Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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martes, 19 de diciembre de 2017

Le petit peuple. Poética política


No hace mucho cayó en mis manos un tebeo traducido y publicado aquí en 2015 (Edicions De Ponent), aunque remite nada menos que a 1972, año de su aparición como serie en Francia en la revista Pilote (su edición en formato álbum B/N es de 1976, seguida en 1986 por la versión en color). Se trata de Rumores sobre el Rouergue, primera historieta larga dibujada por Jacques Tardi sobre un guion de Pierre Christin. Cuarenta años o así tardó en llegar la edición española. 


Pero, como suele decirse, nunca es tarde si la dicha es buena. Rumores sobre el Rouergue se nos presenta como un tebeo del mayor interés por diferentes razones, que giran sobre todo en torno a quiénes son sus autores, Tardi y Christin, y cuál fue el momento de su realización, el postsesentayocho.

El contenido político del relato es lo primero que destaca en Rumores; la política ocupa aquí el primer grado de la narración. Jacques Tardi (n. 1946) y Pierre Christin (n. 1938) trazaron en esta obra un punto de cruce relativamente temprano en sus respectivas -y dilatadas- carreras. Me parece que no han vuelto a colaborar, al menos en BD. Pero la impronta política permanece en las obras de ambos de un  modo indeleble, con las oportunas diferencias en uno y en otro.

Hay, con todo, un como segundo grado de la narración que le confiere al relato político de Rumores sobre el Rouergue un significado peculiar. Me refiero a la presencia activa en esta obra del Petit Peuple, una pluralidad de humanoides compuesta por seres fantásticos tales como gnomos, hadas, elfos, hombres-lobo, mujeres-pájaro... [véase este enlace]. Y la peculiaridad estriba en que este grupo de criaturas áureas, que alimentaron el imaginario poético de una generación marcada por la política no solo de ficción, desempeña en la obra el papel de sujeto político antagonista, rebelde ante la lógica de la dominación del progreso y el capital, unido contra la inevitabilidad de la explotación del hombre por el hombre, etc.

La semántica del petit peuple abarca también al pueblo llano, o mejor, a la plebe que no se configura tanto como pueblo singular, sino más bien como suma de individualidades libres. Se puede -se pudo- concebir a esta plebe como el nuevo sujeto de la revolución, en sustitución del proletariado homogéneo. Y así lo hacen Tardi y Christin. Pero es esta una revolución que, en el relato, adquiere un alcance más poético que científico (en el sentido de la ciencia social). Más cosa de libertarios o de anarcos que de persistentes marxistas.

A fin de cuentas, el anhelo de encontrar la playa debajo de los adoquines encontró en el cómic un medio de expresión yo diría que idóneo. La poética de este medio permitió conjugar entonces lo fantástico y lo político, lo social y lo imaginario, lo simbólico y lo real.


Estos planteamientos poeticopolíticos pudieron estar alimentados por el predominio de la sincronía (de la mirada sincrónica) sobre la diacronía, o de lo estructural sobre lo histórico, tan de aquella época (los sesenta y setenta pasados). Desde luego, este tipo de movida se quedó en el camino. La poética del petit peuple se trasladó a la fantasía heroica, a los juegos de rol y otras áreas similares. La política, sin más, se ha como desvanecido disuelta en los entornos mediáticos. A cambio de qué. La historia efectiva, al cabo, ya parece formar parte de otra historia que es ajena a lo que hay.

Rumores sobre el Rouergue da cuenta precisa de un momento también preciso. Es lo propio de cualquier manifestación cultural. En el campo de la historieta, otros autores más jovenes coincidieron de algún modo con la poética sugerida por este tebeo. Se me ocurre, entre nosotros, el nombre del Max más setentero y ochentero, junto a su faceta o etapa más afín a Tardi y a su personal representación del Petit Peuple.

Y de otros, en fin, seguiremos hablando.



domingo, 22 de octubre de 2017

El árabe del futuro 3


En la tercera entrega de El árabe del futuro, Riad Sattouf  prosigue con la narración cronológica de su infancia. Hay que ser muy bueno -como historietista, como narrador- para conseguir centenares de miles de lectores mediante la representación de los primeros años de vida de uno mismo. Y Sattouf lo consigue. Debe de haber algo más que se involucra en el significado de esta historia. Algo más que la estricta narración de unos hechos particulares, privados.

En principio, la vida de cualquiera puede ser interesante para otro si está bien contada. Pero más interesante aún resulta cuando las circunstancias en que se da ese relato permiten proyectar el cariz de una época, sus contradicciones y anhelos, a través de una representación que suscita llamadas a la perspicacia de los fruidores, que son quienes se enriquecen con el relato.

En el caso de El árabe del futuro, las circunstancias que envuelven la historia de Riad Sattouf son las específicas de una infancia dada en un entorno mestizo, árabe y francés -por parte de padre y de madre respectivamente-, si bien desarrollada o vivida en el espacio geográfico del padre. Obviamente, esta circunstancia da mucho juego narrativo, pero también conversacional y hasta ideológico (en la mejor acepción de la palabra). El mestizaje cultural y sus orientaciones es una de las 'grandes cuestiones' que inciden en la consideración del presente y, como tal, es una de las que suscita la lectura de El árabe del futuro.

De poco serviría, sin embargo, el valor ideológico de un cómic si este, en tanto que cómic, no fuera sumamente atractivo o, por decirlo claro, sumamente entretenido. Riad Sattouf posee el don de la narración gráfica que conecta con el mejor espíritu de los tebeos. Hay una "Entrevista con Riad Sattouf" [en este enlace] muy reveladora al respecto. La realizó 'El tio berni' para Entrecomics en 1911, cuando parece que Sattouf estaba empezando con El árabe del futuro. Ante la pregunta sobre el registro en clave de humor elegido por el autor para sus obras conocidas entonces (ahí está, por ejemplo, su trabajo en Charlie Hebdo), Sattouf cuenta el momento en que decidió "hablar de cosas serias pero de una manera divertida". Dice así:
Ahora no soy capaz de dibujar en serio. En francés tenemos un término que es première degrée, primer grado. El primer grado son las cosas muy serias. Yo no soy capaz de hacer eso. Lo intento, pero creo que me queda ridículo. Aunque hay mucha gente que no cree que mis cómics sean graciosos. Es una interpretación.
El cómic, en efecto, es un arte dominado por Riad Sattouf que permite "hablar de cosas serias pero de una manera divertida". Es una de las versiones de la seriedad enmascarada.

Una de esas"cosas serias" que sugiere El árabe del futuro tiene que ver con aquello de las condiciones de posibilidad de una religión civil o laica, republicana. No solo para el ámbito público, sino también para el de la convivencia privada, familiar (no así, en cambio, para el ámbito íntimo, que es cosa de cada cual). Es esta una 'cuestión palpitante', plenamente actual. Compañeros de Sattouf como Joann Sfar (Si Dios existe) y Marjane Satrapi (Persépolis) también la suscitan en lenguaje de cómic.

En la historia de Riad Sattouf es crucial la dialéctica padre/madre. El primer volumen de El árabe del futuro está impregnado por la figura paterna, hasta el punto de que la madre es prácticamente invisible. La visibilización progresiva de ésta durante el segundo tomo y ya completamente explícita en el tercero marca el rumbo de la evolución del relato. La descripción del mundo árabe se va complementando, bajo la mirada crítica de Sattouf, con la del mundo europeo, bretón. Es una mirada  lúcida que emerge de la relación dialéctica establecida entre ambos mundos. Y no deja de tener, en todo caso, una pátina compasiva, acaso en consonancia con una niñez para nada desgraciada.


El desenlace de la historia parece estar claro. Lo que importa, más allá del disfrute del cómic, es su sentido. En algún sitio he leído que finalmente serán cinco las entregas componentes de El árabe del futuro. Si las dos que aún faltan resultan ser tan apasionantes como las tres conocidas, y están tan bien trabadas con la serie como las presentes, podremos decir que nos encontramos ante uno de los grandes novelones gráficos del siglo.

