta, que abarca una geografía mayor que la estrictamente irlandesa. Es difícil sugerir más sintéticamente, como lo hace este texto de Pratt, el alcance de ese imaginario.


Es este ambiente y esta inspiración "céltica" lo que Sergio Toppi recoge en su álbum de 2007 formado por tres narraciones dibujadas: El bosque de Brocelianda, Black & Tans y Solitudinis Morbus.

(Un estudio aparte se merecen las afinidades detectables entre Hugo Pratt y Sergio Toppi, no solo en cuanto a los motivos de ilustración que los dos comparten.)

El segundo de estos relatos, Black & Tans, transcurre directamente en el contexto de la causa irlandesa. Los "Black and Tans" eran unos policías reclutados especialmente para reprimir a la población irlandesa durante la guerra de independencia de Irlanda entre 1919 y 1921 (negro y tostado eran los colores de su uniforme).

Lo que Toppi nos cuenta en Black & Tans es un episodio al cabo más poético que bélico, aunque no exento de cierta intencionalidad. Fiel a su simpatía por el cuento maravilloso, Toppi, con un extraordinario dominio de la elipsis y de la síntesis narrativa, dibuja en solo doce planchas una extraordinaria historia que evoca a Cuchulain, uno de los grandes héroes de la mitología irlandesa, y con ello conecta el conflicto bélico con el imaginario mítico. La técnica de Toppi en Black & Tans, tan personal como siempre (splash pages, viñetas verticales alargadas, dibujo minucioso, sabia distribución del blanco y el negro), confirma una vez más la categoría del maestro italiano.


Finalmente, cerraré este post dedicado a la causa irlandesa refiriéndome a un tercer cómic centrado en este largo conflicto. Se trata de La versión irlandesa (2007), un ábum con guion de Jean Van Hamme y dibujado por Jean Giraud.

El álbum se inicia con un texto que ocupa la primera página y está firmado por el propio Van Hamme. Su título es "Un pequeño recuerdo histórico antes de empezar". En él se resume el conflicto iniciado en el siglo XII, cuando Irlanda fue colonizada por los ingleses mediante la invasión del país. Y el texto culmina cuando, a principios de agosto de 2005, el IRA depuso oficialmente las armas. En el ínterin, una larga historia de resistencia y de represión. Proverbial fue la creación en 1902 del Sinn Féin (Nosotros mismos en gaélico), una estructura política -el primer partido nacionalista irlandés- que ha sido capaz de organizar el conflicto hasta su probable extinción. Aunque no ha sido un camino de rosas, sin lucha sangrienta, ni los interrogantes han desaparecido del todo.

La versión irlandesa apareció como el número 18 de la serie XIII, una saga de más de veinte álbumes escrita por Jean Van Hamme y dibujada por William Vance. De la ilustración o el arte del álbum 18 de la saga, sin embargo, se ocupó Jean Giraud.

El hecho de que sea Jean Giraud la firma que aparece en La versión irlandesa, y no Moebius, es un indicio del carácter realista, si bien estilizado, del dibujo de esta historieta. De alguna manera, Giraud embellece todo lo que ilustra. Y en este sentido, La versión irlandesa no es un caso aparte en su obra.

Todo hace pensar en un sesgo oportunista del trabajo conjunto de Giraud y Van Hamme. La versión irlandesa es un ejemplo perfecto de álbum de la industria francobelga en formato 48CC realizado para triunfar en el mercado. Y así fue. No obstante, tampoco hay que ceder al prejuicio de identificar el montaje comercial con la falta de calidad artística. Muy buenas películas de Hollywood son prueba de lo que digo. La versión irlandesa es un cómic bien escrito, bien dibujado, bien realizado y en fin, que se lee bien. Carece de la intensidad poética de las historias comentadas de Pratt y de Toppi basadas también en la causa irlandesa. Pero el arte de Giraud y la habilidad de Van Hamme consiguen decantar un producto más que digno.



Hay más cómics referidos a la causa irlandesa. Por ejemplo, Blood Upon the Rose: Easter 1916, The Rebellion that Set Ireland Free (2009), de Gerry Hunt. Este post sería interminable si pretendiera dar cuenta de todos, sobre todo a partir de la alianza establecida entre la novela gráfica y el cine.

En cualquier caso, lo dejaré para otra ocasión.


19.02.1017



Balada irlandesa es el título del tercer y último relato de Negro (2009), del francés Baru. La historia está fechada en 1996, cuando la causa irlandesa se manifestaba todavía mediante la acción directa. En esta ocasión, el escenario de Belfast le sirve a Baru para componer una balada visual y narrativa con aires de Romeo y Julieta.

La poética de esta Balada irlandesa conecta de algún modo con la del relato de Hugo Pratt comentado arriba. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Tintín, esa especie de monaguillo

Es de sobra conocida la filiación ideológica inicial de Hergé. Como broma, podríamos aplicar al autor belga las palabras con que Valle-Inclán describía al marqués de Bradomín: "Era feo, católico y sentimental". Más allá de la broma, lo cierto es que hay un relato referido a los posicionamientos de Hergé; un relato elaborado no solo a partir de ciertos datos de su biografía (la influencia del catolicismo en su formación escolar y en sus comienzos profesionales, la sospecha de colaboracionismo que lo acompañó hasta el fin), sino también en base a los contenidos de los álbumes de Tintín primerizos, especialmente el primero: Tintín en el país de los soviets (en lo que concierne a su anticomunismo) y el segundo: Tintín en el Congo (en cuanto al colonialismo)... Es como decir que, de alguna manera, Hergé comparte con Hugo Pratt, otro grande del cómic europeo del siglo XX, la sospecha que se les atribuye a ambos acerca de una mancha ideológica original, con las diferencias respectivas entre ellos. (A Pratt se le llegó a acusar de militarista y de ser un fascista vergonzante, pero esta es materia para otro post.) Claro está que estas sospechas y acusaciones no escandalizarán a todos. Y menos aún a los que comparten afinidades con esas posiciones aludidas. En cuestiones ideológicas, ya se sabe. Como si fueran colores, aunque no lo son.

