Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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sábado, 17 de diciembre de 2016

La canción del horror ('Esperaré siempre tu regreso')

A Sento Llobell le gusta decirnos que Jacques Tardi es un historietista de la Escuela Valenciana porque nació en Valence (Francia). En mi opinión, es una broma afortunada. Creo que Sento acierta en más de un sentido.

He recordado esta anécdota a la vista de Esperaré siempre tu regreso, un relato (bio)gráfico del alcoyano Jordi Peidro (n. 1965) que narra, a partir del superviviente Paco Aura, la suerte de los republicanos españoles prisioneros en Mauthausen durante la segunda guerra mundial.



Una conexión entre Tardi y otros autores valencianos (lo de "escuela valenciana" es solo un rótulo) se observa al considerar ese enfoque antibélico, compartido por uno y otros, basado en mostrar los horrores de las guerras vividas por nuestros mayores. Es la guerra contada desde el bando de los que la padecen, que son mayoría y los que más suelen perder.

En cierto modo, este planteamiento lo inició Art Spiegelman con Maus. A la veta hallada por Spiegelman al otro lado del Atlántico se sumó en Europa el trabajo del francés Jacques Tardi, específicamente con La Guerra de las Trincheras, seguido de ¡Puta guerra! y los dos álbumes dedicados a la experiencia de su padre en un Stalag (cabe aquí también citar a Emmanuel Guibert y La guerra de Alan). Posteriormente, Paco Roca (Los surcos del azar), Sento Llobell (la trilogía Dr. Uriel) y ahora Jordi Peidro (Esperaré siempre tu regreso), por ceñirme a tres autores valencianos, han seguido esta línea. Y lo han hecho con un estilo en el trazo, en la ambientación y en la atmósfera general que resulta más afín a Tardi que a Spiegelman.



Pero esta recuperación de la guerra -para al tiempo desactivarla- adopta en el caso español unos tintes peculiares, relacionados con las anomalías históricas enquistadas en nuestro país desde los tiempos acaso de la Contrarreforma.

[No hay que ser muy ducho en psicoanálisis para comprender que las experiencias traumáticas del pasado, mientras permanezcan reprimidas o en estado de latencia, generan disfunciones en el presente. Esto es, cuando en el escenario actual se perciben todavía tensiones cuyas fuentes se encuentran instaladas en sucesos traumáticos anteriores, revivir aquel pasado doloroso no es "remover heridas" porque sí, por el placer de hurgar. Parece mentira que haya que insistir tanto sobre esto. De lo que se trata es de ventilar las úlceras para evitar que se pudran o incluso gangrenen. Y entonces, si es posible, procurar experiencias catárticas que sustituyan a las dolorosas.

Todo esto sin obviar el principio según el cual debemos conocer exhaustivamente el pasado para que el horror no se repita de nuevo. Es este un principio historiográfico que casa con aquel otro analítico que afirma que lo reprimido vuelve.]

Por fas o por nefas, por razones de índole política o de control del poder, por inercia, por abandono, por una especie de síndrome de Korsakoff colectivo, por anhelo de un presente instantáneo, por temor... El caso es que en España quedan fosas de dolor y de historias sepultadas, ocultas, vinculadas a nuestra guerra del 36 y a su continuación en Europa (todas las guerras son una y la misma, pero la española y la mundial lo son más). La llamada Transición fue lo que fue (¿una Restauración?), pero el hecho es que esas fosas continúan tapadas.

El espacio de la representación es un marco privilegiado para trasponer experiencias vividas. Es idóneo para expurgar la Historia. En los primeros años del cambio de régimen, muerto el general Franco, se intentó esa tarea de expurgación a través del cine. Pero el establishment consiguió anular la eficacia de las "películas de la guerra civil". Unas décadas después, ahora mismo, el arte del cómic parece haber recogido el testigo de la recuperación terapéutica de un pasado traumático. (Las Nuevas Hazañas Bélicas de la editorial Glénat que fueron guionizadas por Hernán Migoya son otra historia que merece un capítulo aparte.) 

