Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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jueves, 20 de abril de 2017

La muerte de Guernica, Historia gráfica

En la Introducción de Ciudad de cristal, adaptación visual de la novela homónima de Paul Auster realizada por Paul Karasik y David Mazzucchelli, escribe Art Spiegelman (el subrayado es mío):
"Porque el término cómic no puede ser ya el 'nombre auténtico' de un medio narrativo que entrelaza íntimamente palabras e imágenes pero que no es necesariamente cómico en su tono." 
Estas palabras de Spiegelman me han venido a la memoria ante La muerte de Guernica, adaptación visual del libro homónimo de Paul Preston realizada por José Pablo García.



El texto de Spiegelman es de 2003. Se refiere a la dificultad de encontrar un término que designe esa fusión de literatura e imágenes cuya resultante es un texto original y al que Spiegelman se resiste a llamar "novela gráfica". Finalmente encontró una palabra: Ikonologosplatt, una suerte de neologismo aplicable a Ciudad de cristal (1994), de Karasik y Mazzucchelli. Añade Spiegelman al respecto:
"Hurgando en el corazón de la estructura del cómic, Karasic y Mazzucchelli crearon un extraño doble, un Doppleganger del libro original." 
Lo que ha elaborado ahora José Pablo García a partir de La muerte de Guernica, de Preston -como ya hiciera el año pasado este dibujante con La guerra civil española, del mismo historiador- es similar al caso de Ciudad de cristal en imágenes. Pero hay una diferencia. La novela de Paul Auster es de ficción, mientras que el ensayo de Paul Preston es de no ficción. Además, la cita de Spiegelman de arriba adquiere aquí mayor contundencia, pues lo que se narra en La muerte de Guernica, igual que en La guerra civil española, no es que no sea cómico, sino que es directamente trágico. Y a pesar de que el trabajo de José Pablo García entrelaza íntimamente palabras e imágenes, sería también un sarcasmo calificar su resultado como historieta.


No dejo de percibir una especie de 'conexión malagueña' ante La muerte de Guernica. Y no solamente porque José Pablo García sea malagueño, igual que lo era Pablo Picasso, el pintor de Guernica. El bombardeo de la  ciudad vasca sucedió el 26 de abril de 1937. Dos meses y medio antes, el 8 de febrero de ese mismo año, tuvo lugar en Málaga lo que allí se conoce como la Desbandá. Fue una masacre perpetrada por las fuerzas franquistas desde el aire y el mar contra una multitud de civiles y milicianos que huían hacia Almería. Se calcula entre 3.000 y 5.000 el número de muertos que produjo aquel terrible suceso.

Paseo de los canadienses (2015) es un álbum gráfico de Carlos Guijarro que narra los hechos de la Desbandá [aquí]. Lo que me interesa destacar ahora es que este autor, Guijarro, designa su obra como un ejemplo de "historia gráfica".

Ese término, 'historia gráfica', tal vez sea el más adecuado para referir lo que José Pablo García realiza tanto en La muerte de Guernica como en su hermana mayor, La guerra civil española. Y en sendos títulos, José Pablo crea "un extraño doble, un Doppelganger" de los originales de Preston.


En Las aventuras de Joselito demostró José Pablo García una capacidad de empatía gráfica sorprendente. Me refiero al dominio con el que este artista dibuja en cada caso en función del motivo y la época de la figuración. En las dos historias gráficas basadas en textos de Paul Preston, José Pablo demuestra ese mismo arte. La pátina del tiempo se halla tan presente en ambos títulos, que se diría que sus viñetas están dibujadas en la época de los sucesos que narran. No quiero decir con esto que se trate de un dibujo anticuado, para nada. (¿Qué significa a fin de cuentas eso de 'un dibujo anticuado'?) Lo considero más bien un mérito del autor. El estilo un tanto escolar -de la escuela de la época- de La muerte de Guernica y de La guerra civil española se adapta como un guante a la seriedad y al tiempo de los hechos contados. Es este un acierto comparable al que en el otro plano, en el del guión, muestra José  Pablo García al traducir dos ensayos históricos al lenguaje de la historieta (valga aquí ahora la palabra 'historieta').

