Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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martes, 11 de septiembre de 2012

La luna de Madrid me mata

Los postulados y planteamientos ideológicos y estéticos de la revista Madriz son inseparables de los correspondientes a otra revista madrileña que ocupó buena parte de aquella década dizque feliz, aunque en un variado ámbito cultural mucho mayor que el del estricto cómic: La luna de Madrid (1983-1988):


Esta revista, intrusista -en cuanto operaba sin "profesionales" del periodismo- y absolutamente libre, atrevida, polifacética y vanguardista en su concepción y ejecución, se erigió desde su nacimiento en plataforma y pantalla de la Movida de Madrid. Su eclecticismo estético e ideológico eran el marchamo de una nueva ola investida con el traje de la postmodernidad.

Uno de sus lemas: "La vanguardia es el mercado", es una muestra de su osadía al proponer una suerte de capitalismo cultural.

En su nº 6, y por lo que nos atañe, se anunciaba ya en portada un Manifiesto de la Línea Clara:


La misma estética pretendidamente rompedora y de algún modo disparatada se encontraba en otra revista de la época, de nombre inspirado por paradójico y de escasa vida en los kioscos:  Madrid Me Mata (1984 y 1985):


De todo este marasmo novedoso en sus planteamientos, festivo y alegre, atrevido y sin complejos, iconoclasta, pero a la vez visual y formalmente experimentador participó la revista Madriz. Su peor pecado pareció ser disponer de una pequeña subvención oficial. Y es que además de por la derecha entonces en la oposición y por la prensa afín a esta (ABC, Ya, El Alcázar), también fue duramente criticada por otras revistas nacionales de cómic enteramente privadas, pues veían en ella una especie de competencia desleal. Y tal vez, no sé, también hubiese algo de ojeriza ante el brillo repentino que obtuvo en aquella década la ciudad de Madrid.

Por cierto, siempre lamentaré que en una de mis mudanzas me deshice estúpidamente de mi colección completa de ejemplares de La luna de Madrid.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Madriz

En el efervescente panorama cultural de los años ochenta pasados -y en el ámbito que nos ocupa-, con repercusión nacional, hubo otra publicación que, sea vista o no como un tercer elemento en discordia entre las estéticas de la línea clara y de la línea chunga, tuvo también su respectiva polémica. Se trata de la revista Madriz (1984-1987).


La corta vida de esta interesante publicación, desde una perspectiva estilística y cultural, estuvo condicionada por un hecho que no podía pasar desapercibido a los biempensantes de siempre: la revista gozaba de una subvención del Ayuntamiento de Madrid, en principio de la Concejalía de Juventud. En concreto, la cuantía de esta subvención era el 10% del coste total anual. Cabe señalar que el alcalde de Madrid era por aquel entonces Enrique Tierno Galván. Eran los años de lo que se dio en llamar La Movida Madrileña.

La historia de lo que sucedió está en las hemerotecas. Para los que todavía piensan que Alberto Ruiz Gallardón representa el ala liberal y moderna de su partido, no está de más reproducir las palabras con las que, siendo entonces concejal por Alianza Popular en el Ayuntamiento de Madrid, calificó la revista al decir que ésta era una "porquería repugnante, pornográfica, blasfema, en el sentido jurisdiccional de la palabra, contraria a la moral y a la familia".

Ahí queda eso.