La novela gráfica Pagando por ello (2011), del canadiense Chester Brown, no recoge simplemente las "memorias en cómic de un putero", pese a la leyenda de su portada. La autoexposición del autor en esta obra rebasa los límites de la confesionalidad (lo cual, por cierto, suele ser habitual en la literatura confesional) al introducir un discurso de calado político. Brown defiende ante la prostitución en Pagando por ello una postura que reivindica no su regulación, sino su descriminalización y, por ende, su normalización. Obviamente, se refiere a la prostitución entendida como un libre acuerdo entre adultos consentidores que pactan mantener relaciones sexuales a cambio de dinero o beneficio económico. Y en tanto que niega el intervencionismo público en nombre de la libre autonomía individual, el estilo de esta reivindicación conecta con posiciones libertarianas (del libertarianism o liberalismo libertario).
Como es característico en los tebeos de Chester Brown, la parte gráfica de Pagando por ello va seguida de epílogo, apéndices y un amplio cuerpo de notas. En este apartado, Brown explica con claridad su postura, introduce discusiones, perspectivas contrarias, bibliografía... Da muestras en fin de una reflexión rigurosa y documentada.
Ahora, en cuanto al alcance y significación de sus tesis, Chet Brown va más allá con María lloró sobre los pies de Jesús (2016). Pues en esta nueva obra relaciona su concepción libertariana de la prostitución nada menos que con un cristianismo primigenio (prepaulino), auténtico, entendido como religión del amor.
Lo primero que viene a la mente ante la presencia de María lloró... es la obra Génesis, de R. Crumb. Cabe decir mucho acerca de la impronta crumbiana en Chester Brown. Incluso la Introducción de Pagando por ello está escrita y firmada por Crumb. En lo que respecta a María lloró..., Chet Brown es pródigo de nuevo al incluir tras las historias gráficas del libro un Apéndice y numerosas notas explicativas y aclaratorias. Y aunque son diversas las fuentes bibliográficas y gráficas citadas por Brown en el capítulo de Agradecimientos, escribe el autor (p. 190):
"Probablemente Robert Crumb sea el mejor dibujante de cómics del mundo y su GÉNESIS (2009) es su obra maestra. Desde luego es la mejor adaptación de material bíblico que conozco."
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre Génesis y María lloró sobre los pies de Jesús. Mientras Crumb realiza en su Génesis una transliteración a lenguaje de cómic del primer libro de la Biblia (y de La Torá judía o Pentateuco cristiano), sin más -y sin menos-, Brown establece unas tesis en María lloró... a partir de ciertas hipótesis inspiradas en su lectura de los textos sacros y otras fuentes. Esa es la diferencia. Aunque bien podemos añadir que si Crumb visibiliza los contenidos del Génesis representándolos, incluidas las numerosas genealogías que ese libro detalla, Brown visualiza sus propias hipótesis a cuenta de una sola genealogía, la de Jesús (según San Mateo). La sombra de Crumb, como bien sabemos, es larga y ancha.
No es cuestión de destripar en esta entrada el contenido de las hipótesis y tesis de Brown. El placer del lector en directo es insustituible, en especial cuando acompaña al descubrimiento. Sí me gustaría señalar un par de aspectos referidos al autor canadiense que enmarcan al menos mi lectura de esta ficción no ficticia que es María lloró sobre los pies de Jesús.
A pesar de lo sorprendente de las hipótesis que alimentan este cómic de Chet Brown, él se considera una persona religiosa. Más bien espiritualista, acaso. Dice así en el Apéndice de María lloró... (p. 186):
"Sea o no cristiano, lo que sí soy es una persona religiosa. Una persona cuya fe en el materialismo seglar cree que la consciencia nace de la materia, mientras que quienes somos religiosos diríamos que la materia nace de la consciencia."