Imagino que nuevos aspectos de Riad Sattouf y de su obra se irán desgranando según vayan apareciendo los volúmenes restantes de El árabe del futuro.


miércoles, 30 de agosto de 2017

Fire!! Los porqués de Peter Bagge


Con la publicación de Fire!!, Peter Bagge reitera su eficacia como historietista genuino, ajeno por completo a las bodas de la seriedad y el aburrimiento ("Cuanto más serio se pone, más divertido resulta", dan ganas de decir). La cosa tiene que ver, sin duda, con su personal dominio del dibujo caricaturesco, sumamente elástico -las figuras curvas de Bagge- y con una narrativa eficaz... por más que sus páginas estén llenas de palabras (se agradecen las cuidadas traducciones realizadas por Hernán Migoya). Peter Bagge "dice cosas". Con dibujos frescos y palabras precisas. En lenguaje de cómic. 

En esta nueva entrega, Bagge repite la fórmula iniciada con La mujer rebelde (2013). Si ahí el contenido del tebeo se centraba en La historia de Margaret Sanger, ahora, en Fire!! (2017), es La historia de Zora Neale Hurston el objeto de su atención (y de la del lector).

Zora Neale Hurston (1891-1960) fue una escritora y antropóloga estadounidense difícil de encasillar (ni falta que hace). Su condición vital, unida a las circunstancias de su biografía, le facilitaron un trabajo muy personal en la investigación del folklore sobre todo sureño (y también del Caribe), y un tipo de creación literaria -novelas, relatos, obras teatrales- inseparable de la experiencia y el conocimiento de ese mismo sur.

Zora Hurston formó parte activa del fenómeno conocido como Renacimiento de Harlem. De hecho, Fire!! es el título del primer y único número de una revista publicada en 1926 por un grupo de escritores y artistas que incluía un par de textos -una obrilla de teatro y un relato- de Hurston. (De igual modo, The Woman Rebel es el nombre de una revista-manifiesto de Margaret Sanger que apareció en 1914.) Se trataba de un puñado de inspirados autores deseosos de ofrecer una certera expresión de la vida al margen del puritanismo y sobre todo libre de la mirada inquisidora de los blancos. Son magníficas las páginas que Peter Bagge dedica en Fire!! al  momento fundacional de la revista del mismo título.


Por lo demás, la factura de ambos libros de Peter Bagge, La mujer rebelde y Fire!!, es exactamente la misma. Tanto es así, que no me extrañaría que nos encontrásemos ante una nueva serie de este autor. En cuyo caso, aun a riesgo de incurrir en un abuso de la inducción, los aspectos o elementos comunes en estos dos títulos pueden sugerirnos por dónde irían los tiros si ciertamente estuviésemos ante una serie.

Ambos libros, por ejemplo, cuentan con un apartado escrito por Bagge: "¿Por qué Sanger?", en un caso; "¿Por qué Hurston?", en el otro. Son parte de los porqués del autor.

Margaret Sanger y Zora Neale Hurston son dos mujeres controvertidas. Las dos reciben palos por la izquierda y por la derecha. Fueron fuertemente individualistas. Dueñas de unas vidas propias, coloristas y ricas. Y sobre todo activas. Prescindieron de los estándares preestablecidos para prefijar sus conductas. Y las dos están expuestas, por tanto, a los juicios reprobatorios de los biempensantes, bien sea por un aspecto de lo que hicieron, por el contrario o por todos.

Los dos libros de Peter Bagge, como digo, son formalmente similares. Su contenido material, obviamente, no. Ambos tienen una primera parte, el grueso de la historia, que narra en tebeo momentos puntuales de la vida de la heroína en cuestión; los suficientes para componer un relato  y ofrecer una visión completa o al menos suficiente del personaje. La segunda parte de cada tomo la integra un abundante cuerpo de notas escritas por el propio Bagge, además de fotografías y otro material gráfico ("Quién es quién y qué es qué?", en La mujer rebelde; "Qué, quién, dónde, cuándo y por qué", en Fire!!). En esta sección el autor, siguiendo el orden de las páginas y viñetas de la primera parte, detalla información exhaustiva relativa a la historia narrada... y acerca de los porqués de Peter Bagge.

Esta concepción del tebeo compuesto por una historieta continua seguida de una vasta sección de notas del propio autor recuerda a los trabajos del canadiense Chester Brown. No resulta extraña, entonces, la cita de Brown que aparece en la contracubierta de Fire!!:
"Este libro es fascinante, desde la primera página hasta el final de la sección de notas. (¡En serio, deberiais leer las notas!) No hay nadie que haga cómics biográficos mejor que Peter Bagge."
Hay, sin embargo, una conexión más relevante, por así decir, entre Peter Bagge y Chet Brown que la puramente formal, ateniéndonos a la observación.


Es una conexión de índole política. Un libro de Peter Bagge está titulado aquí así: Todo el mundo es imbécil menos yo y otras agudas observaciones (2009). El tomo recoge historietas de cómic-periodismo escritas y dibujadas por Bagge para la revista Reason, autodefinida como "a libertarian magazine". Es esta, sin duda, la obra más explícitamente política del autor, en la que elabora reportajes gráficos acerca de la guerra, el sexo, el arte, las finanzas, la política estadounidense, etc. Bagge no expone aquí un tratado de filosofía libertaria. Simplemente, además de informar, se autoexpone directa o indirectamente -un tanto a lo periodismo gonzo- a propósito de un buen número de cuestiones de interés público. Y lo hace, como siempre, con lucidez y humor.

No se trata ahora de abordar los matices de la opción libertaria/libertariana. Ni de entrar a considerar si es o no un anarquismo de derechas. Lo cierto es que Peter Bagge y Chester Brown, cada uno a su modo, comparten una posición política que afirma la libertad individual y su corolario, la responsabilidad de cada uno respecto a las propias decisiones. Como tal, es una posición contraria a regulaciones o intervenciones en los asuntos propios, realizadas en nombre de instancias ajenas y más allá de los mínimos razonables que garanticen la vida en común. "La gente es capaz de cuidarse de sí misma". La razonabilidad como criterio político o de la acción pública. Es un criterio, por cierto, que aparece tan razonable como los puntos de vista autorales que muestran los tebeos de Bagge y de Brown.

(Me da en la nariz que un buen puñado de historietistas y artistas gráficos deben de compartir estas actitudes libertari(an)as. Sin embargo, sería magicista -más que metafísico- concluir que tales posiciones y actitudes son algo así como inherentes a la esencia del cómic. No obstante...)


Peter Bagge, en fin, asume esta perspectiva libertaria en Fire!! (lo mismo que en su anterior cómic biográfico y, en cierto modo, en toda su producción empezando por la familia Bradley). Y la resume muy bien cuando, con motivo del desacuerdo de Zora Neale Hurston respecto a la histórica sentencia judicial de 1954 sobre el 'Caso Brown contra Consejo de Educación de Topeka', que daba pie a la escolarización conjunta de estudiantes blancos y negros, recoge entre viñetas y globos esta conversación entre Hurston y una amiga:
--Verás, Zora, leí tu carta al Director criticando el veredicto del juicio Brown vs. el Consejo Escolar.
--Ajá. Parece que todo el mundo la ha leído ya. Ha causado bastante tensión. 
--Pero ¿cómo puedes oponerte a la integración? 
--No me opongo. Me opongo a la integración forzosa... ¡Como también a la segregación impuesta desde el Gobierno!
Palos por la derecha y por la izquierda, entonces. Pese a la razonabilidad de los porqués de esta posición. 


jueves, 24 de agosto de 2017

El arte de Charlie Chan Hock Chye. El arte de Sonny Liew

Uno de los efectos que trae consigo la costumbre de leer habitualmente cómics es que uno acaba por leer cualquier otro texto de cualquier otro tipo como si fuera también un cómic. No solamente las novelas de Philip K. Dick, también cumplidos manuales de geografía urbana o de Historia y hasta, si me apuran, la misma Fenomenología del espíritu, por aquello de la narratividad de estos textos, pueden ser abordados por un lector de tebeos como si fueran tebeos. Eso sí, con la seriedad conveniente a cada caso.

En el límite, percibir la realidad a la manera de un cómic inmenso se inscribiría en el orden de lo patológico, de no tener clara la distinción entre lo real y las maneras de acceder a la realidad, o la diferencia entre el lenguaje y lo significado por él. Y es más o menos pacífico, me parece, que una de las vías de acceso a la realidad la proporcionan las artes, entre otros artificios, a través de sus diversos lenguajes.

(Este efecto al que me refiero no es exclusivo de la lectura de cómics. Se asemeja al producido por el hábito de ver muchas películas de cine o muchas series de televisión, o el de leer abundantes novelas, o el de seguir ciegamente los telediarios. Si no se aplicara la distinción señalada, una fusión entre lo simbólico y lo real derivaría en el peor de los casos en carne de patología, como a veces ocurre. De ahí la importancia del sujeto interpuesto que filtra la información que recibe.) 