He citado arriba a tres autores valencianos: Sento, Roca, Peidro, afines a la línea de Tardi con motivo de la representación de experiencias de la guerra de nuestros ascendientes. Sin embargo, son más los autores de tebeo de aquí que van acometiendo la misma empresa. Por ejemplo, Jaime Martín, José Pablo García, Antonio Altarriba, Ramón Boldú, Carlos Giménez, Miguel Gallardo, Carlos Guijarro...


"Memoria Gráfica" es una nueva colección inaugurada por Desfiladero Ediciones. El nombre es un acierto. Memoria Gráfica. El arte del tebeo se apoya en imágenes, más o menos como la memoria. Juntar esos dos órdenes -el del cómic y el de los recuerdos- no en términos oníricos (los sueños también constan de imágenes), sino al servicio de una representación narrativa de hechos reales, puede ser tan reconstituyente, tan purgativo, como lo requiere la normalidad democrática en un país con suturas y cicatrices no del todo extinguidas. Salud y larga vida para esta nueva colección.

El primer título aparecido en "Memoria Gráfica" es Esperaré siempre tu regreso, un tebeo escrito y dibujado por Jorge Peidro que vale como carta de presentación de este proyecto editorial, El autor aúna en lenguaje de cómic la veracidad de la historia oral con la verosimilitud de la narrativa gráfica. El resultado viene a ser, entonces, un relato verdadero y auténtico,

La memoria y la historia de Esperaré... son las de Paco Aura. Solo que, en virtud de la secuencialidad intelectual y gráfica de la representación de Peidro, Biografía e Historia van aquí de la mano. El tebeo no se agota en sí mismo, sino que se inserta en ese vasto e inacabado proceso, largo y lento como las terapias saludables requieren, de recuperación de la memoria histórica. La terapia, decimos, no es solo de índole personal. La vivencia de Paco Aura nos afecta a todos. Y es así como adquiere actualidad y relevancia aquello de que hemos de conocer bien la historia para que el horror no se vuelva a repetir.

Tantas son las potencialidades del arte de los tebeos.

("La canción del horror" es el nombre del texto de Jordi Peidro que cierra el volumen Esperaré siempre tu regreso. Por mi parte, me ha parecido más que idóneo para titular este post.)


jueves, 28 de abril de 2016

Vencedor y vencido. Dr. Uriel y los 'malgré nous'


La reciente aparición de Vencedor y vencido (2016) cierra la trilogía que Sento Llobell ha dedicado a trasponer en lenguaje de tebeo las memorias de su suegro, el doctor Pablo Uriel, en torno a la peripecia vital del entonces joven médico durante la guerra del 36-39. En entradas anteriores de este blog me referí a Un médico novato (2013) [aquí] y a Atrapado en Belchite (2015) [aquí], los dos títulos anteriores de una serie de novela gráfica en tres volúmenes finalmente titulada Dr. Uriel. La última entrega, Vencedor y vencido, clausura la obra y de paso verifica el arte gráfico y narrativo de Sento. En caso de que se editasen los tres títulos en un único tomo, lo que se apreciaría es eso, una novela gráfica de alto valor tebeístico y que invita a la contemplación además de a la reflexión.

Casi tres cuartas partes de Vencedor y vencido transcurren en Valencia y cercanías (la capital, El Puig, Serra, Godella) y aquí se nota el conocimiento directo, familiar, de las localizaciones del autor valenciano. De nuevo el tino en el tratamiento del color por parte de Elena Uriel refuerza la elegancia característica del dibujo de Sento (ese guiño tamizado a Sorolla). Otro tanto sucede con la representación del hogar familiar del joven médico en Zaragoza. Fino costumbrismo.



