Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

jueves, 6 de agosto de 2015

No solo ejercicios de estilo. Las Aventuras de Joselito



Debo admitir que me encuentro en el grupo, no sé si amplio, de los que a priori sentía aversión por el cómic Las Aventuras de Joselito, su sobrecubierta visible y su leyenda subtitular: "El pequeño ruiseñor". No me gusta la copla, qué le vamos a hacer. Ni el entorno que la rodea. Y por tanto, mi desinterés hacia ese tipo de música me ha tenido por siempre alejado de sus glorias y de sus figuras. 

Ese mismo desinterés por la copla me llevó a alimentar un montón de prejuicios, estereotipos y demás ideas previas al respecto. Todo ello agravado por la imagen, ideologizada, que asocia este género musical con una España cañí congelada por el franquismo. El que esté libre de prejuicios, que tire la primera piedra. Uno puede y debe deshacerse de ellos. Aun así, mis oídos siguen siendo ajenos a la denominada 'copla española'. Lo cual no es óbice para que me haya gustado este libro sobre Joselito, pues la cosa no va de la copla. 



Mi curiosidad se picó al enterarme de que José Pablo García (n. 1982), el autor de Las Aventuras de Joselito, había dibujado un cómic a la manera de 99 ejercicios de estilo, de Matt Madden (ver aquí). Esto es, en el aspecto formal, J. P. García realiza un tebeo en el que se combinan diferentes estilos de la historia del cómic nacional e internacional (línea clara, línea chunga, manga, ungerground, superhéroes, escuela Bruguera, TBO, etc.). Y además, cada estilo figurado se adapta más o menos al periodo en que transcurre la narración (aunque a mí me ha parecido encontrar a Chris Ware fuera de época). 

La diferencia con los ejercicios de estilo de Madden es que, si bien el alarde formal de este autor recrea noventa y nueve veces una anécdota trivial de una página (ocho viñetas), lo que ofrece José Pablo García es un relato documentado de las peripecias del cantante Joselito, una suerte de biomic ('biographical comic') no exento de sorpresas para los que, como yo, desconocíamos prácticamente todo lo relacionado con José Jiménez Fernández, de nombre artístico Joselito. 



Lejos de contarles nada de lo que revela este libro, no me resisto a dejar constancia aquí de un dato siquiera, para nada irrelevante o anecdótico: Joselito no cantó para Franco en la vida. 

La combinatoria de estilos de cómic en un  mismo cómic ofrece un resultado metarreferencial que enriquece el medio. Los tebeos así realizados vienen a ser algo así como tebeos de tebeos. Y esta misma combinatoria aporta ya de por sí significación a un producto que disuelve la dicotomía entre el fondo y la forma, entre el significado y el significante. Sobrevienen de este modo los estratos tan variados de la conversación.

En el caso de Las Aventuras de Joselito, sin embargo, la cosa no se reduce al juego de estilos. Hay en este libro unos hechos narrados que van más allá de su plasmación gráfica. Al final, lo que permanece en la retina y el cerebro del lector es un rico mosaico cuyo engrudo es la experiencia vital de un superviviente continuo (la historieta inicial del brasero es un indicio de lo que viene después). Y queda, también, un repaso magistral de los destarifos de la España -y parte del extranjero- de la segunda mitad del siglo XX.




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