Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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jueves, 22 de febrero de 2018

La eficacia de la línea dura: El día 3


El estilo de Cristina Durán como dibujante es tan propio y tan peculiar, tan inconfundible, que basta la mera visión no ya de una viñeta completa, sino de un fragmento solo para identificar a la autora. El suyo es un dibujo cerrado, anguloso, poligonal. De trazo grueso. De línea dura. Pero este estilo de Durán, paradójicamente, se revela sumamente efectivo para expresar emociones y sentimientos, actitudes e ideas. Supongo que la posición de los ojos en cada figura, así como su gestualidad concentrada, minimalista, contribuyen a darle expresión a la imagen. Será una línea dura, pero tierna a la vez.

Esta combinación de trazo duro y emotividad resulta idónea para el lenguaje de cómic, en la medida en que este es un lenguaje estructurado por antagonías constituyentes. Así, el dibujo de Cristina Durán acompañado de la escritura secuenciada de Miguel A. Giner Bou han dado ya como resultado tebeos que, comenzando por Una posibilidad entre mil, cuentan historias que son duras y emotivas a la vez. Y es de ahí, de dicha combinación antagónica, de donde emerge la eficacia artística de su trabajo conjunto. El coloreado amable de Miguel modula la línea dura de Cristina, lo cual probablemente contribuye a la hora de aumentar el alcance efectivo de sus propuestas.


El día 3 es el tomo reciente de Cristina Durán y Miguel A. Giner en lenguaje de cómic. Está basado en el libro Luchando contra el olvido, el largo camino de las víctimas del metro de Valencia (2015), de Laura Ballester, así como en sus artículos de prensa en Levante-EMV. La periodista aparece acreditada como coguionista junto a Miguel A. Giner, responsable este también del color. Los dibujos, obviamente, corren a cargo de Cristina Durán. La obra fue ganadora del Premi Ciutat de Palma de Cómic 2016.

Lo que cuenta El día 3 es la historia de una tragedia y de una ignominia. Y es también la historia de una resistencia ejemplar.

La tragedia ocurrió el 3 de julio de 2006 en el metro de Valencia, pocos días antes de la visita del papa a la ciudad. Un brutal accidente en las vías del suburbano entre dos estaciones provocó 43 fallecidos, 47 heridos graves y un montón de familias destrozadas por el dolor y la ausencia.

La ignominia -la indignidad- fue perpetrada por los responsables políticos del gobierno valenciano -municipal y autonómico- de entonces, del PP, y por los gestores al frente de la empresa FGV. Era cuando Valencia estaba en manos de unos políticos obsesionados con la realización de fastuosos eventos a costa del erario público. Y esa tragedia que acaeció fue negada, o se intentó silenciar y anular, por inconveniente.

La resistencia ejemplar no es otra que la llevada a cabo por los familiares de las víctimas que, constituidos como la asociación AVM3J, estuvieron durante años manifestándose el día 3 de cada mes en el centro de la ciudad ante la indiferencia generalizada de las instituciones y hasta de la ciudadanía, salvo honrosas excepciones en el caso de la sociedad civil. La demanda de los afectados pretendía una seria investigación de las causas del accidente, una depuración de responsabilidades y, last but not least, una reparación moral. En lugar de eso, solo habían encontrado por parte del ejecutivo valenciano chapuza y precipitación por cerrar el caso, desinterés y falta de empatía, imposición de la estrategia del olvido.

Un vuelco inesperado de la situación se produjo en 2013, gracias a un programa de televisión que se hizo cargo de esta historia y la difundió abiertamente. (Los hechos son bien conocidos o están bien divulgados.)


Está claro que, puestos a categorizar, El día 3 se inscribe en el género del cómic periodístico. A este género le sucede un poco lo que a la prosa poética o al periodismo filosófico. Son vistos por muchos como híbridos que al fin no satisfacen ni a los partidarios de uno de los extremos ni a los del otro. No obstante, no dejan de tener su interés. Los periódicos se suceden como las hojas del calendario. Los tebeos duran más. Las noticias en la prensa suelen ser más analíticas, más sincrónicas. Los cómics periodísticos, en cambio, a menudo son más sintéticos, más diacrónicos... Se me ocurre que al final el formato es lo determinante, lo que marca la diferencia. Y en el límite, como dijo aquél: el medio es el mensaje.

Se podrá examinar El día 3 si se quiere desde una perspectiva estrictamente comicológica y dictaminar sobre el resultado. No obstante, yo pienso que los tiros no van por ahí, independientemente de que a mí me parece un buen tebeo. La importancia de El día 3 tiene que ver con su valor para actualizar una historia tristemente clausurada por negligencia humana. Llegó un momento en que la asociación AVM3J recurrió al poder judicial como última esperanza para restablecer la dignidad de los afectados por el accidente. Por tres veces fue archivado o sobreseído el caso. De hecho, el libro se cierra con el dato de que la jueza encargada del sumario decidió archivarlo de nuevo en 2017.