Es palmario que en este texto hay un error de traducción o de composición, aunque su sentido es claro. No obstante, en una nota posterior (p.262) añade Brown al respecto:
"Hay al menos otra posibilidad: el que la consciencia y la materia hayan coexistido siempre. Si al lector se le ocurre alguna otra, por favor que me lo haga saber."
Se trata, pues, de una opción espiritualista: la consciencia es ontológica y cronológicamente anterior a la materia. Si bien, en mi opinión, el espiritualismo filosófico no tiene por qué implicar necesariamente a Dios (in spite of George Berkeley).
Brown se considera, con todo, religioso en un sentido propio. Dado el contexto cultural occidental, no es extraño que la religión que inspira el posicionamiento de este autor sea el monoteísmo de raíz judeocristiana. Hay de hecho una versión personalizada del cristianismo por parte de Brown. Una versión que le permite compatibilizarlo con su concepción de la prostitución y en el límite con su libertarianismo. Dice así el autor en la p. 185 de María lloró..., lo cual no deja de ser una opinión respetable:
"Normalmente tiene sentido seguir las leyes del país en que se está, pero eso no tiene que ver con Dios. Dios nunca ha pedido que sigamos ley alguna. Él (o ella) nos aconsejó mediante Jesús: cuanto más ames, mejor será tu vida. El mensaje de Jesús es mucho más que eso, claro, pero este es su elemento principal."
Estas son algunas de las tesis de Chet Brown. Para conocer el resto, así como las hipótesis que las sustentan, recomiendo la lectura y disfrute de María lloró sobre los pies de Jesús.
Escribí en otro post, a propósito del Génesis de Crumb:
Suele afirmarse en el ámbito de la música clásica que un buen número de las mejores misas católicas fueron compuestas por un protestante, J. S. Bach. De igual modo, ...
De igual modo, añado ahora, se puede afirmar que un buen número de cómics "americanos" (estadounidenses) están ideados, escritos y dibujados -realizados, en fin- por autores europeos, tanto continentales como británicos. Son tebeos que recogen un imaginario común, compartido, que toma como referentes aspectos de un constructo cultural visualizado a través de novelas, películas, anuncios, televisión, música, etc. Y que permanece como fuente y marco de escenografías adecuadas para diferentes historias.
Por el lado continental, Los desesperados (Les désarmés, 1991, 2010), de Mezzo (Pascal Mesemberg, n. 1960) y Pirus (Michel Pirus, n. 1962) es un buen ejemplo de cómic de factura francesa que bien podría pasar, o así lo parece, por tebeo genuinamente americano. Y no lo digo solo por la localización de la historia en el desierto tejano a unas horas de la frontera con México. Además de ser un thriller muy negro con atracos, disparos, sheriff, matones y elementos de road movie, Los desesperados incluye una interesante revisión, por así decirlo, del mito de la madre americana.
Otro tanto sucede con la serie Pin-up (1994, 2010), de los también franceses Phillippe Berthet (n. 1956) al dibujo y Yann (Yannick le Pennetier, n. 1954) al guion. En este caso, bajo el más puro formato franco belga, el imaginario escenificado por los autores y perfectamente identificable por el lector abarca las batallas del Pacífico durante la segunda guerra mundial, el Hollywood de los años cincuenta, la guerra fría sesentera, Las Vegas... La aparición de personajes históricos reales en algunas tramas aporta verosimilitud a lo narrado, a la vez que introduce sugerencias acerca de los límites entre realidad y ficción.
Por el lado británico, la serie Kane (desde 1993), del inglés Paul Grist (n. 1960), presenta las peripecias de un detective del departamento de policía de New Eden, ciudad ficticia pero reconocible en cuanto se adapta al imaginario específico de las novelas y series americanas del género. Corrupción, traiciones, desencanto y algo de humor son integrados por Grist en el seno de una estética en que resalta su dominio del blanco y negro y de las composiciones de página.
