Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
Mostrando entradas con la etiqueta Historia y cómic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia y cómic. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de agosto de 2017

La gran novela gráfica catalana de Juste de Nin

De las trece novelas gráficas de Lluís Juste de Nin que han visto la luz hasta ahora, diez de ellas fueron publicadas por Edicions De Ponent, lo cual no deja de ser una prueba de la gran valía del malogrado Paco Camarasa Pina (1963-2016) en cuanto editor. Ante empresarios como él, la palabra 'emprendedor' queda pequeña, al menos en la medida en que se asocie esa palabra al mero lucro o ganancia en términos crematísticos. Paco Camarasa apostó fuerte por el arte del tebeo y así lo demuestra el catálogo de su editorial. Al cabo, ni el director ni los autores de Edicions De Ponent se enriquecieron. Fue el arte del cómic el que al fin salió ganando.

El orden temporal de publicación de las trece novelas de Juste de Nin es el siguiente:

2004.- Els Nin. Memòries a llapis d'una família catalana.
2007.- Montecristo 1941.
2008.- El Guepard 1970.
2009.- Barcelona 1931. L'educació sentimental.
2010.- El Quart Poder.
2011.- La Muntanya Màgica.
2012.- La Fira De Les Vanitats.
2013.- La Guerra dels Besavis.
2014.- Rauxa. (La Catalunya Rebel 1925-1931).
2015.- Quan de Tu s'allunya. (De l'ocupació de París a la caça de bruixes).
2016.- Andreu Nin. Seguint les teves passes.
2016.- Itaca. L'Odissea en la Mediterrània de 1936.
2017.- Garbo, l'espia català que enganyà Hitler.

La primera de estas novelas la editó Planeta; la última, ya fallecido Paco Camarasa, Trilita Ediciones. Itaca, por su parte, era un volumen inédito realizado en 2002 hasta que fue publicado por la Societat Cultural Sant Jaume el año en que falleció Camarasa. Las trece están escritas en catalán, si bien Andreu Nin y Garbo se publicaron también en castellano. Llama la atención el hecho de que, a partir de 2007, las novelas de Juste de Nin aparecen a razón de una por año, especialmente si se tiene en cuenta la edad del autor.

Diferentes ordenaciones y subconjuntos, según diferentes criterios -cronológicos y temáticos-, se pueden establecer ante este corpus novelístico. Aunque a mí me parece que la primera novela, Els Nin, sintetiza toda la serie. Hay con todo un universo referencial que se da en todos estos títulos, un universo unificado por un propósito específico de Juste de Nin y conscientemente proyectado en sus obras. Este universo concierne al catalanismo. Y en concreto, a la construcción del Estado que le corresponde, desde esta perspectiva, a una nación milenaria.

Cuando me refiero a la valía de Paco Camarasa como editor, tengo en cuenta por supuesto estos datos. Pero sobresale la impresión de que su olfato artístico y el gusto por los tebeos bien hechos es lo que le llevó a apostar por las novelas en cómic de Juste de Nin. (En justo reconocimiento, el autor dedica Garbo, su última novela, así: "En memoria de Paco Camarasa Pina, editor de tantos sueños en tinta y lápiz. Amigo inolvidable.")

Entrevista de Mercé Miralles al autor recogida en el blog de De Ponent [aquí]

En un post anterior [aquí] me centré en la condición militante de Juste de Nin ("Jo, per dibuixar, necessito defensar o atacar. Dibuixar per dibuixar? No és la meva vocació. Fer d'il.lustrador? Tampoc", declara el autor en la entrevista que enlazo). Pero también indiqué que la vida y la obra de este autor dan para mucho juego hermenéutico. Y así, aun aceptando a pesar de mi escepticismo que tiene poco sentido dibujar por dibujar -igual que leer por leer o escribir por escribir-, opino que, si son el aprendizaje y el goce los que imperan, merece la pena sin pena leer las novelas del autor catalán.


Hay una estrecha conexión entre los términos de la tríada Historia-Novela-Periodismo. Son tres tipos de escritura que comparten, cada una a su modo, el tratamiento de la información. Puede ser que la novela, como se dice a menudo, sea uno de los pecios de la historia. Además, la novela comparte con el periodismo el valor de la noticia. No en vano el significante 'novela' recuerda al francés 'nouvelle' o al italiano 'novella' y comparte raíz con el inglés 'news', cuyo significado es 'noticia' en los tres idiomas. El mismo diccionario de la RAE ha recogido tradicionalmente la siguiente acepción del término 'novela': "Hechos interesantes de la vida real que parecen ficción". En cierto modo, la diferencia entre la historia y el periodismo la proporciona la distancia en el tiempo de los hechos narrados. La novela, por su parte, tiene vía libre para introducir elementos de ficción en el relato, así como para atender requerimientos estéticos a su antojo (al antojo del autor, quiero decir).

Es obvio que Juste de Nin conoce bien los términos de esta tríada y los combina con estilo en sus novelas. Esto es evidente sobre todo en la "trilogía de la prensa" conformada por El Quart poder, Rauxa y Quan de Tu s'allunya. El mundillo del periodismo sirve al autor en estas obras para describir unos relatos novelescos situados respectivamente en Barcelona, París y Nueva York, ciudades perfectamente reconocibles, y de paso proporcionar la visión más o menos tópica, sintetizada por la historia, de los momentos y espacios en que transcurren las narraciones. Pero además, De Nin en estas novelas informa al lector de sucesos históricos tan relevantes como los entresijos de la guerra del Rif y los respectivos exilios de Francesc Macià en los pasados años veinte y de los republicanos catalanes en 1939. La presencia del periodista Pep Pubill en las tres novelas, siquiera como personaje secundario en la primera, le da continuidad a la trilogía.

La información histórica es también patente en la "trilogía del XIX": La Guerra dels Besavis, La Fira de les Vanitats y La Muntanya Màgica. Juste de Nin construye unos relatos novelescos en los marcos de la primera guerra carlista (la primera carlinada), la Barcelona del periodo conocido como la febre d'or y el ambiente modernista y pre-noucentista anterior a la Gran Guerra.

La Barcelona republicana y los conflictos entre cenetistas, faístas, estalinistas, trotskistas y poumistas (Barcelona 1931); la guerra del 36 (Itaca); la Segunda guerra mundial (Garbo); la postguerra franquista (Montecristo 1941); la denominada Transición (El Guepard 1970), son marcos y momentos históricos que sustancian otros relatos de Juste de Nin. Y en algunos casos lo hacen de un modo transversal, abarcando amplios periodos (la historia de Els Nin, particularmente, se inicia en las décadas finales del siglo XVIII y concluye en 2003). Historia y Novela confluyen en todas las obras del autor. Hay también una mayor o menor presencia de información puntual, de cariz periodístico, en unas y otras (Cròniques a llapis, denomina De Nin sus novelas).

El puzle o tapiz histórico que compone el conjunto de las novelas de Juste de Nin ofrece una información histórica muy pertinente. Esto del catalanismo y sus pretensiones no es cosa de hace cuatro días. Quizás fuera conveniente traducir al español esas novelas. Y divulgarlas. Se enriquecería con ello la conversación política pública, pero también la privada.



Las Crónicas a lápiz de Juste de Nin se inscriben de pleno en el seno de la literatura gráfica. También manifiestan algunas de ellas una evidente querencia del autor por la literatura sin más. Seis de sus novelas gráficas adoptan en su título y estructura sendas novelas de Dumas, Lampedusa, Flaubert, Maupassant, Mann y Thackeray. Una séptima novela gráfica de De Nin, Itaca, remite directamente a La Odisea de Homero. El autor utiliza libremente los modelos escogidos, adaptándolos con seriedad a sus personales guiones (o al revés, adaptando sus personales guiones a los modelos literarios escogidos). Se revela en cualquier caso que De Nin es muy buen lector.