El discurso de Dr. Uriel se inscribe en el que yo denominé en otra entrada [aquí] "La guerra de nuestros padres", que cuenta con notables realizaciones en cómic. Autores como Spiegelman (Maus), Tardi (Yo, René Tardi...), Gallardo (Un largo silencio), Altarriba-Kim (El arte de volar), Boldú (La vida es un tango...) y el propio Sento en Dr. Uriel han realizado, como escribí en aquella entrada (disculpen la autocita):
...tebeos que recogen la voz del padre del autor, es decir, tebeos que narran vivencias paternas de guerra desde la voz del progenitor, una voz más o menos filtrada por la mediación del hijo, que es quien a la postre realiza el tebeo. Esto es algo así como escribir-dibujar en el nombre del padre. Cuál sea la interpretación del sentido de esta asunción filial es una cuestión abierta. Obviamente, no se trata de contar las batallitas de papá. El asunto es otra cosa.
El asunto, en efecto, es otra cosa. A mí, el caso de Dr. Uriel me ha recordado la situación de los soldados malgré nous (soldados a pesar nuestro), aquellos alsacianos obligados a alistarse en el ejército alemán durante la II GM, negándoles su condición de franceses. A Pablo Uriel le sobrevino la guerra y se vio envuelto en ella a su pesar. Fue preso de unos y otros. Pero si horribles son todas las guerras, peor son aún las llamadas "civiles". Ser un malgré nous en el propio país y acabar en el bando del vencedor, aunque vencido y enmudecido cuarenta años, es una amarga experiencia. 

Lo que representa Dr. Uriel es también una metáfora. Colectiva, pues atañe a la historia de nuestro país. Pero también individual, de carácter existencial, pues de alguna manera no todos, pero sí la mayoría, somos malgré nous en todas las guerras. 



lunes, 7 de diciembre de 2015

"La casa", de Daniel Torres. Tebeo por los cuatro costados


A mí me parece que quienes conocen las aventuras de Roco Vargas-Armando Mistral, Rubén Plata, Opium y compañía re-conocerán sin duda el arte de Daniel Torres cuando lean y contemplen La casa. Crónica de una conquista. Y no lo digo solo por la brillantez con que la arquitectura y el interiorismo amueblan muchas de las viñetas de aquellas historietas de Torres, aunque también. Siendo La casa, como es, una exposición de la historia 
de la vivienda contada a través de historietas, conforme se avanza en el libro y se llega al siglo veinte se da cuenta 
el lector de que el autor de Roco Vargas y demás y el de La casa no puede ser otro que el  mismo. 

La elegancia visual y narrativa es una constante común a los autores de lo que se dio en llamar Nueva Escuela Valenciana, sea esta una escuela o un simple grupo generacional. Es la elegancia en particular de Daniel Torres, de Sento Llobell y de Mique Beltrán, la cual se sobrepone a la materia o asunto tratado en cada uno de sus cómics.

Otra marca que identifica a estos autores, lo veíamos al comentar Un médico novato y Atrapado en Belchite, de Sento, es la importancia que ha tenido el tebeo tradicional (junto al cine) en la formación estilística y sentimental de este grupo. Centrándome en la obra que nos ocupa ahora, es puro tebeo lo que destilan las páginas de La casa. Daniel Torres tuvo y retuvo el lenguaje del cómic. Y ahí está esto, La casa, para corroborarlo.


Ya sé que habrá quien opine que La casa no es un cómic. O que su lugar natural está en las bibliotecas públicas y en los centros educativos, por su valor didáctico. No se trata en realidad de dos objeciones distintas. En ambas subyace un mismo a priori -limitado y estrecho- acerca de qué es un cómic y qué no lo es. Una suerte de esencialismo visual y narrativo incapaz de apreciar que el cómic es un medio secuencial inclusivo, en el que caben manifestaciones tan diversas como las que se encuentran, por no citar a nadie, en cualquier tienda de tebeos. Baste recordar, a propósito, cómo eran las primeras revistas ilustradas y el antiguo tebeo, con sus misceláneas, biografías y "de todo un poco". Sin entrar aquí en mayores disquisiciones, se me ocurre que otro criterio (extensional también) para decidir si La casa es un cómic sería comprobar si esta obra es admitida para optar al Premio Nacional correspondiente, en el caso de que fuera como tal presentada a concurso. Yo pienso que sí lo sería. 


