Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
Mostrando entradas con la etiqueta Logicomix. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Logicomix. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de abril de 2016

Neurocómic y el valor de la paradoja

Después de Logicomix (2008), vinieron Cosmicómic (2013) y Neurocómic (2013). 


La creencia que afirma que los dos hemisferios del cerebro (el izquierdo y el derecho) funcionan separadamente y hasta son incompatibles es afín a la creencia que afirma lo mismo respecto a la ciencia y el arte. Son dos creencias simplistas. Olvidan que el cerebro es un órgano vital de individuos indivisos (valga la redundancia), capaces de ser científicos y artistas a la vez. Tal es el caso de Matteo Farinella, doctor en neurociencia y dibujante de Neurocómic, un tebeo escrito en colaboración con la también doctora en la materia Hana Ros.

Neurocómic es fiel a lo que su título indica. No es un mero libro de divulgación científica. Pretende comunicar, sí, los fundamentos de la neurociencia; pero a la vez quiere inscribirse en el noveno arte. Creo que el blog de Matteo Farinella [este] da cuenta de la intención comunicativa que inspira este cómic neural.

De este modo, la pregunta al final -o al principio- viene a ser qué hay de ciencia y, sobre todo, qué hay de historieta en Neurocómic. Pues a fin de cuentas este libro se presenta como tebeo.


Uno de los misterios por resolver desde la perspectiva científica tiene que ver con el conocimiento de las funciones del sistema nervioso y, sobre todo, de su órgano principal: el cerebro. Del cerebro se sabe muy poco en comparación con lo que se conoce del resto de órganos corporales, a pesar de que el sistema nervioso en general, y el cerebro en particular, están íntimamente vinculados a las denominadas funciones superiores que singularizan a la especie humana. (Las ciencias naturales son en última instancia ciencias humanas.) Y la ciencia que se ocupa de este campo es relativamente reciente. Nació con Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) y con la intervención de Camillo Golgi (1843-1926). Es la neurociencia, una de las piezas esenciales en el desarrollo del nuevo paradigma cognitivo. (De Ramón y Cajal, por cierto, se conservan muestras de su más que afición por el dibujo.)

Farinella y Ros sintetizan en Neurocómic la información básica disponible al efecto. Son los rudimentos de la neurociencia, pero están bien asentados. Aunque siempre es infinitamente menor lo conocido con respecto a lo desconocido, el avance científico ancla sus logros paso a paso con solidez. Esta es una de las causas del optimismo de los que cultivan la ciencia.

¿Qué decir de Neurocómic en cuanto tebeo? Los autores proponen aquí una especie de metahistorieta autorreferencial que apela abiertemente al lector y en concreto a su cerebro. No solamente es que el viaje descrito en el cómic transcurra en dicho cerebro. Es que además, en nombre de Scott McCloud, los autores proponen que el tebeo solo existe en la medida en que la cabeza del lector lo construye como tebeo.

Didactismos aparte, a mí me parece que con este planteamiento Farinella y Ros incurren en una paradoja. Lo cual, por cierto, no invalida para nada Neurocómic en cuanto tebeo. Me refiero a lo siguiente. El sustrato de la neurociencia es de índole materialista cuando afirma que la mente se reduce al cerebro. Sin embargo, la afirmación de que lo real -el tebeo en este caso- existe gracias a la actividad del cerebro, recuerda demasiado al famoso esse est percipi (ser es ser percibido) del filósofo George Berkeley (1685-1753) y a su idealismo subjetivo. Del mismo cerebro se podría decir que existe en tanto que percibido como tal. Con lo cual, esa es la paradoja. El materialismo deriva en idealismo y a la vez el idealismo en materialismo.

Como digo, esto no afecta nada al valor de Neurocómic en cuanto tebeo. A fin de cuentas, lo mejor que tiene el idealismo de Berkeley es que es el inspirador de multitud de narraciones y relatos de ficción -algunos memorables- en diferentes medios. Berkeley es uno de los filósofos de artistas y soñadores (también lo es Nietzsche, pero en otro sentido).

Por otra parte, las paradojas son también una fuente inspiradora de guiones y obras artísticas (la paradoja de Russell, por ejemplo, presente en Logicomix). A Farinella y a Ros les ha servido esta fuente, quizás, para construir un relato que aleja a Neurocómic del mero informe científico y lo convierte en historieta.

También está, por supuesto, el apartado gráfico de Neurocómic, sin el cual tampoco habría tebeo (esto no solo parece una perogrullada, sino que lo es). Yo le encuentro un cierto aire medieval agradable y hermoso. Al menos es así como lo percibe mi cerebro a través de mis sensaciones.


jueves, 24 de diciembre de 2015

Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang


En el universo científico hay una especie de hiato, una fisura que se da entre dos ámbitos de conocimiento. Por un lado están las ciencias formales: lógica y matemáticas. Por el otro, las ciencias factuales o empíricas, sean estas naturales (física, p. e.) o sociales (economía, p. e.). Las primeras tienen que ver con símbolos de ideas y esquemas de razonamiento. Las segundas, con hechos. La lógica y las matemáticas no estudian el mundo, lo que es el caso. Las ciencias empíricas sí. 