Desde la posición del autor -y no solo lector- de tebeos, esta percepción de la realidad según el lenguaje del cómic se traduce cada vez más en la realización efectiva de obras no ficcionales... con todas las matizaciones y reparos inherentes al término 'ficcional'. Es el caso de los cómics de Joe Sacco y el periodismo gráfico, de los tebeos de materia científica como Neurocómic, Logicómix, Pseudociencia y tal, o de las representaciones históricas y biográficas según el lenguaje de la historieta: La guerra civil española, La mujer rebelde, Dr. Uriel, etc.

Sin embargo, el historietista e ilustrador Sonny Liew (n. 1974) le ha dado una vuelta de tuerca a este planteamiento mediante El arte de Charlie Chan Hock Chye (2015, ahora publicado aquí).



El subtítulo que aparece en la coedición española de El arte de Charlie Chan no deja de dar una pista: Una historia de Singapur. En efecto, el cómic de Sonny Liew ofrece una representación de la historia política de aquella república insular situada en el océano Índico.

Pero la vuelta de tuerca de Liew en esta obra, respecto a otros tebeos de índole no ficcional, estriba en la sagacidad con que el artista combina el plano de lo real, el de la no ficción, el de la historia... con el plano de lo simbólico, el de la ficción, el de la historieta.

Chan Hock Chye es el personaje principal del cómic de Sonny Lew. Y es también un dibujante de cómics.

Lo que lleva a cabo Sonny Lew en El arte de Charlie Chan, entonces, es la representación de la historia política de Singapur mediante las historietas de un personaje de cómic creado por el propio Sonny Lew.





De paso, Sonny Liew sintetiza en su cómic la historia del medio (Chan Hock Chye nació -en papel- en 1938, fecha emblemática en este medio). Y todo el tebeo de Liew, por cierto, es un homenaje al mundo del cómic, a su historia (empezando por Osamu Tezuka), a su capacidad para referir con sus propios recursos la realidad, a la pasión que se apodera de los poseídos por este arte.

Es el arte de Sonny Liew.



Hay más cosas en El arte de Charlie Chan Hock Chye, como las sugeridas por este vídeo promocional:

https://vimeo.com/218132635

(Continuará.)


domingo, 6 de agosto de 2017

La gran novela gráfica catalana de Juste de Nin

De las trece novelas gráficas de Lluís Juste de Nin que han visto la luz hasta ahora, diez de ellas fueron publicadas por Edicions De Ponent, lo cual no deja de ser una prueba de la gran valía del malogrado Paco Camarasa Pina (1963-2016) en cuanto editor. Ante empresarios como él, la palabra 'emprendedor' queda pequeña, al menos en la medida en que se asocie esa palabra al mero lucro o ganancia en términos crematísticos. Paco Camarasa apostó fuerte por el arte del tebeo y así lo demuestra el catálogo de su editorial. Al cabo, ni el director ni los autores de Edicions De Ponent se enriquecieron. Fue el arte del cómic el que al fin salió ganando.

El orden temporal de publicación de las trece novelas de Juste de Nin es el siguiente:

2004.- Els Nin. Memòries a llapis d'una família catalana.
2007.- Montecristo 1941.
2008.- El Guepard 1970.
2009.- Barcelona 1931. L'educació sentimental.
2010.- El Quart Poder.
2011.- La Muntanya Màgica.
2012.- La Fira De Les Vanitats.
2013.- La Guerra dels Besavis.
2014.- Rauxa. (La Catalunya Rebel 1925-1931).
2015.- Quan de Tu s'allunya. (De l'ocupació de París a la caça de bruixes).
2016.- Andreu Nin. Seguint les teves passes.
2016.- Itaca. L'Odissea en la Mediterrània de 1936.
2017.- Garbo, l'espia català que enganyà Hitler.

La primera de estas novelas la editó Planeta; la última, ya fallecido Paco Camarasa, Trilita Ediciones. Itaca, por su parte, era un volumen inédito realizado en 2002 hasta que fue publicado por la Societat Cultural Sant Jaume el año en que falleció Camarasa. Las trece están escritas en catalán, si bien Andreu Nin y Garbo se publicaron también en castellano. Llama la atención el hecho de que, a partir de 2007, las novelas de Juste de Nin aparecen a razón de una por año, especialmente si se tiene en cuenta la edad del autor.

Diferentes ordenaciones y subconjuntos, según diferentes criterios -cronológicos y temáticos-, se pueden establecer ante este corpus novelístico. Aunque a mí me parece que la primera novela, Els Nin, sintetiza toda la serie. Hay con todo un universo referencial que se da en todos estos títulos, un universo unificado por un propósito específico de Juste de Nin y conscientemente proyectado en sus obras. Este universo concierne al catalanismo. Y en concreto, a la construcción del Estado que le corresponde, desde esta perspectiva, a una nación milenaria.

Cuando me refiero a la valía de Paco Camarasa como editor, tengo en cuenta por supuesto estos datos. Pero sobresale la impresión de que su olfato artístico y el gusto por los tebeos bien hechos es lo que le llevó a apostar por las novelas en cómic de Juste de Nin. (En justo reconocimiento, el autor dedica Garbo, su última novela, así: "En memoria de Paco Camarasa Pina, editor de tantos sueños en tinta y lápiz. Amigo inolvidable.")

Entrevista de Mercé Miralles al autor recogida en el blog de De Ponent [aquí]

En un post anterior [aquí] me centré en la condición militante de Juste de Nin ("Jo, per dibuixar, necessito defensar o atacar. Dibuixar per dibuixar? No és la meva vocació. Fer d'il.lustrador? Tampoc", declara el autor en la entrevista que enlazo). Pero también indiqué que la vida y la obra de este autor dan para mucho juego hermenéutico. Y así, aun aceptando a pesar de mi escepticismo que tiene poco sentido dibujar por dibujar -igual que leer por leer o escribir por escribir-, opino que, si son el aprendizaje y el goce los que imperan, merece la pena sin pena leer las novelas del autor catalán.


Hay una estrecha conexión entre los términos de la tríada Historia-Novela-Periodismo. Son tres tipos de escritura que comparten, cada una a su modo, el tratamiento de la información. Puede ser que la novela, como se dice a menudo, sea uno de los pecios de la historia. Además, la novela comparte con el periodismo el valor de la noticia. No en vano el significante 'novela' recuerda al francés 'nouvelle' o al italiano 'novella' y comparte raíz con el inglés 'news', cuyo significado es 'noticia' en los tres idiomas. El mismo diccionario de la RAE ha recogido tradicionalmente la siguiente acepción del término 'novela': "Hechos interesantes de la vida real que parecen ficción". En cierto modo, la diferencia entre la historia y el periodismo la proporciona la distancia en el tiempo de los hechos narrados. La novela, por su parte, tiene vía libre para introducir elementos de ficción en el relato, así como para atender requerimientos estéticos a su antojo (al antojo del autor, quiero decir).

Es obvio que Juste de Nin conoce bien los términos de esta tríada y los combina con estilo en sus novelas. Esto es evidente sobre todo en la "trilogía de la prensa" conformada por El Quart poder, Rauxa y Quan de Tu s'allunya. El mundillo del periodismo sirve al autor en estas obras para describir unos relatos novelescos situados respectivamente en Barcelona, París y Nueva York, ciudades perfectamente reconocibles, y de paso proporcionar la visión más o menos tópica, sintetizada por la historia, de los momentos y espacios en que transcurren las narraciones. Pero además, De Nin en estas novelas informa al lector de sucesos históricos tan relevantes como los entresijos de la guerra del Rif y los respectivos exilios de Francesc Macià en los pasados años veinte y de los republicanos catalanes en 1939. La presencia del periodista Pep Pubill en las tres novelas, siquiera como personaje secundario en la primera, le da continuidad a la trilogía.

La información histórica es también patente en la "trilogía del XIX": La Guerra dels Besavis, La Fira de les Vanitats y La Muntanya Màgica. Juste de Nin construye unos relatos novelescos en los marcos de la primera guerra carlista (la primera carlinada), la Barcelona del periodo conocido como la febre d'or y el ambiente modernista y pre-noucentista anterior a la Gran Guerra.

