Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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sábado, 21 de julio de 2018

La última curda de Santiago Valenzuela




Nadie le podrá quitar el mérito a Santiago Valenzuela de llevar más de quince años entreteniendo al personal, a los que le seguimos, con sus tebeos adscritos a Las aventuras del Capitán Torrezno.

La última tolada de esta divertida serie se titula precisamente La última curda. Con lo cual Santiago Valenzuela, el autor total (demiurgo, diría yo) de Torrezno y compañía se queda de nuevo con todos nosotros ofreciéndonos, si no de qué, un voluminoso tomo no del todo torrija, pero sí torrezno. Es el décimo volumen de la serie, y según se apunta al final en una viñeta, quizás queden todavía otros dos tomos más para culminarla. De hecho, La última curda se cierra con el anuncio del próximo título: Anamnesis.

La última curda es un libro construido en base a una ausencia. La del propio Torrezno. Y como ocurre en estos casos, dicha ausencia se percibe a través, precisamente, de la presencia de Torrezno en la imaginación del lector, sin el cual no existiría la historia. Algo parecido sucede ante Gus, la serie de Cristophe Blain en la que abundan páginas, historietas enteras, sin que intervenga Gus Flynn; pero es de un modo tal que su ausencia refuerza su presencia.


No es sencillo resumir en pocas líneas el estilo torrezno. Cuando hace ahora tres años terminé de leer Babel, el anterior volumen de Santiago Valenzuela y noveno de la serie Las aventuras del Capitán Torrezno, escribí aquí un post [este], con el título Torrezno interminable, en el que me limité a yuxtaponer aleatoriamente una suerte de vocablos sugeridos por dicho tebeo y por la serie en que se incrusta:
Cerebus, Mayor Fatal, Cosmología, Cháchara, Hallazgo, Lucha, Castizo, Intriga, Gnosis, Tebeo, Poder, Arquitectura, Acción, Micromundo, Memes, Bustos, Técnicos, Biblioteca, Dibujo, Palabra, Ingenio, Alta-Media-Baja Cultura, Diferencia, Repetición...
Donde (y cuando) la geografía es historia (y la historia, geografía). 
Poco más en realidad puedo añadir cuando culmino La última curda. Ante esta portentosa creación de Valenzuela -me refiero a la serie entera- creo que, a la manera del viaje a Itaca, lo que importa es el trayecto mismo, no el final de la historia. Exégetas habrá y hermeneutas que tal vez afronten lecturas comentadas y exposiciones académicas de lo que se cuece en la serie del Capitán Torrezno. Yo me limito de momento a constatar que estamos ante un puro tebeo, quizás tan intraducible como los de la época de TBO bien que se trata, eso sí, de una historieta de la edad adulta. Satisface al lector informado de hoy.

Como es propio de las puras historietas, no es preciso que concluya la serie torreznil para disfrutar de cada una de sus entregas. Aunque fuera inacabada, no por ello sería incompleta. A mi modo de ver, Valenzuela realiza en su serie el espíritu de los tebeos sintetizado en el título de este blog: Mientras tanto, continuará.


sábado, 9 de septiembre de 2017

Cosmografías ucrónicas



Puede ser que la ficción más lograda en cuanto ficción sea aquella que establece un territorio atemporal, una topografía imaginaria, unos mundos paralelos que operan a manera de trasunto verosímil de lo que hay. Y creo que estaremos de acuerdo en que es esta una ficción difícil. Subyugar al lector manteniéndolo firme en su posición y a la vez transportándolo a lugares diversos por su imaginario espacial no es asunto sencillo. 

Se lo comentaba a José Molongui nada más leer Las Murallas de Samaris: esto me recuerda mogollón a la movida de Santiago Valenzuela. Mi impresión se acentuó ante La fiebre de Urbicande y sobre todo al acceder a La Torre. Y se encontró más o menos ratificada con el resto de títulos de la serie de Schuiten-Peeters.

Hay enormes diferencias, desde luego, entre Las ciudades oscuras y Las aventuras del capitán Torrezno, no siendo el casticismo de Valenzuela una diferencia menor, que diría aquel. Pero estas dos series comparten a su vez una importante característica: se trata en ambos casos de ficciones que 'colocan' al lector. Es decir, lo transportan a geografías que no por el hecho de ser imaginarias dejan de ser verosímiles. 


Cuando me referí al Micromundo de Santiago Valenzuela [aquí], distinguí entre dos tipos de autores: los cronistas y los demiurgos. Obviamente, es una clasificación esquemática, pues no existen los tipos puros (son ideales). Y además, lo que importa es cada obra concreta. Pero sí que es una clasificación útil. Tanto en la serie de Schuiten-Peeters como en la de Valenzuela prevalece el aspecto demiúrgico. Otra cosa es que discerniéramos entre una mayor o menor presencia de la crónica en una y otra serie, si bien la conclusión acabaría siendo que se trata de autores que, siendo demiurgos, son también cronistas cada uno a su manera.

Sin embargo, no es tan solo el factor espacial, territorial, geográfico o arquitectónico el que ayuda a 'colocar' al lector de Las ciudades oscuras y de Las aventuras del capitán Torrezno. Por decirlo de algún modo, tanto los dos autores belgas como el historietista donostiarra son maestros en el arte de la ucronía. Sus representaciones concitan diferentes edades de la Historia, aunque sin atenerse estrictamente a ninguna. Afirmar que el factor temporal -como no podría ser por cierto de otro modo en un cómic- es inseparable de las historias dibujadas que nos cuentan ambas series viene a ser una cuestión de Perogrullo. No obstante, el carácter ucrónico de la representación en las mismas destaca como un valor que se añade a lo dibujado y narrado por estos autores.

En el caso de Torrezno, cabe distinguir entre el tiempo de la ciudad, contemporáneo, y el tiempo del Micromundo. Es este último el que destaca por su ucronía. Los tebeos de Las ciudades oscuras, por su parte, son más homogéneos en este sentido.

El extrañamiento producido al lector. Tal sería el fenómeno característico de las cosmografías ucrónicas.


Moebius fue sin duda un maestro en este tipo de representaciones, de manera que no suena exagerado afirmar que buena parte de los dibujantes de cosmografías ucrónicas actuales se inspiran de algún modo en él. Un lugar destacado ocupa aquí también la serie Cerebus, de Dave Sim. No obstante, el asunto se remonta más allá. ¿O no son las historietas de McCay y de Herriman puros ejemplos de representaciones de este tipo? 

El arte del cómic ofrece un sinfín de posibilidades que atañen a la configuración plástica del espacio en sus múltiples relaciones con el tiempo. En eso consiste, me parece, su diferencia específica. Se encuentra de tal modo en su médula, en su raíz, que tiendo a pensar que es lo que ha llevado a Enrique Bordes a caracterizar el Cómic como arquitectura narrativa.


Dejaré para otro día el comentario de esta más que vasta materia. 


miércoles, 19 de agosto de 2015

Torrezno interminable



Pieter Brueghel

Tras la lectura de Babel, novena entrega de la saga de Torrezno escrita y dibujada por Santiago Valenzuela:

Cerebus, Mayor Fatal, Cosmología, Cháchara, Hallazgo, Lucha, Castizo, Intriga, Gnosis, Tebeo, Poder, Arquitectura, Acción, Micromundo, Memes, Bustos, Técnicos, Biblioteca, Dibujo, Palabra, Ingenio, Alta-Media-Baja Cultura, Diferencia, Repetición...

Donde (y cuando) la geografía es historia (y la historia, geografía). 


Lo bueno, si bueno, dos veces bueno.

Y si no, pues no.