El quehacer novelesco, imaginativo, se manifiesta también en las obras de De Nin mediante la creación de personajes. Grandes tipos de ficción como Boixader, Mariona Bosch, la Bequi, Pep Pubill, y un largo etcétera, se combinan con otros personajes reales en sus relatos. Nada desdeñable es tampoco esa ficción del autor titulada The Mutations of the Monster, un libro de Mariona Bosch que sería magnífico que existiese en la vida real...

Pero bueno. Hablar de literatura gráfica no es otra cosa que hablar de cómic. Y a fin de cuentas, el motivo de esta entrada es Lluís Juste de Nin en tanto que autor de cómic. Cabe valorar sus tebeos en cuanto tebeos. Su dibujo recuerda a Tardi. Pero el arte del cómic no consiste en dibujos sin más, aunque pueda estar compuesto en ocasiones por dibujos sin palabras ni onomatopeyas. El cómic es un medio específico que tiene un lenguaje propio. Recrea un movimiento secuencial, dinámico, mediante imágenes estáticas. Ese es su logro. Los tebeos de Juste de Nin son pura narratividad (storytelling) gráfica. Puro lenguaje de cómic. Así lo vería Camarasa cuando apostó por él. Así lo vemos nosotros o al menos yo.

Es inevitable al comentar las novelas gráficas de Juste de Nin reparar en los Episodios nacionales de Pérez Galdós. Pero entrar en este asunto convertiría este post en una historia interminable. Terminaré, sin embargo, copiando una cita de Tierno Galván que recoge la Wiki [aquí]. Solo hay que sustituir los términos adecuados para aplicar este texto a la novelística de Juste de Nin.
"En el mundo imaginario de Galdós los españoles que leen se instalan y sienten a gusto en él por el poder mágico del lenguaje y lo que el lenguaje arrastra del inconsciente colectivo, no poqrue se vean retratados en los personajes que pueblan los Episodios Nacionales. No obstante, la interpretación, a través de la novela, de la historia contemporánea de España, la hizo Galdós ateniéndose con sorprendente veracidad a los acontecimientos históricos en cuanto tales."

viernes, 2 de junio de 2017

Viñetas para una Tesis




Tanto el título como la cubierta del reciente ensayo de Fernando J. Alcantarilla Hidalgo, El siglo XX en viñetas: Barbarie y Humanismo en el cómic europeo, resultan interesantes. La contracubierta del tomo informa del currículum del autor, centrado en la carrera jurídica (actualmente es Letrado del Tribunal Constitucional y tres veces doctor en Derecho). En el mismo sitio leemos: "El presente libro tiene su origen en la tercera Tesis Doctoral del autor..." Obviamente, el asunto llama la atención. 

La inquietud se presenta cuando en el primer Prólogo de la obra, escrito por Luis Alberto de Cuenca, se lee (después de "malhadada centuria"): 
"Fernando José Alcantarilla Hidalgo ha dedicado un ensayo monumental a lo que suponen estas viñetas para elucidar el transcurso del siglo XX, esa malhadada centuria a la que debemos, siguiendo al Marqués de Tamarón, algunas de las plagas más terribles que ha conocido la Humanidad, entre ellas, el comunismo, la práctica cruel del psicoanálisis y el sinsentido del arte moderno." [sic]
Sin embargo, lo que viene a continuación no es un despropósito del autor (como el sugerido por las palabras del prologuista). Es un recorrido por ciertos momentos de la historia política, jurídica y militar del siglo XX, ilustrados mediante una selección de tebeos mayormente europeos; o, tal vez al contrario, es un paseo por ciertas obras de tebeo europeo comentadas a partir de momentos de la historia política, jurídica y militar del siglo XX. El tebeo en todo caso ilumina la historia, pero también es la historia la que ilumina el tebeo.

Tal y como el título da a entender, El siglo XX en viñetas... se divide en dos grandes apartados. La primera parte trata, bajo el rótulo Barbarie, acerca de guerras, revoluciones (la Rusa especialmente), colonizaciones y genocidios del siglo pasado. La segunda, en defensa del Humanismo, versa sobre la democracia, el Estado de Derecho y un catálogo de Derechos Humanos tal y como son reflejados -o negados- en las viñetas seleccionadas.

Entre el corpus tebeístico manejado por Fernando Alcantarilla en su tesis destaca ante todo su fijación con la serie Tintin, de Hergé. Le siguen en menor escala las series Lefranc, de Jacques Martin y Blake y Mortimer, de Edgar P. Jacobs. Muchos otros son los títulos de cómic referidos por Alcantarilla, si bien, aparte de los anteriores, destacan cuantitativamente tebeos de Hugo Pratt, Rubén Pellejero, Jacques Tardi... Se trata de historietas de corte europeo en general y adscritas a la línea clara en particular.


A mí la lectura de El siglo XX en viñetas me ha producido impresiones similares a las que sentí leyendo otro ensayo, esta vez colectivo (una colección de papers de profesores universitarios estadounidenses), titulado Los superhéroes y la filosofía. En otro post [aquí] lo comenté. Me refiero a lo siguiente.

En unos párrafos de mi comentario sobre el libro Los superhéroes y la filosofía escribí:
Ante la muy interesante pregunta: ¿Por qué un superhéroe, un ser con poderes suprahumanos, debe optar por el bien?, es donde más he notado el carácter limitado del libro. En realidad, la pregunta tiene alcance universal y nos concierne a todos los seres humanos: ¿Por qué debemos elegir el bien antes que el mal? ¿Por qué es preferible el primero, más allá de la mera aceptación de los imperativos? Es esta una pregunta filosófica de primer orden y, como tal, ha recibido diferentes análisis y respuestas a lo largo de la historia del pensamiento. 
Sin embargo, para mi sorpresa, el teísmo personalista, la existencia de un Dios personal como garantía del orden y de la estructura moral del universo se apunta en el libro como la última ratio a la cual apelan varios de los autores del libro. Algún otro defiende la realidad objetiva del Bien que apuntara Platón al concebir esta realidad como la Idea o Forma suprema a la cual tienden y a la que imitan el resto de Formas de lo que hay. También, en la misma línea de realismo objetivo del bien, se trae a colación la teleología aristotélica... Incluso, para justificar la plausibilidad de aceptar a Dios, se recurre en más de una ocasión a "la apuesta de Pascal"... 
A mí no me parece mal que se defiendan filosóficamente las creencias de cada uno. Y en el límite, tan atendible es esta filosofía que trasparece en el libro como lo son la agnóstica y la atea. Lo que no me parece bien es que un libro de estas características, bajo un título tan atractivo, defienda casi monolíticamente una sola de las versiones de la filosofía.

Fernando Alcantarilla, por su parte, fundamenta su planteamiento humanista, especialmente en la segunda parte de su libro, mediante las creencias y los postulados del cristianismo. Es como si, tal y como ocurría en Los superhéroes y la filosofía, solamente el recurso a la tradición teológica de raigambre cristiana, proverbialmente católica, sirviese para justificar el discurso, el desarrollo y el progreso moral. Más allá de la soberbia, entonces, subyace en este libro una lógica afín a la que afirma que en la época de los crisantemos, solo había a nuestro alcance crisantemos. 

Así no es extraña la atención que Alcantarilla le presta a Tintin.



En otro post [aquí] me referí al catolicismo de Hergé y a la plasmación del mismo en su famoso personaje de cómic. No obstante, pese al exhaustivo recurso a Tintin por parte del doctor Alcantarilla en su libro con el fin de justificar sus tesis, me ha parecido percibir, ante mi sorpresa, un cierto reproche en su discurso al Hergé del final de su carrera, especialmente al autor de Tintin y los pícaros, respecto a una supuesta dejadez o abandono de las firmes creencias del autor belga en esa obra. No creo que sea incurrir en la falacia ad hominem aducir en este contexto la circunstancia personal de Alcantarilla y su posición militante al servicio de la fe. Esta posición es coherente con su carrera profesional, iniciada mediante su ingreso por oposición en el Cuerpo Jurídico Militar, así como con unas de las líneas que el autor escribe en el apartado de agradecimientos al comienzo de su libro: "al Ministerio de Defensa, por la concesión de un galardón que hace patente mi constante vocación militar". Hay una concepción subyacente de los héroes en la Tesis de Alcantarilla. 