Desde luego, yo no conozco los límites de la afirmación "Por sus obras los conoceréis". Ni sé hasta qué punto es importante conocer la biografía de un autor para abordar sus obras. Aun así -sin necesidad de recurrir a la Teoría del reflejo de Lukács (ni al Teorema de la superestructura reactivado por Habermas)-, reconozco que hay correlaciones entre las formas artísticas y las relaciones de fuerzas; en concreto, las fuerzas que imperan en el momento de la producción de esas formas. También creo que aunque pueda haber lugar para la decisión o elección personal, es difícil para la conciencia escapar de los fantasmas que la realidad le impone.



Estas palabras: "...y a ti, especie de monaguillo..." le espeta a Tintín el villano Allan (junto a otra expresión también significativa: "capitán Bebe-sin-sed", dirigida a Haddock) en una viñeta de Vuelo 714 para Sídney. Es el propio creador y dibujante de Tintín -Georges Remi (1907-1983), Hergé- quien manifiesta un distanciamiento tal ante su personaje que le permite, si bien por boca de un malvado, calificar a Tintín como monaguillo.

Vuelo 714 para Sídney es el penúltimo álbum de los 23 que componen la serie Las aventuras de Tntín, iniciada por Hergé en 1929 con Tintín en el país de los soviets (cuyo álbum salió en 1930). Dado que el tomo Vuelo 714... como tal es de 1968, son cerca de cuarenta años los que median entre el primer y el penúltimo álbum de la serie de Hergé. (Tintín y los pícaros cerró la serie en 1976. Por su parte, la aventura inacabada Tintín y el Arte-Alfa es la edición de un conjunto de bocetos y guión incompleto publicada en 1986, tres años después de la muerte del autor).

Durante esos más de cuarenta años, no se puede hablar de una evolución de los personajes de la serie de Hergé. Nacieron, por así decir, de una pieza, ya terminados. Sí que hay, obviamente, un mayor perfeccionamiento en el trazado de Tintín y el resto de su pandilla, pero es puramente formal, gráfico. Las características psicológicas y morales de Tintín, Hernández y Fernández, el capitán Haddock, el profesor Tornasol, Bianca Castafiore y demás permanecen inalterables álbum tras álbum. Lo mismo cabe decir de "los malos" de la serie, con Rastapopoulos o marqués de Gorgonzola a la cabeza.

La pregunta sería, entonces, si es posible hablar de una evolución no ya de los personajes, sino de su creador, en los más de cuarenta años que ocupó a Hergé la culminación de su serie.


A mí me parece que es esa correlación mencionada arriba entre formas y fuerzas la que puede dar pistas para interpretar una obra tan dilatada en el tiempo como fue la producción de la serie de Tintín. El artífice de la misma, Hergé, habría ido incorporando las transformaciones históricas que se produjeron en aquellas décadas. Tras la segunda guerra mundial, el marco está claro: los Treinta Gloriosos (1945-1973) y el triunfo del capitalismo, la tolerancia asociada al Estado de Bienestar, el optimismo, la democracia cristiana y el socialismo nórdico, el progreso científico-técnico, el anhelo de futuro... Bien mirado, a Hergé, como a tantísimos otros, no le habría sido imprescindible cambiar sus esquemas de valores. Bastaba con aceptar el crecimiento y mostrarse como tolerante.

La segunda mitad de la serie Las aventuras de Tintín, a partir del álbum número 13 (Las siete bolas de cristal, 1948) corresponde a esos Treinta Gloriosos siguientes a la II GM. Años de enrriquecimiento no solo vital.

El álbum Tintín en el Tíbet, publicado en 1960, es quizás el más idóneo para calibrar la axiología de Hergé en aquella época. Sobresale en esta aventura el valor de la amistad desinteresada, incondicional. Si se puediese hablar de una evolución del autor en esta etapa, desde los tiempos de la revista católica Le Petit Vingtième en la que comenzó su carrera, esta iría por el lado de cierta universalización de valores humanos, en consonancia con aquel catolicismo renovado de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II. Y no cabe duda de que Tintín es en esta etapa, en este álbum también, esa especie de monaguillo del catolicismo de Hergé.

Todo esto, en fin, afecta poco a la calidad como historietista de Hergé. Basta con sumergirse en cualquiera de sus álbumes (acaso en unos mejor que en otros) para comprobar su excepcionalidad.


domingo, 4 de octubre de 2015

El deshielo de Corto Maltés

No es la primera vez que una serie de Hugo Pratt encuentra continuación tras la muerte de su creador. Ocurrió con Los escorpiones del desierto, serie de la cual el esritor y dibujante italiano publicó cinco historias entre 1969 y 1992. Hugo Pratt falleció en 1995 y diez años después, en 2005, el ginebrino Pierre Wazem realizó una nueva historia de Los escorpiones del desierto. Nuevamente, en 2008 un séptimo episodio de la saga vio la luz, esta vez de la mano de Giuseppe Camuncoli al dibujo y Matteo Cassali en el guion.