Sin embargo, pocos días después de la presentación en público de El día 3 apareció en la prensa la noticia de que la Audiencia provincial de Valencia ordena reabrir la causa del metro. Puede ser que no haya una relación de causalidad entre ambos hechos, pero sí hay una correlación temporal. Y es esa correlación la que me ha sugerido el título de esta entrada: La eficacia de la línea dura.

Es una dureza diamantina, capaz de afectar a los rostros más insoportablemente duros.


martes, 21 de febrero de 2017

Una posibilidad. El rostro más que humano de la Generación X

Lo bueno que tiene el postergar la lectura de una obra reconocida es que, cuando se produce el contacto, la sensación de hallazgo añadido al placer de su descubrimiento, que permanecían latentes, se dan como aumentados. Sucede también con determinadas películas, ciertos viajes, algunas personas. El placer que proporciona el conocimiento directo de lo que es valioso no caduca ni prescribe.



Así me ha ocurrido ahora a raíz de la publicación por Astiberri de Una posibilidad (2017), un tomo que reúne dos títulos fundamentales en la historia del tebeo español. Me refiero a Una posibilidad entre mil (2009) y La máquina de Efrén (2012), dibujados ambos por Cristina Durán y guionizados por Miguel A. Giner Bou. En este caso concreto me parece a mí, sin embargo, que dicho reparto de papeles es un poco accidental. Tanto Durán como Giner son ilustradores autorizados. Además, las historias que nos cuentan en Una posibilidad reflejan fuertes experiencias vividas por los dos en común. Tan plausible como interesante sería, entonces, mirar cómo habría quedado otro libro con las mismas historias, solo que dibujadas por Miguel A. Giner y guionizadas por Cristina Durán.

Las historias de Laia y de Selam vividas por Cristina y por Migue que alimentan Una posibilidad son tan fuertes y emotivas como reales. Por sí solas trascienden significado por todas partes. Van directas al corazón y al cerebro. Son auténticas historias de héroes en tiempos modernos, vale decir.

Es la acertada transposición de estas historias a lenguaje de cómic lo que las inserta en otro plano, el de la expresión discursiva. Hoy podemos decir que su relevancia artística continúa vigente.



En los primeros números de la revista Cairo, a comienzos de los ochenta pasados, figuraba en portada el subtítulo "El Neotebeo". El anhelo de modernidad de la revista se manifestaba mediante ese rótulo, pero también a través de unos contenidos que conectaban con el mejor cómic, no solo francobelga, del momento. Dibujantes y autores de la reconocida y reconocible línea clara valenciana de entonces (Micharmut, Sento, Daniel Torres, Mique Beltran) figuraban entre los colaboradores de la revista.

La expresión Neotebeo es traducible al francés como Nouvelle Bande Dessinée. Y curiosamente, es ese el nombre que designa el movimiento renovador del cómic practicado por un número de autores, nacidos entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, que irrumpieron en el ámbito de la historieta francesa durante los noventa. La Nouvelle BD amplió los márgenes de la expresión tebeística mediante historietas marcadas por la voz y a menudo presencia de sus realizadores. El Neotebeo (de Cairo) fue anterior a la Nouvelle BD (de L'Association, p. e.). El interés de los nuevos creadores no pasaba ya por la renovación de la línea clara.

Los cómics de Cristina Durán (n. 1970) y Miguel A. Giner Bou (n.1969), valencianos ambos, se encuadran sin duda en el ámbito de la Nouvelle BD. Así lo confirmó en primer lugar Una posibilidad entre mil, un título en el que la huella de David B. y su Epiléptico (L'Ascension du haut mal, 1996-2003) es bien perceptible. Tambien Guy Delisle asoma en La máquina de Efrén. Por decirlo de algún modo, Durán y Giner engancharon de nuevo el tebeo de aquí con la modernidad.



Los lectores de Una posibilidad entre mil y de La máquina de Efrén observarán que la mera exposición de los hechos narrados contiene en sí, sin necesidad de enfatizar, un significado político. No se trata, empero, de textos abiertamente políticos. Las palabras se desgastan por el uso (y el abuso) y hoy, lamentablemente, el lenguaje político se ha desgastado (se confunde a menudo la política con la religión). Permanece no obstante la realidad social. Y esta sigue siendo naturalmente política, más allá de sus categorizaciones. Podemos usar el término 'micropolítica', si se quiere, para referir el estrato conveniente a la realidad de las situaciones vividas por Cristina y por Migue respecto a la experiencia con sus hijas, Laia y Selam. El significado político en este caso viene dado en cuanto los autores proponen, viven y exponen un discurso orientado a superar una situación nefasta dada. Viene a ser la política entendida como sinónimo de civilización. 

He caracterizado arriba el contenido de Una posibilidad como "historias de héroes en tiempos modernos". Si consideramos que Cristina Durán y Miguel A. Giner pueden ser adscritos a la denominada Gen X, podríamos jugar con palabras e ideas tirando de X-Men y de los superhéroes. Pero es un juego tonto, innecesario e inútil. No lo es, en cambio, recalcar que, a través de Una posibilidad entre mil y de La máquina de Efrén, Durán y Giner nos muestran el rostro humano, acaso más que humano, de la Generación X.