Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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jueves, 11 de febrero de 2016

La liberación de los géneros. Enjambre

(El desaguisado de la 43ª edición del FIBD de Angulema respecto a la ausencia de mujeres en la lista original de treinta autores nominados para el Gran Premio es el síntoma reciente de una desconsideración general instalada también en el mundo del cómic.)

Lo de la liberación de los géneros se puede entender de dos formas: en sentido filosófico (teórico-práctico) y en sentido artístico (poético-productivo). Ambas formas encuentran en el cómic contemporáneo un ámbito de aplicación. Y lo hacen de manera convergente, siendo esta convergencia una de las marcas distintivas de la nueva narrativa gráfica. Además, en la plasmación en cómic de estos dos sentidos de la liberación de los géneros es determinante el papel desempeñado por historietistas que son mujeres.

1.- Como propuesta filosófica, 'la liberación de los géneros' apela a la realización de sujetos emancipados, libres de coerciones como son las identitarias de género: masculino, femenino et al (hetero-, homo-, bi-, trans-, inter-, ...) cuando son utilizadas como medio o bien son impuestas. Sujetos emancipados serían entonces aquellos que se liberasen de estas imposiciones identitarias. Es la liberación de la mujer, por ejemplo, entendida como un liberarse del "ser mujer" ("ser femenina") establecido como predicado esencial o como impostura.

En el cómic actual, las historietas y novelas gráficas de Alison Bechdel pueden ser leídas en clave de este sentido de la liberación de los géneros. La perspectiva qeer (o queer) que al final muestra la serie de Bechdel Unas bollos de cuidado ilustra esa actitud. Si fuere preciso, habría un único género humano carente de connotaciones esencialistas. Un género, por así llamarlo, cuya condición de posibilidad pasaría por el reconocimiento de las singularidades efectivas en términos inclusivos de humanidad compartida. Pero en cualquier caso, lo que anda y late por ahí no son los géneros. 

También el cómic colectivo Todas putas. Los cuentos gráficos apunta a esa liberación. En este caso hay quince autoras que ilustran quince relatos homónimos de Hernán Migoya. Es interesante señalar que son quince mujeres a favor de un libro, Todas putas, descalificado en su momento por la colonia de los biempensantes en nombre del respeto a "la mujer". No se dieron cuenta, acaso, de que en el libro de Migoya -y por ende en los cuentos gráficos de sus ilustradoras- se muestra de plano el rechazo del concepto "ser mujer" en cuanto cosificado, alienante y objeto de manipulación e intercambio.


2.- 'La liberación de los géneros' aplicada a las artes, especialmente a las narrativas, se refiere a otra cosa. Tiene que ver con una superación de la dicotomía entre "literatura" y "literatura de género", esto es, con la posibilidad de realizar productos no necesariamente adscritos a un género determinado (policíaco, bélico, western, fantasía heroica, ciencia ficción, misterio).

En cuanto al cómic, esta liberación del corsé de los géneros alude a lo que en Francia se caracterizó  a finales de los setenta pasados como "la irrupción salvaje del cómic en la literatura" (Mougin) y en EE UU como "graphic novel", incluidos el costumbrismo y la autoexpresión.

No se me escapa que esa separación entre cómic literario y cómic de género es muy problemática. Tanto como pueda serlo la distinción entre película de género y película de cine. Tales distingos suenan artificiosos. Es mejor asumir que puede haber literatura y cómic (y cine) tanto en los géneros como más allá de ellos.


Enjambre (2014) es una antología, catálogo o álbum colectivo de autoras de cómic. Contiene dieciocho historietas -algunas en colaboración- más un prólogo de Ana Miralles y un epílogo de Marika Vila. Veinticuatro mujeres en total participan en este volumen. De las veinticuatro, cinco de ellas colaboraron también en Todas putas. Los cuentos gráficos. Se trata de Ana Galvañ. Carla Berrocal, María Herreros, Mamen Moreu y Elisa McCausland, esta última como escritora del epílogo de la ilustración colectiva de Todas putas y autora del texto de uno de los relatos de Enjambre. La presencia en ambos títulos de estas cinco autoras refuerza la tesis que afirma la convergencia de los dos sentidos de 'la liberación de los géneros'. 