Si a esto se añade la importantísima aportación de directores de cine -y artífices de otras industrias culturales- de origen europeo en la realización de ese constructo al que me refiero, resulta que estamos ante una representación ideal, por no decir ficticia, en la que lo simbólico se alía con lo imaginario hasta el punto de incidir en la configuración de lo real. Eso sí, artísticamente.
Sucede que desde no sé si hace ya cuarenta años Robert Crumb
mantiene una relación estable con su segunda esposa, la señora Crumb, de
soltera Aline Goldsmith, apellidada Kominsky por su porimer matrimonio y hoy Aline Kominsky-Crumb. Juntos tuvieron una hija,
Sophie. Y además está Jesse, hijo del primer matrimonio de Robert. Estos
cuatro, más algún nieto, constituyen la familia Crumb. Bueno, uno de los
núcleos de una extensa familia.
Robert y Aline forman también una pareja de cómic y en
cierto sentido una pareja cómica (un poco a la manera de Spencer Tracy y
Katharine Hepburn en La costilla de Adán), pues el caso es que realizan
juntos historietas a cuatro manos que versan sobre ellos mismos y sobre su
relación común. Ambos se autodibujan y dibujan al otro, se autorreplican y
replican al otro en un juego de imágenes especulares que son discernibles por
el trazo y por las voces diferentes de cada uno. Y es por eso por lo que los
Crumb se autodescriben como "el único matrimonio dibujante del
mundo".
¡Háblame de amor! (Drawn Together, 2011) es un
libro que contiene las historietas realizadas en común por Aline y Robert Crumb
entre 1974 y 2011, con la participación de su hija Sophie en un par de ellas.
Se encuentra en la línea confesional y autobiográfica. Y al recoger treinta y
cinco años largos de experiencia compartida, nos ofrece un contacto directo con
la evolución de una intimidad que se va adaptando a los tiempos, como todas las
intimidades reales.
En 1991 Robert, Aline y Sophie Crumb se trasladaron al sur
de Francia y fijaron allí su residencia. Lo mejor de Drawn Together, en
mi opinión, se encuentra en las historietas correspondientes a la experiencia
francesa, que abarca más o menos desde la segunda mitad del libro hasta el
final. A la mirada que los dos autores tienen sobre sí mismos y sobre "lo
suyo en común", se añade su mirada sobre la vida francesa en un bello
pueblo del sur. La mirada de dos yankees en un chateau provenzal. Una
verdadera delicia, teniendo en cuenta además que la calidad visual y narrativa
de este difícil proyecto va mejorando página a página.
Robert Crumb tiene un talento prodigioso y único para el
dibujo, sin duda no compartido por su esposa (ni por casi nadie más, diría yo; Giraud/Moebius...).
Desde cierta perspectiva, los dibujos de ella aparecen incluso como feos. Y en
este sentido, se ha podido cuestionar el valor y el resultado de ese trabajo en
común, dada la disimilitud visual entre ambos dibujantes.
A mí me parece que no hay que olvidar en qué medio estamos.
El cómic es un arte secuencial en el que la calidad y precisión del dibujo no
es lo determinante. Otros varios factores tales como la narratividad, la
ideación espacial, la representación de lo imaginario y la guionización han de
estar esencialmente compenetrados con el dibujo, pero no es esencial que este
sea de una especial calidad figurativa. Hablamos del noveno arte.
No obstante, siendo la autocrítica uno de los valores
predominantes en Drawn Together, Aline Crumb da a entender desde el
principio que lo suyo no es específicamente el arte del cómic. Y así, en la
última historieta del libro, fechada en 2011, leemos en unas viñetas la
siguiente conversación entre ella y Robert:
A: ...no haré ningún cómic más.
R: Dices eso desde mediados de los 70, por lo menos.
A: Esta vez va en serio. (...) Tengo 63 años. El mes que
viene empezaré a cobrar mi jubilación... ¡Abriré talleres de yoga por todo el
planeta y pintaré el resto de mi vida!