Por otra parte, en la medida en que las aventuras de Corto Maltés, más allá del culto, gozan de una difusión y un prestigio que lo acercan a una suerte de mainstream a la europea, no será del todo extraño que el personaje más famoso de Hugo Pratt constituya con el tiempo una franquicia comparable -salvando todas las imaginables distancias- a las de los superhéroes del mainstream del otro lado del Atlántico, en las que se suceden diferentes autores que mantienen la continuidad de las respectivas franquicias. Ya sabemos, después de todo, que el "Continuará" es inherente a las series que forman el medio del cómic, incluido el tebeo de autor.

Lo que ocurre es que precisamente eso, la difusión, el prestigio y el culto asociados a la figura de Corto Maltés parecían hacer imposible una continuación de la serie. Y así, el más famoso marinero de la historia del cómic quedó como congelado tras la desaparición de Hugo Pratt. A fin de cuentas, el teniente Koinsky -de Los escorpiones...- no ocupa esa posición cuasi mítica que es propia de Corto Maltese.

Sin embargo, el deshielo se ha producido. Y curiosamente, con una aventura que transcurre en buena parte entre el hielo. El guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero acaban de hacer público un nuevo álbum de Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche (2015).


La edición ha salido por partida doble. Hay una versión pura y dura en blanco y negro y otra de tamaño más reducido en color, con papel satinado más extras. Tras hojear ambas versiones, me decidí por la primera. Me parece mejor al menos para recuperar la lectura de aquel Corto Maltés que conocí hace años. Y para apreciar en detalle la limpieza del dibujo de Pellejero y sus sugerencias. Lo cual no significa que la versión en color desmerezca. La diferencia entre ambas, si se quiere, viene a ser similar a la que hay entre las historietas originales en blanco y negro de Pratt y las coloreadas después por Patrizia Zanotti (bajo el visto bueno del autor). Queramos o no, el color favorece la comercialización. Y tal vez edulcora la historia.

Bajo el sol de medianoche mantiene, por así decir, el espíritu esencial de las aventuras de Corto Maltés. Especialmente las de la primera época, cuando un cierto realismo histórico trufado con ribetes políticos era ajeno al regusto por el esoterismo, la mitología y la cábala de historietas posteriores. En mi opinión, Díaz Canales y Pellejero han sabido incrustar un nuevo episodio en el corpus creado por Pratt. Hay multitud de guiños para los connaisseurs de la serie, desde la presencia inicial de Rasputin en el relato hasta el nombre final de Pandora, pasando por otros detalles y signos que remiten a historietas ya conocidas de Corto y reavivan la memoria y la imaginación del lector.

Pero lo importante es que tales guiños, detalles y signos funcionan como engarces, puntos de sutura que insertan Bajo el sol de medianoche en la serie de Pratt. Y no solo eso. Pues este episodio, además de engarzarse en aquel corpus, lo dinamiza. Nada impide que las aventuras de Corto Maltés fluyan de nuevo, revitalizadas, gracias al trabajo de Pellejero y Canales. 

El reto, me parece, no era tan solo el de satisfacer a los viejos amantes de Corto Maltés. Han pasado casi treinta años desde la culminación de Mû, el misterio del continente perdido (1988-1991), la última aventura de Corto realizada por Pratt. Un nuevo acúmulo de lectores de historieta, una nueva generación se ha incorporado al entorno del cómic. Si Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero consiguen llegar con este álbum a esos nuevos lectores de tebeos, la continuidad de Corto Maltés está más que asegurada.

Y también está asegurada, pase lo que pase, la calidad de Díaz Canales en el guion y de Pellejero en el arte de Bajo el sol de medianoche. 


sábado, 28 de febrero de 2015

Aniversario con Toppi

Hace ahora tres años empecé a leer tebeos más o menos asiduamente y a escribir al respecto. De hecho, si en mi primer post de este blog -que nació como un hilo en un foro generalista- declaraba no ser lector habitual de cómics, hoy no puedo decir lo mismo. Es por eso que hace un par de meses, no llega a tres, decidí ingresar en la blogosfera con este Mientras tanto, continuará, que no es más que la prolongación de aquel hilo.

En aquel momento no partía de la nada o desde cero. Simplemente, me había estado dedicando hasta entonces a otras cosas. Pero como no me canso de repetir, soy miembro nato de una generación que alimentó buena parte de su infancia y algo más leyendo tebeos. Y espero que este arte -el noveno- no desaparezca con nosotros, aunque se transforme cambiando el soporte de papel por los mapas de bits.

Lo fascinante para mí en este periodo ha sido simultanear el descubrimiento con la exposición; realizar la práctica de la lectoescritura; recuperar con tebeos la infancia.

He tenido la suerte, además, de culminar estos tres años con el conocimiento de Toppi, un hallazgo de arte mayor.


Sergio Toppi (1932-2012) pertenece a esa estirpe de grandes dibujantes europeos continentales nacidos en el segundo cuarto del siglo XX (Hugo Pratt, Jean Giraud/Moebius, Guido Crepax, Jacques Tardi...). En versión italiana, añadiríamos, si es que tuviera aún sentido establecer categorías entre los artistas en función de su nacionalidad; lo cual es discutible, al menos en la esfera de la tradición occidental, ya que las diferencias de estilo entre autores son más individuales, menos grupales, que las diferencias idiomáticas.

