Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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sábado, 24 de marzo de 2018

Simone y Jean-Paul en París

Con el desparpajo de Hollywood y la brillantez de Stanley Donen dirigiendo un equipo de notables (Audrey Hepburn, Fred Astaire, Gershwin, Avedon, Givenchy, Kay Thompson...), la película Una cara con ángel (Funny Face, 1957) presenta en pantalla el enfaticalismo, que no es sino una, más que parodia, burla del existencialismo francés sublimado en aquella versión del París de los cafés y las cuevas. La exquisitez visual y sonora de este musical, su calidad de película como película, permiten hacer oídos sordos a todo eso del enfaticalismo o considerarlo como una broma ingeniosa, si bien la cosa tiene su alcance. La filosofía continental, tan sesuda, todavía sonaba extraña al pragmatismo norteamericano y al positivismo de la época. Creo que ahora ya no es así, al menos en el ámbito académico, gracias a filósofos como Richard Rorty. Sin embargo, se puede reconocer que, para el arte y la industria del entretenimiento, el existencialismo -como el psicoanálisis- ofrece materia para ambientar historias... e historietas. 

En aquel París existencialista, primero ocupado por la bota nazi y después liberado, dos rostros habituales en determinados cafés y otros ambientes intelectuales de la ciudad, especialmente en el Café de Flore del boulevard Saint-Germain-des-Prés, eran los de Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, escritores los dos y filósofos. La pareja de moda. Juntos o por separado, ambos personajes desempeñan un papel destacado en el imaginario simbólico del presente. (Hoy la Beauvoir se cotiza más, como corresponde a este siglo. Y es muy probable que Sartre, como tantos otros "varones ilustres" de nuestra cultura, acabe siendo engullido por sus propias sombras.)

Simone y Jean-Paul forman parte del tiovivo cultural de la modernidad. 

Dos tebeos recientes de muy distinta factura recogen en algunas de sus viñetas las imágenes de Simone y Jean-Paul en aquel París de que hablo. Uno es La mujer leopardo, con guion de Yann (Yannick le Pennetier) dibujado por Olivier Schwartz. El otro, Vergonya!, de Juste de Nin.

La mujer leopardo


El álbum de Yann y Schwartz se inscribe en la serie Le Spirou de..., que consta por ahora de doce títulos realizados por diferentes autores. En concreto, La mujer leopardo (La Femme-léopard 1/2, 2014) es el número 7 de la serie, cuya continuación (La Femme-léopard 2/2) corresponde al número 11 de la misma, bajo el título El señor de las hostias negras (Le Maître des hosties noires, 2017). Este último título cierra la trilogía de Yann y Schwartz iniciada con El botones de verde caqui (Le Groom vert-de-gris, 2009), número 5 de la serie Le Spirou de... 

(¿Se imaginan una serie realizada aquí en ese plan, del tipo El Mortadelo y Filemón de...? Todo llega. De momento, lo más cercano así que recuerdo entre nosotros es un par de ediciones no venales de la fnac, una sobre Rompetechos en homenaje a Ibáñez y otra titulada Los grandes inventos del 2016, en homenaje a aquella popular página de TBO. Pero en ambos casos de trata de historietas cortas realizadas, eso sí, por prestigiosos autores de nuestro país.) 

A primera vista, la presencia de Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre en La mujer leopardo es marginal o anecdótica. Se adecua al estilo, narración, tono, timbre, forma, color de Yann-Schwartz en la serie, los cuales a su vez actualizan el estilo y demás de la historieta francobelga. (Sigue siendo una especie de canto a la joie de vivre, en mi opinión.) Cabe decir que dicha actualización pasa por unos tratamientos argumentales y una representaciones visuales acordes con la mayoría de edad que ha adquirido el cómic. La figuraciones humanas, por poner solo un ejemplo, obtienen corporeidad, han dejado de ser asexuadas. Por su parte, la conexión de La mujer leopardo con los orígenes de esta escuela de BD la proporciona, entre otros aspectos. el hecho de que la mujer leopardo protagonista es miembro de los aniotas, una sociedad secreta que ya cita Hergé en Tintín en el Congo (1930), por no hablar de la presencia del mismo Congo en tanta bande dessinée

No obstante, la irrupción de Simone y Jean-Paul en La mujer leopardo obedece al desarrollo de un guion. Es muy divertida la secuencia en que a Simone de Beauvoir se le ocurre no solo el título, también la inspiración para escribir El segundo sexo (1949), a costa de un Sartre ridículamente misógino. 

Pero hay una insinuación de mayor calado en el álbum de Yann y Schwartz. Es una sugerencia que apunta a la existencia real de una situación liminar, la de las mujeres africanas. Con ello, los autores llaman la atención acerca de un feminismo negro que, desde la teoría de la interseccionalidad, cuestiona las posiciones del "feminismo blanco".

Vergonya! 




La representación de Simone y Jean-Paul llevada a cabo por Lluís Juste de Nin en Vergonya! es de otra índole, igual que este álbum difiere un montón del de Yann y Schwartz. 

