Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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miércoles, 16 de marzo de 2016

Femenino singular. La francesa

Leyendo La francesa (Trillo-Túnica) me doy cuenta de que hay varios tebeos en plan novela gráfica cuyo título sigue el esquema "La X": La perdida (Abel), La protectora (Keko), La favorita (Lehmann), La muñequita de papá (Drechsler), La niña de sus ojos (Talbot-Talbot), La mujer rebelde (Bagge)... y se refieren, obviamente, a una mujer consustancial al relato. En La propiedad (Modan), la X del esquema del título no corresponde a una mujer, pero el personaje principal de la novela lo es. Tengo delante otro cómic: Una entre muchas (Una) y me acuerdo de Historia de una rata mala (Talbot). 

Me pregunto si hay algo común compartido por estas novelas, más allá obviamente del femenino singular en su título.

Algunos de estos tebeos están escritos y dibujados por varones: La francesa, La protectoraLa favorita, La mujer rebelde, Historia de una rata mala. Otros tienen plena autoría femenil: La perdida, La muñequita de papá, La propiedad, Una entre muchas. Finalmente, de los diez tebeos citados, uno: La niña de sus ojos está escrito por una mujer y dibujado por un varón (su marido). La distribución en este respecto se queda en cinco-cuatro-uno. 

Dejo aquí el apunte. No resuelve nada, pero indica algún sentido por dilucidar. (Continuará...)


La francesa es un relato gráfico que fue publicado en dos partes: Mireille (2011) y Albert (2014). Acaba de salir en 2016 una edición integral de esta obra, hermosa y dura a la vez. Su lectura da cuenta del gran guionista y escritor que fue Carlos Trillo (este libro es su obra póstuma) y también permite disfrutar del arte de Pablo Túnica (n. 1983), de su color. Una confluencia, la de Trillo y Túnica, que anticipa gratas sorpresas

La conexión París-Buenos Aires tiene bifurcaciones simbólicas e imaginarias, pero también reales. Una de estas últimas es la que el periodista e investigador francés Albert Londres (1884-1932) exploró en su libro Le Chemin de Buenos Aires (1927). A partir del contenido de este libro, de la figura de Albert Londres y de su muerte, Carlos Trillo ideó personajes y elaboró un guion policíaco, negro, urbano y canalla que, dibujado por Túnica, evoca a aquella Alondra Gris (Madame Ivonne) cantada por Gardel y a otras meretrices francesas de tango porteño, aunque sin estilo llorón. La francesa no es un tango ni una milonga sentimental. Es más bien un noir rioplatense con guiños al Montmartre de los impresionistas y a la luz de las obras de Toulouse Lautrec. 

El formato 'álbum BD' de La francesa resulta idóneo para recrear el momento, el lugar, los personajes y las circunstancias de la historia contada. Por su parte, el ingenio de Trillo proporciona un relato que aúna periodismo de investigación, literatura de crucero, rompecabezas whodunit, ficción de burdel, novela hard-boiled... El libro -el cómic-, en fin, reúne todos los requisitos para gratificar a un lector modelo (Eco). 


Permanece, con todo, un cierto interés por desvelar si hay sentidos compartidos por ciertos relatos cuyo título está escrito en femenino singular. Porque de momento está claro que ese singular no es tal; se advierte al leer las historias que el alcance de sus respectivos discursos es claramente plural. 


jueves, 28 de marzo de 2013

La protectora

Esto de la obra abierta no es un invento reciente.


En 1898 fue publicada simultáneamente en Londres y en Nueva York The Turn of the Screw, de Henry James, conocida entre nosotros como Otra vuelta de tuerca.


Probablemente, esta novela es el paradigma contemporáneo de obra abierta en el terreno de la ficción. Las interpretaciones de lo que en ella se narra son múltiples. ¿Es una novela de fantasmas? ¿Es una descripción del horror provocado por la mente enferma de una institutriz? ¿Es una muestra de los monstruos que produce la represión sexual? ¿Es una ensoñación neogótica?¿Es una superfetación burlona de los relatos victorianos? ¿Es una simple broma literaria? El estilo peculiar de Henry James, irónico y ambiguo a la vez, permite varias sugerentes lecturas de su evanescente prosa.

Más arriba, a propósito de la Recherche de Proust, ya expuse mi escaso por no decir nulo interés por leer adaptaciones a cómic de obras literarias, si bien manifestaba aquella excepción.

Sin embargo, lo que tengo ahora entre manos es una verdadera curiosidad. Se trata de una secuela de Otra vuelta de tuerca. Es un cómic que se inicia justamente donde acaba la novela de James. Su autor es Keko (José Antonio Godoy, n. 1963). Y su título es La protectora.