En cualquier caso, percibe el lector una querencia del doctor Alcantarilla hacia Tintin por encima de todos los demás personajes de papel que atraviesan su obra. Y al final se percibe también cuáles son las tesis que alimentan la Tesis académica del autor.

Pero por encima de todo, ante libros como este es patente que el cómic es un medio que está, en tanto que medio, disponible para múltiples fines. Como todos los medios artísticos, disponible para el fin que el artífice considere.


viernes, 19 de mayo de 2017

La balada del norte 2


Parece que al final serán tres los tomos que integrarán La balada del norte. Y Alfonso Zapico nos deja de nuevo con la miel en la boca tras el segundo volumen de esta más que acertada novela gráfica. 

Nos deja la miel en la boca, pero es una miel dulce y amarga a la vez. 

La amargura, que es más que amargor, procede no solo del hecho de saber, igual que ante el relato del Titanic, cómo termina la historia. Estremece en este segundo tomo de La balada del norte la morosidad (y belleza) con que Zapico describe -escribe y dibuja- situaciones domésticas, íntimas, al socaire de la revolución... junto a la manera en que se va percibiendo el fracaso de la misma, claramente visible con la llegada de las fuerzas Regulares a Oviedo... y lo que se avecina e intuye el lector. (La intervención de las tropas africanas -legionarios y regulares- en la represión de la Comuna asturiana de 1934, dirigidas por los generales Franco y Goded, ayuda a entender el inicio, desarrollo y desenlace de la guerra del 36.)

La dulzura, bien que triste, del segundo volumen de La balada del norte la proporciona el arte de Alfonso Zapico y su habilidad para convocar la emoción del lector mientras cuenta un haz de historias que entrelazan épica, lírica y drama en el marco de la Historia.

Se va comprendiendo mejor la elección del título.


jueves, 20 de abril de 2017

La muerte de Guernica, Historia gráfica

En la Introducción de Ciudad de cristal, adaptación visual de la novela homónima de Paul Auster realizada por Paul Karasik y David Mazzucchelli, escribe Art Spiegelman (el subrayado es mío):
"Porque el término cómic no puede ser ya el 'nombre auténtico' de un medio narrativo que entrelaza íntimamente palabras e imágenes pero que no es necesariamente cómico en su tono." 
Estas palabras de Spiegelman me han venido a la memoria ante La muerte de Guernica, adaptación visual del libro homónimo de Paul Preston realizada por José Pablo García.



El texto de Spiegelman es de 2003. Se refiere a la dificultad de encontrar un término que designe esa fusión de literatura e imágenes cuya resultante es un texto original y al que Spiegelman se resiste a llamar "novela gráfica". Finalmente encontró una palabra: Ikonologosplatt, una suerte de neologismo aplicable a Ciudad de cristal (1994), de Karasik y Mazzucchelli. Añade Spiegelman al respecto:
"Hurgando en el corazón de la estructura del cómic, Karasic y Mazzucchelli crearon un extraño doble, un Doppleganger del libro original." 
Lo que ha elaborado ahora José Pablo García a partir de La muerte de Guernica, de Preston -como ya hiciera el año pasado este dibujante con La guerra civil española, del mismo historiador- es similar al caso de Ciudad de cristal en imágenes. Pero hay una diferencia. La novela de Paul Auster es de ficción, mientras que el ensayo de Paul Preston es de no ficción. Además, la cita de Spiegelman de arriba adquiere aquí mayor contundencia, pues lo que se narra en La muerte de Guernica, igual que en La guerra civil española, no es que no sea cómico, sino que es directamente trágico. Y a pesar de que el trabajo de José Pablo García entrelaza íntimamente palabras e imágenes, sería también un sarcasmo calificar su resultado como historieta.


No dejo de percibir una especie de 'conexión malagueña' ante La muerte de Guernica. Y no solamente porque José Pablo García sea malagueño, igual que lo era Pablo Picasso, el pintor de Guernica. El bombardeo de la  ciudad vasca sucedió el 26 de abril de 1937. Dos meses y medio antes, el 8 de febrero de ese mismo año, tuvo lugar en Málaga lo que allí se conoce como la Desbandá. Fue una masacre perpetrada por las fuerzas franquistas desde el aire y el mar contra una multitud de civiles y milicianos que huían hacia Almería. Se calcula entre 3.000 y 5.000 el número de muertos que produjo aquel terrible suceso.

Paseo de los canadienses (2015) es un álbum gráfico de Carlos Guijarro que narra los hechos de la Desbandá [aquí]. Lo que me interesa destacar ahora es que este autor, Guijarro, designa su obra como un ejemplo de "historia gráfica".

Ese término, 'historia gráfica', tal vez sea el más adecuado para referir lo que José Pablo García realiza tanto en La muerte de Guernica como en su hermana mayor, La guerra civil española. Y en sendos títulos, José Pablo crea "un extraño doble, un Doppelganger" de los originales de Preston.


En Las aventuras de Joselito demostró José Pablo García una capacidad de empatía gráfica sorprendente. Me refiero al dominio con el que este artista dibuja en cada caso en función del motivo y la época de la figuración. En las dos historias gráficas basadas en textos de Paul Preston, José Pablo demuestra ese mismo arte. La pátina del tiempo se halla tan presente en ambos títulos, que se diría que sus viñetas están dibujadas en la época de los sucesos que narran. No quiero decir con esto que se trate de un dibujo anticuado, para nada. (¿Qué significa a fin de cuentas eso de 'un dibujo anticuado'?) Lo considero más bien un mérito del autor. El estilo un tanto escolar -de la escuela de la época- de La muerte de Guernica y de La guerra civil española se adapta como un guante a la seriedad y al tiempo de los hechos contados. Es este un acierto comparable al que en el otro plano, en el del guión, muestra José  Pablo García al traducir dos ensayos históricos al lenguaje de la historieta (valga aquí ahora la palabra 'historieta').

Para terminar, de momento, copio el párrafo con que concluí en este blog [aquí] mi entrada sobre La guerra civil española:
Como corolario de esta entrada, no está de más destacar de nuevo la importante recuperación de la memoria histórica llevada a cabo por el cómic entendido como medio. A la lista de títulos importantes en este respecto como son Paseo de los canadiensesDr. UrielEl ala rota (y El arte de volar), Los surcos del azarUn largo silencio36-39ParacuellosLas serpientes ciegasEl artefacto perversoLa vida es un tango..., en cuanto a los hechos de nuestro país, se suma ahora La guerra civil española, el nuevo tebeo de José Pablo García.
Cabe añadir en este párrafo un par de títulos recientes: Esperaré siempre tu regreso, de Jordi Peidro y Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín. Y, por supuesto, también hay que añadir La muerte de Guernica, de José Pablo García.



miércoles, 19 de abril de 2017

El lápiz comprometido de Juste de Nin



Por azar, por inercia o por lo que fuese, empecé a leer la edición en castellano de Garbo, l'espia català que enganyà Hitler (2017), la última novela gráfica de Lluís Juste de Nin. La novela me atrapó de inmediato, pero había algo que no funcionaba bien. Era la traducción. Mi condición de lletraferit detectó pronto numerosos calcos incluso léxicos (p. e., "¡...se llenó de joya!" en vez de "¡...se llenó de alegría!" -joia en catalán-). No obstante, Garbo se encuentra en la eficaz línea gráfica y narrativa que caracteriza la reconstrucción histórica emprendida por Juste de Nin a través del lenguaje del cómic. 