Por otro lado, Enjambre recuerda a Panorama, la otra antología de cómic español reciente con características similares. La diferencia estriba en que Panorama recoge una muestra de veintiocho autores de los cuales solamente dos son mujeres: Clara-Tanit Arqué y Mireia Pérez. Y una de estas dos, Clara-Tanit Arqué, repite por cierto en Enjambre. (De la historieta a cuatro manos realizada por Mireia Pérez y Max incluida en Supercómic hablaremos en otra ocasión.) En lo que más coinciden Panorama y Enjambre es en lo que el subtítulo del primero indica: La novela gráfica española hoy. Es una constatación: la llamada novela gráfica se presenta como una liberación de las ataduras de los géneros.

En el prólogo de Enjambre, titulado "Zumbido", Ana Miralles (historietista decana) muestra algo así como una esperanza desesperanzada en que algún día se deje de adscribir a las autoras de tebeo bajo el rótulo "cómic femenino". Y remarca la validez de las artistas para acometer cualquier género. Destacaré este párrafo de Miralles:
"No hay que desestimar el poder del cómic para impulsar el conocimiento. El dibujo es un lenguaje universal lleno de matices que también nos habla elocuentemente de la personalidad del dibujante. El lector establece un diálogo con el autor, que nos ofrece lo mejor que sabe hacer. A un dibujo se le ve palpitar, deseando contar y colonizar, como un enjambre."
Está claro que el cómic es un medio con finalidades diversas. Sirve para entretener, desde luego. Pero también de un modo u otro ilustra cuando va más allá de lo representado. Y lo hace más por la vía del mostrar que por la del decir, ya que su modo específico es ese, el de la representación.

Enjambre es un libro que ilustra sobre la liberación de los géneros. En uno y otro sentido.


domingo, 7 de junio de 2015

Madwimmin (Sobre Alison Bechdel y su novela de género)

('Madwimmin' es el nombre de una librería. Ocupa un lugar en el espacio de la representación dibujado por Alison Bechdel. 'Wimmin', plural de 'mujer' en jerga, es un vocablo usado por feministas, lesbianas et al. como signo de oposición al patriarcado. 'Mad', en el contexto de Bechdel, tiene un significado tan irónico como el de 'Locas' en el de Jaime Hernandez. Puede ser que en un plano formal, las mujeres de Bechdel estén más politizadas que las de Hernandez. Pero unas y otras se enfrentan irresistiblemente a "la locura de ser mujer".)



Entre 1983 y 2008, Alison Bechdel publicó en diversos medios periodísticos una tira cómica (comic strip) titulada Dykes to Watch Out For (DTWOF), traducida a nuestro idioma como Unas bollos de cuidado y, ahora, Unas lesbianas de cuidado. Pese a su formato costumbrista y humorístico, Bechdel seguía muy de cerca en estas tiras el devenir político de la Administración estadounidense y su correlación con los derechos civiles, especialmente en lo referido a las cuestiones de género. Este es uno de los aciertos de la serie: combinar la ironía, la crítica política -y hasta ontológica-, la crónica urbana y la descripción de costumbres con el desenfado característico de la historieta de prensa clásica.

Durante veinticinco años, Bechdel publicó 527 episodios en tiras de DTWOF. Diversas recopilaciones de estas tiras (strip collections) se realizaron desde 1986. La última de ellas se titula The Essential Dykes to Watch Out For (2008), traducida aquí como Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado.


Es llamativo que esta última recopilación está elaborada de modo que configura una auténtica (y densa) novela gráfica. Está compuesta por 390 historietas de una página, cada una con su título, más una introducción de doce páginas en formato de cómic realizada ad hoc por Alison Bechdel. Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado es, así, una novela montada a partir de un material preexistente. Si con Fun Home (2006) y con ¿Eres mi madre? (2012) Alison Bechdel nos ofrece sendas versiones de su novela familiar, con Unas bollos de cuidado nos presenta su novela de género, en el sentido de 'género' que luego veremos (y no, desde luego, en el sentido de su adscripción a alguno de los géneros narrativos).