Antes que defender la condición de tebeo de La casa, mi intención en este post era otra. Pensaba destacar el arte de Daniel Torres señalando algunas cosas, como por ejemplo lo bien que ilumina sus páginas. O lo bien concebidos que están el conjunto y cada parte de la obra. Esta se compone, en efecto, de capítulos sucesivos, cada uno de los cuales narra mediante texto, ilustración e historieta un momento decisivo en la concepción, desarrollo y consolidación de la vivienda a través de la historia de la humanidad de Occidente. Mucha tela para cortar. Y mucho arte el logrado por Torres. Cada uno de los capítulos tiene tratamiento y factura específicos. Y son, en la mayoría de los casos, sorprendentes. Torres domina el arte de la historieta y así lo demuestra. Hasta el punto de que es este, La casa, un cómic de cómics, esto es, una larga historieta integrada por veintiséis historietas diferentes, una por capítulo. Que sea uno de los rostros de la Historia, en fin, lo que a la postre se muestra en el libro no es sino el resultado del arte y del buen hacer de Daniel Torres. 


Crónica de una conquista es el subtítulo de La casa. La conquista, veo yo, de un derecho. O mejor, de un conjunto de derechos que se plasman en algo tan íntimo y social a la vez como es la vivienda que cada uno ocupa y a todos ocupa. 

Muchos son los motivos que ofrece esta crónica gráfica. Por presencia o por ausencia. El sonido que emite el rumor de los desarraigados es uno de ellos. 


martes, 21 de julio de 2015

La puta guerra


La puta guerra, sí, la que alimenta escenarios e historias crueles, la representada bajo el rostro de la épica y la denuncia, el valor y el dolor, la lucha y la muerte, la resistencia y la vida.
"La guerra es el padre y el rey de todas las cosas; a unos los muestra como dioses y a otros como hombres, a unos los hace esclavos y a otros libres." (Heráclito)
No me refiero a la guerra entendida como un universal ontológico, una realidad inexorable que se impone en todas partes con necesidad metafísica (la imagen heracliteana del arco y la lira). Ni especulo acerca de si es una misma la guerra que extiende su zarpa en momentos y escenarios distintos, o hay más bien diferentes guerras, cada una con sus innumerables batallas. 

Me refiero al conflicto armado, al dislate bélico. Y en este respecto, sea una o varias, sean cuales fueren sus causas, todas las guerras coinciden en lo mismo: el sufrimiento y la muerte a ciegas. 

Importa la realidad y experiencia terrible de los que padecen las guerras. (Ocurre en esto lo que con la enfermedad y las enfermedades. La taxonomía, la etiología y demás son indispensables para la ciencia médica. Pero a fin de cuentas, lo que realmente existe son los enfermos. Y es en ellos en los que debe centrarse el arte del médico.)

Las víctimas de la enfermedad, las víctimas de la guerra.


En el ámbito de la representación, fue Goya quizás el pintor que más se acercó a la sensibilidad moderna respecto al relato y la contemplación de la guerra. Previamente, Rubens había realizado un lienzo titulado igual que la serie de grabados del aragonés: Los desastres de la guerra. Pero Rubens aún se movía en el terreno de la alegoría basada en personajes mitológicos (Marte, Venus, Cupido, etc.) Goya, en cambio, mostró una crudeza humana, demasiado humana, tan grotesca como insoportable. 

El cómic contemporáneo recoge algo más que secuelas de la mirada de Goya. No tanto en el caso de la historieta bélica (Miller y su 300, p. e.), claro está, sino en el del cómic antibélico (Tardi, Sacco, Hernández Cava, Altarriba, Sento y un largo etcétera). El cual viene a ser, por cierto, el que nos interesa.


No creo que sea una muestra de cinismo considerar que la puta guerra es una fuente de inspiración para el cómic en una u otra de sus versiones (bélica, antibélica). Otra cosa es la tensión de los contrarios apuntada por Heráclito.


viernes, 24 de abril de 2015

Atrapado en Belchite: En el principio el tebeo


A Sento Llobell, a su obra, le encaja como un guante la frase: "En el principio se encuentra el tebeo". Cualquiera (todas y cada una) de sus creaciones -bien sea una falla, la figura central del Parque Gulliver de Valencia, las aventuras de Tirant lo Blanch, los personales cómics que conforman su carrera de historietista o algo tan serio como son las memorias del doctor Pablo Uriel- confirma lo que enuncia esa frase. Es el tebeo el que anima y genera esas obras y no al revés. Y es eso, unido a su arte, lo que convierte a Sento en uno de los grandes autores de cómic de nuestro país.