01.04.2013


Keko explora en La protectora el lado oscuro. El reverso victoriano que revela Mr. Hyde. El mismo que veíamos al comentar From Hell.

Otra vuelta de tuerca puede ser leída como la justificación fantasmática de un crimen, el que cometió la institutriz (que no tiene nombre en la novela, como para engrandecer su figura) sobre el niño Miles.

[Aprovecho para hacer un inciso acerca de la moda de los spoilers. Entiendo que la novela de James es suficientemente conocida, hay además un puñado de películas al respecto. Y si no lo fuese, esta puede ser una ocasión para ir conociendo la historia. Y además, esta es solo una lectura entre varias de la novela.]


El relato de la institutriz está poblado de fantasmas. Por eso The Turn of The Screw es considerada una novela inaugural. Abrió una nueva era en eso que se ha dado en denominar género de fantasmas.

Y eso da mucho juego para los artistas como Keko, quien en La protectora escarba entre los fantasmas y consigue el logro: que sea el lector quien aporte sus propios fantasmas para la consecución del relato.

La sociedad victoriana, londinense en particular, coincidía con la sociedad vienesa, al menos temporalmente. La Viena del doctor Freud. Ahora bien, mientras Freud desveló la sexualidad de un modo magistral, los victorianos la encerraron en burdeles y en sitios peores, sometiéndola además a una brutalidad como la que expresa el caso de Jack.


Seguramente, Freud la clavó cuando descubrió la naturaleza sexual de nuestra energía vital. Y las formas de ordenarla con ayuda de los mecanismos de defensa, entre los que se encuentra la racionalización. Freud abrió también el inconsciente a la conciencia, poblándolo de contenidos e imágenes que pueden ser fuente inconsciente de fantasmas o imágenes fantasmáticas, valga la redundancia.

De este modo, el relato de la institutriz puede ser leído como una racionalización (mecanismo de defensa) para justificar una muerte de la que es responsable. El hecho de que el mecanismo se llame racionalización no significa que lo irracional no pueda irrumpir en el relato. Vía libre para los fantasmas. Más aún, ¿estará ella ciertamente loca, o es una verdadera maestra en el arte de la racionalización?

La naturaleza sexual de los fantasmas de la institutriz, uno de ellos en particular, es evidente en la novela.

Fantasmas, sexualidad reprimida y crimen. En plan mansión victoriana. Una combinación fructífera que Henry James aportó al tiovivo cultural y de la que el dibujante y escritor Keko nos muestra una inquietante versión en viñetas en La protectora.



01.04.2013


El lado oscuro que bordea los límites de la representación del sujeto compromete el orden constituido, o tal vez lo sostiene dialéctica o antagónicamente, en cuanto alude al mal y a su representación.

Cuando el mal aludido es encapsulado en una noción absoluta, el Mal, y además se le inviste como principio ontológico dinámico y fundante, pasa a ser un elemento transcendental de la lucha entre el Bien y el Mal. Fácilmente, esta díada agónica o lucha entre contrarios sirve para alimentar religiones, herejías, sectas. En unos casos, como en el maniqueísmo, la lucha entre Bien y Mal es constitutiva y constituyente; es estructural, no tiene solución. En otros casos, como en el gnosticismo, es una lucha que se resuelve cuando vence finalmente el Bien.

Ya vimos en otro post la virtualidad que encierra la gnosis para un cierto tipo de narrativa y en particular para las artes visuales dinámicas como el cine (especialmente el de aventuras arquetípicas) o secuenciales como el cómic.

Igual que Santiago Valenzuela en su serie del capitán Torrezno, también Keko recurre en su guión de La protectora a la gnosis. Y lo hace introduciendo en el relato a los carpocracianos, una secta gnóstica fudada por Carpócrates de Alejandría en los primeros siglos de nuestra era.

Esta referencia a una secta oculta o liga de caballeros victorianos que actúan en un Londres de oscuridades, atrocidades y sombras sitúa este trabajo de Keko muy cerca de From Hell.

La lectura que interpreta Otra vuelta de tuerca como una racionalización à la Freud, elaborada por una institutriz que justifica fantasmáticamente la muerte de un niño, permite superar una cosmovisión en la que el mal fuese un elemento transcendental, en el sentido de que sin él no podría existir la realidad. Es una lectura que si no resuelve el conflicto, es en última instancia esperanzadora, pues da a entender que en situaciones naturales normales no cabrían esas deformaciones fantasmáticas y fantasmagóricas de lo que hay.

De todas formas, es manifiesto que el mal da más juego para la industria del arte y del entretenimiento que el bien.

La protectora es notable también gráficamente. El blanco y negro, la técnica del claroscuro vanguardista de Keko resalta la intensidad de los diferentes puntos de vista.