R: No deberías ser tan negativa con tu trabajo en los
cómics, Aline. Eres una buena narradora y tu dibujo tiene algo muy
expresionista. ¿Quién sabe? La Historia puede decidir que eres una artista más
interesante que yo. ¡Nunca se sabe!
A: Como Frida y Diego, el trabajo de ella es mucho más
profundo... Pero eso no me hace querer dibujar cómics. Ya he contado todo lo
que quería contar, lo he sacado de mi sistema. Ya nada me mueve a hacer más.
¡Es demasiado duro!
Como conclusión, yo añado que en ¡Háblame de amor! ella, Aline Kominsky-Crumb, ha cumplido con creces su difícil papel.
03.04.2014
Una descripción que utilizan ya en portada los Crumb para
referir la autoría compartida de ¡Háblame de amor! es: "esa cosa
con dos cabezas". El autor de las historietas que componen el libro es un
sujeto dual, común como lo es un matrimonio. Lo cual lleva a pensar que hay
tres elementos en juego: Robert, Aline y el matrimonio Crumb.
Si nos pusiéramos metafísicos, al establecer las posibles
combinaciones entre estos tres miembros del conjunto Crumb: el marido, la
esposa y "el tercer hombre" surgido de la unión entre ambos (el
matrimonio como una tercera sustancia diferenciada), obtendríamos un número de
relaciones unimembres, bimembres y trimembres. Mas si además añadiésemos las
combinaciones posibles de esas relaciones con sus representaciones en cómic,
nos encontraríamos entonces con una multiplicación abusiva de relaciones y de
entidades en juego. Lo cual, además de especulativo, es completamente
innecesario. Mejor no nos pongamos metafísicos y limitémonos al cómic.
En tanto que confesional y autobiográfico, Drawn
Together trata de ese sujeto común, de dos cabezas, formado por Aline y
Robert. A lo largo de la obra vamos conociendo avatares y vicisitudes de esa
vida compartida, de tal manera que podríamos pensar que lo que se dirime en
este libro es la sustancia del matrimonio Crumb. Sin embargo, los propios
autores -¿el autor común?- van más lejos, apuntan más alto. En una conversación
entre ambos en la historieta "Un par de viejales inmundos y
escabrosos" (1997) dice Aline:
A: Todo esto es más cósmico. No estamos empeñados en una
patética lucha de poderes. Estamos intentando descubrir la esencia de la
relación hombre/mujer de una forma inteligente...
Nada menos que la esencia de la relación hombre/mujer. No es
ya que el matrimonio x persigue dibujando y escribiendo la esencia de
ese mismo matrimonio, sino que lo que se busca es descubrir la esencia
universal de la relación entre el hombre y la mujer. El mecanismo
que mueve la relación entre el yin y el yang. Si esto no es también
metafísico...
04.04.2014
Pero sí que hay algo común, metafísicas aparte, que funciona
en la pareja Crumb.
En sucesivas entradas de este hilo hemos ido viendo cómo
Robert Crumb pone en práctica una concepción del cómic que podemos calificar
como psicoanalítica.
Él mismo utiliza a veces el término "la generación del
yo" para referirse al grupo histórico-cultural al que él pertenece. Se
trataría de un yo en principio alienado, cuyo sentido en la vida no sería otro
que lograr su liberación emancipándose de las coerciones, dando así cabida a la
realización personal. Tales venían a ser el lenguaje, las actitudes y el
propósito de una época, la de la generación del yo, la del propio Crumb. En
otra ocasión consideraremos de qué modo pervive en el presente todo aquello, si
es que pervive, o más bien ha derivado la cosa en entender "la liberación
del yo" no ya como un liberar al yo, sino como un liberarse del yo.
La autoexpresión es una de las vías en ese proceso de
emancipación o liberación. Y uno de los medios adecuados en esa vía es el arte.