La primera tira que abre la selección de Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado es de mayo de 1987; la última, de mayo de 2008, forma también la última historieta publicada de la serie DTWOF. Al principio sorprende que esta selección no incluya "The Rule", la tira en que se basa el conocido e influyente "Test de Bechdel" [ ver aquí ]. Ocurre, digo yo, que "The Rule" es de 1985, anterior en dos años a la aparición de Mo (Monica Testa) en la serie. Y dado que la colección Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado está ordenada como una novela gráfica cuyo personaje central es Mo -en cierto modo alter ego de Alison Bechdel-, se entiende la exclusión de la historieta "The Rule" en la selección.


La propia Bechdel describe su obra como mitad columna de opinión, mitad novela victoriana serializada.

Por el lado de la columna de opinión, destaca el orden cronológico en la selección de tiras cómicas que forman el libro. Gracias a ello, el lector obtiene una visión histórica y crítica, irónica, de los avatares sucedidos en la vida civil y política durante finales del siglo pasado y comienzos de este no solo en EE. UU., debido a la globalización en marcha. La narración transcurre durante los mandatos de Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo (finaliza seis meses antes de la elección de Obama en las urnas, con los demócratas divididos entre Hilary Clinton: "Chicas al poder" y Barak Obama; "Negros al poder"). Un periodo caliente para el mundo, liquidada la guerra fría. El comentario político salpica la obra entera de Bechdel. Aunque ella diga en ocasiones que no se considera activista, es evidente su talante de columnista. La política está implícita en su mirada, como lo está en muchos miembros de su generación. Se da la circunstancia, además, de que la política no es algo ajeno desde el momento en que interfiere en la vida privada e íntima de los ciudadanos.

Por el lado de novela victoriana serializada, tenemos que esos avatares políticos sacuden la vida social, pero sobre todo íntima, de un grupo de personajes que luchan cotidianamente por reafirmarse como sujetos, a pesar de la ansiedad que su condición personal les produce en una sociedad alienada. Igual que en las novelas victorianas por entregas, Alison Bechdel va narrando en DTWOF las peripecias de un grupo de mujeres y algún varón interpuesto. Son personas de clase media inmersas en un mundo en transformación. La narrativa victoriana dio excelentes novelas escritas por mujeres. En lo que concierne a una mirada realista e inspiradora del feminismo a la vez, leemos en una viñeta de Bechdel una alusión a El molino de Floss, de George Eliot.



El asunto principal es más que evidente. Tiene que ver con las "cuestiones de género" promovidas por la revolución sexual de los pasados años sesenta; una revolución cuya raíz y condición de posibilidad se encuentra en la historia del feminismo ilustrado.

Históricamente, en los ámbitos filosófico y científico se hablaba de un único género humano ("el género humano es la Internacional", cantaban los comunistas). Los términos 'ánthropos' en griego y 'homo' en latín referían eso, un género específico que incluía a varones y mujeres. Sin embargo, en la ciencia social actual, con fuerte predominio anglosajón, el 'gender' se refiere a los dos géneros marcados por la gramática, esto es, el masculino y el femenino (lo cual no deja de ser una paradoja, ya que el idioma inglés carece de marcas lingüísticas o morfemas de género). De este modo, en ámbitos no solo académicos, expresiones como "estudios de género", "teoría de género", "cuestiones de género", "violencia de género", etc., parten de un principio relevante: "masculino" y "femenino" no designan dos especies naturales, sino que aluden a roles construidos socialmente. Y por ende, nuevos roles, nuevos comportamientos tienen cabida en ese flujo universal que viene a ser, en última instancia, el continuo vital. Las categorías, no solo las de género, se difuminan.