El hecho de que la obra de Sergio Toppi haya sido más re-conocida por círculos afectos a la praxis de la historieta (guionistas, dibujantes, críticos, entendus) que entre el público aficionado sin más puede ser debido a meras circunstancias de edición y distribución o a su ausencia. Los Giraud, Pratt, Crepax et al abundaron más entre nosotros, pero eso no quita que Toppi ocupe un lugar importante, me parece, entre los autores de cómic sobresalientes. El tiempo, como suele decirse, pone a todos en su sitio.

Lo que importa es la calidad del trabajo de Toppi. Una calidad que es bifronte, pues se aprecia tanto en su faceta como ilustrador cuanto en su faceta de historietista. Por decirlo de algún modo, Toppi es un autor que conjuga sabiamente el arte estático con el arte dinámico, el dibujo minucioso y preciso con un peculiar sentido del orden secuencial.


Por el lado de la ilustración, Toppi es un dibujante se diría que artesanal -en el sentido de meticuloso- a la vez que elegante. La riqueza visual de sus dibujos propone una caligrafía gráfica que invita a leer sus imágenes, sea que estas representen rostros, árboles, utensilios, tejidos, animales, montañas. Es también llamativa la sabia distribución del blanco y el negro que Toppi practica en sus dibujos, logrando una notable compensación y equilibrio de tonos. 


En lo que se refiere al aspecto dinámico del arte de Sergio Toppi, esto es, a su manera de practicar el orden secuencial en la confección de historietas, destaca su concepción de la página entendida como módulo narrativo, sin necesidad de cuadricularla mediante tiras de viñetas (splash page). Es esta una técnica que se emplea comúnmente en la primera plancha de muchísimos comic books e historietas, conformadas como novelas gráficas o no. Así, son antológicas las splash pages de Will Eisner encabezando sus relatos de The Spirit; si bien, en su etapa posterior como autor de graphic novels, Eisner recurrió a menudo a este tipo de página sin calles más allá de la plancha inicial. Es este un recurso estético que confiere a la narración un aspecto visual y significante novedoso y pleno.

Esta faceta experimental de la concepción de la página la hizo suya Toppi, como decimos, aplicándola en multitud de planchas de sus relatos. Es una marca particular de su estilo. 


Más que del realismo mágico, las historietas de Toppi participan de elementos tomados del cuento maravilloso. Cuando el lector se interna en el entramado gráfico y narrativo de sus páginas y clausura con atención el significado de lo que Toppi le cuenta, la sorpresa va seguida de un doble goce, intelectual y estético. Y este doble goce convierte al lector en un miembro más de la legión creciente de admiradores del maestro italiano. 

Un feliz aniversario con Toppi. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

1978. La irrupción salvaje del cómic en la literatura

1978 fue el año de publicación en Estados Unidos de Contrato con Dios, de Will Eisner. Esta obra era presentada por su autor como a graphic novel. Y su salida a la luz es considerada ya tópicamente como el nacimiento de eso mismo, es decir, de la novela gráfica. 


Ese mismo año, en febrero, apareció en Francia el primer número de la revista francesa (À Suivre) ((Continuará)). En el artículo editorial de este primer número, Jean-Paul Mougin escribía: 

"Con toda su densidad novelesca, 'À Suivre' será la invasión bárbara de la 'bande dessinée' en la literatura."

Esta declaración de Mougin ha sido también traducida como "La irrupción salvaje del cómic en la literatura" y encierra en sí misma un manifiesto. 

El Sumario de este primer número de (À Suivre) lo encabezaba "Le Pays Clos", con guión de Jean-Claude Forest y dibujos de JacquesTardi, anunciado como primer capítulo de Ici Même. Esta primera entrega, junto a las doce que siguieron consecutivamente en sendos números de la revista, fueron recopiladas en un solo volumen de unas doscientas páginas que fue publicado en 1979 con ese título: Ici Même. 

Más abajo en el orden del Sumario de ese primer número de (À Suivre) se ofrecía también "Las linternas rojas", de Hugo Pratt, anunciado como primer capítulo de Corto Maltés en Siberia. 


No deja de ser una curiosidad cronológica el hecho de que "la irrupción del cómic en la literatura" se produjera a ambos lados del Atlántico en el mismo año, 1978. Con ello se certificaba de una vez la mayoría de edad del tebeo. 

Con todo, puestos a buscar, entre el cómic americano y el cómic europeo se pueden encontrar si se quiere las mismas diferencias que se hallan entre la literatura americana y la literatura europea. Unas diferencias que son cada vez más borrosas en consonancia con la mundialización cultural. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Ernie Pike, La Guerra de las Trincheras, La Gran Guerra

El artificio narrativo de Oesterheld y Pratt en Ernie Pike, consistente en construir los relatos de guerra en base a la voz y la mirada de un cronista que no participa en los hechos narrados, abrió una nueva perspectiva que se ha revelado fructífera. El cómic se presentó como un medio capaz de asumir los procedimientos periodísticos del reportaje documental. El paso siguiente, magistral, lo daría Jaques Tardi en La guerra de las trincheras al suprimir la figura del periodista pero conservando la técnica del documental. La mirada, mediatizada si se quiere por los personajes de la trama, pasó a ser la del autor que trabaja a la manera de un montador cinematográfico, si bien a partir de materiales dibujados por él. Posteriormente, Joe Sacco compondría sus historias de guerra de un modo muy cercano al nuevo periodismo, donde el sujeto que cuenta los hechos se dibuja a sí mismo, pero sin intervenir realmente en la acción. 

