Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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martes, 17 de marzo de 2015

Del yo al nosotros. Lo que (me) está pasando

"En la lucha entre uno y el mundo,
hay que estar de parte del mundo." (Franz Fafka)


Lo que (me) está pasando se anuncia como "La primera novela gráfica de Miguel Brieva". Así consta en la faja que acompaña al libro, aderezada con bocadillos así:

¡¿Novela qué?! ¡Pero ¿qué chorrada es esa?!

Pues lo que viene a ser un tebeo de toda la vida, vaya... Ahora lo llaman así para que parezca algo importante. 

Es decir, hay un planteamiento comercial metadiscursivo en el lanzamiento de este nuevo tebeo, en consonancia con los trabajos anteriores de Brieva.

Lo cierto es que en sus otros libros (Bienvenido al mundo, Dinero, etc.) Miguel Brieva nos ofrece recopilaciones de un humorismo gráfico compuesto de viñetas y tiras cómicas, cuya coherencia se la proporciona la mordacidad en su crítica del capitalismo ( ver aquí ) y de la filosofía existencial. Ahora, con Lo que (me) está pasando, Brieva nos presenta una obra de más largo recorrido. Y no solo por la unidad de una narración continua -pese a su presentación fragmentaria- que gira en torno a un personaje definido: Víctor Menta; sino, sobre todo, por ser este un personaje individual al principio que va deviniendo poco a poco en personaje colectivo. Esa es la sustancia de esta novela.



Si bien los conocedores de Brieva encontrarán en este nuevo libro una síntesis organizada de su temática recurrente, se sorprenderán ante la capacidad de este autor a la hora de hilvanar una historia que enlaza lo particular y local con lo general y global.

Lo que cuenta Miguel Brieva en Lo que (me) está pasando no es una historia solipsista, pese al planteamiento inicial del relato. Algo de esto queda sugerido en el título. Aunque aparentemente estamos ante un caso que bordea la clínica de una psique individual, pronto descubre el lector que la cosa no va (solo) de eso. La barrera que separa un ego particular del entramado social se diluye ante la mirada compartida por el autor y el lector, en la medida en que ambas miradas conectan.

La estrategia de Brieva consiste en mostrar que lo que le pasa a uno es indisoluble del estado general del presente, pues tanto el yo individual como la realidad colectiva son una construcción y son, en cuanto tales, ficticias. Lo que no significa que no sean reales. Y es que hay, en efecto, un planteo filosófico en el trabajo de Brieva. De hecho -y de un modo general-, el espacio de la representación de este autor se caracteriza a menudo, entre otras cosas, por estar teñido de filosofía.Y en ocasiones no solo como subtexto.


Filosofía existencial, filosofía política. Dialéctica omnipresente que no es de ahora (ya Aristóteles decía que la Ética forma parte de la Política, porque la ciudad es anterior al indivíduo y lo incluye).

Ante esa dialéctica Individuo / Comunidad, la opción de Miguel Brieva parece estar clara. Y de hecho, resuenan en su obra las palabras de Agustín García Calvo:

"...la escuela esa de la existencia, que está dominada por el dinero,..."

pronunciadas en la plaza de la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011, esto es, en plena efervescencia del denominado 15-M ( aquí ).

La lectura es obvia. No es preciso ser reduccionista y convertir Lo que (me) está pasando en un panfleto político para darse cuenta de que hay un subtexto filosófico-político muy claro en esta obra. La mirada dibujante de Brieva recoge la voz de los que salieron a la calle en la primavera de 2011. Vino a ser una voz colectiva identificada vagamente con una generación de jóvenes sin futuro. Pero lo cierto es que era una voz ni exclusiva de "jóvenes" (o sí, según se mire; ahí estaba García Calvo), ni reclamaban un futuro inexistente, sino un presente robado.

Por otra parte, admitiremos que ese "me" introducido subrepticiamente en el título y abiertamente en el cuerpo de Lo que (me) está pasando libera a Brieva de la cuestionable pretensión de ser un mero portavoz y menos aún un notario de la realidad. 


