Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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lunes, 12 de febrero de 2018

El libro de los insectos humanos




"El libro de los insectos humanos" es el título de una novela ganadora de un importante premio literario en la ficción de Osamu Tezuka de igual título: El libro de los insectos humanos, un gekiga serializado por el autor japonés entre 1970 y 1971. 

De lo que cuenta la novela ficticia no conocemos nada; sí sabemos el lugar que ocupa ésta en la novela gráfica de Tezuka. 

Llama la atención este aparente juego de espejos en dos direcciones. Entre otros motivos, porque mientras se adentra en El libro de los insectos humanos, el lector imagina cuál podría ser el contenido de "El libro de los insectos humanos". Bien pudiera ser que Osamu Tezuka estuviese proponiendo un metarrelato, entendido como la narración de un proceso de narración. Pero no parece ser este el caso, dado el orden de los acontecimientos en la historia. 

Es este orden, más bien, el que incita a pensar en otra interpretación, a lo que se suma el que Osamu Tezuka introduce en su historia una segunda novela ficticia: "Muerte de un anarquista". Y dado que esta segunda novela anticipa sucesos que se van a producir en el contexto de El libro de los insectos humanos, bien podría ser que el contenido de "El libro de los insectos humanos" fuese a su vez una descripción de lo que va a suceder en el mismo relato de Tezuka. 

Es un juego de espejos, ya digo. Novelas de anticipación ficticias insertas en otra novela, esta vez real. Anticipaciones que operan como estímulos y pueden motivar diferentes respuestas. Entre insectos, entre humanos. 

Esta interpretación encaja con lo que sabemos de la época en que Osamu Tezuka (1928-1989) escribió y dibujó El libro de los insectos humanos. Tanto en lo que concierne a un momento histórico en el que la experimentación narrativa imperaba (le nouveau roman, etc.), como respecto al periodo creativo correspondiente en la biografía del autor. 


Pero el juego de espejos que sugiere Tezuka en El libro de los insectos humanos, o al menos mi interpretación, no se queda solo en eso. (También en Adolf, de 1982, juega Tezuka con los espejos, aunque de otra manera. Y está claro que el significado de Adolf va más allá.) Las mejores novelas de anticipación lo son también de denuncia. En la medida en que «Muerte de un anarquista» y «El libro de los insectos humanos» son ficciones que inciden por reflejo en el contenido de El libro de los insectos humanos, bien podemos concluir que este último, el cómic de Tezuka, es también una novela de anticipación en la mejor de sus versiones, esto es, la de denuncia orientada a incidir en la realidad del lector. 

(Supongo que está claro que para nada identifico 'novela de anticipación' con 'novela de ciencia ficción'.)

Desde esta lectura, los guiños y las referencias implícitas en El libro de los insectos humanos colaboran a la hora de darle al tebeo esa significación que trasciende la obra.

Las primeras referencias que acuden al lector son dos películas: Zelig, de Woody Allen y Eva al desnudo (All About Eve, 1950), dirigida por Joseph L. Mankiewicz. 

Zelig es un falso documental (a mockumentary) que ha dado nombre a un cuadro clínico: "el síndrome de Zelig", también denominado curiosamente "el síndrome del espejo" (en un contexto ajeno a "la fase del espejo" de Lacan). Fuera de la clínica, o en el ámbito de la psicosociología, la película es una parodia que aporta con ironía los efectos que puede producir en la identidad del sujeto el aprendizaje social o vicario llevado al extremo. Lo que ocurre es que El libro de los insectos humanos es más de diez años anterior a Zelig, estrenada en 1983. No es, por tanto, una referencia implícita en el cómic de Tezuka, aunque sí es una  muestra de la fertilidad implícita, esta sí, en la imaginación del autor. Con todo, el lector hoy, como siempre, accede a la obra con su equipaje mental a cuestas. Y Zelig forma parte de ese equipaje de hoy. 

La referencia de Eva al desnudo es más evidente, sobre todo al conocer los orígenes teatrales cara al público de la protagonista del tebeo de Tezuka. Pero también tiene un pero, a ojos de hoy. La película de Mankiewicz se centra en el personaje de Eve Farrington, protagonizado por Anne Baxter. No es del todo gratuito recordar aquí que uno de los títulos de All About Eve en latinoamérica fue La malvada. Es decir, misoginia al canto. El hecho de que ella se llame precisamente Eva conlleva connotaciones universales de género. Se me ocurre que Vincente Minnelli, más sensible, supo ofrecer en la misma época otra versión cinematográfica de la alcantarilla psíquica del triunfo en Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, 1952), donde "el malo" es ahora varón. En ambas películas, la de Mankiewicz y la de Minnelli, la artimaña privada contribuye al éxito público. 

Con tales antecedentes, unidos al título del tebeo El libro de los insectos humanos, no es extraño que comparezca en mi comentario La fábula de las abejas, un texto del siglo XVIII firmado por Bernard Mandeville cuyo subtítulo es muy elocuente: «Los vicios privados hacen la prosperidad pública» (según traducción de José Ferrater Mora). La elección de las abejas por parte de Mandeville para ilustrar su fábula no se aleja mucho de la elección de los insectos (cigarra/hormiga, pulgón, coleóptero, grillo) por parte de Tezuka para iluminar la suya. Más que elaborar una taxonomía, lo que ofrece Tezuka en su tebeo es la ilustración narrada de unas pautas de comportamiento que, en tanto que irreflexivas, pueden ser comunes a los animales no humanos y a los humanos. (Mal que nos pese, las leyes de los reflejos condicionados son compartidas por unos y otros.) El egoísmo es la fuente. De la riqueza y del éxito. De la prosperidad. La fábula de las abejas está considerado un texto fundacional del pensamiento y la actitud (neo)liberales. Según mi lectura, El libro de los insectos humanos entraña una crítica de ese mismo pensamiento y esa misma actitud. 


