Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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miércoles, 13 de abril de 2016

'Hombre' y el estado de naturaleza

No es desde luego una certeza, pero a veces da la impresión de que cuanto más de género es un tebeo, mejor dibujado está. Ocurre con Hombre. El arte de José Ortiz (1932-2013) satisfizo de sobra los guiones de Antonio Segura (1947-2012) en esta serie de historietas a caballo entre el género western y el llamado género post-apocalíptico. El cómic Hombre certifica de nuevo, con todo, que la historieta de género puede ser absolutamente historieta d'auteur.



Hombre se publicó inicialmente entre 1981 y 1994. En realidad se distribuyó en dos series de episodios más un breve intermedio. Vino a ser así:

- 1ª serie: 1981-1984. Blanco y negro. 18 historietas autoconclusivas (la última de ellas en dos números) publicadas en la 1ª época de la revista Cimoc.

- Intermedio: 1984. Blanco y negro. Cuatro episodios de un relato aparentemente inconcluso aparecidos en la revista K. O. Comics.

- 2ª serie: 1985-1994. Color. 14 episodios publicados en la segunda época de la revista Cimoc y agrupados posteriormente en cinco álbumes.

A fecha de hoy, la reciente edición integral de Hombre modifica lo que pudo ser y fue la recepción de este cómic entonces, poco a poco, en aquellas revistas de kiosco de los años ochenta (y algo de los noventa) del pasado siglo. Es un poco parecido a lo que sucede con Torpedo 1936. La experiencia lectora de estas series en aquel momento, el suyo, es tan irrepetible como pretender recuperar ahora la experiencia de lectura original de Steve Canyon, por ejemplo, a pesar de las recopilaciones. Pero no todo es negativo en las ediciones integrales de historietas de moda. Si tenemos en cuenta que el tiempo no suele estar nunca vacío de contenido empírico, bien podemos concluir que desde el momento en que yo puedo leer hoy en un día lo mismo que hace decenios podía leer el seguidor de una serie de tebeo de kiosco en un año, resulta que en un caso y en otro la experiencia del fruidor es por completo diferente. Y así se manifiesta. Pero son dos experiencias compatibles. Y acaso complementarias. 


Las consideraciones o los comentarios a partir de este cómic son múltiples. En este apunte me centraré en lo siguiente.

A la hora de comentar Hombre, a menudo se destacan entre otras cosas su crudeza y fatalismo, su amoralidad. Así Paco Roca, en el prólogo de 2013 a la edición completa de la 1ª serie, cita una conversación con Hernán Migoya en la que considera que en este aspecto Hombre supera incluso a la novela The Road, de Cormac McCarthy, también post-apocalíptica.

Sin embargo, a mí me parece observar una cierta evolución entre la primera y la segunda etapas de Hombre. Me refiero a la percepción de un posible renacimiento, desde la perspectiva moral, en la segunda parte de la serie. El paso del blanco y negro al color entre las dos etapas podría ser la marca distintiva de este cambio al que me refiero.

(Cuando hablo de moral me refiero a un aliento, un ánimo, una disposición que se orienta hacia ciertos valores vitales, plenamente humanos. Amoral es, entonces, una vida ajena a este empeño.)

Los personajes de Hombre se encuentran durante todo el cómic en un estado de naturaleza consiguiente a una supuesta devastación por agotamiento energético de la sociedad industrial. No obstante, este escenario difiere en cada una de las dos etapas del tebeo. En la primera, el blanco y negro es acorde con una concepción hobbesiana del estado de naturaleza. En la segunda etapa, en cambio, el color ilumina un estado de naturaleza roussoniano.

La atribución de amoralidad a Hombre se aplica sin reparo a la primera etapa de la serie. En el estado de naturaleza descrito por Hobbes predomina la guerra de todos contra todos ("El hombre es un lobo para el hombre"). La ciudad dibujada por Ortiz en blanco y negro es el marco de ese estado insalubre y violento en que transcurren los episodios guionizados por Segura. No hay atisbo de redención ahí.


Pero en el estado de naturaleza de Rousseau se encuentra el buen salvaje, uno de cuyos sentimientos es la piedad. Bosques, prados y demás espacios naturales (la ciudad medieval, ocasionalmente, como único paraje urbano) conforman los escenarios de la segunda etapa de Hombre, bellamente coloreados por José Ortiz.