La autoexpresión a través del arte. Ahí es donde encajaría Crumb con su dominio
del arte de la historieta. Otros miembros de su generación optaron por otras
vías, la musical por ejemplo. Él lo hizo por la de las representaciones
gráficas, secuenciales o no.
El self, entonces, como sujeto y objeto de la
representación. Y el primer paso en el famoso proceso de liberación consistiría
en el reconocimiento de las obsesiones y compulsiones del propio yo, el
reconocimiento de la propia neurosis. En realidad, más que reconocer, lo que
hizo Robert Crumb fue representar en sus dibujos y en sus viñetas sus
obsesiones y compulsiones. Las cuales, como es bien sabido, eran de naturaleza
manifiestamente sexual. Es decir, nos encontramos con el dibujo y la historieta
como representación de las obsesiones y compulsiones sexuales de Crumb, en la
vía de su liberación personal. El mecanismo de la repetición de lo reprimido es
automático, lo cual explica la insistencia de Crumb en dibujarnos sus
obsesiones. Afortunadamente, su dominio de la historieta en el sentido más
puramente tradicional, como entretenimiento ante todo, junto con su talento
gráfico y visual, convirtieron en arte lo que de otro modo habría sido un historial
más en los archivos de algún psicoanalista.
Pero aunque el arte como medio de sublimación de lo
reprimido puede dar como resultado muy buenas obras artísticas, eso no
garantiza sin embargo el bienestar del artista neurótico. Más concretamente: si
las obsesiones de uno son abiertamente sexuales, ¿qué mejor que intercambiar y
compartir esa sexualidad y esas obsesiones a través de una vida en común? Y es
ahí donde interviene Aline Kominsky en la realización personal de Robert Crumb.
Y viceversa, por supuesto. La sexualidad compartida con
éxito entre un obseso católico de origen con una desinhibida judía también de
origen que a menudo parecen intercambiar sus papeles es una condición quizá no
suficiente, pero sí necesaria para lograr esa buena vida anhelada. Si a ello se
unen el entendimiento, la afabilidad y unas circunstancias favorables, el éxito
está asegurado. La vida en común favorecerá la vida de cada uno y a la vez esa
vida común se alimentará del progresivo bienestar de los dos.
En esta entrevista de 2013 con Santiago Segura, Robert Crumb
se declara un hombre feliz que ha satisfecho satisfactoriamente sus
expectativas en la vida. También afirma que lo mejor de su trabajo son las
historietas dibujadas en común con Aline. Esta afirmación viene a ser, además
de un gran reconocimiento del trabajo de ella, una auténtica prueba de lealtad
y de amor.
Por cierto, en esta entrevista de casi una hora en la que
interviene el público, da la impresión de que Crumb se queda esperando
preguntas "inteligentes e intelectuales", según sus palabras. A mí me
ha sorprendido un poco que una de las escasas preguntas claras del público es
acerca de Mr. Natural, un personaje crumbiano de hace décadas.
05.04.2014
Es también en colaboración con Aline con quien Robert Crumb
lleva hasta el límite el argumento confesional que había estado presente en
tantísimas historias del dibujante desde los años setenta. Así, en la
historieta en común titulada "Progresivo aldeanismo global", de 2004,
leemos en una conversación entre ambos a propósito del famosísimo "Stoned
Agin" ("Colocado de nuevo"):
R: Hablando de la aldea global... Federal Express ha
traído un paquete. Veamos qué es... Oh, es una prueba del "Stoned
Again" que dibujé en los 70. Una compañía americana quiere hacer con ello
un póster gigante.
A: ¡A todos esos inútiles de por aquí que fuman
"sheet" les encantará! [sheet: hachís marroquí de mala calidad que se
encuentra fácilmente en el sur de Francia]
R: No sé, Aline... ¿Dejamos que lo hagan? ¿Contribuirá en
algo de valor a la cultura?
A: No. Creo que ya has contribuido al desastre que vivimos.