Para terminar, de momento, copio el párrafo con que concluí en este blog [aquí] mi entrada sobre La guerra civil española:
Como corolario de esta entrada, no está de más destacar de nuevo la importante recuperación de la memoria histórica llevada a cabo por el cómic entendido como medio. A la lista de títulos importantes en este respecto como son Paseo de los canadiensesDr. UrielEl ala rota (y El arte de volar), Los surcos del azarUn largo silencio36-39ParacuellosLas serpientes ciegasEl artefacto perversoLa vida es un tango..., en cuanto a los hechos de nuestro país, se suma ahora La guerra civil española, el nuevo tebeo de José Pablo García.
Cabe añadir en este párrafo un par de títulos recientes: Esperaré siempre tu regreso, de Jordi Peidro y Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín. Y, por supuesto, también hay que añadir La muerte de Guernica, de José Pablo García.



lunes, 27 de junio de 2016

La guerra civil española. Historia y viñetas

[Es probable que el libro de papel haya encontrado en el cómic un firme aliado capaz de, si no garantizar, sí al menos prolongar su supervivencia. Llegará un momento en el que predominarán las historietas, novelas gráficas y tebeos en formato de libro electrónico o simple distribución digital, qué duda cabe. Pero es más fácil imaginar un mundo sin libros de papel con solo texto que ese mismo mundo sin libros ilustrados, secuencialmente o no.

En esta alianza entre el libro de papel y el cómic ha lugar la imparable evolución y desarrollo del tebeo de no ficción. Lo cual no deja de ser paradójico, ya que en la creciente era de la información son, en principio, los libros de no ficción en papel los principalmente afectados por las tecnologías al efecto (las TIC). Basta con recordar el soporte de la Enciclopedia Británica de antaño y el de hoy, por citar solo un ejemplo.

Las potencialidades discursivas del lenguaje gráfico tienen ahí, en la representación no ficticia, un bello horizonte para la expansión. Se dirá que tal producción no pasa necesariamente por su realización en papel. Es cierto. Pero también lo es que las hojas de celulosa encuadernadas aportan un marco exquisito para la lectura y disfrute de textos dibujados y escritos en lenguaje de cómic.

Esta reflexión no es decisiva, desde luego, para calibrar la calidad y el valor de una propuesta concreta. En un escenario pleno de dispositivos electrónicos y telemáticos, la presencia de un libro de papel puede ser extraordinaria, pero el índice de su validez no es la mera presencia del mismo.]



José Pablo García nos sorprendió hace un año con Las aventuras de Joselito. Ahora nos sorprende de nuevo, a mí por lo menos, con La guerra civil española (2016), una versión dibujada del ya clásico ensayo de Paul Preston: The Spanish Civil War: Reaction, Revolution, and Revenge, publicado originalmente en 1978. El libro fue revisado y actualizado por Preston en 2006 con motivo del septuagésimo aniversario de la sublevación rebelde. Es esta última edición la que José Pablo García ha trasladado al lenguaje de las viñetas y sale ahora a punto de cumplirse ochenta años del comienzo de la guerra.

Las aventuras de Joselito es un tebeo de no ficción sorprendente. Por la historia que cuenta y por el arte con que se cuenta. Lo mismo ocurre con La guerra civil española. La riqueza y precisión de los análisis de Preston aplicados a la comprensión de aquella barbarie podrían parecer en principio inapropiados para elaborar un cómic. El arte, de nuevo, de José Pablo García demuestra que no hay materia ajena al lenguaje de los tebeos, a mayor gloria del cómic. 


La guerra, partera de la Historia, es la madre de todas las batallas. Es también la fuente de innumerables historias y relatos. En este sentido, la Historia de la guerra civil española contiene en su seno tal infinidad narrativa que viene a ser una metahistoria, un metarrelato. La Historia es la madre de todas las novelas y narraciones. Y esta afinidad entre Historia y novela es lo que ha sabido captar el arte gráfico de José Pablo García.

A pesar de que la Historia en general es la ciencia con mayor presencia de elementos subjetivos en su práctica, Paul Preston convence de que es posible poner coto a la subjetividad relacionando con inteligencia los hechos y exponiéndolos claramente. Así, el cómic de J. P. García refleja la equidistancia que Paul Preston practica en su análisis y descripción del conflicto armado. Una equidistancia o neutralidad que permite que los hechos hablen por sí solos y muestren la asimetría que desde el inicio caracterizó a esa guerra. Mientras la República era víctima de las políticas de no intervención de las democracias occidentales, las fuerzas rebeldes recibían refuerzos y apoyos de las potencias totalitarias del llamado Eje. Preston analiza con finura el papel desempeñado por Stalin, para nada incondicional, así como la entrega, esta sí incondicional, de las Brigadas Internacionales. Desigual fue también la represión en los dos bandos, tal y como revela el subtítulo de la obra de Preston: Reacción, Revolución y Venganza. Fue una guerra de exterminio continuado durante la postguerra, fríamente ordenado por el general Franco y por su imperio del terror. La actuación que desempeñaron los numerosos actores a la izquierda y a la derecha del fatídico escenario es también contemplada por Preston y dibujada por García.



