Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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lunes, 18 de marzo de 2013

Las serpientes ciegas

Más allá de su participación en El Cubri, el talento como guionista de Felipe Hernández Cava (n. 1953) quedó revalidado con Las serpientes ciegas.

En esta ocasión, Cava contó como ilustrador o dibujante de su historia con Bartolomé Seguí (n. 1962). El resultado de esta colaboración fue un cómic de impecable factura y justamente premiado.


La afinidad de Hernández Cava con el género o subgénero de la serie negra se vio con claridad en los trabajos de El Cubri desde finales de los setenta.

La expresión "serie negra" tiene su origen en las novelas de Carroll John Daly, Dashiell Hammett y Raymond Chandler, inspiradoras de una literatura específica, difícil de conceptuar, aunque reconocible. Dichas novelas fueron publicadas en la colección Série Noire de la editorial Gallimard y en la revista Black Mask estadounidense.

 En realidad, lo característico de la Serie Negra de Gallimard era el color de sus portadas, esto es, el negro. A partir de ahí, sesudos estudios y especulaciones intentan determinar cuáles son exactamente las características de la serie negra. Yo soy partidario de utilizar al respecto la definición ostensiva. Mostrar, por ejemplo, una novela de Hammett y decir: esto es.

Varios grandes realizadores de cine de los años cuarenta y cincuenta pasados se inspiraron en este tipo de literatura y llevaron a cabo un buen número de películas que forman el imprescindible "cine negro", bien conocido por los seguidores del séptimo arte. Es materia de otro hilo deshilvanar el meollo de esta gran tradición cinematográfica que llega hasta nuestros días.

Por cierto, la influencia del cine de Stanley Kubrick en El Cubri, expresada sin reservas en el nombre del equipo, sería sobre todo la de sus películas iniciales: Killer's Kiss (El beso del asesino, 1955) y The Killing (Atraco perfecto, 1956). Junto a estos títulos clásicos del cine negro de Kubrick, también sería una referencia ineludible en el imaginario de El Cubri Spartacus (Espartaco, 1960), si bien más por su lectura política.


Esta compenetración con el género negro tuvo su plasmación en la estética de los contrastes en blanco y negro presente en Sombras y en las historias protagonizadas por Peter Parovic. El claroscuro utilizado por El Cubri eliminaba, como dijimos en otro post, los grises. Se centraba específicamente en la zona oscura.

Y el hecho es que este formato de serie negra está presente también en Las serpientes ciegas. Solo que el duro blanco y negro de las historias anteriores de Cava en su colaboración con Arjona es sustituido ahora en su trabajo con Seguí por otra paleta... en la que predominan los rojos y los ocres.


Y solo también, que, en consonancia con ello, Las serpientes ciegas cuenta una historia de mayor alcance, por su carga evidente de crítica de las ideologías.


20.03.2013

Una temporada en el infierno


La historia que se cuenta en Las serpientes ciegas transcurre entre Nueva York en el verano de 1939 y Barcelona y frente del Ebro unos meses antes, durante la Guerra Civil. No es, sin embargo, "una historia más sobre la guerra civil".

Se trata, más bien, de una especie de pesadilla urbana. El calor de New York en verano en la época de la Depresión, el color rojo omnipresente en cada página, la búsqueda incesante y la sed de venganza de los personajes, su oscuro pasado que se insinúa, la soledad, la violencia latente, la aplastante fuerza de la ideología que confunde la revolución con el mal... Todo esto más la mirada atónita del lector convierte Las serpientes ciegas en un cómic que asombra, pero también desazona.


En cierto modo, el antiestalinismo presente en esta obra, igual que en el ¡No pasarán! de Giardino, recuerda al que sugiriera en 1994 Nikita Mikhalkov en su película Quemado por el sol. Las serpientes ciegas son las más venenosas.

En este respecto, es ilustrativo un diálogo entre dos personajes del cómic:

¿Crees que es un poli? No lo sé. Pero lo poco que ha contado parecía una sarta de patrañas. ¿Y tú qué le has dicho? Le he hablado del sueño de la emancipación de los parias... y de cómo los que se dejan embriagar por él desatienden la suerte de los más próximos. Tengo la intuición de que volverá.

De todas formas, Las serpientes ciegas es un relato que no se agota en una mera lectura política. Pertenece más bien al género negro (aquí rojo) netamente existencialista. De corte sartreano.


22.03.2013

Tanto en ¡No pasarán! como en Las serpientes ciegas, los personajes se mueven en el contexto de las Brigadas Internacionales, el POUM, el PSUC-PCE, los anarquistas... Más o menos el ambiente descrito por George Orwell en su Homenaje a Cataluña,



domingo, 10 de marzo de 2013

El Cubri

En los años setenta del siglo pasado, durante el tardofranquismo y la transición, aparecieron en distintos medios ilustrados unas viñetas inquietantes y fuertemente políticas. Estaban firmadas por un nombre también inquietante: El Cubri.

Igualmente, El Cubri se mostraba ilustrando panfletos y carteles políticos, portadas de libros, folletos y publicaciones varias y a través de historietas con sentido hipercrítico.

Con el tiempo iríamos descubriendo que ese nombre misterioso cubría la colaboración de dos dibujantes (Saturio Alonso y Pedro Arjona) y un guionista (Felipe Herández Cava). Por otra parte, parece ser que El Cubri era un modo castizo de homenajear al cineasta Stanley Kubrick.