La Barcelona republicana y los conflictos entre cenetistas, faístas, estalinistas, trotskistas y poumistas (Barcelona 1931); la guerra del 36 (Itaca); la Segunda guerra mundial (Garbo); la postguerra franquista (Montecristo 1941); la denominada Transición (El Guepard 1970), son marcos y momentos históricos que sustancian otros relatos de Juste de Nin. Y en algunos casos lo hacen de un modo transversal, abarcando amplios periodos (la historia de Els Nin, particularmente, se inicia en las décadas finales del siglo XVIII y concluye en 2003). Historia y Novela confluyen en todas las obras del autor. Hay también una mayor o menor presencia de información puntual, de cariz periodístico, en unas y otras (Cròniques a llapis, denomina De Nin sus novelas).

El puzle o tapiz histórico que compone el conjunto de las novelas de Juste de Nin ofrece una información histórica muy pertinente. Esto del catalanismo y sus pretensiones no es cosa de hace cuatro días. Quizás fuera conveniente traducir al español esas novelas. Y divulgarlas. Se enriquecería con ello la conversación política pública, pero también la privada.



Las Crónicas a lápiz de Juste de Nin se inscriben de pleno en el seno de la literatura gráfica. También manifiestan algunas de ellas una evidente querencia del autor por la literatura sin más. Seis de sus novelas gráficas adoptan en su título y estructura sendas novelas de Dumas, Lampedusa, Flaubert, Maupassant, Mann y Thackeray. Una séptima novela gráfica de De Nin, Itaca, remite directamente a La Odisea de Homero. El autor utiliza libremente los modelos escogidos, adaptándolos con seriedad a sus personales guiones (o al revés, adaptando sus personales guiones a los modelos literarios escogidos). Se revela en cualquier caso que De Nin es muy buen lector.

El quehacer novelesco, imaginativo, se manifiesta también en las obras de De Nin mediante la creación de personajes. Grandes tipos de ficción como Boixader, Mariona Bosch, la Bequi, Pep Pubill, y un largo etcétera, se combinan con otros personajes reales en sus relatos. Nada desdeñable es tampoco esa ficción del autor titulada The Mutations of the Monster, un libro de Mariona Bosch que sería magnífico que existiese en la vida real...

Pero bueno. Hablar de literatura gráfica no es otra cosa que hablar de cómic. Y a fin de cuentas, el motivo de esta entrada es Lluís Juste de Nin en tanto que autor de cómic. Cabe valorar sus tebeos en cuanto tebeos. Su dibujo recuerda a Tardi. Pero el arte del cómic no consiste en dibujos sin más, aunque pueda estar compuesto en ocasiones por dibujos sin palabras ni onomatopeyas. El cómic es un medio específico que tiene un lenguaje propio. Recrea un movimiento secuencial, dinámico, mediante imágenes estáticas. Ese es su logro. Los tebeos de Juste de Nin son pura narratividad (storytelling) gráfica. Puro lenguaje de cómic. Así lo vería Camarasa cuando apostó por él. Así lo vemos nosotros o al menos yo.

Es inevitable al comentar las novelas gráficas de Juste de Nin reparar en los Episodios nacionales de Pérez Galdós. Pero entrar en este asunto convertiría este post en una historia interminable. Terminaré, sin embargo, copiando una cita de Tierno Galván que recoge la Wiki [aquí]. Solo hay que sustituir los términos adecuados para aplicar este texto a la novelística de Juste de Nin.
"En el mundo imaginario de Galdós los españoles que leen se instalan y sienten a gusto en él por el poder mágico del lenguaje y lo que el lenguaje arrastra del inconsciente colectivo, no poqrue se vean retratados en los personajes que pueblan los Episodios Nacionales. No obstante, la interpretación, a través de la novela, de la historia contemporánea de España, la hizo Galdós ateniéndose con sorprendente veracidad a los acontecimientos históricos en cuanto tales."

martes, 27 de junio de 2017

La bola de cristal de Miguel Brieva

No es difícil imaginar a Miguel Brieva entre sus 10 y 14 años de edad viendo un sábado por la mañana en la tele el programa La bola de cristal. Eran los ochenta del siglo pasado y aún era posible el prodigio en la televisión (la verdad es que no sé si lo seguirá siendo). El asunto de La bola, dirigido por Lolo Rico, consistía en ofrecer en ese medio una síntesis de representación gozosa y discurso liberador, o cuanto menos reflexionante, bajo un disfraz de entretenimiento aparentemente infantil.

El caso es que los tebeos de Miguel Brieva participan hoy en día de ese mismo tipo de prodigio aunque sea en otro medio, el comicográfico, abiertamente ahora dirigido a los adultos o, mejor, para todos los públicos (como a fin de cuentas ocurría con La bola de cristal de la tele).

Las bolas de cristal en general son traslúcidas y transparentes. La gráfica y los textos de Brieva también.



Todo esto viene a cuento de La gran aventura humana, el reciente artefacto en tebeo de Miguel Brieva, cuyo subtítulo es Pasado, presente y futuro del mono desnudo. Se trata de una recopilación de viñetas e ilustraciones del autor -aparecidas en los últimos años en diferentes medios- que operan como ladrillos cuya argamasa aglutinadora es la propia escritura de Brieva, compuesta esta por un montón de pastillas o píldoras presentadas a manera de aforismos, pensamientos, chistes, breves relatos, ocurrencias... todo un arsenal de recursos al estilo de la literatura fragmentaria.

Pero no es una literatura en plan ars gratia artis ("el arte por el arte"). En La gran aventura humana, igual que sucede en los restantes libros de Brieva, hay una gran cantidad de referencias filosóficas en su discurso. Se percibe de inmediato, además, que dichas referencias están ordenadas y orientadas en un sentido, el cual no es otro que la apuesta por la razón y la razonabilidad como marcas distintivas de una vida buena. Dicho sentido configura una agenda que incluye el anticapitalismo y el decrecimiento, la cooperación, el cuidado mutuo y de sí, el respeto a la naturaleza, la democracia directa, la renta básica, la cultura compartida... Un sentido, pues, claramente militante a favor de una vida emancipada y libre. (En otro post [aquí] saqué a colación el 15M a propósito de Lo que (me) está pasando, la novela gráfica de Miguel Brieva.)

No estamos entonces ante unos ejercicios de filosofía académica, sino más bien ante un exponente de filosofía mundana (en el mejor sentido que Kant dio a ambas expresiones, filosofía académica y filosofía mundana), presentada con el buen humor tan característico del lenguaje de los tebeos.



Entre las fuentes intelectuales y morales de Miguel Brieva se encuentra de un modo reconocido y reconocible, junto a autores como Agustín García Calvo, Sánchez Ferlosio, Ramón Fernández Durán y otros, el filósofo Santiago Alba Rico. Este escritor y ensayista político, además de ser hijo de Lolo Rico, directora de La bola de cristal, fue guionista de Los electroduendes, primera parte o sección de aquel programa, una sección dirigida en principio a la infancia. ¿Recuerdan? "¡Viva el mal! ¡Viva el capital!" era el lema de la Bruja Avería (y el título de uno de los libros de Alba Rico).

Otro de los guionistas de La bola de cristal fue el también filósofo Carlos Fernández Liria, profesor de la Complutense y coautor, con el Grupo Pandora, de un manual de la malograda asignatura Educación para la Ciudadanía junto a otro de la también extinta -en virtud de la LOMCE- Filosofía y Ciudadanía. Ambos libros de texto están ilustrados precisamente por Miguel Brieva.

Las fuentes gráficas de Brieva, como puedan ser Robert Crumb y Moebius, incluso El Roto, son también coherentes con esa perspectiva liberadora que caracteriza su obra; si bien está claro que en el caso de estos autores no podemos disociar su discurso de su apartado significante (gráfico).

Pero bueno, en esta entrada solo quería referirme a La bola de cristal de Miguel Brieva.



viernes, 19 de mayo de 2017

La balada del norte 2


Parece que al final serán tres los tomos que integrarán La balada del norte. Y Alfonso Zapico nos deja de nuevo con la miel en la boca tras el segundo volumen de esta más que acertada novela gráfica. 

Nos deja la miel en la boca, pero es una miel dulce y amarga a la vez. 