Dicha reconstrucción histórica comenzó a ver la luz en 2004 con la publicación de Els Nin. Memòries a llapis d'una família catalana, un tebeo de más de trescientas páginas en formato álbum BD, en blanco y negro, con reminiscencias acaso de Los Buddenbrook, de Thomas Mann. Son muchos los Nin desde el siglo XVIII y variados (no solo están Andreu, Anaïs y Joaquín). A modo de lema aparece en la contracubierta de Els Nin lo siguiente: La història d'una família és la història d'un país. Y así, mientras Juste de Nin relata avatares de los miembros de su árbol genealógico en la primera parte de este álbum, y de sí mismo en la segunda, va mostrando a grandes trazos la historia del país que los acoge, que no es otro que Cataluña. 

Desde 2007, Juste de Nin viene publicando novelas gráficas, a razón de una por año, a manera de Cròniques a llapis vinculadas a episodios de la historia del país catalán. La última por el momento de estas crónicas es Garbo. El formato novela le permite introducir elementos -personajes- ficticios en la narración. De igual modo, no solamente varios de los títulos de estas crónicas (Montecristo, El Guepard, L'educació Sentimental, La Muntanya Màgica, La Fira de les Vanitats), sino su misma concepción, remiten a otras famosas novelas de la literatura universal. Los escenarios y los hechos históricos que reflejan se encuentran sin embargo plenamente documentados. Catalans: Catalunya! La reconstrucción emprendida con el lápiz por Juste de Nin (aunque no solo con lápices) va conformando una gran novela histórica integrada a su vez por sucesivas novelas gráficas. 



Esta inmensa obra de reconstrucción histórica es palmariamente política. Juste de Nin (n.1945) pertenece a la generación de postguerra que entendió su actividad como compromiso. Él se autodescribe como ninotaire. Y en efecto lo es. Caricaturista. Dibujante. Historietista. Como lo son R. Crumb, Jacques Tardi, Carlos Giménez y otros muchos de su generación. Y Jaume Perich, Fer, Andrés Rábago... Obviamente, el franquismo estableció unas condiciones de posibilidad muy duras, diferenciadas con respecto a lo que sucedía en Europa Occidental (cuando el Telón de Acero) o en EE. UU., por citar un par de ámbitos geográficos. Pero de un modo u otro, la contestación contracultural, política, es una constante que distingue a muchos de los artistas de dicha generación a uno y otro lado del Atlántico.

Juste de Nin es consciente de esta circunstancia cuando insiste en que el París de mayo del 68 evidenció que el grafismo y el dibujo pueden ser armas útiles para la  movilización y denuncia. Desde luego, el chiste político y tal no nació en aquellos años de revuelta (de alguna manera es inseparable de la historia del medio). Pero ciertos factores que influyeron hacia los '60, como la mayor facilidad de la reproducción gráfica, un mayor acceso a la ilustración, la nueva clase media emergente, etcétera, contribuyeron a extender la importancia social del dibujo y el grafismo en general ciertamente comprometidos (pasquines, carteles, pancartas, viñetas de humor gráfico, historietas).

El Zurdo, EZ, Esquerrà, son firmas que aparecían en dibujos de la prensa clandestina en tiempos de Franco. Lluís Juste de Nin era el artífice de tales viñetas. Fiel a su concepción del dibujo entendido como un arma útil, el autor se vinculó al PSUC y puso sus lápices al servicio de la causa antifranquista, prioritaria entonces, en publicaciones como Horta, Lucha Obrera, Mundo Obrero... Notables son sus colaboraciones con el escritor Manuel Vázquez Montalbán en aquella prensa. (Parece ser, por cierto, que la frase "la historia de una familia es la historia de un país" procede de Vázquez Montalbán.)


La actividad clandestina de Juste de Nin tuvo como consecuencia que el autor hubo de renunciar a ejercer como dibujante en la prensa legal de la época. Y así comenzó a trabajar en el mundo de la moda, en la empresa de los Basi, parientes suyos. La firma Armand Basi fue de hecho una propuesta desarrollada por Juste de Nin a partir de 1986. También diseñaría figurines para escenarios y pasarelas. Por otra parte, en 1982, la Generalitat de Catalunya había impulsado una campaña para la normalización de la lengua: El català, cosa de tots. Juste de Nin fue el elegido para dibujar el logo de la campaña, una niña de diez años -la Norma- inspirada en su propia hija, Tània. Fue compaginando así su tarea creativa en el mundo de la moda con su actividad como dibujante y una progresiva concienciación nacional.

En diferentes intervenciones resume el mismo Juste de Nin su trayectoria artística mediante una concisa fórmula: "De la clandestinitat al compromís nacional, passant per la moda".


La vida y la obra de Juste de Nin dan para mucho juego hermenéutico. Igualmente, sería tan sumamente prolijo un informe detallado de sus realizaciones como el comentario de cada una de sus obras, No obstante, hay un hilo conductor en todo ello, algo así como un ánimo constante que se manifiesta en sucesivas cristalizaciones. Es una disposición que, en definitiva, remite a aquella preceptiva clásica que aconseja mezclar lo útil con lo agradable o instruir deleitando (Horacio).

En Juste de Nin, lo hemos visto, esa disposición es inseparable del compromiso político. Habrá acaso intérpretes que debatan acerca de si estamos ante un creador clásico o moderno (una dicotomía esta, la de clásico vs. moderno, casi ya reducida a la esfera de los comerciales). Está claro con todo, o a mí me lo parece, que el arte de Juste de Nin es más de vanguardia. Es un art engagé, vinculado a una causa... En la medida en que aceptásemos que lo que caracteriza al arte moderno es su autonomía (el arte por el arte), el trabajo de Juste de Nin sería entonces o bien premoderno, o bien postmoderno, si bien esta no deja de ser una conclusión incómoda. Mejor tal vez sería considerarlo así, como vanguardista sin más, en el sentido en que el término 'vanguardia' alude a la defensa de un territorio, o de una causa...

Y bueno, Juste de Nin viene a ser también un representante del cómic confesional, si bien dejaré el comentario de este aspecto para otra ocasión. 



Otras entradas de este sitio referidas a Juste de Nin:

La gran novela gráfica catalana de Juste de Nin

El Noi del Sucre, historia gráfica

Simone y Jean-Paul en París

Desertores dibujados


sábado, 17 de diciembre de 2016

La canción del horror ('Esperaré siempre tu regreso')

A Sento Llobell le gusta decirnos que Jacques Tardi es un historietista de la Escuela Valenciana porque nació en Valence (Francia). En mi opinión, es una broma afortunada. Creo que Sento acierta en más de un sentido.

He recordado esta anécdota a la vista de Esperaré siempre tu regreso, un relato (bio)gráfico del alcoyano Jordi Peidro (n. 1965) que narra, a partir del superviviente Paco Aura, la suerte de los republicanos españoles prisioneros en Mauthausen durante la segunda guerra mundial.



Una conexión entre Tardi y otros autores valencianos (lo de "escuela valenciana" es solo un rótulo) se observa al considerar ese enfoque antibélico, compartido por uno y otros, basado en mostrar los horrores de las guerras vividas por nuestros mayores. Es la guerra contada desde el bando de los que la padecen, que son mayoría y los que más suelen perder.

En cierto modo, este planteamiento lo inició Art Spiegelman con Maus. A la veta hallada por Spiegelman al otro lado del Atlántico se sumó en Europa el trabajo del francés Jacques Tardi, específicamente con La Guerra de las Trincheras, seguido de ¡Puta guerra! y los dos álbumes dedicados a la experiencia de su padre en un Stalag (cabe aquí también citar a Emmanuel Guibert y La guerra de Alan). Posteriormente, Paco Roca (Los surcos del azar), Sento Llobell (la trilogía Dr. Uriel) y ahora Jordi Peidro (Esperaré siempre tu regreso), por ceñirme a tres autores valencianos, han seguido esta línea. Y lo han hecho con un estilo en el trazo, en la ambientación y en la atmósfera general que resulta más afín a Tardi que a Spiegelman.