Ahora bien, no es precisa la tramoya cultural, o culturalista, para disfrutar El libro de los insectos humanos. El cómic es un arte universal sin reservas (para todos) que, como el cine, ha disuelto las fronteras entre alta, media y baja cultura. Y Osamu Tezuka es uno de los grandes artífices-artistas que han contribuido a ello. La gráfica de Tezuka es excelente. Y su narrativa también. Qué más queremos. 

Creo que el futuro y el presente de la historieta pasan por esta disolución de fronteras culturales. 


domingo, 25 de enero de 2015

Endurance. El nombre de la resistencia


Hay una teoría que afirma que la novela es hija de la Historia; en su versión más dura, la novela habría aparecido en la modernidad como uno de los pecios del género histórico clásico.

Una versión más suave de esa teoría concluye que la novela comparte con la historia la narratividad: ambas refieren sucesos. Unos sucesos, por cierto, que a estas alturas no han de ser extraordinarios per se para merecer la atención del autor, ni la del lector. Cualquier hecho, por trivial que parezca, es susceptible de ser novelado, lo mismo que existe en la academia actual una historia de la vida cotidiana. El estilo es lo que cuenta, además de lo que se cuenta.

De una forma u otra, entonces, hay materia novelesca suficiente en la historia y viceversa, es decir, hay materia histórica suficiente en la novela. Qué sucesos sean los narrados en un caso y en otro, es algo que decidirá el autor. Y el lector, en definitiva, será quien califique esos sucesos como extraordinarios o no, siempre influido por el tratamiento que el autor imprima a su obra. 


Luis Bustos (n. 1973) publicó en 2009 bajo el sello Planeta la novela gráfica Endurance. Cinco años después, a finales de 2014, ha sido reeditada con motivo del centenario de la expedición a la Antártida iniciada el 8 de agosto de 1914 a borde del barco Endurance y dirigida por el explorador Ernest Shackleton (1874-1922).

La aventura del Endurance es la historia de un fracaso, en tanto que no consiguió el objetivo propuesto por Shackleton, esto es, atravesar por tierra el continente de hielo antártico. Sin embargo, este mismo fracaso es a la vez la historia de un éxito. La gesta de Shackleton permanece en el recuerdo como un ejemplo de supervivencia épica, un modelo del poder de la resistencia frente a la adversidad que adquiere incluso tintes heroicos.

Y así, la Expedición Imperial Transantártica (1914-1917), que es el nombre oficial de la Expedición Endurance, se inscribe en la epopeya de la denominada "edad heroica" de la exploración de la Antártida.

Endurance, la novela gráfica de Luis Bustos, recoge esta dualidad en la que coexisten el fracaso y el éxito de Shackleton y de su expedición. 



En el Prólogo a la reciente edición de esta novela, Santiago García menciona la presencia de "el japonés Osamu Tezuka y el norteamericano Jack Kirby" en este trabajo de Bustos. Y sí, es visible el estilo del manga en las composiciones de página y en las transiciones "a la japonesa" de muchas de las viñetas de Endurance; igual que es visible la influencia de Kirby, "the King of Comics", acaso en la tosquedad y dureza del trazo de Bustos en el dibujo de esta novela, pero también en el aire heroico que imprime el autor a su relato. Una tosquedad y una dureza que son, en todo caso, perfectamente acordes con las circunstancias en que tuvo lugar la aventura de Shackleton.

De alguna manera, Luis Bustos triunfa en su empeño cuando consigue transmitir al lector el frío, la dureza y la tosquedad mencionadas, mas también el espíritu de resistencia de unos hombres comandados por un personaje mitad aventurero, mitad visionario, pero capaz de embarcar a toda una tripulación hacia una odisea más que incierta.


Y es en este punto, volviendo de nuevo a la perspectiva histórica, donde cabe resaltar un apunte hermenéutico. El Endurance zarpó del puerto de Plymouth a los pocos días del comienzo de la Primera Guerra Mundial. La gesta de Skackleton coincide con esa Gran Guerra en el sentido de ser un desastre promovido por sueños de honor y de exaltación nacional. Y de igual modo que esa guerra marcó el final de un mundo y el comienzo de otro, la aventura del Endurance marcó el fin de la "edad heroica" y el comienzo de la "edad mecánica" en el ámbito de los exploradores. Los sueños facilmente se transforman en pesadillas. Y en estas solo cabe encontrar, si acaso, grandeza y valor épico en la resistencia de los hombres y mujeres, anónimos casi siempre, involucrados en tales locuras.

Esa es la grandeza de la aventura de Skackleton: mostrar el valor de la resistencia no solo de él, sino de los héroes que lo acompañaron en su ensoñación. Y esa es también la importancia de Endurance, la novela gráfica de Luis Bustos, en la medida en que da cuenta de ese valor.