Tendrías que hacer un póster que dijera "Mantente sobrio, la fiesta ha
terminado. ¡Olvídate de los 60!"
R: Era joven. Era gamberro. ¡Espero que nuestros hijos no se
estén drogando mientras hablamos!
¡Como si fuéramos buenos ejemplos...! A menudo me pregunto
si mi cerebro está podrido por todas las drogas que tomé en mi juventud...
A: Te entiendo. Yo tengo lagunas. (¡Pobre de mí!)
Como ya digo, con estas palabras se cierra el ciclo
confesional de Robert Crumb. El autor abandonó la historieta para centrarse en
la ilustración. En 2009 publicó Génesis.
En realidad, la sobreexposición de imágenes como recurso
desactivador de lo reprimido es también la clave del trabajo de R. Crumb como
ilustrador del libro del Génesis.
Por otra parte, siquiera una panorámica general de la obra
de Robert Crumb quedaría incompleta sin El gran libro Yum Yum, de 1963.
Se trata de un cuento ilustrado secuencialmente que Crumb escribió, dibujó y
coloreó a los diecinueve años para regalárselo a la que luego sería su primera
esposa, Dana Crumb. No fue publicado hasta 1975 en EE. UU. y, posteriormente,
en 2005 en Francia. Curiosamente es la historia más larga de Crumb y además en
color. Él mismo prologó las dos
ediciones del libro con sendos textos. En el prólogo de la primera edición dice
Crumb:
"... cuando escribí esta historia tenía diecinueve
años y aún era virgen... Hoy tengo treinta y el resultado me parece algo
inmaduro y adolescente."
Treinta años después, en el prólogo de la edición francesa
escribía Crumb:
"... cuando lo releo constato que a los diecinueve
años ya era un virtuoso del comic-book, capaz de construir una historia en este
registro, de dibujar de manera coherente, con un sentido agudo del color, pero
me sigue pareciendo muy inmaduro y adolescente."
Es la opinión del autor.
El gran libro Yum Yum es anterior a la explosión del
ácido, los hippies y las flores de San Francisco (el "verano del
amor" fue en 1967). No obstante, su colorido y la composición de las
viñetas anticipan aquella estética californiana. Aunque es evidente, por otro
lado, que este libro participa de la sofisticación beatnik propia de
1963. Es un cuento maravilloso que, pese a su argumento, no deja de tener los
pies en la tierra.
A la hora de admitir que The Yum Yum Book contiene ya
en sí elementos que luego serían desarrollados por Crumb en otras obras suyas,
yo destacaría dos de esos elementos.
En primer lugar, una constante de Crumb: la mujer enorme,
inmensa, natural, inocente; aunque también es vista por el sujeto como mujer
amenazante, acaso devoradora, castradora. No está de más indicar que Yum Yum en
castellano es Ñam Ñam, con lo que vemos que el sujeto protagonista se inclina
ante su objeto de deseo aunque este quiera literalmente deglutirlo. Con el paso
del tiempo se iría viendo la importancia de esta compleja representación en el
imaginario de Crumb.
En segundo lugar, el protagonista de Yum Yum es un
pequeño sapo que vive en un ciudad habitada por otros animales antropomorfos.
Además del gato Fritz, son otros muchos los crumbtoons (Andrea Avestruz, Perro
Sarnoso, Gato Apestoso, Cerda Patricia, etcétera) que pueblan muchas de las
historietas de Crumb. Él mismo confiesa a menudo que una de sus grandes
influencias de la infancia fue el Pato Donald. Si bien el genio de Crumb supo
darle la vuelta a las historias protagonizadas por animales antropomorfos,
dando a entender que Walt Disney no era la última palabra en este respecto.
Suele afirmarse en el ámbito de la música clásica que un
buen número de las mejores misas católicas fueron compuestas por un
protestante, J. S. Bach. De igual modo, podría acabar aceptándose que, en el
ámbito de la ilustración, una de las mejores y más fieles plasmaciones del
Génesis, el libro fundacional de las tres religiones monoteístas
predominantes, se debe a la pluma de Robert Crumb, un autor que hasta ahora con
lo que menos podría ser identificado es con las versiones formales de las religiones
del libro.
