Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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miércoles, 26 de noviembre de 2014

1978. La irrupción salvaje del cómic en la literatura

1978 fue el año de publicación en Estados Unidos de Contrato con Dios, de Will Eisner. Esta obra era presentada por su autor como a graphic novel. Y su salida a la luz es considerada ya tópicamente como el nacimiento de eso mismo, es decir, de la novela gráfica. 


Ese mismo año, en febrero, apareció en Francia el primer número de la revista francesa (À Suivre) ((Continuará)). En el artículo editorial de este primer número, Jean-Paul Mougin escribía: 

"Con toda su densidad novelesca, 'À Suivre' será la invasión bárbara de la 'bande dessinée' en la literatura."

Esta declaración de Mougin ha sido también traducida como "La irrupción salvaje del cómic en la literatura" y encierra en sí misma un manifiesto. 

El Sumario de este primer número de (À Suivre) lo encabezaba "Le Pays Clos", con guión de Jean-Claude Forest y dibujos de JacquesTardi, anunciado como primer capítulo de Ici Même. Esta primera entrega, junto a las doce que siguieron consecutivamente en sendos números de la revista, fueron recopiladas en un solo volumen de unas doscientas páginas que fue publicado en 1979 con ese título: Ici Même

Más abajo en el orden del Sumario de ese primer número de (À Suivre) se ofrecía también "Las linternas rojas", de Hugo Pratt, anunciado como primer capítulo de Corto Maltés en Siberia


No deja de ser una curiosidad cronológica el hecho de que "la irrupción del cómic en la literatura" se produjera a ambos lados del Atlántico en el mismo año, 1978. Con ello se certificaba de una vez la mayoría de edad del tebeo. 

Con todo, puestos a buscar, entre el cómic americano y el cómic europeo se pueden encontrar si se quiere las mismas diferencias que se hallan entre la literatura americana y la literatura europea. Unas diferencias que son cada vez más borrosas en consonancia con la mundialización cultural. 

jueves, 11 de julio de 2013

La novela gráfica de nuevo

Con lo cual, llegamos a lo que venimos diciendo en este hilo. Corto Maltés en Siberia es una novela gráfica como es otra Tintin en el Tíbet. Lo que ocurre es que la expresión "novela gráfica" empezó a usarse asociada a historietas más o menos confesionales, en las que el autor se implica a sí mismo no solo en la exposición sino en el mismo argumento de la trama.

Esta novedad en el mundo del tebeo corresponde a un puñado de dibujantes e historietistas que despuntaron en el underground americano (Justin Green, Robert Crumb, Harvey Pekar, Art Spiegelman), con la muy notable excepción de Will Eisner, que estableció un hilo de continuidad en la historia del cómic no solo al encarnar él mismo el cómic clásico (The Spirit) y el autobiográfico (El soñador; Viaje al corazón de la tormenta; El día que me convertí en profesional), sino también al introducir él la expresión "novela gráfica" en 1978 para presentar su Contrato con Dios. Suele aceptarse que en el cambio de paradigma de Eisner influyó su conocimiento del trabajo de Green y Crumb, de modo que habría sido la mirada underground la que abrió nuevos espacios a la representación.

La presencia del yo, del ello y del superyó del historietista un su obra, con el añadido carácter confesional, ha propiciado un "cómic de autor" en el que el espacio de la ficción lo ocupan a menudo las ansiedades neuróticas del exponente y otros aspectos de su vida. Y como en todo arte, también en el noveno la calidad estética en estas ocasiones la aporta la pericia y el saber hacer del autor. Son los casos que hemos ido viendo: Marjane Satrapi, Alison Bechdel, Craig Thompson, Chester Brown, Frederik Peeters. Ya dijimos en su momento que lo que hace soportable esta tremenda intrusión de la personalidad del autor en su obra es que para nada solicitan autocompasión del lector y menos todavía comercian con la pornografía de los sentímientos. Es un arte difícil, pero es un arte.

Otra forma de aplicar el componente autobiográfico, más en cierto modo vanguardista, la aporta el periodismo gráfico de Joe Sacco, los libros de viajes de Guy Delisle y Alfonso Zapico, también comentados arriba.



Pero puede que la autobiografía sea un elemento suficiente, aunque no necesario de la novela gráfica. Entendámonos, si bien lo dejo para otro post.

12.08.2013

No creo yo que a estas alturas se resuelva el expediente acerca de "la novela gráfica" refiriéndose a ella, sea esta lo que sea, como "tebeo gafapasta" o "cómic gafapasta".


viernes, 19 de octubre de 2012

La mayoría de edad

A grandes rasgos, entonces, según vamos viendo, diferentes tendencias contribuyeron a que el cómic dejara de ser "una cosa de chicos" y adquiriera su definitiva mayoría de edad.

Todo ello tuvo lugar a finales de los cincuenta y en la década de los sesenta pasados, cuando tantas novedades incidieron en la realidad.