En el tiempo de la historia de Hombre han pasado veinte años entre la primera y la segunda etapa. En esta, el protagonista ha envejecido (relativamente), aunque no su corazón. Sigue siendo un lobo solitario, pero en su vida se interpone la figura del buen salvaje, bastante más joven. No desvelaré detalles de la trama.

El futuro en la primera parte de la serie es de las ratas ("Vosotras heredaréis la tierra"). En la segunda, en cambio, son los nuevos especímenes humanos, los buenos salvajes, los que tal y como sugiere Segura "heredarán la tierra".

En este cambio de perspectiva consiste el progreso moral perceptible en Hombre. Otra cosa es el disfrute sin fisuras -que está garantizado- de todo este tebeo en cuanto tebeo.


sábado, 28 de septiembre de 2013

Filosofía en cómic. El Príncipe



Herder es una editorial prestigiosa, con más de cien años de antigüedad, especializada en la publicación de obras de filosofía, teología, psicología, sociología... La primera Historia de la Filosofía que me compré -tenía yo dieciséis años y aún la conservo (la pagó mi padre, claro)- fue la de Johannes Hirschberger, en dos volúmenes, de la casa Herder.

Lo curioso e interesante a la vez es que Herder cuenta entre sus colecciones con una rotulada así: Manga. Y está dedicada a ofrecer obras clásicas sobre todo de filosofía en versión de cómic japonés. Cabe señalar, a modo de información, que manga es la palabra que en Japón utilizan para designar nuestro tebeo o cómic, sin más. En sí mismo, pues, el manga es tan abierto y tan rico en posibilidades narrativas, temáticas y gráficas como lo son los tebeos occidentales.

De momento, esta colección de Herder Editorial cuenta con cuatro títulos fundamentales de sendos filósofos: Así habló Zaratustra, de Nietzsche; El contrato social, de Rousseau; El príncipe, de Maquiavelo, y El Capital, de Marx. También, en la misma colección, se encuentra La divina comedia, de Dante y El arte de la guerra, de Sun Tzu.

El precio de estos volúmenes es increíble: 9,80 euros cada uno, excepto el de Marx, que cuesta 14,90 euros. El IVA está incluido.

No he tenido todavía ocasión de leer ninguno. Cuando lo haga, lo comentaré.


28.09.2013

En 1513 Maquiavelo escribió uno de los tratados de política más influyentes de la Historia: El príncipe. No se publicó hasta 1531, es decir, a título póstumo. Con todo, este año se conmemora el quinto centenario de esta obra.

Aprovechando la efemérides, este mismo año se ha publicado en España, traducida, una novela gráfica que SmarterComics, de Palo Alto, publicó en 2011: El Príncipe (The Prince).


El motivo principal de la obra de Maquiavelo es el poder del gobernante individual, su consecución y su mantenimiento. Es muy diferente, entonces, de aquella otra obra de filosofía política también muy influyente: El contrato social, de Rousseau. Mientras que esta última pone énfasis en el poder de la ciudadanía que se manifiesta como 'voluntad general', El príncipe da recetas al gobernante para preservar el poder por el poder mismo. Es por esto que se le atribuye a Maquiavelo la frase: "El fin justifica los medios", siendo aquí el fin el poder nada más, desligado de cualquier otra consideración.

Sin necesidad de extraer simplificadamente conclusiones del tipo "El príncipe es el libro de cabecera de los políticos de un espectro, mientras que El contrato social inspira más a los del signo contrario", es cierto que el libro de Maquiavelo se presta muy bien a concebir argumentos narrativos basados en el ansia de poder a costa de cualquier precio, saltándose lealtades personales y objetivos de interés general y en beneficio del acrecentamiento de lo propio o del beneficio particular.


Así, la novela gráfica El príncipe cuenta una dura historia de ambición y deslealtad entre personajes. La narración se articula tomando textos sacados sobre todo de títulos de capítulos del libro de Maquiavelo e intercalándolos entre las viñetas del cómic. Predominan las elipsis, lo cual obliga a que el lector esté atento para comprender la historieta.


Como venimos diciendo, el mal es más sugerente que el bien a nivel narrativo.

Quedo pendiente de leer la versión en cómic de El contrato social de Rousseau, uno de los mangas de la editorial Herder que señalé en mi apunte anterior.