En sus trabajos anteriores a La gran Guerra, Joe Sacco trata de sintetizar en sus páginas y viñetas la meticulosidad minuciosa de sus imágenes con una profusión de texto en ocasiones excesivo. Esto ha sido así hasta que llegó su última obra, dedicada precisamente a "la guerra de las trincheras". 


En esta especie de tapiz sin palabras que es La Gran Guerra, Sacco lleva hasta el extremo aquel procedimiento de Tardi, llevado a cabo en La guerra de las trincheras, consistente en ceder a la imagen el privilegio de la narración. Aquí se hace patente no ya que el cómic es literatura, sino que es posible escribir -dibujar, más bien- literatura sin palabras. ¿Cómo es eso posible? Obrando el milagro de crear imágenes sobre el papel que, lejos de estar congeladas, transmiten el movimiento que concierne a los hechos y va más allá, hasta la conciencia del lector-espectador que descifra lo que ve. 

Este procedimiento de Joe Sacco en La Gran Guerra conecta con la tradición de la novela en imágenes (picture novel, wordless book) iniciada hace casi cien años por el belga Frans Masereel. 

Y es esta, por cierto, una técnica narrativa que revela una disimetría existente entre la literatura verbal y la literatura gráfica. Mientras no es posible escribir una novela literaria sin palabras, sí se puede dibujar un cómic literario sin ellas, es decir, solo con imágenes. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Ernie Pike


En 1957, el guionista H. G. Oesterheld y el dibujante Hugo Pratt iniciaron en la revista mensual argentina "Hora Cero" una serie de historieta bélica titulada Ernie Pike. Pratt colaboró en esta serie durante cinco años, hasta que en 1962 abandonó Argentina trasladándose a Europa. En total, dibujó en ella treinta y cuatro capítulos o historias de guerra. La serie continuó con diversos dibujantes argentinos (Solano López, Alberto Breccia, José Muñoz, Juan Giménez, entre otros) -aunque siempre al servicio de los guiones de Oesterheld- hasta 1976, llegando a incluir varios capítulos sobre la guerra de Vietnam. 

El planteamiento de la serie es sencillo. Ernie Pike es un corresponsal de guerra, parece que inspirado en el real Ernest Pyle, un periodista norteamericano fallecido en 1945 en la batalla de Okinawa. A través de sucesivos episodios autoconclusivos, Oesterheld no describía hazañas bélicas al uso, sino que intentaba presentar "el lado humano" de la guerra, las vicisitudes de unos hombres -y mujeres- en situaciones extremas en las que se disolvía la dicotomía entre buenos y malos. Por decirlo de algún modo, la serie Ernie Pike utilizaba el escenario bélico con un claro propósito antibelicista. Es el mismo humanismo que Oesterheld proponía en la serie Sargento Kirk, contribuyendo con ello a extender una nueva mirada que acabó renovando los géneros, tanto el western como el bélico. 


En la primera página del primer capítulo de la serie Ernie Pike, titulado "Francotiradores", leemos las siguientes palabras:

Quizá sea un relato amargo, pero creo que vale la pena leerlo. Un relato que mira a la realidad a la cara sin falsos pudores... Con todas sus miserias, sin buenos ni malos... pero con un protagonista odioso, cruel e infame... Más que cualquier otro: ¡La guerra!


domingo, 19 de octubre de 2014

Carlos Gardel. La Voz del Río de la Plata

Decía Hugo Pratt que uno de los cometidos del cómic podría ser el de crear los grandes mitos contemporáneos.

Pero no solamente crearlos, podemos añadir. El cómic también puede re-crearlos evocándolos. Y puede hacerlo además de un modo crítico.

Esto es lo que llevan a cabo José Muñoz y Carlos Sampayo en su Carlos Gardel. La Voz del Río de la Plata.


En este libro, la recreación-evocación del mito de Gardel, un mito fundamental en el imaginario colectivo de la nación argentina, pasa por una valiente puesta en solfa de otro mito, el de la identidad nacional identificada a su vez con otra identidad, la de un personaje -Gardel- que a la postre se muestra tan impreciso y ambiguo como esa supuesta identidad nacional. Hacen falta bemoles, pero a Muñoz y Sampayo, argentinos los dos, no les faltan.
Con todo, el arte de esta dupla creativa, el tándem Muñoz y Sampayo, consigue elevar la imagen sonora de Carlos Gardel hasta el punto de que esta sigue volando en la zona sensible que conecta las ensoñaciones con la vista y el oído de los que la siguen. Es de nuevo el recurso estético de la sinestesia, que tan bien dominan estos dos autores y que es una marca de fábrica de sus trabajos en común, lo que permite velar desvelando, o desvelar velando, la extraña figura del "zorzal criollo" a través de su extraña conexión argentina.

De modo que, pese a las sombras y ambigüedades de toda índole que rodean a la personalidad de Carlos Gardel, lo cierto es que al final de este cómic prevalece el tópico popular argentino según el cual "el Mudo" ... "cada día canta mejor".

 

20.10.2014

Mi padre, sin ser argentino, tenía a Carlos Gardel incrustado en su tabla de contenidos estéticos y emocionales. Decir que era fan suyo suena tonto e infantil, aparte de que en aquella época no se usaba apenas la palabra fan. El caso es que me crié oyendo hablar de películas como Luces de Buenos Aires, El día que me quieras y otras. Mi padre también guitarreaba a veces y los domingos le gustaba afeitarse con brocha y cuchilla. En tales ocasiones, cantaba tangos de Carlos Gardel. También gracias a él conocí muy pronto el Martín Fierro y toda la mitología gauchesca. Y, seguramente por todo esto, uno de mis sueños recurrentes algunas noches es que vivo en la ciudad de Buenos Aires. Hasta ahí puede llegar el influjo paterno. (Por las mismas razones, pero al contrario, un hermano mío siente aversión por Gardel y los tangos.)