En otro post [ aquí ] comentábamos Un médico novato, la primera parte de la transposición a tebeo de No se fusila en domingo, libro de memorias de Pablo Uriel. Ahora aparece autoeditado Atrapado en Belchite, segunda parte de una proyectada trilogía de Sento sobre tales memorias.

El hecho de que la autoedición sea una alternativa muy vinculada a los cómics, al menos desde la era underground, viene a reforzar la impresión de que para Sento en el principio se encuentra el tebeo. La lectura de Atrapado en Belchite, junto a la de Un médico novato, reafirma esta impresión.



En el caso concreto de estos dos títulos de Sento, decir que en el principio está el tebeo puede parecer cuanto menos equívoco, pues es obvio que lo que se encuentra al principio aquí es No se fusila en domingo, las memorias del doctor Uriel, un libro de prosa autobiográfica. Sin embargo, el sentido de la frase alude a otra cosa. Alude en concreto a esa "mirada de autor" que es característica de Sento y que este refleja en sus obras. Algo así como un a priori, una condición previa a la tarea posterior de elaborar una obra, aquí a partir de la lectura de los textos de Pablo Uriel. Y es una mirada, ya digo, netamente de tebeo.

Más difícil será especificar qué se entiende exactamente por "tebeo" al decir que este es el rasgo peculiar que caracteriza el trabajo de Sento.

Se me permitirá que recurra una vez más a la definición ostensiva. Quien haya leído y disfrutado los tebeos con los que alimentamos nuestra infancia los nacidos entre los años cuarenta y sesenta del siglo pasado sabrá perfectamente a qué me refiero al decir que en las obras de Sento prevalece el espíritu del tebeo. No hay más que comprobarlo a través de los sentidos, por mucho que el término "espíritu" mantenga connotaciones idealistas. 


Pero no estamos diciendo con ello que la obra de Sento sea ingenua o infantiloide. Para nada. Lo difícil es lograr expresar en lenguaje de tebeo un discurso tan serio y tan lúcido como el que transmiten las memorias del doctor Uriel. Es una cuestión de estilo y de arte. Quizás la humanidad que atraviesa el libro del médico es lo que conecta con la gracia del dibujo de Sento. Y no son poco el arte y el estilo requeridos para configurar estos tebeos, que aunque tratan el tema que tratan, permiten que palabras como 'esperanza' y 'optimismo' asomen entre las viñetas.

Pese a todo, Atrapado en Belchite es acaso más sombrío que Un médico novato, si bien el tino en la aplicación del color por parte de Elena Uriel (esa viñeta de la tienda de telas) amortiguan un tanto ese tono. La historia transcurre en el frente, en los comienzos de la denominada Batalla del Ebro, la más larga de toda la guerra, junto con la de Madrid. Pese a todo, también, prevalece en esta obra de Sento la apuesta por el vitalismo. 

Esperamos con ganas la conclusión de la trilogía.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Un médico novato

La memoria, las memorias.


Pablo Uriel (1914-1990) fue un médico que después de la última guerra civil se instaló en A Coruña, donde desarrolló su carrera y formó una familia. Miembro de la Real Academia de Medicina de Galicia, en 1972 fue elegido presidente del primer Ateneo Cultural de A Coruña, claro antecesor del actual Ateneo Republicano de la misma ciudad.

Nacido en Gómara, Soria, Uriel estudio medicina en Zaragoza -su lugar de residencia en aquel momento- y recién licenciado, en julio de 1936, le encomendaron una sustitución de 28 días del médico titular de Rincón de Soto, un pueblo de La Rioja. Llevaba allí un par de semanas ejerciendo, cuando a Pablo Uriel le sorprendió la revuelta (el llamado "glorioso alzamiento") y el inicio de la guerra en una zona afín al bando de los sublevados, ya que el pueblo fue ocupado el 19 de julio por los requetés.