Juste de Nin añade con esta entrega un nuevo capítulo a su gran novela gráfica catalana, si bien me parece que no es mucho lo que aporta respecto a sus tebeos anteriores. De hecho, estoy por decir que lo único novedoso -y no del todo- de Vergonya!, en el conjunto de la gráfica anual de Juste de Nin, consiste en la representación del París ocupado, donde  sobrevivieron entre muchos otros De Beauvoir y Sartre (El ser y la nada, de Sartre, fue publicado sin problemas en 1943). La de Juste de Nin es una representación orientada en un sentido preciso, aunque eso no es del todo significativo; ¿cuál no lo está? Pero el autor se repite. Llega incluso a resumir en las últimas páginas de esta entrega el contenido de su novela anterior, Garbo

El lema que aparece en la cubierta de Vergonya! reza: "La grandeur touchée. París 1940-1944". El libro, así, testimonia un reproche. Pero también un pedazo de historia. La de la Resistencia francesa. 

El reproche en cuestión es el de un francófilo (así lo da a entender De Nin en el prólogo, así lo sabemos) que lamenta la turbia historia de attentisme y colaboracionismo, durante la ocupación alemana, llevada a cabo por buena parte de la población de París en general y por buena parte de sus intelectuales y artistas, Sartre y Beauvoir incluidos, junto a Malraux, Picasso et al., en particular. Pero el reproche se extiende, pues atañe al abandono en que los aliados dejaron a la España franquista, una vez liberada Europa, sin reconocer la ayuda que sus fuerzas, incluida la Résistance, recibieron por parte de combatientes republicanos españoles, muchos de ellos catalanes, matiza De Nin. (La importancia de La Nueve, p. e.)

En tanto que novela, Vergonya! proporciona información por mor de su abundancia verbal. En tanto que gráfica, persiste en su ser. Pero en términos de cómic, adolece de arquitectura narrativa. El último tercio del volumen simplemente recapitula. Y no sé hasta qué punto está logrado en el conjunto de la obra ese tipo de lenguaje específico de la historieta o cómic. 

No obstante, no obstante. El lápiz comprometido de Juste de Nin es también heredero de l'engagement existencialista. Y así se refleja en su obra. Vergonya! intenta ser un aviso ante "las mutaciones del monstruo" (advertidas en Quan de tu s'allunya): fascismo y racismo, bajo diferentes etiquetas.



En tanto que son parte del imaginario moderno, las representaciones de Sartre y Beauvoir alimentan ese mismo discurso, con sus luces y sombras. En el ámbito de la historieta, lo veíamos al hablar de Cómics existenciales [aquí]. En el ámbito cinematográfico, no me cuesta imaginar una película dirigida por George Cukor en la que interviniesen Katharine Hepburn y Spencer Tracy representando, respectivamente, a Simone y Jean-Paul en París. 


jueves, 27 de marzo de 2014

Oesterheld: humanismo y cosmología existencialistas

En los guiones del argentino Oesterheld es notoria una veta humanista. Puede ser el reflejo de una época, la marca de una generación que entendía, como Sartre, que el existencialismo es un humanismo. Y fue esta corriente filosófica, precisamente, la que insistió en la noción de autenticidad, pues distinguió entre una 'existencia auténtica', comprometida con la trascendencia en que aspira a realizarse el ser humano y una 'existencia inauténtica', entregada a la facticidad inmanente.


El 'compromiso' sartreano llevaría al filósofo francés a radicalizar progresivamente sus posiciones políticas, de un modo coincidente con la manera en que Oesterheld fue radicalizando también las suyas. La diferencia entre uno y otro estriba en que, pese a todo, Sartre fue un revolucionario de anfetamina y Café de Flore en París, mientras que Oesterheld se la jugó hasta el punto de que los militares "lo desaparecieron".


Pero hoy yo quería hablar de otro aspecto de H. G. Oesterheld, que viene a ser el siguiente.

A manera de inspiración, hay en Mort Cinder una preocupación existencial de índole cosmológico-metafísica presente también a su modo en otras dos obras de Oesterheld, esto es, en El Eternauta y en Sherlock Time. Esta preocupación no es otra que la referencia al campo temático del tiempo y la eternidad en su relación con la inmortalidad y con la vida en diferentes espacios.


En efecto, el Eternauta Juan Salvo, Sherlock Time y Mort Cinder son tres personajes ficticios de Oesterheld marcados por sendas vinculaciones cosmológico-existenciales. El primero de ellos está habitado por una dimensión eterna, el continuum 4; el segundo es un viajero del tiempo; el tercero, un hombre que muere y no termina nunca de morir en diferentes escenarios de la Historia.

En los tres casos, la escritura de Oesterheld fue dibujada por A. Breccia, si bien El Eternauta lo fue en una segunda versión (1969) de la historia original (1957-1959), dibujada por Solano.