En América, el tebeo underground (Crumb, Green) introdujo las libertades temática y narrativa junto con el elemento autobiográfico. El Will Eisner que surgió a partir de Contrato con Dios recogió esta influencia. 

En Europa, por su parte, el proceso fue, por así decir, más literario. Lo veremos. 

La historieta de Oesterheld dio a la aventura un significado humanista, moral, existencialista. En ese sentido, renovó la literatura ilustrada de género. Corto Maltés y Frank Cappa representan un nuevo tipo de héroe surgido de esa renovación. 

martes, 28 de agosto de 2012

El último día en Vietnam

Vamos viendo que la guerra, los conflictos bélicos, son materia propicia para el cómic (lo mismo que para el cine y otras formas de literatura). De hecho, este hilo se inició con motivo de la publicación de Nuevas hazañas bélicas. La última guerra civil española como escenario, también en ¡No pasarán!.

Pero la guerra, los conflictos bélicos, no solamente sirven como escenarios donde representar acciones de tensión y de lucha a muerte. La representación de un entorno bélico puede también servir a propósito para desenmascarar el absurdo, la irracionalidad y el sinsentido de la guerra, de todas las guerras.

Tal parece ser el empeño de Will Eisner en su obra El último día en Vietnam. Una guerra esta, por cierto, la de Vietnam, que cuenta en el imaginario de nuestra generación de un modo prominente como representación del disparate mortal.


Eisner explica en la Introducción a esta obra su larga relación con el ejército de EEUU desde 1942, primero durante la II G. M. como militar y después como civil en Corea y en Vietnam, hasta 1972.

El caso es que la amplia carrera de Eisner como profesional se divide en tres etapas. La primera corresponde a sus años de formación y primeros trabajos como historietista y sobre todo al periodo de The Spirit (1939-1952). La tercera, desde 1978 hasta 2005, año de su muerte, se inicia con la publicación de Contrato con Dios y  culmina con La conspiración. Es el periodo dedicado por Eisner a las novela gráficas, de las que dejó un puñado de títulos magistrales.

Entre una y otra etapa, en el periodo 1952-1977, Will Eisner fundó una empresa dedicada al medio de la ilustración pero alejada de la producción de historietas. Y fue en esos años cuando trabajó como civil para el ejército de EEUU. En concreto, mediante su estrecha colaboración en el diseño y las ilustraciones de la revista castrense PS Magazine, una publicación mensual, tipo comic book, pero dedicada a divulgar entre las tropas el denominado "mantenimiento preventivo".


Y esa colaboración de Eisner en los programas de mantenimiento preventivo fue la que le sirvió para conocer muy de cerca el ámbito militar. Es la fuente, a la vez, que le nutriría de multitud de anécdotas y de peripecias humanas vinculadas a ese ámbito.

El último día en Vietnam consta de seis historietas cortas, la primera de las cuales da título al volumen. Son historietas cortas por su factura, pero en sí mismas encierran seis grandes historias cargadas de humanidad.

Y como decía al principio, estas historias le sirven a Eisner para mostrar el sinsentido de todas las guerras, a partir de una certera caracterización de sus principales actores, el personal militar.

Como siempre, la técnica narrativa de Eisner en esta obra innova de un modo excepcional.


lunes, 23 de julio de 2012

Vida en otro planeta

En 1979, un año después de que Will Eisner publicara Contrato con Dios, sacó a la luz Signal from Space, título inicial que fue cambiado por el ya definitivo Life on another planet, traducido aquí como Vida en otro planeta.


 

La cuestión de si Eisner fue o no el creador de la novela gráfica es un tema controvertido. Hay incluso alguna opinión que apunta la idea de que, sea o no sea original de Eisner la unión de esas dos palabras, la primera novela gráfica en sentido pleno del autor neoyorquino no habría sido Contrato con Dios, sino precisamente Vida en otro planeta. Discusiones son estas no del todo bizantinas, pero en todo caso sí que son específicas de los muy interesados en la historia del arte de la historieta, el noveno arte.

Bajo la apariencia de un relato de ficción científica, Eisner nos presenta en Vida en otro planeta un tablado en el que financieros, políticos, científicos, fanáticos, mafiosos, frustrados, espías y hasta un reconocible dictador africano entrecruzan sus vidas movidos por el afán de poder, la ambición, el deseo, la insatisfacción y, en algún caso, la buena voluntad.


El contexto histórico de este cómic es los finales de los '70, cuando EEUU y la URSS se disputaban la hegemonía mundial pasando por la carrera espacial. Un terreno abonado para las fábulas sociopolíticas trufadas de espías.