La amargura, que es más que amargor, procede no solo del hecho de saber, igual que ante el relato del Titanic, cómo termina la historia. Estremece en este segundo tomo de La balada del norte la morosidad (y belleza) con que Zapico describe -escribe y dibuja- situaciones domésticas, íntimas, al socaire de la revolución... junto a la manera en que se va percibiendo el fracaso de la misma, claramente visible con la llegada de las fuerzas Regulares a Oviedo... y lo que se avecina e intuye el lector. (La intervención de las tropas africanas -legionarios y regulares- en la represión de la Comuna asturiana de 1934, dirigidas por los generales Franco y Goded, ayuda a entender el inicio, desarrollo y desenlace de la guerra del 36.)

La dulzura, bien que triste, del segundo volumen de La balada del norte la proporciona el arte de Alfonso Zapico y su habilidad para convocar la emoción del lector mientras cuenta un haz de historias que entrelazan épica, lírica y drama en el marco de la Historia.

Se va comprendiendo mejor la elección del título.


lunes, 15 de mayo de 2017

Arte y picana (Sobre 'Pinturas de Guerra')

No sé yo si es posible un cómic no narrativo (o posnarrativo), esto es, si esa posibilidad no encerrará una contradicción en sus términos y por tanto su existencia como tal ha de ser imposible. En cualquier caso, es este un debate para nada excluyente que, siendo de lo más interesante, pierde fuelle ante Pinturas de Guerra, una novela gráfica escrita y dibujada por Ángel de la Calle (n. 1958) y publicada en la primavera en que estamos. Dejaremos lo de la historieta posnarrativa, entonces, para otra ocasión. Porque narrativa gráfica es ante todo Pinturas de Guerra.

No obstante, en el corazón de esta novela hay un posicionamiento acerca de la naturaleza del arte que tal vez conecta con aquel debate acerca de la superación de la narratividad (el storytelling) como inherente al lenguaje del cómic; una conexión que, de darse, remite a una conversación entre ambas partes plagada de elementos comunes, independientemente de sus respectivas conclusiones.



Pinturas de Guerra se centra en un momento de la historia del arte contemporáneo en el que el informalismo derivó en arte conceptual y, más allá de las instalaciones, en un cúmulo de actuaciones de artistas comprometidos políticamente y deseosos de innovar sacando el arte de los museos. El arte entendido como acción política. El posicionamiento a que me acabo de referir, entonces, es el que llevó a una generación de jóvenes artistas desde el rechazo del realismo social, propugnado por los informalistas y el expresionismo abstracto, hasta la aceptación del compromiso político como única vía artística y auténticamente seria de transformación de la sociedad. La revolución cubana fue el detonante que puso en marcha (o reactivó) el giro realista y el compromiso político de un arte consagrado al servicio de la revolución. La actividad de los situacionistas y el mayo del sesenta y ocho influyeron también decisivamente, adaptando el compromiso a los nuevos tiempos. 

Ciertas fuentes, por cierto, relacionan el auge (la moda) del expresionismo abstracto con la manipulación que un Nelson Rockefeller y hasta la CIA ejercieron al influir activamente de múltiples maneras -a través de publicaciones, mediante instituciones artísticas- en contra del realismo socialista y a favor de aquel arte moderno descrito, en palabras de Rockefeller, como "la pintura de la libre empresa". (Esto no es teoría de la conspiración, aunque lo parezca; hoy sabemos que la CIA se interesó seriamente incluso por la actividad intelectual de los filósofos y estructuralistas franceses.)

En el ámbito del cómic, dos de esas fuentes que digo son, por un lado, Âme Rouge, el tercer álbum de Blacksad (de Díaz Canales y Guarnido) y, por otro lado, Bête Noire, tercera 'graphic novel' de la serie Grandville (de Bryan Talbot). Rockefeller y la CIA implicados políticamente en la trama del arte del siglo XX. 



La novela de Ángel de la Calle da cuenta del autorrealismo, una efímera y casi desconocida intervención de arte en la calle que se dio en París a finales de los años setenta o primeros ochenta del siglo pasado, protagonizada por unos pocos artistas latinoamericanos exiliados y supervivientes de los infiernos de las dictaduras del Cono Sur.

Pero Pinturas de Guerra no es un tratado de historia del arte. Es, ya lo hemos dicho, una novela gráfica.



La picana eléctrica es un instrumento de tortura utilizado por la policía política de diferentes países de Latinoamérica (Chile, Uruguay, Argentina) durante los regímenes de las dictaduras militares instauradas a fuego y a sangre en aquellos territorios, no del todo ajenos al nuestro, en los años de plomo del dominio de los generales. Fueron muchos y terribles los procedimientos vejatorios infligidos a los detenidos por los torturadores, algunos de ellos de una crueldad espantosa. La picana simboliza el horror de aquel periodo abominable. Permanece impune la ausencia de los desaparecidos.

Ángel de la Calle ha tejido con estos y otros mimbres Pinturas de Guerra. La obra podría haber sido Poemas de Guerra (Juan Gelman), Canciones de Guerra (Víctor Jara), Tebeos de Guerra (H. G. Oesterheld)... El autor ha elegido a los pintores, en particular autorrealistas, para configurar su novela. El alcance de la misma trasciende obviamente el marco de la pintura. Deviene literatura gráfica netamente política, bien repleta de significaciones

Los otros mimbres de la novela proceden de la actriz Jean Seberg (icono que llena À bout de souffle, de Godard) y de una proyectada biografía suya. También están Rayuela, de Julio Cortázar (el París de La Maga) y El hombre en el castillo, de Philip K. Dick (los giros que auspicia el I Ching, la novela dentro de la novela), presentes sobre todo en la arquitectura narrativa de la obra (Pinturas de guerra es así, también, una especie de metanovela). Intervienen o aparecen en la historia un montón de personajes, unos con su nombre real (Juan Goytisolo, Guy Debord, Alberto Cardín...), otros con nombre inventado (aunque con su correspondencia real) y otros, pocos, finalmente ficticios. Hay incluso una autoficción ucrónica (¿Dick?) de Ángel de la Calle. Y un papel destacado de la CIA y de la policía francesa. Pinturas de Guerra no es sin embargo una amalgama abigarrada. Al contrario, sorprende la fluidez narrativa que Ángel de la Calle imprime a tantísima información como la que articula en su obra. 

La sombra -la luz- de Roberto Bolaño es enorme. El realismo visceral de Los detectives salvajes y ese otro dechado de imaginación verdadera que es al cabo La literatura nazi en América me han acompañado en mi lectura de Pinturas de Guerra, magnífica novela gráfica de Ángel de la Calle.

De las condiciones de posibilidad de un tebeo no narrativo hablaremos en otra ocasión.



miércoles, 19 de abril de 2017

El lápiz comprometido de Juste de Nin



Por azar, por inercia o por lo que fuese, empecé a leer la edición en castellano de Garbo, l'espia català que enganyà Hitler (2017), la última novela gráfica de Lluís Juste de Nin. La novela me atrapó de inmediato, pero había algo que no funcionaba bien. Era la traducción. Mi condición de lletraferit detectó pronto numerosos calcos incluso léxicos (p. e., "¡...se llenó de joya!" en vez de "¡...se llenó de alegría!" -joia en catalán-). No obstante, Garbo se encuentra en la eficaz línea gráfica y narrativa que caracteriza la reconstrucción histórica emprendida por Juste de Nin a través del lenguaje del cómic. 

Dicha reconstrucción histórica comenzó a ver la luz en 2004 con la publicación de Els Nin. Memòries a llapis d'una família catalana, un tebeo de más de trescientas páginas en formato álbum BD, en blanco y negro, con reminiscencias acaso de Los Buddenbrook, de Thomas Mann. Son muchos los Nin desde el siglo XVIII y variados (no solo están Andreu, Anaïs y Joaquín). A modo de lema aparece en la contracubierta de Els Nin lo siguiente: La història d'una família és la història d'un país. Y así, mientras Juste de Nin relata avatares de los miembros de su árbol genealógico en la primera parte de este álbum, y de sí mismo en la segunda, va mostrando a grandes trazos la historia del país que los acoge, que no es otro que Cataluña. 

Desde 2007, Juste de Nin viene publicando novelas gráficas, a razón de una por año, a manera de Cròniques a llapis vinculadas a episodios de la historia del país catalán. La última por el momento de estas crónicas es Garbo. El formato novela le permite introducir elementos -personajes- ficticios en la narración. De igual modo, no solamente varios de los títulos de estas crónicas (Montecristo, El Guepard, L'educació Sentimental, La Muntanya Màgica, La Fira de les Vanitats), sino su misma concepción, remiten a otras famosas novelas de la literatura universal. Los escenarios y los hechos históricos que reflejan se encuentran sin embargo plenamente documentados. Catalans: Catalunya! La reconstrucción emprendida con el lápiz por Juste de Nin (aunque no solo con lápices) va conformando una gran novela histórica integrada a su vez por sucesivas novelas gráficas. 