El trazo acuchillado, la línea torturada y el semblante expresionista de Breccia casaban a la perfección con las veleidades existencialistas, la moral humanista y el compromiso político de Oesterheld. Pero había más. Las ilustraciones de Breccia daban forma a las especulaciones cosmológicas de Oesterheld referidas al espacio-tiempo, a la vez que las enriquecían. Dice así Oesterheld:

El dibujo de Breccia tiene una cuarta dimensión de sugestión que lo aparta de los demás dibujos que conozco: esta sugestión inacabable lo valoriza y suscita ideas en el guionista.

08.01.2016

En las dos primeras viñetas de la antepenúltima página de El Eternauta II se lee lo siguiente:

Un viejo pensador, el más destacado de un tiempo muy largo y muy amargo, dijo una vez: "El Infierno son los demás".

Yo estoy haciendo el gran descubrimiento...

(¡Se equivocó... El Paraíso son los demás!)

Es más que suficiente para reflejar la distancia que hay entre Sartre y Oesterheld, sin llegar a negar la vertiente existencialista del guionista argentino.  

viernes, 19 de octubre de 2012

Frank Cappa

En el cómic español de la década de los ochenta pasados no todo fue postmodernidad y grafismo vanguardista.


A Manfred Sommer (1933-2007) le debemos la creción del personaje Frank Cappa y su magnífica serie de relatos dibujados.


Frank Cappa, el personaje creado por Manfred Sommer, es un reportero de guerra. Una amiga suya lo define en una viñeta como una mezcla de Robert Redford y Charlton Heston. Se lo puede encontrar en conflictos bélicos en África, en Vietnam, en Nicaragua, en Afganistán. O en ambientes exóticos de Brasil. Incluso en Utopía, un pueblo canadiense fronterizo con EEUU, donde pasó su infancia y adolescencia.

Las historias de Frank Cappa pertenecen al género de aventuras. Sin embargo, a pesar de que la mayoría transcurran en escenarios de guerra, no se trata de una recreación de las viejas Hazañas Bélicas. Más bien al contrario.

Manfred Sommer (nacido en San Sebastián de padre alemán y madre andaluza, criado y educado en Barcelona y fallecido en Cartagena) perteneció, igual que su amigo Carlos Giménez, a esa generación de niños de la guerra comprometida acaso más existencial que políticamente. Y como enunció Jean Paul Sartre, el existencialismo es un humanismo. Hay por tanto humanismo a raudales en las historias protagonizadas por Cappa escritas y dibujadas por Sommer.

Este humanismo se refleja no solo en los planteamientos y desenlaces de los argumentos, sino también en el enfoque de los cuadros, el realismo de las viñetas, el trazado de los personajes; en definitiva, en la mirada de Manfred Sommer.


Una mirada renovadora, contemporánea, expresada a través de un depurado clasicismo formal. Así es la propuesta de Sommer y de su gran creación, el reportero Frank Cappa.


jueves, 19 de julio de 2012

From Hell


La historia que narra Alan Moore en From Hell está escrita con un gran rigor documental. Hay un importante substrato de textos que apoyan lo que ahí se cuenta. Y de hecho, en el Apéndice I del libro Moore detalla con minuciosidad en qué documentos se basan muchas de las viñetas de la obra, señalando a la vez qué partes son deducidas por él o simplemente inventadas.



Más en concreto, la trama argumental de From Hell ilustra la hipótesis establecida por Stephen Knight en su libro de 1977: Jack The Ripper: The Final Solution. No voy a desvelar aquí cuál es esa hipótesis, pues ello equivaldría a revelar lo que le cuenta Alan Moore al lector. Diremos tan solo que en la trama del Destripador se ve involucrada la familia real inglesa con la reina Victoria a la cabeza.


No obstante, en el Apéndice II del libro Alan Moore se ríe un poco de las tantísimas hipótesis y versiones que sin parar se suceden acerca de quién fue realmente Jack el Destripador.

Es decir, el autor es consciente de los límites que hay entre las ficciones verdaderas y las verdaderas ficciones. Y así, escribe en la Introducción:

From Hell es la autopsia de un acontecimiento histórico, que utiliza la ficción a modo de bisturí. Todos los personajes que aparecen en la obra existieron realmente. Las motivaciones que les he atribuido y las palabras que he puesto en sus bocas están basadas en la medida de lo posible en la más rigurosa investigación histórica. También me he apoyado en mis intuiciones y conjeturas, las cuales, si no son acertadas, por lo menos sí son informadas.


De este modo, la pretensión de realidad o de ficción de From Hell ocupa un lugar secundario. La historia del Destripador es una mera excusa mediante la cual Alan Moore nos sumerge en las alcantarillas del Londres victoriano con todo su esplendor y miseria. Y de paso, desde ese infierno, nos lleva al otro infierno que subyace en nuestras mentes y en las mentes de los otros ("el infierno es el Otro", escribió Sartre, aunque está también en nosotros mismos).

Los dibujos de Eddie Campbell dan buena cuenta del propósito de Moore. El contraste entre una cierta línea clara y las sombras de la negritud se suceden a lo largo de esta magnífica exposición que viene a ser Desde el Infierno.