Nos estamos
refiriendo a Robert Crumb's The Book of Genesis (2009).
Lo que acomete R. Crumb en Génesis, el título en español
de esta obra, es un trabajo en cierto modo titánico. Es nada menos que una
transliteración ilustrada, fidelísimamente, de los cincuenta capítulos de que
consta "El Génesis", el primer libro de la Torá, del Pentateuco, de
nuestra Biblia.
Hablamos de Crumb, es decir, de uno de los padres fundadores
de la mirada underground que renovó sin miramientos el lenguaje del
cómic a partir de los años sesenta del pasado siglo. Y hablamos del Génesis,
una de las fuentes de todas las fuentes. La combinación de estos dos elementos
puede parecer chocante, pero no lo es en absoluto. R. Crumb es un defensor del
naturalismo, un tanto manierista si se quiere. Y si algo es propio de la
literatura del Génesis es precisamente lo mismo, un naturalismo aquí
exageradamente manierista. Es como si este primer libro sagrado de nuestra
historia hubiera estado esperando a que la plumilla de Crumb desvelara sus
secretos al gran público.
13.05.2013
Lo que convierte Génesis, de Robert Crumb, en una
obra absolutamente singular es que se trata de una ilustración completa del
libro completo del Génesis. Como el mismo Crumb afirma en la Introducción:
... he intentado lo mejor que he podido reproducir todas
y cada una de las palabras del texto original, extraído de diversas
fuentes...
Y de hecho, en la página de créditos de la edición
castellana de este Génesis de Crumb se nos indica:
Para la traducción de este libro se ha llevado a cabo una
adaptación libre de la traducción del hebreo del Génesis realizada por Eloíno
Nácar Fuster y Alberto Colunga.
He ido a buscar mi ejemplar de la Biblia
"Nácar-Colunga" que me regaló mi padre en su momento y es cierto.
Prácticamente coinciden ambos textos desde la primera hasta la última palabra.
Lo cual significa que leer Génesis de Crumb es una manera de leer
íntegramente el libro "Génesis" de la Biblia.
Y eso es lo que más sorprende de esta obra maestra de Crumb.
Dejo como muestra el episodio de las hijas de Lot (Gén. 19,
31-36):
18.05.2013
A veces la mejor manera de sacar a la luz lo que un libro,
sea o no sagrado, esconde es simplemente reescribirlo tal cual. Máxime si el
libro en cuestión ha sido de difícil acceso durante siglos, como es el caso del
Génesis.
La reescritura del Génesis por parte de Crumb es una transposición: del lenguaje alfabético
al lenguaje icónico. Nunca se había realizado de un modo tan completo.
Este planteamiento secular del Génesis que ha consistido en
ocultar lo visible, junto con la estrategia de Crumb que consiste en mostrar lo
evidente, recuerdan un poco el misterio
de "La carta robada", ese relato genial que escribió Edgar Allan Poe.
También son interesantes las notas a cada capítulo con que
el propio Crumb enriquece su obra al final del libro. En ellas ofrece, entre
otras cosas, una lectura que atenúa la clásica visión del Génesis y de la
cultura a la que éste pertenece en términos de patriarcado. Crumb aporta
curiosos apuntes acerca de la filiación matrilineal que pudiera haber estado
presente en las genealogías descritas en el libro. Y con ello el historietista
desvela una complicidad con el discurso femenino que va más allá de los tópicos
al uso que a menudo le reprochan muchas feministas. Mis problemas con las
mujeres es uno de los títulos bien conocidos de Crumb. Pero nunca nadie ha
dicho que las relaciones con las mujeres fuera una tarea sencilla para los
hombres. Lo mismo que sucede al contrario.