No obstante, casi todo lo que aparece en el libro tiene plena actualidad. Por ejemplo, en una de las viñetas el presidente de una corporación económica multinacional dice:

"Harley, ¿tengo que recordarle que la corporación es un gobierno en sí misma?... Mediante nuestras sucursales influimos en la vida económica de 15 naciones... ¡Eso supone una gran responsabilidad para nosotros, y por eso estamos por encima de la política de cualquier país!"

De estar desfasado lo que dice ese personaje, únicamente lo sería en cuanto al número de países influenciados por la corporación en cuestión.

Vida en otro planeta engancha desde el comienzo. La narración entraña una complejidad de situaciones y de personajes que solo la habilidad de Eisner podía presentar con tal maestría y aparente simplicidad. Las innovaciones formales dan pie al repaso de las inclinaciones humanas. Una muestra más del talento de Will Eisner.



martes, 22 de mayo de 2012

Avenida Dropsie

Poco antes de morir, Will Eisner reunió en una trilogía tres de sus obras más emblemáticas de su etapa final como novelista gráfico.


Perfectamente traducidas al español en un volumen calcado del original, dichas tres novelas son: Contrato con Dios, Ansia de vivir y La Avenida Dropsie.

Los tres títulos tienen en común lo que da nombre a la trilogía: La vida en la Avenida Dropsie.

En efecto, la Avenida Dropsie es una amplia calle inventada por Eisner y situada en el Bronx neoyorquino. En realidad, lo único ficticio es el nombre de la avenida, pues lo que se describe aquí es la vida real de ese barrio de Nueva York especialmente en la época de la Depresión y del New Deal de Roosvelt. Aunque bueno, en la tercera novela de la trilogía, Eisner nos cuenta la historia de la avenida y el barrio de Dropsie, desde los holandeses originarios del siglo XVIII hasta los unifamiliares postmodernos de la actualidad, en que renacen los viejos vinos sobre nuevos odres.

El libro es semiautobiográfico. Will Eisner nació en Brooklyn, Nueva York, en el seno de una familia judía y pasó allí su infancia y juventud. (Por otra parte, el origen de la historia que da título al libro entero, Contrato con Dios, es una dura experiencia personal del propio Eisner.) La Avenida Dropsie es un reflejo de las calles, los personajes, los acontecimientos y el ambiente que vivió Eisner en ese entorno predominantemente urbano.

Contrato con Dios ayuda a entender el proceso de formación y transformación de esa gran ciudad. Hay incluso un edificio que es "protagonista" de varias historias: el nº 55 de la avenida Dropsie.

Y es que, de alguna manera, el tema principal de la trilogía es el urbanismo entendido desde sus artífices. Quien dice urbanismo dice política urbana. Corrupción, intereses contrapuestos, mafias y artimañas de promotores.

Pero también prevalece en esta obra de Will Eisner una tremenda humanidad, un fino sentido de la fibra moral de los personajes y un canto encendido a lo que el mismo autor explicita en uno de sus títulos: el ansia de vivir.

Otro de los grandes del tebeo actual, Alan Moore, declaró:

"No hay otro como Will Eisner. No lo hubo antes, y en mis momentos más pesimistas dudo que vuelva a haberlo jamás."

lunes, 21 de mayo de 2012

Contrato con Dios

Cuando Will Eisner contaba con sesenta años cumplidos y tras una vida dedicada a la producción de historietas, dio un vuelco a su carrera mediante la publicación de Contrato con Dios.


Con esta obra, Eisner no solamente revitalizó su propio arte, sino que además le otorgó al cómic la definitiva mayoría de edad. Sin ir más lejos, hay bastante unanimidad en considerar Contrato con Dios como "la primera novela gráfica de la historia". La misma expresión "novela gráfica" (graphic novel)se la debemos al propio Eisner.

Así presenta Will Eisner su Contrato con Dios:

"En 1978, inspirado por la obra de ciertos artistas gráficos experimentales como Otto Nückel, Franz Masereel y Lynd Ward, quienes en los años treinta del siglo XX publicaron novelas serias narradas mediante dibujos a los que no acompañaba ningún texto, intenté realizar una obra importante a través de un medio artístico similar. Intenté inútilmente que una gran editorial diera su apoyo a esta empresa, y para llamar su atención lo llamé "novela gráfica". Se trataba de un compendio de cuatro historias, basadas en mis recuerdos, que tenían lugar en un mismo edificio del Bronx. El título del libro, que tomaba el nombre a su vez del título de la historia principal, se convirtió en Contrato con Dios."

Aunque a Eisner le costó encontrar editor para esta obra, lo cierto es que desde entonces no ha parado de reimprimirse y de ser traducida a diferentes idiomas.

Igualmente, el impacto y la influencia de esta obra de Eisner en los mejores autores de cómics es más que considerable. Por ejemplo, Frank Miller, el autor de Sin City y de 300 ha escrito:

"Contrato con Dios nos mostró a los dibujantes el tremendo potencial del cómic, tan incomprendido y difamado."

Ahí es nada, lectores.