Mi padre murió lamentando no haber vuelto a ver una película de Gardel desde los años cuarenta pasados. Le extrañaba mucho, decía, que no las recuperasen y las exhibiesen de nuevo, siquiera en televisión. Son películas viejas (Gardel murió en 1935), correspondientes al momento de irrupción del cine sonoro en que proliferaron los musicales. Y en efecto, las películas de Gardel eran un poco la contrapartida porteña de los filmes musicales inspirados en Broadway, si bien estaban producidas por la Paramount. En los años treinta del siglo pasado, hablando un poco a lo grande, había una especie de distinción de clases reflejada en los correspondientes gustos de unos y otros por Fred Astaire o por Carlos Gardel.

Mi padre habría flipado si hubiese llegado a conocer la accesibilidad que hoy en día tienen las películas de Gardel. No ya solo desde un PC, sino también desde una tableta, un móvil y otros dispositivos que llegan como unas gafas o un reloj.

En Youtube hay un buen repertorio del cine de Gardel. Dejo aquí la película completa El día que me quieras. Además de la inspirada canción que sirve de título al film, contiene el tango Volver. Casi nada.

Va por él.


Estas reviviscencias me han venido a raíz del cómic de Muñoz y Sampayo sobre Gardel.

Seguramente mi padre también habría flipado leyéndolo.



21.10.2014

Los mitos se sostienen con leyendas, a la vez que las leyendas se sostienen con mitos.

El libro de Muñoz y Sampayo sobre Carlos Gardel está construido sobre una estructura argumental basada en un debate televisivo en la década del 2000 orientado a establecer un dictamen sobre "el argentino ideal". En este debate intervienen cara a cara, por un lado, un sociólogo "especialista en el tema de la identidad nacional" y, por otro lado, un admirador furibundo del cantor, considerado "la mayor autoridad mundial en temas gardelianos". Este planteamiento da pie a múltiples consideraciones de los intervinientes, las cuales son expuestas por los autores del cómic contrastándolas con retazos de la vida de Gardel en diferentes ámbitos, por ejemplo el político y el de la ambigüedad sexual. Y el del doble impostado.

Para conocer el resultado de este debate, recomiendo la lectura del cómic en cuestión. Solo indicaré como pista que el blanco y negro de José Muñoz alcanza en estas páginas una luminosidad tal que viene a ser ella misma la que sobresale sobre la pesquisa.


Son muchas las leyendas que envuelven el mito, son muchos los mitos que registran la leyenda. Oficialmente, Gardel murió abrasado en un accidente de aviación en el aeropuerto de Medellín, Colombia, en 1935. En lo que se refiere a esta muerte, en el cómic de Muñoz y Sampayo el sociólogo debatiente afirma en el plató de televisión:

Entre otros mitos, estuvo el que decía que Gardel no murió, que vivía escondido en la selva colombiana, con el rostro quemado... (…) La gente vivió con la ilusión de que no había muerto.

Pues bien. Hay un cómic anterior a este, publicado entre 1988 y 1989, en el cual aparece un episodio que recoge ese mito. Se trata de Caribe, una de las historietas protagonizadas por Dieter Lumpen, cuyos autores son otro tándem, este formado por el argentino Jorge Zentner en el guion y Rubén Pellejero, oriundo de Badalona, en el dibujo.

Vemos en Caribe unas páginas en que Dieter Lumpen es llevado por su amigo El Chino a visitar a un misterioso personaje que vive recluido a solas con su criado en una mansión en una de las Islas del Rosario, a dos horas de Cartagena de Indias. Este personaje, viejo y obeso, mantiene el rostro oculto tras una máscara. Y tras insinuar su identidad, le dice a Lumpen:

¿Se imagina a Carlitos Gardel con esta pinta?... Más valía dejar que la gente creyera que había muerto.


Esto es solo un ejemplo de cómo el cómic se nutre del cómic y cómo, en general, el arte alimenta el arte. Detectar cosas así gratifica al lector de un modo similar a cuando ante el Guernica de Picasso un espectador descubre Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya. Salvando o no las distancias.

Y es también un ejemplo más del papel que desempeñan los cómics en la creación, etc., de los mitos.

martes, 7 de octubre de 2014

Díaz Canales y Pellejero: Corto Maltés

Parece que va a seguir la serie de Corto Maltés, allí donde lo dejó Hugo Pratt:


Imagino que los royalties o derechos de propiedad de Corto Maltés serán sustanciosos. Allá por los años noventa, Hugo Pratt declaraba que se vendían al año unos cuatrocientos mil álbumes de su marinero errante. Y siendo eso así, las editoriales responsables del proyecto de continuación de la serie habrán tenido que llegar a acuerdos con los herederos de Pratt o con quienes sean los titulares de esos derechos. Son tres editoriales muy vinculadas a las publicaciones de Pratt en vida de este.

En casos como el que comentamos, los acuerdos no suelen limitarse a la parte crematística. Puede ocurrir que los propietarios de "la marca" exijan unas condiciones de calidad a quienes piensan explotar o continuar esa marca. En cuyo caso podrían incluso revocar la concesión si el resultado no fuese de su agrado. Siempre, claro está, que no vendan la propiedad de esos derechos. Todo depende de los términos del contrato. Aunque todo esto que digo es una especulación.