Pero esta recuperación de la guerra -para al tiempo desactivarla- adopta en el caso español unos tintes peculiares, relacionados con las anomalías históricas enquistadas en nuestro país desde los tiempos acaso de la Contrarreforma.

[No hay que ser muy ducho en psicoanálisis para comprender que las experiencias traumáticas del pasado, mientras permanezcan reprimidas o en estado de latencia, generan disfunciones en el presente. Esto es, cuando en el escenario actual se perciben todavía tensiones cuyas fuentes se encuentran instaladas en sucesos traumáticos anteriores, revivir aquel pasado doloroso no es "remover heridas" porque sí, por el placer de hurgar. Parece mentira que haya que insistir tanto sobre esto. De lo que se trata es de ventilar las úlceras para evitar que se pudran o incluso gangrenen. Y entonces, si es posible, procurar experiencias catárticas que sustituyan a las dolorosas.

Todo esto sin obviar el principio según el cual debemos conocer exhaustivamente el pasado para que el horror no se repita de nuevo. Es este un principio historiográfico que casa con aquel otro analítico que afirma que lo reprimido vuelve.]

Por fas o por nefas, por razones de índole política o de control del poder, por inercia, por abandono, por una especie de síndrome de Korsakoff colectivo, por anhelo de un presente instantáneo, por temor... El caso es que en España quedan fosas de dolor y de historias sepultadas, ocultas, vinculadas a nuestra guerra del 36 y a su continuación en Europa (todas las guerras son una y la misma, pero la española y la mundial lo son más). La llamada Transición fue lo que fue (¿una Restauración?), pero el hecho es que esas fosas continúan tapadas.

El espacio de la representación es un marco privilegiado para trasponer experiencias vividas. Es idóneo para expurgar la Historia. En los primeros años del cambio de régimen, muerto el general Franco, se intentó esa tarea de expurgación a través del cine. Pero el establishment consiguió anular la eficacia de las "películas de la guerra civil". Unas décadas después, ahora mismo, el arte del cómic parece haber recogido el testigo de la recuperación terapéutica de un pasado traumático. (Las Nuevas Hazañas Bélicas de la editorial Glénat que fueron guionizadas por Hernán Migoya son otra historia que merece un capítulo aparte.) 

He citado arriba a tres autores valencianos: Sento, Roca, Peidro, afines a la línea de Tardi con motivo de la representación de experiencias de la guerra de nuestros ascendientes. Sin embargo, son más los autores de tebeo de aquí que van acometiendo la misma empresa. Por ejemplo, Jaime Martín, José Pablo García, Antonio Altarriba, Ramón Boldú, Carlos Giménez, Miguel Gallardo, Carlos Guijarro...


"Memoria Gráfica" es una nueva colección inaugurada por Desfiladero Ediciones. El nombre es un acierto. Memoria Gráfica. El arte del tebeo se apoya en imágenes, más o menos como la memoria. Juntar esos dos órdenes -el del cómic y el de los recuerdos- no en términos oníricos (los sueños también constan de imágenes), sino al servicio de una representación narrativa de hechos reales, puede ser tan reconstituyente, tan purgativo, como lo requiere la normalidad democrática en un país con suturas y cicatrices no del todo extinguidas. Salud y larga vida para esta nueva colección.

El primer título aparecido en "Memoria Gráfica" es Esperaré siempre tu regreso, un tebeo escrito y dibujado por Jorge Peidro que vale como carta de presentación de este proyecto editorial, El autor aúna en lenguaje de cómic la veracidad de la historia oral con la verosimilitud de la narrativa gráfica. El resultado viene a ser, entonces, un relato verdadero y auténtico,

La memoria y la historia de Esperaré... son las de Paco Aura. Solo que, en virtud de la secuencialidad intelectual y gráfica de la representación de Peidro, Biografía e Historia van aquí de la mano. El tebeo no se agota en sí mismo, sino que se inserta en ese vasto e inacabado proceso, largo y lento como las terapias saludables requieren, de recuperación de la memoria histórica. La terapia, decimos, no es solo de índole personal. La vivencia de Paco Aura nos afecta a todos. Y es así como adquiere actualidad y relevancia aquello de que hemos de conocer bien la historia para que el horror no se vuelva a repetir.

Tantas son las potencialidades del arte de los tebeos.

("La canción del horror" es el nombre del texto de Jordi Peidro que cierra el volumen Esperaré siempre tu regreso. Por mi parte, me ha parecido más que idóneo para titular este post.)


viernes, 2 de diciembre de 2016

Memoria histórica y familiar de Jaime Martín, ni lejana ni ajena

Ante lo que va sucediendo noticia a noticia en el mundo, me sumerjo para variar en un nuevo tebeo. No empieza mal. Tras un estupendo primer capítulo, el inicio del segundo me sacude con una cita de Albert Camus que conecta con una cierta desazón actual:

"Fue en España donde mi 
generación aprendió que uno 
puede tener razón y ser derrotado, 
que la fuerza puede destruir 
el alma y que a veces el coraje 
no obtiene recompensa."




El tebeo en cuestión es Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín (n. 1966), novedad que forma un díptico (de momento) con otro álbum que Martín publicó hace un par de años: Las guerras silenciosas. Ambas obras se inscriben con brillantez en el importante grupo de cómics que exhiben lo que otros medios silencian, e. e., historias auténticas de personajes leales cuyas circunstancias se vieron quebradas por la guerra del 36 y por la consiguiente postguerra, con toda la miseria moral implantada a sangre y fuego por los vencedores desde el primer día de la contienda que ellos mismos, los arrasadores, provocaron. 

(Es indiscutible la contribución creciente del arte del tebeo a la recomposición de la memoria histórica en favor de, entre otras cosas, una hermenéutica del presente. Todo ello sin abandonar lo específico de este arte, que a fin de cuentas suele remitir a una disposición anímica vitalista.)



El vínculo narrativo existente entre Las guerras silenciosas y Jamás tendré 20 años concierne a la familia de Jaime Martín. El primero de estos dos álbumes, Las guerras silenciosas (un magnífico título), describe a través de "la mili" del padre de Martín el escenario y el clima de una guerra, poco menos que secreta, que hubo entre la España de Franco y el reino de Marruecos por causa del territorio de Ifni. El segundo álbum, Jamás tendré 20 años -de algún modo presagiado en el primero-, se centra en las peripecias de los abuelos maternos del autor a propósito de la última guerra y postguerra españolas. Son dos títulos complementarios que inciden, con motivo de la saga familiar de Martín, en la historia bélica y belicista del franquismo. Tal y como cabe esperar de los buenos tebeos, las historias dibujadas en estos dos álbumes no consumen la significación de los mismos.



Una prueba de la oportunidad de recuperar nuestra historia mediante el cómic -y otros medios- nos la proporciona Jaime Martín en Jamás tendré 20 años. Este relato gráfico muestra cómo la razón de la fuerza truncó en julio de 1936 la vida de gentes de buena voluntad y, en definitiva, deshizo el proyecto de sociedad civil instaurado por la II República. Del arte de Jaime Martín en esta obra destaco la iluminación de las planchas, luz que pasa a ser un firme elemento narrativo. Valgan como ejemplo las páginas 22 y 23 del tebeo editado por Norma.

En cuanto a su valor para la hermenéutica del presente, el recuerdo de todo aquello nos alerta ante las dudas que sobrevienen día a día acerca de que hayamos conseguido asentar sólidamente la fuerza de la razón. Ese es, ni más ni menos, el resquemor que produce lo que ocurre actualmente, no solo en nuestro país; un recelo muy bien ilustrado por las palabras de Camus cuando escribe que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que a veces el coraje no obtiene recompensa. 


lunes, 27 de junio de 2016

La guerra civil española. Historia y viñetas

[Es probable que el libro de papel haya encontrado en el cómic un firme aliado capaz de, si no garantizar, sí al menos prolongar su supervivencia. Llegará un momento en el que predominarán las historietas, novelas gráficas y tebeos en formato de libro electrónico o simple distribución digital, qué duda cabe. Pero es más fácil imaginar un mundo sin libros de papel con solo texto que ese mismo mundo sin libros ilustrados, secuencialmente o no.