Este hiato lo señaló en el siglo XVIII David Hume. En  nuestros días está firmemente establecido desde que Wittgenstein arribó hace casi cien años a la conclusión de que las leyes de la lógica no son sino tautologías: su validez no depende de lo que sea o no el caso (son independientes de la experiencia). No obstante, la lógica y las matemáticas no son meros juegos lingüísticos. La revolución telemática, por ejemplo, es inseparable del desarrollo de ambas ciencias. 

Tanto Logicomix como Última lección en Gotinga son, con todas sus diferencias, tebeos que se inspiran en los ámbitos de las ciencias formales. Cosmicómic (2013), en cambio, se centra en unos hechos referidos al campo de la ciencia natural. Con guion de Amedeo Balbi y arte de Rossano Piccioni, Cosmicómic lleva un esclarecedor subtítulo en nuestro idioma: El descubrimiento del Big Bang.

No cabe duda de que los autores de Cosmicómic están influenciados por Logicomix. No lo digo solo por las fechas de publicación y por los títulos respectivos. En una y otra novela gráfica se narran sendos capítulos de la historia de la ciencia (formal en un caso, natural en el otro). Y los epílogos de Cosmicómic (biografías y notas finales) recuerdan claramente a los de Logicomix. Hay mayor densidad narrativa, con todo, en la novela dedicada a los lógicos, independientemente del mayor número de páginas que la llenan.


En cualquier caso, Cosmicómic es un buen tebeo que tiene además el valor añadido de informar sobre el hallazgo de la teoría cosmológica que encuentra más adeptos entre la comunidad científica actual. O acaso al revés, Cosmicómic es una aceptable divulgación de la teoría del Big Bang, a partir de sus artífices, que cuenta con el valor añadido de ser además un buen tebeo. 

En el apartado gráfico, yo destacaría la simplicidad del dibujo y el acierto en la elección de los colores, que en algunas páginas recuerdan a la era del Sputnik. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Pathos y matemáticas en lenguaje de cómic (Última lección en Gotinga)


Al leer Última lección en Gotinga (2009), de Davide Osenda (n. 1972), me acordé de Logicomix (2008) [aquí] y de la frase que dice Apostolos Doxiadis, uno de los autores de esa novela gráfica, representado como sí mismo en el libro:
«"Las matemáticas y los cómics son como aceite y agua"... ...¡Nunca se mezclan!» (p. 202)
Y de hecho, las matemáticas tienen en Logicomix una importancia indirecta, supeditada a la lógica (el título de la charla de Bertrand Russell que guía la narración de este cómic es: "El papel de la lógica en los asuntos humanos"). Aun así, lo que predomina en Logicomix es una sucesión de acontecimientos, personajes, ambientaciones y diálogos que conforman una narración novelesca. 

Sin embargo, Última lección en Gotinga es un tebeo que sí se centra en las matemáticas y, en concreto, en la representación de un problema matemático, el del infinito expresado a través de la hipótesis del continuo.


Pero esta Última lección... no es meramente la ilustración para legos de un problema matemático. Es un cómic. Davide Osenda utiliza el lenguaje de la narrativa secuencial, bellamente por cierto, para exponer el problema del infinito cantoriano. Y lo hace de un modo tal, que la cuestión de los transfinitos se imbrica en un instante de la historia del antisemitismo (en la Alemania nazi) y en otras circunstancias concernientes a los dos protagonistas de este relato, el profesor y el oyente. Es un pathos matemático -ante el problema del infinito-, entonces, lo que Osenda nos muestra con la excusa argumental de una lección de pizarra, la cual deviene finalmente en la exposición de un auténtico pathos existencial. Todo ello, ya digo, en lenguaje de cómic. 

Hay un aforismo de Ludwig Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus (1918, 1921) que dice así:
«4.014 El disco gramofónico, el pensamiento musical, la notación musical, las ondas sonoras, están todos, unos respecto de otros, en aquella interna relación figurativa que se mantiene entre lenguaje y mundo.

A todo esto es común la estructura lógica.

(Como en la fábula, los dos jóvenes, sus dos caballos y sus lirios son todos, en cierto sentido, la misma cosa.)»
De algún modo, este aforismo subyace no solo al sentido, sino también a la forma de Última lección en Gotinga. Una forma caracterizada, hay que decirlo, mediante un dominio de la acuarela por parte de Osenda que transmite también algo así como un pathos estético (junto al matemático y al existencial).