Esta inmensa obra de reconstrucción histórica es palmariamente política. Juste de Nin (n.1945) pertenece a la generación de postguerra que entendió su actividad como compromiso. Él se autodescribe como ninotaire. Y en efecto lo es. Caricaturista. Dibujante. Historietista. Como lo son R. Crumb, Jacques Tardi, Carlos Giménez y otros muchos de su generación. Y Jaume Perich, Fer, Andrés Rábago... Obviamente, el franquismo estableció unas condiciones de posibilidad muy duras, diferenciadas con respecto a lo que sucedía en Europa Occidental (cuando el Telón de Acero) o en EE. UU., por citar un par de ámbitos geográficos. Pero de un modo u otro, la contestación contracultural, política, es una constante que distingue a muchos de los artistas de dicha generación a uno y otro lado del Atlántico.

Juste de Nin es consciente de esta circunstancia cuando insiste en que el París de mayo del 68 evidenció que el grafismo y el dibujo pueden ser armas útiles para la  movilización y denuncia. Desde luego, el chiste político y tal no nació en aquellos años de revuelta (de alguna manera es inseparable de la historia del medio). Pero ciertos factores que influyeron hacia los '60, como la mayor facilidad de la reproducción gráfica, un mayor acceso a la ilustración, la nueva clase media emergente, etcétera, contribuyeron a extender la importancia social del dibujo y el grafismo en general ciertamente comprometidos (pasquines, carteles, pancartas, viñetas de humor gráfico, historietas).

El Zurdo, EZ, Esquerrà, son firmas que aparecían en dibujos de la prensa clandestina en tiempos de Franco. Lluís Juste de Nin era el artífice de tales viñetas. Fiel a su concepción del dibujo entendido como un arma útil, el autor se vinculó al PSUC y puso sus lápices al servicio de la causa antifranquista, prioritaria entonces, en publicaciones como Horta, Lucha Obrera, Mundo Obrero... Notables son sus colaboraciones con el escritor Manuel Vázquez Montalbán en aquella prensa. (Parece ser, por cierto, que la frase "la historia de una familia es la historia de un país" procede de Vázquez Montalbán.)


La actividad clandestina de Juste de Nin tuvo como consecuencia que el autor hubo de renunciar a ejercer como dibujante en la prensa legal de la época. Y así comenzó a trabajar en el mundo de la moda, en la empresa de los Basi, parientes suyos. La firma Armand Basi fue de hecho una propuesta desarrollada por Juste de Nin a partir de 1986. También diseñaría figurines para escenarios y pasarelas. Por otra parte, en 1982, la Generalitat de Catalunya había impulsado una campaña para la normalización de la lengua: El català, cosa de tots. Juste de Nin fue el elegido para dibujar el logo de la campaña, una niña de diez años -la Norma- inspirada en su propia hija, Tània. Fue compaginando así su tarea creativa en el mundo de la moda con su actividad como dibujante y una progresiva concienciación nacional.

En diferentes intervenciones resume el mismo Juste de Nin su trayectoria artística mediante una concisa fórmula: "De la clandestinitat al compromís nacional, passant per la moda".


La vida y la obra de Juste de Nin dan para mucho juego hermenéutico. Igualmente, sería tan sumamente prolijo un informe detallado de sus realizaciones como el comentario de cada una de sus obras, No obstante, hay un hilo conductor en todo ello, algo así como un ánimo constante que se manifiesta en sucesivas cristalizaciones. Es una disposición que, en definitiva, remite a aquella preceptiva clásica que aconseja mezclar lo útil con lo agradable o instruir deleitando (Horacio).

En Juste de Nin, lo hemos visto, esa disposición es inseparable del compromiso político. Habrá acaso intérpretes que debatan acerca de si estamos ante un creador clásico o moderno (una dicotomía esta, la de clásico vs. moderno, casi ya reducida a la esfera de los comerciales). Está claro con todo, o a mí me lo parece, que el arte de Juste de Nin es más de vanguardia. Es un art engagé, vinculado a una causa... En la medida en que aceptásemos que lo que caracteriza al arte moderno es su autonomía (el arte por el arte), el trabajo de Juste de Nin sería entonces o bien premoderno, o bien postmoderno, si bien esta no deja de ser una conclusión incómoda. Mejor tal vez sería considerarlo así, como vanguardista sin más, en el sentido en que el término 'vanguardia' alude a la defensa de un territorio, o de una causa...

Y bueno, Juste de Nin viene a ser también un representante del cómic confesional, si bien dejaré el comentario de este aspecto para otra ocasión. 



Otras entradas de este sitio referidas a Juste de Nin:

La gran novela gráfica catalana de Juste de Nin

El Noi del Sucre, historia gráfica

Simone y Jean-Paul en París

Desertores dibujados


domingo, 19 de febrero de 2017

La causa irlandesa



Los conflictos pueden ser políticos, bélicos, personales, psíquicos, amorosos, sociales, de cualquier índole.

Son fuente de inspiración. Alimentan historias.

Los conflictos ofrecen no solo materia narrativa, sino también localizaciones y escenarios, partes contendientes, personajes, tramas. No es preciso ponerse dialécticos (à la Hegel o à la Marx) para concluir que sin contestación, sin oposición, sin conflicto, sin agón, sin contradicción no hay historia... ni narración de la historia. Con Heráclito es suficiente.

En lo que aquí nos atañe, basta con percatarse de que, en efecto, el conflicto -un conflicto determinado- está en la base de un muy elevado porcentaje de historias, sean estas dramáticas, trágicas, cómicas... Es la narración entendida como puesta en escena de conflictos variados. Y los escenarios, de naturaleza múltiple, suelen acoger una combinatoria de conflictos de carácter político, histórico, biográfico, rural, bélico, pasional, urbano, etcétera,

La isla de Irlanda proporciona uno de esos escenarios al ser sede de un conflicto histórico y político, más que religioso, basado en la dominación territorial por parte de los ingleses y el rechazo y la lucha ante esa dominación, por parte de los irlandeses. Es un conflicto violento, trágico, que inspira numerosos relatos literarios, gráficos y cinematográficos. Y es a lo que se refiere el sintagma 'la causa irlandesa'.


Hugo Pratt inscribió su Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina (1972) en el contexto y la situación de la causa irlandesa.

En otro post [ aquí ] relacioné este relato de Pratt con otro texto de Borges titulado "El tema del traidor y del héroe". Pero es más lo que en la historieta del italiano se ofrece. Gracias al dibujo secuenciado de Pratt, a su arte, el lector percibe la lucha de voluntades que la causa irlandesa encierra. Percibe la amistad como valor que aglutina destinos a la vez que percibe el dudoso valor de la simulación. Percibe igualmente la belleza un tanto agónica de 'la verde Erin'. Y conoce el lector, en fin, uno más de los amores imposibles de Corto Maltés. No creo incurrir en spoliler diciendo que Corto toma partido en este relato a favor de la causa irlandesa.

Por cierto, en A la sombra de Corto, uno de los dos libros de conversaciones de Hugo Pratt con Dominique Petitfaux, leemos respecto al título de esta historieta:

[Pratt] ... Es un título bonito. Los americanos no lo entendieron. Tradujeron "en fa menor". Y los españoles, "en do menor".

[Petitfaux] Mientras que la O se refiere al O' de muchos apellidos irlandeses, ¿no?

[Pratt] Exactamente.

Es obvio que, por su parte, el arpa y la nitroglicerina remiten, respectivamente, a la cultura irlandesa y a la lucha de ese pueblo contra la dominación inglesa.

Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina pasó a formar parte del álbum de Hugo Pratt titulado Las Célticas. Distintos avatares propiciaron que el número de historietas de Pratt incluidas en este álbum variase en sucesivas ediciones, pasando de seis a cuatro. Sin embargo, Concierto en do menor... siempre ha sido un elemento constante en Las Célticas.