En esta alianza entre el libro de papel y el cómic ha lugar la imparable evolución y desarrollo del tebeo de no ficción. Lo cual no deja de ser paradójico, ya que en la creciente era de la información son, en principio, los libros de no ficción en papel los principalmente afectados por las tecnologías al efecto (las TIC). Basta con recordar el soporte de la Enciclopedia Británica de antaño y el de hoy, por citar solo un ejemplo.

Las potencialidades discursivas del lenguaje gráfico tienen ahí, en la representación no ficticia, un bello horizonte para la expansión. Se dirá que tal producción no pasa necesariamente por su realización en papel. Es cierto. Pero también lo es que las hojas de celulosa encuadernadas aportan un marco exquisito para la lectura y disfrute de textos dibujados y escritos en lenguaje de cómic.

Esta reflexión no es decisiva, desde luego, para calibrar la calidad y el valor de una propuesta concreta. En un escenario pleno de dispositivos electrónicos y telemáticos, la presencia de un libro de papel puede ser extraordinaria, pero el índice de su validez no es la mera presencia del mismo.]



José Pablo García nos sorprendió hace un año con Las aventuras de Joselito. Ahora nos sorprende de nuevo, a mí por lo menos, con La guerra civil española (2016), una versión dibujada del ya clásico ensayo de Paul Preston: The Spanish Civil War: Reaction, Revolution, and Revenge, publicado originalmente en 1978. El libro fue revisado y actualizado por Preston en 2006 con motivo del septuagésimo aniversario de la sublevación rebelde. Es esta última edición la que José Pablo García ha trasladado al lenguaje de las viñetas y sale ahora a punto de cumplirse ochenta años del comienzo de la guerra.

Las aventuras de Joselito es un tebeo de no ficción sorprendente. Por la historia que cuenta y por el arte con que se cuenta. Lo mismo ocurre con La guerra civil española. La riqueza y precisión de los análisis de Preston aplicados a la comprensión de aquella barbarie podrían parecer en principio inapropiados para elaborar un cómic. El arte, de nuevo, de José Pablo García demuestra que no hay materia ajena al lenguaje de los tebeos, a mayor gloria del cómic. 


La guerra, partera de la Historia, es la madre de todas las batallas. Es también la fuente de innumerables historias y relatos. En este sentido, la Historia de la guerra civil española contiene en su seno tal infinidad narrativa que viene a ser una metahistoria, un metarrelato. La Historia es la madre de todas las novelas y narraciones. Y esta afinidad entre Historia y novela es lo que ha sabido captar el arte gráfico de José Pablo García.

A pesar de que la Historia en general es la ciencia con mayor presencia de elementos subjetivos en su práctica, Paul Preston convence de que es posible poner coto a la subjetividad relacionando con inteligencia los hechos y exponiéndolos claramente. Así, el cómic de J. P. García refleja la equidistancia que Paul Preston practica en su análisis y descripción del conflicto armado. Una equidistancia o neutralidad que permite que los hechos hablen por sí solos y muestren la asimetría que desde el inicio caracterizó a esa guerra. Mientras la República era víctima de las políticas de no intervención de las democracias occidentales, las fuerzas rebeldes recibían refuerzos y apoyos de las potencias totalitarias del llamado Eje. Preston analiza con finura el papel desempeñado por Stalin, para nada incondicional, así como la entrega, esta sí incondicional, de las Brigadas Internacionales. Desigual fue también la represión en los dos bandos, tal y como revela el subtítulo de la obra de Preston: Reacción, Revolución y Venganza. Fue una guerra de exterminio continuado durante la postguerra, fríamente ordenado por el general Franco y por su imperio del terror. La actuación que desempeñaron los numerosos actores a la izquierda y a la derecha del fatídico escenario es también contemplada por Preston y dibujada por García.



Como corolario de esta entrada, no está de más destacar de nuevo la importante recuperación de la memoria histórica llevada a cabo por el cómic entendido como medio. A la lista de títulos importantes en este respecto como son Paseo de los canadienses, Dr. Uriel, El ala rota (y El arte de volar), Los surcos del azarUn largo silencio, 36-39, Paracuellos, Las serpientes ciegasEl artefacto perverso, La vida es un tango..., en cuanto a los hechos de nuestro país, se suma ahora La guerra civil española, el nuevo tebeo de José Pablo García.


jueves, 23 de julio de 2015

Hiroshima, Vietnam

Dos acontecimientos bélicos del siglo XX sacudieron la conciencia colectiva e impresionaron el imaginario antibelicista de al menos una generación. Los dos sucedieron en Asia. Son, en primer lugar, la explosión de la bomba atómica contra Hiroshima el 6 de agosto de 1945 (tres días después, otra bomba atómica devastó Nagasaki). En segundo lugar, la guerra de Vietnam (1954-1975). Cada uno de ellos se enmarca en un contexto más vasto (II GM en un caso, descolonización y Guerra Fría en el otro) y unas condiciones específicas. Los dos, sin embargo, adquieren proporciones singulares en la realidad compartida. 

La barbaridad de Hiroshima cambió la Historia al irrumpir la energía atómica como un poder de destrucción total desconocido hasta entonces. Por su parte, la guerra de Vietnam fue el disparate de un gigante prepotente derrotado por la tenacidad de un pequeño país. En ambos casos, Hiroshima y Vietnam, hubo cientos de miles de víctimas ante la locura de un poder ciego y sordo, un poder ponzoñoso que encuentra aliados en la misma población que lo padece. Son las babas de un Leviatán incrustado en la vida moderna. 

Dos tebeos en la mesa de novedades se refieren respectivamente a Hiroshima y a Vietnam. Ambos son de diferente factura; tienen diferente ambientación y colorido; sus autores responden a tradiciones culturales en parte distintas. Sin embargo, hay un hilo que los une. Ambos son autobiográficos. Los dos, escritos desde la óptica de "los que perdieron", aportan la lucidez de una mirada infantil (reconstruida años después). En ambos se percibe el efecto de "los americanos" en el no ya tan lejano Oriente. Los dos conectan, en fin, la experiencia vital de sus autores con nuestro particular acervo, proyectado en dos palabras con resonancias de impacto: Hiroshima y Vietnam. Estos dos tebeos las reactivan.

*************************************************************************************************************


Hadashi no Gen ("Gen, el de los pies descalzos", 1973), de Keiji Nakazawa, es un relato estremecedor cuyo eje gravita en torno al holocausto nuclear. Está dibujado y escrito por alguien que "estaba allí". Nakazawa nació y vivía en Hiroshima. Tenía seis años cuando la bomba estalló. Se publica ahora una nueva edición en español de su obra (la anterior, con el título Hiroshima, es de 2002). De momento ha aparecido un primer volumen de casi ochocientas páginas: Pies descalzos. Una historia de Hiroshima


Pies descalzos es una ficción de no ficción. En su factura es un manga, un tebeo japonés (creo que es el manga perfecto para aquellos que nunca han leído manga y quieran conocer este estilo), pero la cosa no se queda en el mero aspecto formal o el diseño. El hecho de que Pies descalzos sea un manga afecta a la misma sustancia, concepción y desarrollo de la obra. Y a sus condiciones de lectura (pese a su excesivo número de páginas, se lee con rapidez). Es lo que favorece que sea un tebeo apto para todos los públicos, escolares y adultos. La bestialidad del asunto es tratada de un modo muy peculiar.

Sin embargo, Pies descalzos trasciende el ámbito geográfico al entroncar con los valores universales. Dejaré el comentario de la obra para otra ocasión. He encontrado en un blog (aquí) una foto de Gervasio Sánchez (de su serie Los desastres de la guerra) y una frase del mismo fotógrafo que iluminan el sentido de Pies descalzos y me sirven para cerrar la presentación de esta obra de Keiji Nakazawa. La foto es esta:

Kosovo, 1991

La frase:

"No hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra buscar la felicidad."

