Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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domingo, 26 de enero de 2014

Underground ibérico

La actitud underground se manifestó tímidamente en España en las postrimerías del franquismo y ya sin cortapisas tras la muerte del dictador. El fenómeno coincidió, pues, con el ansia de liberación que vivía un país deseoso de sacar a la luz lo reprimido. Como cuando se descorchan botellas de champagne, cava o lambrusco previamente agitadas, el desparramamiento fue inevitable. En todos los órdenes de la vida social, cultural y política hubo más de un exceso. Era el precio a pagar por tanta represión acumulada.

Desde una perspectiva más amplia, el momento español se insertaba en un contexto internacional (todavía no era global) de mutaciones diversas. El orden instaurado tras la segunda guerra mundial se vio alterado cuando una nueva generación de entonces jóvenes, nacidos en general a partir de 1945 -aunque algunos antes-, irrumpió en escena demandando unos modos de vida diferentes a los entonces establecidos. La década de los sesenta fue prodigiosa en cuanto a contestación y pronunciamientos juveniles. Eso sí, allende los Pirineos, salvo exiguas excepciones de aquí.

Y después de lo de Vietnam y la defensa de los derechos civiles; las flores de Berkeley; las represiones de Praga y de Budapest; la revolución cultural de Mao; el mayo en París y el pop londinense; después de todo eso, ya en la década de los setenta, fue cuando surgieron actitudes aún más rompedoras, sobre todo tras 1973, año en que, con la crisis del petróleo, se hizo evidente que el progreso a ciegas podía extinguir a la humanidad. El fenómeno punk, las Brigadas Rojas, la antipsiquiatría, el nuevo movimiento ecologista, la reivindicación y puesta en práctica de la vida entendida como experimento (experimentación con nuevas sustancias, con nuevas concepciones de la sexualidad, de la convivencia, hasta de la alimentación) -una radicalización, en fin, en la ampliación de lo posible-, mostraron que el sistema había generado por sí un antisistema. Y es cuando se empezó a utilizar esa expresión, los antisistema, para referir a los que abiertamente se oponían a los regímenes instaurados durante la guerra fría.

A mediados de los setenta, entonces, el cocido español bullía en una olla a presión que finalmente no estalló, pero sí fue abierta con el caldo aún hirviendo.

Así se puede observar que, en los ámbitos de la historieta y de la ilustración, el underground sesentero de Crumb, Green, Shelton y Spiegelman, entre otros, se manifestó entre nosotros con unas características peculiares, dada también la idiosincrasia de nuestro país.


28.01.2014

Makoki, de Gallardo y Mediavilla y Gustavo, de Max son dos personajes emblemáticos del cómic underground español. Ambos salieron a la luz en 1977. Y colaboraron en alguna ocasión. Y ambos compartieron ese tipo de viñeta arrebatada, salvaje, canalla y cachonda, políticamente ácrata y psicosocialmente enrabiada que es específica de una modalidad del tebeo underground no solo de aquí. Aunque bien mirado, no es difícil darse cuenta de que esta modalidad gráfica y narrativa hunde sus raíces en el tebeo tradicional español, sobre todo el de la escuela Bruguera. Solo que Makoki y Gustavo aportaron unos referentes políticos impensables en los tebeos aquellos.

Otro realizador de comix o cómic underground español de finales de los setenta pasados fue Nazario. A través de su personaje Anarcoma y de otras historietas afines, Nazario mostraba un campo de batalla, por así decir, hipersexualizado, pretendidamente provocador y transgresor. Su estilo era igual de arrebatado, salvaje, canalla, cachondo, ácrata y enrabiado que el de los dos anteriores.


Pero no todo el comix español de finales de los setenta pasados tenía ese matiz antisistema. Más amable, festiva, juguetona, mediterránea y un tanto fallera fue la actitud underground -contracultural entonces- de Javier Mariscal en aquellos años. El trazado de sus Garriris parece sacado sin más de las tiras de George Herriman.