Como corolario de esta entrada, no está de más destacar de nuevo la importante recuperación de la memoria histórica llevada a cabo por el cómic entendido como medio. A la lista de títulos importantes en este respecto como son Paseo de los canadienses, Dr. Uriel, El ala rota (y El arte de volar), Los surcos del azarUn largo silencio, 36-39, Paracuellos, Las serpientes ciegasEl artefacto perverso, La vida es un tango..., en cuanto a los hechos de nuestro país, se suma ahora La guerra civil española, el nuevo tebeo de José Pablo García.


jueves, 6 de agosto de 2015

No solo ejercicios de estilo. Las Aventuras de Joselito



Debo admitir que me encuentro en el grupo, no sé si amplio, de los que a priori sentía aversión por el cómic Las Aventuras de Joselito, su sobrecubierta visible y su leyenda subtitular: "El pequeño ruiseñor". No me gusta la copla, qué le vamos a hacer. Ni el entorno que la rodea. Y por tanto, mi desinterés hacia ese tipo de música me ha tenido por siempre alejado de sus glorias y de sus figuras. 

Ese mismo desinterés por la copla me llevó a alimentar un montón de prejuicios, estereotipos y demás ideas previas al respecto. Todo ello agravado por la imagen, ideologizada, que asocia este género musical con una España cañí congelada por el franquismo. El que esté libre de prejuicios, que tire la primera piedra. Uno puede y debe deshacerse de ellos. Aun así, mis oídos siguen siendo ajenos a la denominada 'copla española'. Lo cual no es óbice para que me haya gustado este libro sobre Joselito, pues la cosa no va de la copla. 



Mi curiosidad se picó al enterarme de que José Pablo García (n. 1982), el autor de Las Aventuras de Joselito, había dibujado un cómic a la manera de 99 ejercicios de estilo, de Matt Madden (ver aquí). Esto es, en el aspecto formal, J. P. García realiza un tebeo en el que se combinan diferentes estilos de la historia del cómic nacional e internacional (línea clara, línea chunga, manga, ungerground, superhéroes, escuela Bruguera, TBO, etc.). Y además, cada estilo figurado se adapta más o menos al periodo en que transcurre la narración (aunque a mí me ha parecido encontrar a Chris Ware fuera de época). 

La diferencia con los ejercicios de estilo de Madden es que, si bien el alarde formal de este autor recrea noventa y nueve veces una anécdota trivial de una página (ocho viñetas), lo que ofrece José Pablo García es un relato documentado de las peripecias del cantante Joselito, una suerte de biomic ('biographical comic') no exento de sorpresas para los que, como yo, desconocíamos prácticamente todo lo relacionado con José Jiménez Fernández, de nombre artístico Joselito. 



Lejos de contarles nada de lo que revela este libro, no me resisto a dejar constancia aquí de un dato siquiera, para nada irrelevante o anecdótico: Joselito no cantó para Franco en la vida. 

La combinatoria de estilos de cómic en un  mismo cómic ofrece un resultado metarreferencial que enriquece el medio. Los tebeos así realizados vienen a ser algo así como tebeos de tebeos. Y esta misma combinatoria aporta ya de por sí significación a un producto que disuelve la dicotomía entre el fondo y la forma, entre el significado y el significante. Sobrevienen de este modo los estratos tan variados de la conversación.

En el caso de Las Aventuras de Joselito, sin embargo, la cosa no se reduce al juego de estilos. Hay en este libro unos hechos narrados que van más allá de su plasmación gráfica. Al final, lo que permanece en la retina y el cerebro del lector es un rico mosaico cuyo engrudo es la experiencia vital de un superviviente continuo (la historieta inicial del brasero es un indicio de lo que viene después). Y queda, también, un repaso magistral de los destarifos de la España -y parte del extranjero- de la segunda mitad del siglo XX.