*************************************************************************************************************



Una guerrita de nada (Une si jolie petite guerre, 2012), de Marcelino Truong, se centra en la primera fase de la intervención de EE. UU. en Vietnam y su apoyo al régimen del Sur del Paralelo 17. De hecho, el subtítulo del cómic es "Saigón 1961-1963". Truong (Manila, 1957), es hijo de padre survietnamita y madre francesa. Su circunstancia vital, reflejada en su obra, recuerda un poco a la de Riad Sattouf, pero en otro contexto. 

Desde una posición cultural y social  muy diferente a la del autor de Pies descalzos, Truong ofrece en Una guerrita de nada un relato que combina la información histórica con la memoria personal: el autor expone documentadamente la experiencia que vivió siendo niño en Saigón durante dos años. El resultado es una certera amalgama en la que interactúan la precisión histórica y la novela familiar.


Estamos, entonces, ante un "tebeo occidental". Con todo, tanto Pies descalzos como Una guerrita de nada comparten, como indico arriba, ciertos elementos y no sé si hasta un cierto aire de familia. Y en ambos casos, aunque con mayor potencia en el primero, trasparecen el absurdo de la guerra y la defensa de la universalización de la paz. 





jueves, 9 de julio de 2015

Legislación y viñetas

Las normas jurídicas aplicables a un ámbito (social, político, económico, cultural) configuran ese ámbito. Ocurre lo mismo a la inversa. La dinámica social, política, económica, cultural... condiciona la actividad del legislador frente a esa dinámica. De modo que a la postre lo que hay es una relación dialéctica entre el Derecho y la Sociedad. Y en el límite, la historia de las normas referidas a un ámbito viene a ser una historia de ese ámbito.

Lo que se le presenta al lector de La legislación sobre historieta en España, de Ignacio Fernández Sarasola, es una historia resumida de las vicisitudes del tebeo español hasta nuestros días.



Fernández Sarasola es profesor de Derecho Constitucional. Es un experto, por tanto, en materia de derechos fundamentales y libertades públicas -entre las que se encuentra la libertad de expresión- y en la forma de articular dichos derechos y libertades. Qué mejor formación que la suya para abordar, sistemáticamente, el asunto de la legislación sobre la historieta en nuestro país, desde el siglo XIX hasta el momento actual.

El método que sigue el autor consiste en hilvanar su exposición entrelazando una triple perspectiva: normativa, institucional y doctrinal. El resultado es un libro de bolsillo de casi doscientas cincuenta páginas cuya lectura rebasa su dimensión material. La excusa del libro puede ser lo que su título indica, una materia árida de interés solo para especialistas. Pero lo que de hecho realiza Fernández Sarasola es proyectar una amena visión de los avatares de la ilustración y del cómic hispano, muy documentada y oportunamente enriquecida por el cuerpo de notas que cierra cada uno de los capítulos del libro. Quizás habría estado bien la inclusión al final de una Bibliografía ordenada de las múltiples fuentes referidas en las notas, si bien no es esta una ausencia grave.

Desde mi punto de vista, destacaría el debate doctrinal que presenta el autor. En concreto, el deslinde que efectúa entre el tinte diferente que adoptaron las campañas anticómic en países como Estados Unidos, Francia, Canadá y Reino Unido, por un lado, y en España, por el otro lado. Escribe el autor (pp. 237-238):
"... mientras en las campañas anticómic de otros países se adoptó una postura intelectualmente elitista y negativa ... en España la doctrina fue más bien políticamente implicada y positiva..."
La aclaración de esta cita requiere abordar los contenidos propios del libro. Animo desde aquí a los lectores curiosos, interesados no solo por el disfrute de cómics, sino también por la historia cultural en que los mismos se inscriben, para que deletreen las sustanciosas páginas de La legislación sobre historieta en España.

Es de señalar la importante actividad de la Asociación Cultural Tebeosfera (ACyT) respecto a la dignificación académica de los cómics. El libro de Fernández Sarasola enriquece el catálogo de aciertos del entorno Tebeosfera. La reciente publicación del Dicccionario terminológico de la historieta, de Manuel Barrero, es la última guinda de ACyT. 

domingo, 28 de junio de 2015

Días de destrucción, Días de revuelta


Días de destrucción, Días de revuelta (publicado originalmente en 2012) es un libro político de no ficción.

En su narrativa se combinan la descripción periodística e histórica, a cargo de Chris Hedges y la ilustración y el relato en lenguaje de cómic, a cargo de Joe Sacco.

En términos cuantitativos, predomina la prosa de Hedges. Pero cualitativamente, sin el trabajo de Sacco el resultado no sería tan rotundo e inspirador. Se trata en todo caso de una obra conjunta, realizada por ambos autores a partir de sus viajes en común a las zonas devastadas en que se centra la narración. No es por tanto ni un híbrido ni un mero libro ilustrado.


La cosa tiene que ver en principio con Estados Unidos y con las cosecuencias nefastas del capitalismo salvaje, esto es, un "capitalismo sin restricciones" gestionado por un Estado al servicio de las grandes corporaciones. No obstante, en la medida en que el estado corporativo es un modelo que extiende sus garras por el planeta globalizado, el interés de Días de destrucción, Días de revuelta nos concierne a todos.

El pillaje, el asedio, la devastación y la esclavitud referidas en el libro afectan al ecosistema, a las relaciones humanas, al presente y al futuro de cada uno de los individuos de la sociedad mundial. Es por eso que el último capítulo de la obra, "Días de revuelta", lo ofrecen los autores como un hálito de esperanza.

La revuelta en concreto es el movimiento Occupy iniciado en Nueva York el 17 de septiembre de 2011 e imitado en otras zonas del país. El intento de ocupar Wall Street, como centro neurálgico del estado corporativo, derivó en una larga acampada en Zuccotti Park, a unas manzanas de allí. A mí me ha extrañado que el relato de Hedges ignore el 15 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid y en otros lugares de aquí (la Primavera Valenciana, p. e.), unos meses antes de Occupy, siendo como son equivalentes ambos fenómenos (valga en esto un guiño de cómic: "Nosotros llegamos primero"). Lo importante, con todo, no es eso. Lo que importa es la constatación de un desencanto que alimenta a su vez una esperanza. 

E importa, sobre todo, el significado moral de la revuelta. Un significado que es valioso en especial por su alcance político. 


Muchas son las sugerencias que contiene este libro. Lo mejor es dejar que las descubra el lector. 


viernes, 1 de mayo de 2015

El mensaje, el medio. Judenhass

Por su brillantez, la frase o aforismo de Marshall McLuhan: El medio es el mensaje ilumina y ciega a la vez como un fogonazo. Aparentemente, la frase establece una relación de identidad entre el medio y el mensaje; sin embargo, instaura en realidad una disimetría entre ambos extremos, pues lo que viene a decirnos el filósofo canadiense es que lo que prevalece en esa relación es el medio. Y dado que uno de los medios es el cómic, al cómic se le aplica este aforismo de McLuhan.

(Esto de la identidad o separación entre 'medio' y 'mensaje' es una cuestión tan abierta como esa otra de la separabilidad o no entre forma y contenido, tanto en cómic como en cualquiera de las otras artes. Y es una cuestión que invita, a su vez, a plantear una posible distinción entre un tebeo puro y un tebeo impuro; donde puro sería como tal aquel cómic en el que su mensaje no es otro que la mismidad del medio, e impuro el tebeo que apunta a un fin diferente de ese medio. Aunque en mi opinión, si se mira bien, se verá que esta distinción entre un tebeo puro y otro impuro no está clara al sugerir que, remedando la frase de Orwell, aunque todos los tebeos son tebeos, unos son más tebeo que otros.)