A los pocos días de iniciada la contienda fue movilizado y posteriormente recluido en la prisión militar de Zaragoza sin saber cuál era su delito. En la misma situación se encontraban sus compañeros de celda y hasta Antonio, un hermano de Pablo, que fue fusilado en uno de los "paseos" habituales entonces. Finalmente fue excarcelado y con los años, Uriel reflejó esta experiencia en su libro de memorias No se fusila en domingo, de cuya publicación póstuma (2005) se ocupó Elena, hija de Pablo Uriel y esposa del valenciano Sento (Vicent Llobell Bisbal), conocido ilustrador y dibujante de cómics.


Un médico novato, entonces, es una obra de Sento que narra en tebeo buena parte de la experiencia descrita por su suegro Pablo Uriel en el libro de memorias No se fusila en domingo. Y es este cómic de Sento el que ha sido galardonado en la VI edición del "Premio Internacional Fnac/Sins entido de Novela Gráfica".



07.12.2013


El mero título Un médico novato ya revela un estilo, un 'hacer' por parte de Sento fuertemente influido por el historietismo tradicional, aquel que conocimos en los tebeos de nuestra infancia. Me refiero a que siendo tremendo lo que nos cuenta Sento en esta obra, su relato tiene un tratamiento formal que podría parecer acaso ingenuo o inocente, aunque más bien lo que mejor revela es un talante inasequible al desaliento, por no decir optimista. Es así este cómic una buena muestra de ese aire progresista, ciertamente moderno, que caracteriza el trabajo de Sento. Lo cual ratifica la inclusión de este autor en aquella "Nueva Escuela Valenciana" que en los años ochenta pasados despuntó con su personal adscripción a la línea clara.


Lo tratado en Un médico novato, ya digo, es tremendo, por más que presentado con frescura. Se nos muestra el horror de unos golpistas que, como ya habíamos leído en Las bicicletas son para el verano, de F. F. Gómez, truncaron al calor del estío del 36 un sinnúmero de vidas y de esperanzas mediante el procedimiento de aplicar sistemáticamente el terror en la población. Simplemente una denuncia, ser militante de Izquierda Republicana o simpatizante de la F. U. E., no digamos ya miembro de la U. G. T., era suficiente para satisfacer aquella voluntad de exterminio del otro declarada por los fascistas. Al general Mola se le atribuye esta orden: someter a las zonas dominadas mediante la aplicación sistemática de terror. Y es esa voluntad la que se recoge en este diálogo de Un médico novato entre un profesor de la facultad de medicina de Zaragoza y el protagonista, recién incorporado a filas:

--Le parecerá increíble, pero pienso que estamos asistiendo, en esta ciudad, a un experimento de psicología colectiva.

--¿Qué quiere decir?

--"El terror actuando sobre una comunidad."

Parece que el terror, siempre que se ejerza con frialdad, con la suficiente intensidad y con la máxima brutalidad, produce, en la colectividad castigada, una abyecta conformidad...

...un sentimiento de gratitud degradante por parte de aquellos miembros de la comunidad que hayan conseguido escapar al castigo.

El terror es como una gangrena que nos degrada a todos...

...a los verdugos, los hace sádicos...

...a las víctimas, las hace pasivas...

...a los espectadores, nos hace cómplices.

¿Sabe, Uriel? El terror es el arma de moda en estos tiempos."

Un médico novato supone el tratamiento en cómic de una memoria individual, la del doctor Uriel, que se incorpora a una memoria colectiva, la de los españoles que intentan comprender qué pasó en aquellos años de barbarie. Aunque la sobriedad de este relato no es óbice para que Sento nos muestre su personal buen hacer tebeístico y hasta su dominio del arte secuencial.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Nueva Escuela Valenciana

La Nueva Escuela Valenciana de cómic fue un rótulo, a manera de fórmula, que se difundió para referirse a un puñado de dibujantes que deslumbraron con sus historietas a partir de los comienzos de la década de los ochenta.