En cuanto al estilo (a fin de cuentas, la excusa de este blog es el cómic), lo más evidente es la cercanía -salvando las distancias- gráfica y conceptual entre Miguel Brieva y el underground de los Crumb, Shelton, Justin Green y compañía. Yo aprecio más Crumb en los libros anteriores de Brieva. En Lo que (me) está pasando, en cambio, encuentro más a Green. No tanto en el dibujo, que conserva el aire crumbiano, sino en la autoexpresión de un sujeto alienado que unifica la obra. Sería desde luego una tontería decir que la comunidad de acción en que se inserta Víctor Menta al final es un trasunto de la Virgen María que conoce Binky Brown.

No se trata de eso ni de epatar como sea. Es la autoexpresión de un sujeto alienado dibujada en cómic, repito, lo que me recuerda cuando leo Lo que (me) está pasando al Justin Green de Binky Brown conoce a la Virgen María y, por cierto, también a Prisionero en el Planeta Infierno, de Art Spiegelman. Incluso, si me apuran, vería yo aires del discurso de Mi madre era esquizofrénica, de Chester Brown, en la novela de Brieva. Por no hablar de Charles Burns.

La escritura de Lo que (me) está pasando está trufada de citas. Una de ellas es la de Franz Kafka que encabeza este post. Es suficiente para intuir por dónde van los tiros en esta novela. El resto se lo dejo a los lectores. El cómic como medio es un espacio de la representación vinculado al goce. El fin de este medio puede ser muy variado. 



lunes, 14 de enero de 2013

La línea chunga revisitada. Todo Makoki



Makoki fue un fenómeno característico de la contracultura española que ocupó una buena parte  del último cuarto de nuestro peculiar siglo XX. 

Las historietas de Makoki vieron la luz en diferentes publicaciones de la época. Fue tan popular esta serie, que sus autores crearon una efímera revista con el nombre del personaje.


En sentido estricto, la primera historieta de Makoki: "Revuelta en el frenopático", basada en un relato de Felipe Borrallo, apareció en 1977, en la revista Disco Exprés y desapareció en 1994, con "La muerte de Makoki" inserta en la revista Viñetas. De los guiones se encargaba J. Mediavilla, mientras que el dibujo era obra de M. A. Gallardo. Recientemente ha sido publicado un tocho de más de 550 páginas titulado Todo Makoki. Es una buena ocasión para rememorar lo que fue este fenómeno. (Lo único lamentable de esta edición es lo reducido de su formato. Hay que recurrir a la lupa para disfrutarla.)

El prólogo de Todo Makoki corre a cargo nada menos que de Antonio Escohotado bajo el título: "El recuerdo y los recuerdos". Nos da así Escohotado la ocasión de enmarcar el fenómeno Makoki en sus correspondientes coordenadas no solamente sincrónicas, sino también diacrónicas.

Desde la perspectiva sincrónica escribe Escohotado:

En la escena primordial [se refiere a "Revuelta en el frenopático"] había reminiscencias de 'Alguien voló sobre el nido del cuco', y en la grafía y el espíritu préstamos del genial Robert Crumb y el simpático Gilbert Shelton, con sus melenudos Freak Brothers. Pero la originalidad importaba menos que izar la bandera de una contracultura tejida por tribus de insumisos surgidos aquí y allá, unos asistiendo a clases de García Calvo y otros atraídos por Mayo del 68 y Woodstock.


 Aunque yo personalmente soy de la opinión de que Makoki y compañía eran más cosa de los hermanos pequeños de esos que cita Escohotado.

Inmediatamente a continuación, el prologuista enlaza esta situación con una perspectiva diacrónica:

Al fin y al cabo, solo de los Pirineos para abajo hubo un anarquismo capaz de transformar la vida pública y privada. En 1872 fulminó la primera República con su rebelión cantonalista, en 1909 estuvo a punto de conquistar Barcelona y en 1936 cargó sobre sus hombros buena parte de la guerra civil.

Es decir, desde la mirada que el paso del tiempo confiere, Makoki se nos revela como un fenómeno que aunó el movimiento underground típico de su época con la corriente anarquista que corre por las venas de la sangre de nuestra historia.


Pero hay más. Yo añado que el absurdo de las situaciones, la marginación de los personajes y la violencia que desprenden las viñetas de Makoki no están muy alejadas de la tradición tebeística española, singularmente encarnada en la escuela Bruguera en general y en las historietas de Ibáñez en particular.





Y bueno; el humor, el despipote y la pimporrada.