Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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martes, 14 de enero de 2014

Alicia en Sunderland

Las formas que tiene un artista de vincular una obra suya a una ciudad son variadas. Y en este sentido, el homenaje -por así decir- que el estadounidense Harvey Pekar brinda en su último libro a la ciudad de Cleveland dista mucho en su estilo, tan sobrio, del homenaje como más postmoderno y barroco que brinda el británico Bryan Talbot (n. 1952) a la ciudad de Sunderland en su novela gráfica de 2007 titulada precisamente Alicia en Sunderland.


Talbot parece seguir en esta obra el planteamiento que Scott McCluod introdujo en un libro famoso de 1993: Entender el cómic: el arte invisible.


De hecho, McCloud aparece dibujado por Talbot en la página 191 de Alicia en Sunderland, irónicamente descrito como "¡El Venerable Experto en Cómics Scott McCloud!".


Este enfoque referido no es otro que aquel que concibe el cómic como un medio y no como un género; y es en tanto que medio que el cómic tiene una capacidad prácticamente ilimitada para abordar cualquier tema y en cualquier estilo.

En realidad, este mismo planteamiento había sido introducido anteriormente, como vimos más arriba, por Harvey Pekar en American Splendor a finales de los setenta pasados. Con lo cual, Scott McCloud se limita a interpretar el trabajo de unos realizadores de cómic innovadores y a exponer didácticamente sus resultados.


Una vez establecida la capacidad del medio -el noveno arte- para abarcar cualquier temática en cualquier estilo, y dado que esta virtualidad práctica es la principal característica de la novela en general, es entonces cuando hablamos ya sin cortapisas del cómic entendido como novela gráfica ("literatura dibujada"), al menos en algunas de sus manifestaciones.

Solo desde esta perspectiva puede comprenderse como una novela gráfica esa amalgama -a mi modo de ver brillante- de textos e ilustraciones que constituyen Alicia en Sunderland.



15.01.2014

Pero bueno, por mucho que entendamos la novela como una suerte de armazón o receptáculo capaz de abarcar cualquier tema y en cualquier estilo, no basta con eso para caracterizarla. Ha de haber algo más, algo inherente y específico a la vez que permita calificar un producto literario, gráfico o no, como una novela.

Ese 'algo más' incluye, desde luego, la narratividad; la novela es un género (o subgénero, que no está clara la cosa, aunque es esta una cuestión nominal) narrativo. No es preciso imprimir a la narración un carácter histórico, periodístico, notarial o behaviorista. Se pueden novelar también los latidos de un alma, las impresiones del que escribe, vicisitudes fantásticas, los meandros de la fortuna, las argucias del devenir. Lo importante es que haya relato, sea este subjetivo u objetivo. Y ha de estar sometido, además, a una cierta unidad narrativa.

Sin embargo, una crónica y un documental son también narrativos y suena forzado calificarlos como novelas. Algo más hay que añadir.

Podemos destacar también en una novela el espacio de la representación, esto es, no tanto el espacio narrado, cuanto el espacio al que apunta la imaginación del lector. Esto es importante, pues es ahí, en ese espacio imaginario equivalente a un constructo, donde la barrera que separa la ficción y la no ficción pierde eficacia, se disuelve y permite que afloren a la atención del sujeto los entresijos, pliegues y desdobles de la realidad y de su contrapartida, el absurdo.

La novela, entonces, tiene que suscitar movimientos y momentos en la interioridad del lector.

Finalmente, no es menor la función de entretenimiento que compete a una novela. El lector de novelas es un fruidor y como tal busca satisfacerse cuando accede a sus páginas. Del arte y la pericia del autor (del escritor y dibujante en las novelas gráficas), pero también de la disposición del lector, dependerá el logro de esta función de entretenimiento.


Pues bien, bajo estas premisas Alicia en Sunderland es una novela gráfica. Tiene un tema y un estilo definidos. Es narrativa. Está construida con relatos sometidos a una cierta unidad. Participa del género documental. Transcribe hechos objetivos combinados con situaciones ficticias y aderezos subjetivos del autor. Establece un espacio de la representación de los hechos y también le suscita un espacio poblado a la imaginación del lector. Y en fin, Alicia en Sunderland es un magnífico entretenimiento que absorbe por completo a sus fruidores.


Quizá sea un entretenimiento ante todo, a pesar de ese cierto aire en ocasiones enciclopédico que lo atraviesa. Y a pesar de que presenta insistentemente, ilustrándola de mil modos, algo así como una tesis. O varias. 

Es un entretenimiento de autor. De autor completo. Está documentado, guionizado, dibujado, diseñado y narrado por Bryan Talbot.



sábado, 4 de enero de 2014

Cleveland

Respecto a la representación no ficticia (siempre que no entendamos este sintagma como un oxímoron), por lo que voy conociendo, quien mejor lleva a cabo el grado cero de la escritura y el grado cero de la ficción es Harvey Pekar.


El artista y la ciudad. Aunque Cleveland en realidad viene a ser como un episodio más amplio de American Splendor. Es decir, igual que en su famosa serie, Harvey Pekar en Cleveland se nos muestra como un artista que se representa a sí mismo, solo que ahora despliega su personalidad imbricándola con las características de su ciudad natal y vital.


Es de analizar en qué estriba el interés que despierta en los lectores la obra de Pekar. Él no dibujaba sus cómics. Concebía sus historias, las guionizaba, las proyectaba. Pero se las ilustraban otros. Y son unas historias tomadas de la vida corriente.

Y ahí está la cosa: cómo convertir en arte la vida corriente.

Con lo cual, Harvey Pekar sigue hablándonos de Harvey Pekar en Cleveland, si bien dedica el primer tercio de esta obra a contarnos la historia de su ciudad. Tal vez sea el contar esa historia el modo en que Pekar produce en este tebeo el preceptivo distanciamiento de sí u objetivación, algo sin lo cual no puede darse una representación figurativa.


domingo, 14 de julio de 2013

American Splendor

Un hito en la evolución del cómic hacia la novela gráfica ("el cómic después del cómic", denomina Santiago García a este tipo de literatura) lo marcó American Splendor, de Harvey Pekar (1933-2010).


Se trata de una larga serie de historietas autobiográficas que vio la luz en 1976 y se prolongó varias décadas, prácticamente hasta un par de años antes de la muerte de Pekar.

En realidad, Harvey Pekar es el guionista de la serie. Los dibujos corrieron a cargo de un plantel de dibujantes entre los que se encontraba su amigo Robert Crumb. Otros ilustradores de los textos de Pekar fueron Gary Dumm, Kevin Brown, Greg Budgett, Frank Stack, Gerry Shamray, Joe Sacco...

14.07.2013


En el número 4 de American Splendor, de 1979, apareció una historieta titulada "The Young Crumb Story" en la que, con dibujos del mismo Crumb, Harvey Pekar nos cuenta, entre otras vicisitudes, cómo conoció en Cleveland al dibujante antes de que este se hiciera famoso.

En la misma historieta, además, Pekar revela su iniciación como guionista de cómics:


¡En los cómics puedes hacer lo mismo que en las novelas, en las películas, en las obras de teatro o lo que sea! Los cómics se componen de dibujos y textos... ¡Con dibujos y textos puedes hacer lo que quieras!


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Esta es la clave de bóveda de la novela gráfica entendida como una forma de creación cultural.

Y es evidente la importancia que tuvo en su génesis la realidad del comix underground.