Por el lado artístico, en principio el proyecto parece estar en buenas manos. Juan Díaz Canales es el guionista de Blacksad. Y Rubén Pellejero es el dibujante de Dieter Lumpen, nombre de una serie y de un personaje que siempre al lector le recuerdan a Corto Maltés.

Esta es una muestra del arte de Pellejero en la primera página de la última de las aventuras de Dieter Lumpen, El precio de Caronte (1994):


Con lo cual, no me extrañaría que no haya polémica, salvo en el caso de los nostálgicos. El mercado y el arte continúan, son las dos vertientes de los cómics. Y además, hay ejemplos de historietas continuadas por otros. Sin ir más lejos, en el mundo de los superhéroes americanos, tipo Marvel y DC, los personajes acaban siendo franquicias en manos de sucesivos guionistas y artistas.

Y en el ámbito europeo, Corto Maltés viene a ser una suerte de imagen superheroica. Los nuevos lectores que se incorporen sabrán descubrirlo.


lunes, 29 de septiembre de 2014

Juego de titanes

Duelo (o mejor, juego) de titanes

A partir de cuatro onomatopeyas propuestas por otros dos autores, Hugo Pratt y Jean Giraud (Gir, Moebius) repentizan una historieta en tres viñetas en que aparecen sus personajes de más éxito: Corto Maltés y Blueberry.

El vídeo es de 1972. (Eliminado de YouTube)

Quién supiera dibujar.


30.09.2014

La información cronológica no es una condición necesaria para disfrutar un producto cultural o artístico. El goce estético que produce por ejemplo la contemplación del cuadro Vista del jardín de la Villa Médicis, en Roma se obtiene sin necesidad de saber en qué año lo pintó Velázquez, si antes o después que Las Meninas e incluso, en el límite, sin que sea necesario conocer que es un cuadro del pintor sevillano. Sin embargo, la información añadida a la mera contemplación de una obra enriquece su disfrute.


Esto viene a cuento del vídeo que puse en el apunte anterior (ya eliminado de YouTube). Podemos ver en él a Pratt y a Giraud dibujando al alimón una microhistorieta. En este caso, está más que garantizado el disfrute ante la contemplación de dos de los grandes del cómic europeo del siglo pasado dibujando conjuntamente. Pero es muy oportuno considerar que el año de realización de ese vídeo es 1972.

En 1972, en efecto, Hugo Pratt tenía ya una obra considerable como dibujante, pero había publicado menos de la mitad de la serie dedicada a Corto Maltés y una parte del primer episodio de Los escorpiones del desierto, por citar solo dos grandes series a las que dedicó su etapa de madurez.

Por otra parte, en 1972 Jean Giraud no estaba todavía identificado por el público como Moebius. Aunque ya había utilizado ese pseudónimo en alguna ocasión, Giraud era en aquel año conocido como el dibujante de Blueberry. Fue a partir del año siguiente cuando se produjo la geminación en la personalidad del autor.


Esta información, decía, no es necesaria para disfrutar el vídeo. Pero pienso que enriquece la contemplación.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Vida del Che

Decía Hugo Pratt que uno de los cometidos del cómic podría ser el de crear los grandes mitos contemporáneos.


Ernesto Guevara, el Che, murió abatido en Bolivia en octubre de 1967, con 39 años de edad. En enero de 1968, a los tres meses de su muerte, apareció en los kioscos de Argentina el cómic Vida del Che, con guion de H. G. Oesterheld y dibujos de Alberto y Enrique Breccia (padre e hijo). Se trata, probablemente, de la primera expresión artística que recogió el icono del Che Guevara, dicen que el más reproducido en las últimas décadas.

La fotografía del Che que en 1960 realizó Alberto Korda es la fuente de la imagen del revolucionario argentino más multiplicada en todo tipo de prendas y objetos de mercadeo.

Pero no cabe duda de que pese a su carácter hagiográfico -o precisamente por eso-,  el tebeo de Oesterheld y los Breccia contribuyó en muy buena medida a la fabricación del mito. Las vicisitudes de la edición, bajo la dictadura en Argentina de Juan Carlos Onganía, con secuestro de los ejemplares y con las planchas originales del cómic destruidas por el ejército, alentaron la leyenda. Mas la calidad de la prosa de Oesterheld, tan cercana en esta obra a la poesía no solo épica, unida al arte inspirado de Alberto y Enrique Breccia, tan evocador, seguro que también tuvieron algo o tal vez mucho que ver.

Lo cual es una muestra de la pertinencia de la frase de Pratt que encabeza este post.


viernes, 19 de septiembre de 2014

El arte de Hugo Pratt

Hugo Pratt era un gran acuarelista. Tenía un gran sentido de la composición y de la belleza. De ahí que las páginas de sus historietas suelan ser bonitas. Y Corto Maltés es un hallazgo visual. Hay quien dice que Pratt no sabía dibujar, pero eso también hay quien lo dice de Picasso, por poner un ejemplo.