El caso es que Nazario y Mariscal comparten, junto a los hermanos Farriol y otros tres o cuatro dibujantes más, el honor de haber conseguido publicar en 1974, tras secuestro y proceso judicial absolutorio, el que es considerado primer tebeo underground de la historieta española: El Rrollo Enmascarado


No obstante, tras esa primera absolución, el comix español padeció un buen número de expedientes, sanciones, etc., en aplicación de la conocida como "Ley de Prensa de Fraga", que no quedó derogada hasta la promulgación de la Constitución de 1978.

En este enlace de Tebeosfera se cuenta el Nacimiento y primeros pasos de El Rrollo Enmascarado:


Como veíamos en otros posts, a este primer tipo de cómic underground en nuestro país se le aplicó la etiqueta "línea chunga". Sin embargo, si bien este rótulo puede ser útil en un momento inicial del estilo de un autor en concreto, como es el caso de Max, es un marchamo inservible para caracterizar una obra entera.




lunes, 14 de enero de 2013

La línea chunga revisitada. Todo Makoki



Makoki fue un fenómeno característico de la contracultura española que ocupó una buena parte  del último cuarto de nuestro peculiar siglo XX. 

Las historietas de Makoki vieron la luz en diferentes publicaciones de la época. Fue tan popular esta serie, que sus autores crearon una efímera revista con el nombre del personaje.


En sentido estricto, la primera historieta de Makoki: "Revuelta en el frenopático", basada en un relato de Felipe Borrallo, apareció en 1977, en la revista Disco Exprés y desapareció en 1994, con "La muerte de Makoki" inserta en la revista Viñetas. De los guiones se encargaba J. Mediavilla, mientras que el dibujo era obra de M. A. Gallardo. Recientemente ha sido publicado un tocho de más de 550 páginas titulado Todo Makoki. Es una buena ocasión para rememorar lo que fue este fenómeno. (Lo único lamentable de esta edición es lo reducido de su formato. Hay que recurrir a la lupa para disfrutarla.)

El prólogo de Todo Makoki corre a cargo nada menos que de Antonio Escohotado bajo el título: "El recuerdo y los recuerdos". Nos da así Escohotado la ocasión de enmarcar el fenómeno Makoki en sus correspondientes coordenadas no solamente sincrónicas, sino también diacrónicas.

Desde la perspectiva sincrónica escribe Escohotado:

En la escena primordial [se refiere a "Revuelta en el frenopático"] había reminiscencias de 'Alguien voló sobre el nido del cuco', y en la grafía y el espíritu préstamos del genial Robert Crumb y el simpático Gilbert Shelton, con sus melenudos Freak Brothers. Pero la originalidad importaba menos que izar la bandera de una contracultura tejida por tribus de insumisos surgidos aquí y allá, unos asistiendo a clases de García Calvo y otros atraídos por Mayo del 68 y Woodstock.


 Aunque yo personalmente soy de la opinión de que Makoki y compañía eran más cosa de los hermanos pequeños de esos que cita Escohotado.

Inmediatamente a continuación, el prologuista enlaza esta situación con una perspectiva diacrónica:

Al fin y al cabo, solo de los Pirineos para abajo hubo un anarquismo capaz de transformar la vida pública y privada. En 1872 fulminó la primera República con su rebelión cantonalista, en 1909 estuvo a punto de conquistar Barcelona y en 1936 cargó sobre sus hombros buena parte de la guerra civil.

Es decir, desde la mirada que el paso del tiempo confiere, Makoki se nos revela como un fenómeno que aunó el movimiento underground típico de su época con la corriente anarquista que corre por las venas de la sangre de nuestra historia.


Pero hay más. Yo añado que el absurdo de las situaciones, la marginación de los personajes y la violencia que desprenden las viñetas de Makoki no están muy alejadas de la tradición tebeística española, singularmente encarnada en la escuela Bruguera en general y en las historietas de Ibáñez en particular.





Y bueno; el humor, el despipote y la pimporrada.