Determinar -como ejercicio analítico- en cada caso concreto, en cada tebeo, la medida en que ese medio engulle el mensaje hasta anularlo, o en qué medida el mensaje, en cambio, consigue imponerse emancipado de su medio, proporciona diferencias de grado. Previa aceptación, cómo no, del hecho de que todo grafismo es un signo que conlleva un mensaje implícito, del mismo modo que no hay significante sin significado.

No es solo la intención del autor de una historieta lo que importa para calibrar su mensaje, cuando ambas cosas (la intención y el mensaje) existen de un modo explícito. La posición del lector también cuenta. No valorarán igual el mensaje de Judenhass, pongamos por caso, un coleccionista de tebeos, un crítico habitual de cómic, un artista plástico y un estudiante de bachillerato (suponiendo que son cuatro sujetos y no son el mismo, claro está, el coleccionista, el crítico, el arista y el estudiante).

En efecto, Judenhass (2008), del también canadiense Dave Sim (n. 1956), ilustra la posible distinción entre medio y mensaje en un cómic.


Al referirme en otro post a La conspiración, el último trabajo publicado por Will Eisner, escribí:
La historia del antisemitismo es larga. Tan larga, al menos, como lo es el transcurso de nuestra era. [aquí]
Dave Sim, por su parte, considera en Judenhass que el término "antisemitismo" es más que impreciso respecto al fenómeno que describe, pues los árabes son semitas también y sin embargo estos, los árabes, quedan fuera normalmente del prejuicio orientado específicamente contra los judíos. "Judenhass", en cambio, que significa literalmente "odio al judío" o "a lo judío", es un término más acorde con el objetivo de esta 'narración gráfica' (así autodescrita) de Sim.

Planteado como una búsqueda de las condiciones que hicieron posible el horror de la Shoah, el Holocausto, Dave Sim presenta en Judenhass un tremendo alegato gráfico en el que las imágenes se complementan con vocablos de lenguas diversas y citas de autores variados que expresan cómo el odio a los judíos es una constante histórica. La Shoah, así, no habría sido sino la culminación de un fenómeno secular cuyas raíces se encuentran seminalmente incrustadas en la tradición de Occidente.

En el aspecto formal, el arte de Judenhass responde al interés de Dave Sim por, en palabras suyas,
...revivir el dibujo fotorrealista de los dibujantes de tiras de los 50 y los 60 (y en especial de Alex Raymond, John Prentice, Stan Drake, Al Williamson y Neal Adams)...
De este modo, Sim dibuja sobre papel, con lápiz y plumilla, imágenes procedentes de fotografías previas prácticamente calcándolas.


Este procedimiento estético de Sim en Judenhass (el mismo que el practicado en su serie Glamourpuss, un comic-book publicado entre 2008 y 2012) suscita dudas entre los críticos [aquí por ejemplo], especialmente en lo que se refiere a la adecuación entre esta técnica empleada y el fin perseguido por el autor. Con lo cual, volvemos a la cuestión inicial de este post, esto es, en qué medida el mensaje (de Judenhass en este caso) puede ser emancipado del medio en el que se inscribe.



Según declara el propio Sim al final de Judenhass, este libro tiene una finalidad didáctica. Creo que lo mejor es copiar el párrafo en que el autor expresa su propósito:
Desafortunadamente, en esta época de periodos de atención cada vez más reducidos, me parece que existe la necesidad de sintetizar los hechos para conseguir que el lector más lento y el profesor más reticente comprendan y puedan darse cuenta del grado de enormidad de la shoah y el nivel profundo de animosidad hacia los judíos que la hizo posible. Espero que Judenhass -con su periodo de lectura de no mucho más de 25 minutos- sirva a ese propósito. Después de cuatro años de educación secundaria, cabe esperar que se puedan encontrar 25 minutos para enseñar la materia a los estudiantes de instituto... y el significado aún vigente... del Holocausto.
Así pues, Judenhass, en su aspecto pragmático, quiere ser un texto en formato de cómic dirigido a los estudiantes y profesores de bachillerato y capaz de ser leído y tratado en el espacio horario de una clase estándar. Su fin último está claro cuál es.

Teniendo en cuenta esta intención declarada de Sim, trasladar a lenguaje de cómic, ordenando el material con sentido, un montón de fotografías y de textos paralelos sobre la cuestión judía en general y el Holocausto en particular no parece, a mí no me parece, impertinente. Sobre todo, si se atiende a una de las citas, tremenda como todas, que aparece hacia el final de Judenhass. Es de William Faulkner:
El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado.
El mensaje en este caso trasciende el medio; pero este, por su parte, se enriquece como medio.

-------------------------------------------------------------------------

La historia de los cómics está plagada de autores (varones y mujeres) judíos. Dave Sim dedica una página y algún comentario en Judenhass a este dato, representando a algunos de ellos.


Es este un asunto de sumo interés. Su tratamiento excede este post. Pero queda pendiente.



martes, 7 de abril de 2015

La balada del norte 1

La verdad es que Alfonso Zapico ya ha demostrado con creces que es capaz de abordar en lenguaje de cómic asuntos difíciles en principio. Y además lo hace bien. Conoce el mecanismo de la representación, no cabe duda. Pero, sobre todo, posee el secreto de los tebeos: cómo contar lo que sea, por abstruso que parezca, ajustándose a las reglas y a los códigos de la historieta clásica, de la caricatura [ en el sentido de 'caricatura' que expongo aquí ], uno de cuyos principios es la exigencia de proporcionar entretenimiento al lector. Lograr que lo difícil aparezca fácil. Ese es el secreto de este arte. De su arte.

Zapico se atrevió con la espinosa cuestión palestino-israelí desde sus orígenes en Café Budapest. En un más difícil todavía consiguió realizar con Dublinés un tebeo completo sobre la vida y la obra de James Joyce. Ahora sorprende con la primera parte de La balada del norte, una novela sobre la revolución minera de 1934 en Asturias.


Pese a su título, La balada del norte no se refiere al rollito celta, sino que tiene que ver, por decirlo así, con el mal rollo ibérico. Solo que, por obra y gracia de la historia concreta y de su tratamiento por el autor, este mal rollo trasciende los límites geográficos nacionales y alcanza otras dimensiones. Si Jacques Tardi nos deleitó al dibujar la revolución de la Comuna de París en El grito del pueblo, Alfonso Zapico nos deja con la miel en la boca al culminar el Tomo 1 de La balada del norte con el estallido de la revolución de la Comuna de Asturias. Esperamos ansiosos la aparición del segundo tomo de esta novela.

Porque una novela tal cual, no diré que decimonónica, es lo que es La balada del norte (imposible no acordarse de Germinal, de Émile Zola). Una novela dibujada, con sus tramas y subtramas, personajes y acciones paralelas, en la que la narración (salvo alguna voz en off hacia el final) y la descripción siguen el orden del arte secuencial. (En cualquier caso, tildar de decimonónica una novela no supone descalificarla para nada. Y ahí está de nuevo Germinal para demostrarlo.)

En tanto que literatura dibujada, es doble el valor de La balada del norte.

En primer lugar, se encuentra el valor de la recuperación de unos hechos históricos mal conocidos por el público en general. Es este un valor que va más allá de la historia en cuanto afecta a la olvidada o silenciada memoria de un pueblo y conecta con la insoslayable dimensión política que a todos concierne.

En segundo lugar, junto al valor político de La balada del norte -e inseparable de él- se encuentra el valor estético. El cómic, al igual que la poesía, es un arma cargada de futuro. El propio Zapico desvela su estrategia en el cuerpo de la novela. Los hechos que sucedieron pueden desaparecer en las oscuras aguas del olvido. Pero la recuperación de esos hechos, su fijación a través de una obra de arte, permite inmortalizarlos. Lo dice Isolina en una conversación con Tristán: "Nos queda la literatura".

No diré más, de momento, a la espera de la conclusión de La balada del norte. Tan solo una cosa. De cumplirse las expectativas que la primera parte sugiere, estaremos (en realidad ya lo estamos) ante una magnífica novela gráfica, por mor de Alfonso Zapico.