En la portada de una edición de Las Célticas de 1987 que conservo, publicada en la Biblioteca Totem Extra de la editorial New Comic (Madrid), está escrito:

Con la alegre participación
del mago Merlín,
de las hadas Morgana y Viviana,
del rey Arturo,
de Oberón, Puck y sus amigos:
los lepricanos de Irlanda,
los pidies de Cornualles,
los bogeis de Escocia,
los korrigans de Bretaña,
los mineros del país de Gales,
los lutins de Francia, los guinness,
los druidas disparatados,
la "gente menuda"
del bosque de Brocelianda,
los cuervos reales
de Stonehenge...
sin olvidar a W. B. Yeats
ni el arpa del viento
de algún lugar
del norte.

A todos, muchas gracias.
Corto Maltés

Es decir, el relato de Pratt referido a la cuestión irlandesa, su Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina está inmerso a su vez en un contexto que alude a un imaginario más amplio: el imaginario celta, que abarca una geografía mayor que la estrictamente irlandesa. Es difícil sugerir más sintéticamente, como lo hace este texto de Pratt, el alcance de ese imaginario.


Es este ambiente y esta inspiración "céltica" lo que Sergio Toppi recoge en su álbum de 2007 formado por tres narraciones dibujadas: El bosque de Brocelianda, Black & Tans y Solitudinis Morbus.

(Un estudio aparte se merecen las afinidades detectables entre Hugo Pratt y Sergio Toppi, no solo en cuanto a los motivos de ilustración que los dos comparten.)

El segundo de estos relatos, Black & Tans, transcurre directamente en el contexto de la causa irlandesa. Los "Black and Tans" eran unos policías reclutados especialmente para reprimir a la población irlandesa durante la guerra de independencia de Irlanda entre 1919 y 1921 (negro y tostado eran los colores de su uniforme).

Lo que Toppi nos cuenta en Black & Tans es un episodio al cabo más poético que bélico, aunque no exento de cierta intencionalidad. Fiel a su simpatía por el cuento maravilloso, Toppi, con un extraordinario dominio de la elipsis y de la síntesis narrativa, dibuja en solo doce planchas una extraordinaria historia que evoca a Cuchulain, uno de los grandes héroes de la mitología irlandesa, y con ello conecta el conflicto bélico con el imaginario mítico. La técnica de Toppi en Black & Tans, tan personal como siempre (splash pages, viñetas verticales alargadas, dibujo minucioso, sabia distribución del blanco y el negro), confirma una vez más la categoría del maestro italiano.


Finalmente, cerraré este post dedicado a la causa irlandesa refiriéndome a un tercer cómic centrado en este largo conflicto. Se trata de La versión irlandesa (2007), un ábum con guion de Jean Van Hamme y dibujado por Jean Giraud.

El álbum se inicia con un texto que ocupa la primera página y está firmado por el propio Van Hamme. Su título es "Un pequeño recuerdo histórico antes de empezar". En él se resume el conflicto iniciado en el siglo XII, cuando Irlanda fue colonizada por los ingleses mediante la invasión del país. Y el texto culmina cuando, a principios de agosto de 2005, el IRA depuso oficialmente las armas. En el ínterin, una larga historia de resistencia y de represión. Proverbial fue la creación en 1902 del Sinn Féin (Nosotros mismos en gaélico), una estructura política -el primer partido nacionalista irlandés- que ha sido capaz de organizar el conflicto hasta su probable extinción. Aunque no ha sido un camino de rosas, sin lucha sangrienta, ni los interrogantes han desaparecido del todo.

La versión irlandesa apareció como el número 18 de la serie XIII, una saga de más de veinte álbumes escrita por Jean Van Hamme y dibujada por William Vance. De la ilustración o el arte del álbum 18 de la saga, sin embargo, se ocupó Jean Giraud.

El hecho de que sea Jean Giraud la firma que aparece en La versión irlandesa, y no Moebius, es un indicio del carácter realista, si bien estilizado, del dibujo de esta historieta. De alguna manera, Giraud embellece todo lo que ilustra. Y en este sentido, La versión irlandesa no es un caso aparte en su obra.

Todo hace pensar en un sesgo oportunista del trabajo conjunto de Giraud y Van Hamme. La versión irlandesa es un ejemplo perfecto de álbum de la industria francobelga en formato 48CC realizado para triunfar en el mercado. Y así fue. No obstante, tampoco hay que ceder al prejuicio de identificar el montaje comercial con la falta de calidad artística. Muy buenas películas de Hollywood son prueba de lo que digo. La versión irlandesa es un cómic bien escrito, bien dibujado, bien realizado y en fin, que se lee bien. Carece de la intensidad poética de las historias comentadas de Pratt y de Toppi basadas también en la causa irlandesa. Pero el arte de Giraud y la habilidad de Van Hamme consiguen decantar un producto más que digno.



Hay más cómics referidos a la causa irlandesa. Por ejemplo, Blood Upon the Rose: Easter 1916, The Rebellion that Set Ireland Free (2009), de Gerry Hunt. Este post sería interminable si pretendiera dar cuenta de todos, sobre todo a partir de la alianza establecida entre la novela gráfica y el cine.

En cualquier caso, lo dejaré para otra ocasión.


19.02.1017



Balada irlandesa es el título del tercer y último relato de Negro (2009), del francés Baru. La historia está fechada en 1996, cuando la causa irlandesa se manifestaba todavía mediante la acción directa. En esta ocasión, el escenario de Belfast le sirve a Baru para componer una balada visual y narrativa con aires de Romeo y Julieta.

La poética de esta Balada irlandesa conecta de algún modo con la del relato de Hugo Pratt comentado arriba. 

martes, 7 de febrero de 2017

Ante La grieta

Una grieta bordea y al cabo atraviesa no solo el territorio, también el corazón de la Unión Europea y, en última instancia, de Europa.

La imagen de la grieta puede ser metafórica; su pertinencia, en cambio, es tan real como reales son las grietas que deshacen el hielo del Océano Ártico.



El fotógrafo Carlos Spottorno (n. 1971) y el periodista Guillermo Abril (n. 1981) han realizado La grieta, una suerte de cómic-reportaje publicado a finales de 2016. Se trata de un álbum que mediante imágenes y texto construye un fotorrelato cuanto menos inquietante. La grieta insinúa, sugiere que hay un más allá de la realidad de los refugiados, un lugar que apunta hacia un más acá tembloroso, como en terreno volcánico. 

Se ha montado un cierto debate en torno a la clasificación de La grieta. En concreto, acerca de si estamos ante un cómic, ante periodismo ilustrado o, en el límite, ante una fotonovela. En el comentario que dediqué en este blog a Judenhass, del canadiense Dave Sim, abordé la cuestión [aquí]. Tanto Sim en Judenhass como Spottorno y Abril en La grieta utilizan una técnica fotorrealista, si bien el tratamiento gráfico de las fotografías es en ambos casos diferente y su ordenación discursiva también. (Fotorrealismo y cómic.)

Como vimos a propósito de Judenhass, el asunto de la consideración de La grieta -esto es, sobre si es galgo o es podenco- involucra diferentes aspectos. Remite por ejemplo al problema de la distinción entre el medio y el mensaje, por un lado, y al de su identificación, por el otro. Remite también a la intención del autor o autores; a la posición del lector; a la finalidad de la empresa; a la discriminación, si la hay o debe haberla, entre tebeos puros e impuros; a qué es en fin un tebeo... y al valor alternativo de la definición ostensiva.

La grieta es un libro compuesto de fotografías sometidas a tratamiento, sobre todo cromático; están separadas entre sí en cada página, a manera de viñetas, mediante calles; la disposición de las fotos así tratadas sigue un orden secuencial con sentido. La significación plena de este sustrato gráfico la completa una serie de textos lingüísticos distribuidos en cartelas o cajetines por las viñetas. No hay globos de texto, pero no son necesarios. Tiene así este libro apariencia de cómic.

Por otra parte, en términos ostensivos, La grieta es un libro editado por Astiberri y se vende, como tal, en secciones y tiendas de cómic. Se habla de él, aunque no solo, entre los aficionados al cómic. Sus críticas y comentarios aparecen mayormente en páginas dedicadas al cómic.

Podemos aceptar, entonces, que La grieta es un cómic.

No obstante, lo que cuenta La grieta no es una historieta (sé que mezclo los planos). Tal vez habrá que inventar nuevos vocablos, no por ello excluyentes.




Parece inevitable la interposición de los reportajes de Joe Sacco (no así los de Guy Delisle) en la lectura de La grieta. Supongo que será entre otras razones por la dimensión abiertamente política de un discurso sustancial y formalmente periodístico en sentido estricto.