21.09.2014

Hugo Pratt decía que para él el dibujo era una suerte de caligrafía, una forma de escribir, una prolongación de su escritura, lo mismo que esta era para él una prolongación del dibujo. Lo que importa es el texto (El placer del texto es el título de un librito de Roland Barthes perfectamente aplicable a la praxis de Pratt). Y lo que importa, por tanto, es comunicar a través de los signos. Significantes y significados. No es así extraño el interés de Hugo Pratt por la Cábala y el esoterismo. Y también por los viajes.



sábado, 13 de septiembre de 2014

Hugo Pratt. El aliento moral

El anclaje entre realidad y ficción, por evanescente que sea, es lo que determina el valor de las producciones artísticas. Por decirlo de otro modo, es este un valor que depende de cómo lo real y lo imaginario se entrelazan a través de lo simbólico expresado figuradamente.

Y entonces, lo que importa en cada caso es la poética del autor.

La poética de Hugo Pratt (1927-1995) fue desarrollándose en la serie de Corto Maltés -en realidad, en toda la obra de Pratt- como una sabia combinación de épica y de lírica. Pero hay también en esta poética un aliento moral. Es un aliento verdadero, aunque enmascarado. Y es ajeno en todo caso a las declaraciones de principios, a la oquedad verbal.


Así, en "Samba con Tiro-Fijo" -una de las historietas que componen el volumen Bajo el signo de Capricornio (1970)- leemos el siguiente diálogo entre Boca Dorada y Corto Maltés:

-- Tengo un negocio que proponerte, Corto.

-- ¡Soy todo oídos!

-- En la selva tengo amigos que están en apuros y solo uno como tú puede ayudarlos. Para evitar malentendidos, te advierto que mi propuesta se basa en sanos principios morales.

-- ¡Un momento, mi estimada señora! Ante todo debes saber que yo no creo en principios morales ni de ninguna clase... Sí, sí... Lo que puede ser justo para ti, para mí puede no serlo, y al revés.

-- Sí, sí... Por eso hablemos de algo más tangible, algo en lo que creas... ¿Qué me dices de mil libras esterlinas?

-- ¿Mil libras? Oh, sí, sí... Claro que si ofreces mucho es porque también vas a pedirme mucho.

-- Quizá. Tengo un amigo, uno de la "cangaça" que se ha rebelado contra la autoridad abusiva de un terrateniente...

No voy a desvelar el desenlace de la aventura, pero entre el final de "Samba con Tiro-Fijo" y el comienzo de la historieta siguiente, "Un águila en la selva", conoceremos el destino final de esas mil libras y leeremos que dice Corto:

-- ... hasta ser libres y obtener justicia... 

Por otra parte, este mismo aliento moral lo encontramos en las siguientes palabras de Hugo Pratt que conectan la épica y la aventura inherentes en sus historietas con el valor de lo humano en tanto que humano:

“Hoy mi concepto de héroe coincide con el de “hombre como es debido”: un héroe es aquel que logra hacer frente a una situación difícil conservando siempre una cierta ética. En la guerra o en la paz, un hombre es aquel que llega a ser o a mantenerse plenamente humano: el héroe es el Hombre.”

El título del libro al que pertenece esta cita: El deseo de ser inútil, manifiesta igualmente la moral encubierta o velada, pero latente, de Pratt.



viernes, 12 de septiembre de 2014

Parábola del traidor y del héroe

Parece inevitable que cada vez que nos aproximemos a un texto de Oesterheld aparezca la sombra de Borges. La entrevimos al comentar Mort Cinder. Y en el post anterior a este, referido a El sargento Kirk, la sombra de Borges vino a cuento de "El tema del traidor y del héroe", título de un relato del escritor bonaerense incluido en su libro Ficciones (1944).

La influencia de "El tema del traidor y del héroe" en El sargento Kirk se percibe de manera directa en la simple consideración del título borgesiano aplicado a la serie de aventuras de Oesterheld. Y en principio no va más allá. ¿Es Kirk un traidor? ¿Es un héroe? ¿Es ambas cosas? ¿O acaso ninguna, siendo solo humano, demasiado humano?

Pero el guion, por así decir, del cuento de Borges es ajeno a las historietas del sargento Kirk.

Sin embargo, Hugo Pratt -dibujante de la primera época de Kirk- también acusó el impacto de Borges de un modo genérico en su obra. Y en particular, "El tema del traidor y del héroe" tal y como fue concebido en su relato por el escritor de Ficciones, fue versioneado por Pratt en una de las historias cortas más celebradas de la serie protagonizada por Corto Maltés: "Concierto en O' menor para arpa y nitroglicerina", que forma parte del volumen Las Célticas (1971).


No diré que "Concierto para arpa y nitroglicerina" sea una simple ilustración del cuento de Borges, cosa de por sí más que ardua. Lo que hizo Hugo Pratt fue cambiar los personajes y la época de los hechos narrados y simplificar esa historia despojándola del barroquismo formal borgesiano, aunque mantuvo el lugar, el ambiente y el motivo de las acciones en juego: la lucha del pueblo irlandés contra el opresor británico.

Pero, sobre todo, lo que hizo Pratt fue escribir dibujando una muy buena historia similar a la de Borges, sin duda, pero con una poética por completo diferente de la del escritor argentino. Y además, el arte de Pratt deja espacio para la lírica.


La influencia de Borges en Hugo Pratt es patente en múltiples aspectos. Uno de ellos es el cultismo o culturalismo que apuntala el armazón de las narraciones de ambos. Otro es la práctica de la ironía encubierta, así como su interés común por el esoterismo y la cábala, las filosofías neoplatónicas, las geografías fantásticas...

En una ocasión declaró Hugo Pratt:

"Borges enseñó una cosa muy importante: contar mentiras como si fueran verdad. Yo aprendí de él a contar la verdad como si fuera mentira."