Y así, en el terreno de la ilustración, El Cubri suponía un trasunto de lo que en el mundo del arte figurativo suponían otros nombres como el Equipo Crónica y el Equipo Realidad.


Eran años de búsqueda y de exploración, de confluencia entre estilos, de entender que la poesía y el arte eran armas cargadas de futuro.


 El que parte y reparte se queda con la mejor parte (1975) es un álbum que recoge lo mejor del tebeísmo político creado por El Cubri en la primera mitad de la década de los setenta pasados. Había una clara voluntad de compromiso por parte de estos autores en la línea de entender la historieta como un vehículo de denuncia y de transformación social.

Sin embargo, tal vez debido a la evolución de los acontecimientos en nuestro propio país (tras las elecciones constituyentes de 1977) y más allá de él (con el advenimiento del tatcherismo y de la era Reagan), tal vez debido a un ahondamiento en la mirada de estos autores y a una modificación de sus circunstancias personales, tal vez debido a las influencias en el cómic hispano de otros medios como el cine y la novela de la serie negra, o seguramente debido a la confluencia de todos esos factores individuales y colectivos, más algunos otros, el hecho es que hacia finales de aquella década y comienzos de los ochenta El Cubri sorprendió a sus seguidores con unas nuevas series de historietas aparentemente alejadas de la abierta denuncia política, aunque sin duda aún cargadas de intencionalidad.


Mucho se ha escrito y opinado acerca de un supuesto abandono de sus primeros planteamientos por parte de El Cubri y de su apuesta en favor de unos parámetros más comerciales. Que el cielo los juzgue por ello. Lo cierto es que la historia del cómic en español ganó al enriquecerse con la mirada desencantada de estos lúcidos creadores.


12.03.2013

El tándem El Cubri (reducido a Felipe Hernández Cava y Pedro Arjona) permaneció en activo hasta mediados de los años 80, tras pasar por las páginas de revistas como Triunfo, Cuadernos para el diálogo, Cambio 16, Por Favor, o La Codorniz. Su última colaboración fue la tira semanal El hombre invisible en el diario El País. En épocas recientes, Arjona y Hernández Cava, que coincidieron colaborando en la realización de algunos documentales, han rescatado el seudónimo en diversas ocasiones (los libros colectivos 11-M. Once miradas y Guadalajara será la tumba del fascismo).

Entre otras producciones, el equipo realizó obras memorables como Cadáveres de permiso, Sombras, Francografías, Tal como éramos, Luis Candelas...

Sin embargo, rastreando en la red todavía encontramos Pecios, una serie de microvídeos mordientes de los últimos años y realizados por El Cubri.



15.03.2013

Sombras, de El Cubri (Cava y Arjona) es un volumen que recoge doce historietas de cuatro páginas cada una, además de un apéndice de bocetos titulado "Sombras inacabadas", un interesante prólogo de Hernández Cava (guionista del equipo) y un epílogo. La primera edición, que ofrece las cinco primeras entregas de la serie, es de 1983. La segunda, que aquí comentamos, es de 2004.

Está en la línea de Sueños de plomo y Cadáveres de permiso, dos historias de El Cubri protagonizadas por el detective Peter Parovic. Es decir, Sombras se inscribe en el universo de la serie negra. Lo hace además con mayúsculas, pues estamos ante un exponente en nuestro país del cómic que bebe directamente del cine y la literatura, un tanto a la manera de Muñoz y Sampayo y su Alack Sinner

Las referencias cinematográficas, literarias, jazzísticas, urbanas y ambientales de Sombras inciden en cada viñeta y emergen para el lector atento a través de una economía expresiva concisa, exacta y precisa. Diríase que incluso se escucha la música de jazz mientras los ojos y la mente se deslizan por entre las viñetas de las historias que componen el libro. 

El blanco y negro riguroso de Sombras excluye los grises. Solo hay contrastes muy acusados entre los dos extremos, sin gama cromática interpuesta. Las viñetas de este libro recuerdan así a las xilografías de Masereel.


 El cine está muy presente en Sombras. Los títulos de referencia son muchos. No obstante, en este sentido, escribe Hernández Cava en el prólogo:

Pero si hoy tuviéramos que quedarnos con un solo nombre del celuloide de entre los miles que se agazapan detrás de cada viñeta ése tendría que ser el del director de fotografía Russell Metty, cuya manera de tratar las sombras en planos geométricos nos abrió, especialmente a Pedro, un horizonte ilimitado.

De he hecho, el volumen que comentamos se cierra con un exhaustivo epílogo dedicado a la filmografía de Russell Metty.

Respecto al giro que supuso Sombras en la trayectoria de El Cubri y a la innovación que aportó en la intrahistoria del cómic de aquí, Cava escribe lo siguiente:

"Sombras", lo hemos dicho muchas veces, fue vista por algunos como una traición a nuestros postulados de historieta política, una suerte de concesión al mercado. Pero la realidad era muy distinta. Surgió, a partes iguales, del interés por explorar los instantes más codificados de ese género y del amor por una narrativa que tantas alegrías nos regaló generosamente. Y el citado mercado, al que se suponía que estábamos rindiendo finalmente pleitesía, tardó su tiempo en hacernos un hueco.