Hay entonces un debate filosófico implícito en DTWOF. En la Introducción a Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado, Alison Bechdel expone -bajo la advocación de Adrienne Rich- el devenir de su tira cómica en términos de "esencialismo lésbico" versus "humanidad". De hecho, en un admirable ejemplo de literatura confesional, Bechdel describe en esas páginas la deriva filosófica de su serie a través de los años. 

"¡Un catálogo de lesbianas nombraría lo no nombrado! ¡Dibujaría lo no representado! ... Y siguiendo una meticulosa metodología inductiva, se inferiría una esencia universal lésbica a partir de esos ejemplos particulares."

Aunque luego añade:

"Pero había cometido un grave error en mi razonamiento. Como diría cualquier lógico, no se puede inducir lo general de lo particular. Y no digamos de millones de lesbianas. Mi brillante esquema se fue al garete en los noventa. Las lesbianas podían ser unas provocadoras reaccionarias. Y coroneles. Archiconservadores y neoconservadores podían ser gays. Ah, y por lo visto, nadie era esencialmente nada."

La autora se confiesa perdida ("Me costaba seguir el hilo"), hasta que una carta de Adrienne Rich la reanima:

"Siempre he admirado la forma en que tu trabajo trata de desmontar el esencialismo lésbico para explorar nuestra verdadera humanidad."

Aunque nombrar lo no nombrado, dibujar lo no representado... conlleva sus riesgos, en función del efecto observador.

"Al hablar de lo innombrable... ¡...se convierte en algo hablado! Convencional. ¡Aburrido!

¡¿He dibujado episodios de este cómic como churros cada dos semanas durante décadas solo para demostrar que somos iguales que todo el mundo?!

Finalmente, Bechdel nos deja a las puertas de su relato, Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado, con estas palabras:

Toma, tú decides. ¿Esencialmente iguales? ¿O esencialmente diferentes? 



Con lo cual, lo que Alison Bechdel realiza en su serie DTWOF viene a ser lo que Michel Foucault (uno de los filósofos puntales de la gender theory) caracterizó como "una ontología del presente" o "una ontología de la actualidad". No se asuste el lector. Bechdel es una autora de cómic. Y como tal, conoce los mecanismos de este arte. Y sabe divertir, entretener... sin por ello renunciar a sus inquietudes.

En mi opinión, desde una perspectiva nominalista, el esencialismo de cualquier índole debe ser compatible con el pragmatismo. La aceptación de esencias, instancias no humanas, solo cabe en la medida en que resulten beneficiosas para la consecución de unos fines que sí han de ser humanos. Y desde esta óptica, pienso que con un solo género tenemos suficiente. Me refiero, claro está, al género humano.

Bravo en todo caso por Alison Bechdel.


viernes, 5 de octubre de 2012

El Test de Bechdel

Por cierto, hablando de Alison Bechdel, es muy interesante la proyección que está teniendo el denominado Test de Bechdel.

Se trata de una especie de examen que aplicándose inicialmente a películas, pero extendiéndose también a cómics y acaso a otros productos culturales como obras de teatro, sirve para determinar el grado en que el discurso femenino está ausente en la mayoría de tales productos. Dicho de otro modo, el test de Bechdel muestra cómo el discurso masculino es el que impera en nuestra cultura.


En la tira cómica de Alison Bechdel "The Rule", de 1985, uno de los personajes dice que ella únicamente acepta ver una película si cumple con los siguientes requisitos:

1.- En la película salen al menos dos personajes femeninos.

2.- Dichos personajes deben hablarse la una a la otra en algún momento.

3.- Sobre algo que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).

Una variante del test exige que, además, las dos mujeres sean personajes con nombre.

La wiki concluye que estas tres simples reglas, si se aplicasen a la inversa, es decir, a los hombres, darían como resultado que la práctica totalidad de las películas estrenadas cumplen el requisito para los hombres; por el contrario, si se aplica según su diseño original, resulta sorprendente la cantidad de películas que no pasan el test.