Igual que los tebeos de Sacco, La grieta es un ejemplo de periodismo político (a pesar de las diferencias notables). Con la seriedad correspondiente. Su alcance compete a la esfera pública.

Si bien la imagen de 'la grieta' puede ser muy productiva en escenarios y contextos existencialistas (mi corazón agrietado, etc.), hay escasa o nula dimensión solipsista, yoica, en este tipo de cómics. Se sustentan en la no ficción, independientemente de la construcción del relato. Y la no ficción, por ser lo que es, apela a la existencia del otro.

Mientras haya muros habrá grietas. La lectura política de esta realidad sugiere que si la política es el ámbito de lo posible, el problema ha de tener una solución también posible. Ojalá fuese así.

(Continuará)


sábado, 7 de enero de 2017

Los años Sputnik: Nostalgia del futuro bajo el combate

Este no es un blog de novedadades. Es más de actualizaciones. De lecturas y relecturas. De escritos y de reflexiones... a propósito de los cómics. 

Por ejemplo.

1.- Cuando está liquidado -si es que puede estarlo-, el pasado no existe. Sin embargo, cuando no está liquidado, el pasado tampoco existe; opera en el ahora y por lo tanto no es pasado, sino presente.

Y del futuro, en fin, qué decir ante el espectáculo actual, salvo que tampoco existe.

Hubo un tiempo, en cambio, en que sí que parecía existir el futuro. Es un tiempo aquel actualizado, por ejemplo, por el arte de Baru. . 



2.- La afirmación de la lucha de clases como motor de la historia es la concreción de un principio más universal: el motor de la historia es la oposición de contrarios (Heráclito de Éfeso). Como tal, el antagonismo, el conflicto, la lucha es también el motor de muchísimas historietas. Por ejemplo, las de Baru.



Entre 1999 y 2003, el historietista francés Baru (Hervé Barulea, n. 1947) publicó cuatro álbumes (Le penalty, C'est moi le chef!, Bip bip!, Boncornards Têtes-de-lards!) que fueron reunidos en una edición integral publicada en 2009 con el título Les Années Spoutnik, traducida y editada aquí en 2013 como Los años Sputnik. Lo primero que se puede decir de esta obra es que es una magnífica carta de presentación del trabajo de Baru.

Efectivamente, Los años Sputnik supone ya desde el título un ejercicio de evocación. Los hechos que cuenta Baru en este cómic transcurren en 1957, año en que la entonces Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1, iniciándose con ello el denominado Programa Sputnik, vigente en la URSS hasta comienzos de la década de los sesenta. Es fácil imaginar la conmoción que causó el éxito de este lanzamiento. Supuso el comienzo de la carrera espacial (1957-1975), una sofisticada versión de la competencia entre la Unión Soviética y Estados Unidos en el contexto de la guerra fría. (Esta competencia se manifestaba incluso en el lenguaje: cosmonautas soviéticos, astronautas estadounidenses.)

La carrera espacial suscitaba ensoñaciones futuristas y de progreso. El personaje central de Los años Sputnik se llama Igor y tiene diez años, la misma edad que tenía Baru (nacido en 1947) por entonces. Claro que hay autobiografía en esta obra. Pero hay mucho más. No se trata de una mera evocación nostálgica del pasado. Si hay nostalgia en Los años Sputnik, esta viene a ser una nostalgia del futuro, un futuro esperanzado como sugerían las circunstancias de aquel periodo. Hay también una toma de partido en la posición de Baru ante aquella confrontación.


Porque de confrontación se trata. Cuando comencé a leer Los años Sputnik me dio la sensación de que estaba ante una nueva versión de La guerra de los botones, el clásico relato de Louis Pergaud publicado en 1912. Muy francés todo, pensaba yo, esto de inscribir una obra nueva en la tradición nacional. Sin embargo, según avanzaba mi lectura de Los años Sputnik me percataba de que la cosa no se reduce a eso. Hay desde luego concomitancias entre la novela de Pergaud y el cómic de Baru. En el plano formal: la edad de los protagonistas, p. e., y en el plano del contenido: la lucha, el conflicto como germen de la historia. Las diferencias conciernen sobre todo a la proyección política de la obra de Baru. El conflicto entre los niños en Los años Sputnik es un trasunto de la lucha de clases entre los adultos. (Se me ocurre que la versión fílmica de 2011 de La guerra de los botones, dirigida por Christophe Barratier, asume también una proyección política al situar la historia en el escenario de la II GM y la Resistencia francesa.)

La lucha como motor de la historia es una constante en los tebeos de Baru. Una lucha localizada políticamente. Incluso en sus cómics centrados en la figura de un boxeador (El camino de América y Rabioso), la lucha individual del protagonista conecta con el combate político y social.

(Por cierto, el arte de Baru al representar los combates de boxeo está a la altura del arte de Jaime Hernandez cuando representa los combates de wrestling femenino.)

De este modo, la autobiografía o autoficción de Baru en Los años Sputnik cede en importancia ante el valor de la historia dibujada. Es un buen enfoque, ya que un ombliguismo desmesurado podría restar interés a lo que se cuenta y a su significado final.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Gran Hotel Abismo - Arte, insurrección



Gran Hotel Abismo no es el nombre de la pensión infinita que Calpurnio concibe en Mundo Plasma. De hecho, poco o nada tiene que ver el nuevo tebeo del creador de Cuttlas con este otro también reciente de Marcos Prior y David Rubín cuyo título, tal y como se indica en una cita al comienzo del libro, es una poderosa metáfora de origen intelectual. Bueno, de origen intelectual pero de significado y alcance netamente político:
"[Lukács] decía: 'Adorno, como los pesimistas supuestamente de izquierdas, viven en el gran hotel abismo'. Es decir, un abismo que resulta que es un gran hotel, en el que a uno le dan todo servido y con lujo." Manuel Sacristán, Seis conferencias.
De igual modo, el "Aviso importante" que los autores incluyen en la página de créditos inicial de Gran Hotel Abismo advierte al lector de la finalidad política de esta obra.

Pero le elección de una metáfora como título y guía de la narración, junto al hecho obvio de que el vehículo de la misma es un medio artístico -el cómic-, supone que GHA no es un mero tratado político (por más que pueda estar orientado hacia la acción política). El planteamiento político de Gran Hotel Abismo no se agota en la linealidad que hoy por hoy predomina en los discursos de esa índole. Más bien al contrario, la presentación de la historia que cuentan Prior y Rubín está trufada por una reflexión de calado acerca de las concomitancias entre la Política y el Arte. En concreto, Th. A. Wiesenground, uno de los personajes que aparecen en el cómic, se refiere a la utilidad del Arte como consuelo para el ateo y esperanza para el revolucionario. Y un libro de renombre del tal Wiesenground es nada menos que "No nos representan. Tratado de Arte y Política en tiempos convulsos".

Óleo de Augusto Marín


En principio, el reparto de papeles entre Marcos Prior y David Rubín en la elaboración de Gran Hotel Abismo es claro: Prior en el guion y Rubín en los lápices, tinta y color. Solo que, en el capítulo de extras de GHA, descubrimos que el trabajo de ambos autores no está tan compartimentado; algo que empieza a ser corriente en tebeos actuales hechos en colaboración.

A mí este cómic me ha traído a la mente La insurrección que viene (L'insurrection qui vient), un manifiesto redactado y firmado por cierto "Comité invisible" y traducido y publicado aquí en 2009. Se trata de una exposición militante que reúne a Rimbaud con la tradición anarquista heredera de La Commune y con un análisis del poder capitalista postindrustrial , todo ello puesto en forma para una escritura política por lo menos vibrante.



Pero también, en cuanto cómic, son llamativos en GHA ciertos elementos del tebeo superheroico (la figura de El Animador, p. e.) y sobre todo de Frank Miller (TDK300), entre otras reminiscencias (Tyler Durden). Anteriores historietas de Marcos Prior: "El experimento Nueva York" y de David Rubín: "La demolición", publicadas ambas en la antología de novela gráfica Panorama (2013), prefiguran de algún  modo este Gran Hotel Abismo. Por decirlo así, este último trabajo se encuentra en las líneas respectivas de sus autores.


Igual que hay, en fin, un arte que adormece, hay también un arte que despierta. El propósito de Prior y Rubín se inscribe en el segundo. Apela a la transformación de la sociedad. Nadie sabe. después de todo, lo que nos reserva el porvenir.