Y hablando de estética, acabaré esta entrada copiando aquí el § 67 de la Monadología (1714, 1840) de Leibniz. El parágrafo describe la cuestión de los transfinitos poéticamente, un poco a la manera en que lo haría un artista gráfico como Davide Osenda:
«Cada porción de materia puede ser concebida como un jardín de plantas o como un estanque lleno de peces; pero cada rama de planta, cada miembro de animal y cada gota de sus humores es también un jardín o un estanque de la misma clase.»
Una grata lección.


lunes, 6 de agosto de 2012

Logicomix

Qué sea en su factura Logicomix es lo de menos. En palabras de sus autores: "Es -y quiere ser- una novela gráfica". Para mí es un cómic singular y sorprendente. Narra un periodo importante de la historia de la filosofía de las matemáticas.


El personaje central de la obra es uno de los filósofos más interesantes y completos del siglo XX: Bertrand Russell.


Pero Logicomix no es una biografía completa de Russell, que vivió casi cien años. El libro contiene, con todo, importantes elementos biográficos del filósofo británico. En especial referidos a las primeras décadas de su vida.

De un modo más que llamativo, Logicomix consigue introducir al lector en un asunto especializado: el llamado "el problema fundacional" de las matemáticas, esto es, el problema de encontrar un fundamento lógico para la aritmética y, a partir de ella, para el entero edificio de la matemática. Se trata de un episodio intelectual que se inicia con la aparición de la nueva lógica de Boole y con los planteamientos logicistas de Frege. Toda una aventura del pensamiento que se vio alterada de raíz cuando Russell descubrió su famosa paradoja concerniente a las clases que se autoincluyen.


No es plan de detallar aquí ahora el meollo del asunto. Lo que les garantizo es que si acometen la lectura de Logicomix no se verán defraudados ni se sentirán impotentes ante su comprensión. Eso sí, verán desfilar por la obra a grandes pensadores, excéntricos en algunos casos, sin los cuales hoy posiblemente no estaríamos comunicándonos con nuestros ordenadores y a través de internet.

Además de su interés por la lógica matemática, y tras dejar en cierto modo en segundo plano ese interés, Bertrand Russell fue un filósofo comprometido con causas variadas: el pacifismo, la educación... aparte de otras materias filosóficas. Así, la explicación de la historia de Logicomix corre a cargo de un Russell dando una conferencia en EEUU al comienzo de la II guerra mundial y acerca de la lógica aplicada a los asuntos humanos.


Conseguir presentar en un cómic una historia tan abstrusa con garantías de éxito depende totalmente del arte de la composición de sus autores. De hecho, el artífice principal del relato, el griego Apostolos Doxiadis, ya consiguió hace unos años entusiasmar a muchísimos lectores con una novela referida a un problema matemático: El tío Petros y la conjetura de Goldbach.

Y es que el progreso de la educación para todos conlleva que fenómenos como el que comentamos no caigan en saco roto. Presentar lúdicamente materias abstractas que son comprendidas por muchos va siendo usual en nuestras sociedades postilustradas.

Pero no todo en Logicomix es historia de la lógica.

Hay también una incursión de la perspectiva de los autores del libro en lo que nos cuentan.

Y lo hacen a través del procedimiento de la autorreferencia; un recurso, ya vimos, poco menos que constante en el historietismo actual.

(Que por cierto, esto de la autorreferencia por parte de los narradores de Logicomix casa muy bien con el núcleo del problema fundacional tal y como fue revelado por la paradoja de Russell.)

En Logicomix aparecen los autores de la obra en Atenas, su ciudad, mientras debaten acerca del libro que están escribiendo. Nos acercan así a su propio mundo en su propio ambiente.


Una de las claves del libro, sobre el cual se centran sus guionistas, es el tema: "Lógica deriva de locura".

El fantasma de la locura como fundamento de la búsqueda de la certeza matemática y lógica.


Y bueno, para terminar, diremos que la incursión de los autores de Logicomix en el contenido de la historia que cuentan, la hacen a través de una representación actual de La Orestiada de Esquilo en la Atenas contemporánea.


domingo, 5 de agosto de 2012

La épica de la verdad. Logicomix

Es obvio que mundo de los cómics está lleno de héroes y de superhéroes. Y no solo en los ámbitos "americano" y asiático. También en el europeo. Y desde la época clásica. Pues qué pretende ser el personaje Tintin sino un héroe, y qué vienen a ser Astérix y Obélix sino superhéroes.

Tanto es así, que bien puede decirse que el cómic se presta como un guante para la literatura heroica y superherioca, por más que haya otras formas de entender una historieta cuando está protagonizada por personajes corrientes y cotidianos. Es como si el cómic fuese un medio idóneo para representar acciones de héroes, lo cual en definitiva confirma la afinidad existente entre el arte de la historieta y otras artes narrativas.

Independientemente de su alcance, calidad, verosimilitud y otros factores, la literatura heroica se inscribe en el género tradicional de la épica.

Ahora bien, la épica como tal no se limita a la lucha del bien contra el mal o a la representación del combate de los justicieros contra la injusticia.

La lucha agónica muestra diferentes frentes. También puede tener altura épica la búsqueda de la verdad o, mejor dicho, la representación de algún momento o variante de esa búsqueda.

En esta última línea se inscribe Logicomix, cuyo subtítulo es precisamente Una búsqueda épica de la verdad.