Pero la cosa puede ir más allá de la valoración del discurso de los cómics, las películas y tal. Al comentarle el Test de Bechdel o "The Rule" a una muy buena amiga, me confesó que es que ni siquiera en la vida real casi nunca se pasa ese test. En las conversaciones entre amigas, me decía, aparecen a menudo -por no decir casi siempre- los maridos, novios, pretendientes, hijos, padres, etc., como temas de la conversación. Entraríamos con ello en un ámbito que excede este hilo. Aunque queda clara la potencialidad de los cómics para suscitar debates e incidir en la vida real.

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Eres mi madre?

Tras el best seller Fun home (2006), en el que Alison Bechdel indaga en torno a su relación con la figura paterna, ahora en ¿Eres mi madre? (2012) el objeto de indagación de la misma autora es su relación con la figura materna.


Si el subtítulo de Fun home es "Una família tragicómica", el de ¿Eres mi madre? viene a ser "Un drama cómico". Sin embargo, no termino yo de ver a qué se refiere tanto énfasis en la palabra "comedia", como no sea una tenue referencia a lo que significa esta palabra por ejemplo en Dante, que tituló así su gran obra, Comedia, en el sentido de que acaba bien, nada menos que en el Paraíso. Aunque, por supuesto, los libros de Bechdel no acaban de un modo tan sublime.

Tal vez el reclamo de la palabra "comedia" sugerido en los subtítulos de ambos libros se debe al hecho de que Alison Bechdel es conocida  en su país gracias a unas tiras cómicas -en los dos sentidos de esta palabra- publicadas un distintos periódicos, recogidas bajo el título Unas bollos de cuidado (Dykes to Watch Out For) y protagonizadas por unas amigas lesbianas desenfadadas.

Desde luego, el ambiente, las historias y el tono de Fun home y de ¿Eres mi madre? pueden recordar en ocasiones algunas de las comedias de Woody Allen. Sin embargo, a mí no me parece que Alison Bechdel suponga un trasunto en versión cómic de las comedias del cineasta neoyorquino.


¿Eres mi madre? es una novela psicoanalítica. Está concebida, proyectada, dibujada y narrada según los parámetros del psicoanálisis.

Hay también en ella una a manera de advocación constante a la escritora Virginia Woolf, ya desde el lema que encabeza esta novela:

"No hay nada que sea sencillamente una cosa".

También aparecen Winnicott, Freud, Lacan, Alice Miller...

Es decir, el halo culturalista que detectábamos al leer Fun home se convierte aquí ya abiertamente en un modus operandi de Alison Bechdel. Apostar por escribir y publicar un cómic de estas características revela un cierto atrevimiento creativo y editorial. No obstante, el éxito de la novela gráfica anterior de Bechdel ha motivado el que por primera vez se editen 100.000 ejemplares de un cómic en nuestro idioma. Aquí no lo sé, pero casi seguro que en Argentina, Uruguay y otros lugares de habla hispana esta novela puede llegar a ser un éxito. Por aquello de la afición al psicoanálisis, ya saben.

El hilo conductor de ¿Eres mi madre? es la obra del pediatra y analista inglés Donald Winnicott (1896-1971). De hecho, el título de cada capítulo de la novela está tomado de algún concepto o motivo teórico de Winnicott. Este psicoanalista estudió a fondo la relación del bebé con la madre y elaboró un corpus teórico que sirve de marco y de guía a la indagación de Alison Bechdel sobre ella misma en su relación con su propia madre. No desvelaré más detalles. Tan solo diré que estamos ante un libro sumamente inteligente, pues no es fácil desentrañar o desenredar los nudos de una vida íntima y exponer públicamente el proceso siguiendo un patrón analítico. Y más difícil es aún encontrar un final o salida en todo este embrollo, cosa que Bechdel consigue con buena fortuna.

Puede sorprender la impudicia, o algo parecido, con que Alison Bechdel sale de su armario, lo abre de par en par y nos muestra su interior. Qué me importa a mí la vida de esta señora, puede decir alguien. No obstante, en el arte, lo mismo que en el psicoanálisis, el asunto estriba en convertir la anécdota en categoría universal.

Y esta señora lo consigue suficientemente.