En realidad, no se puede hablar de una escuela como tal. Es más bien una generación. Tenían, eso sí, un lugar de origen más o menos común: el País Valenciano.

Como siempre que se habla de arte, aquí las singularidades pesan más que los intentos de crear etiquetas unificadoras. No obstante, hay un aire de familia marcado por un tiempo histórico común y, por tanto, por unas actitudes y gestos también comunes.

Todos ellos son historietistas de segunda generación. Se formaron y aprendieron a dibujar tebeos leyendo tebeos. Es posible, por tanto, encontrar referencias en sus viñetas procedentes de otras viñetas que impactaron sus retinas a través de sus lecturas de tebeos e imágenes del mundo que les rodeaba. Eran, pues, postmodernos. Se criaron con el cine, la música y los tebeos de la modernidad.

Como digo, cada uno de los integrantes de esta grupo tiene sus propias singularidades. A manera de presentación, dejo de momento la nómina de los representantes más destacados de la (mal) denominada Nueva Escuela Valenciana. Su influencia se ha dejado ver desde entonces en los creadores más actuales.

Micharmut (Juan Enrique Bosch Quevedo, n. 1953):


Sento (Vicent Josep Llobell Bisbal, n. 1953):


Daniel Torres (n. 1958):


Mique Beltrán (n. 1959):


De alguna manera, todos ellos recibieron influencias estéticas, cromáticas y conceptuales del alicantino Miguel Calatayud (n. 1942):


Una cosa, con todo, comparten. Al igual que Max, que no es valenciano pero que encaja perfectamente en este grupo, se educaron en buena medida leyendo los tebeos de la Escuela Bruguera, entre otros.

Y eso se nota.

15.01.2013

Los dibujantes y autores de la denominada 'Nueva Escuela Valenciana', que despuntaron a primeros de los ochenta pasados, retoman su actividad tebeística.

Micharmut acaba de publicar en papel contenidos de su blog: Sólo para moscas. Es un libro que promete.


Sento ha ganado un premio con una novela gráfica: Un médico novato. Pronto será editada.


Por su parte, Mique Beltran ha reunido en un solo volumen las historietas de aquel personaje que animaba el suplemento infantil de El País en los años noventa: Marco Antonio. Obra completa.



Beltran anuncia que en breve hará lo mismo con su heroína y madre de Marco Antonio, Cleopatra. De igual modo, declara que vuelve a la creación de historietas.


Y en fin, supongo que pronto oiremos hablar de nuevo de Daniel Torres.

Son estos, a lo que parece, buenos tiempos para el tebeo.

Y además, como suele decirse, el que tuvo retuvo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Tebeos y fallas

Javier Mariscal en alguna ocasión ha declarado que su mayor influencia estilística y temática no le viene de Herriman, Crumb, el underground y tal, sino que procede de las Fallas valencianas.


Y sí que hay en el estilo de Mariscal un desparpajo, una vitalidad, un trazo suelto y un colorido que recuerdan la luz del Mediterráneo y, en última instancia, la perspectiva fallera.

Adentrándonos más en el tema, resulta que Valencia es una cantera de dibujantes de tebeos. Antes, después y ahora. Por ejemplo, aunque hay por ahí mucha más información disponible: 
Sobre la "Escuela valenciana de historieta":
 Y sobre la denominada "Nueva Escuela Valenciana":
La pregunta, por tanto, parece obligada: ¿Qué tiene Valencia para producir tantos historietistas?

Y una de las respuestas posibles viene dada por la realidad de los monumentos falleros. Dado que, en mi opinión, una falla es algo así como un tebeo tridimensional.

Y es entonces comprensible que un artista gráfico y comiquero como Sento (Vicent Josep Llobell Bisbal, n. 1953) haya diseñado algún año fallas tan importantes como las de Na Jordana o la de la misma Plaza del Ayuntamiento.

En 1987, la falla de la entonces llamada Plaça del País Valencià, hoy Plaza del Ayuntamiento, tuvo un cartel realizador de lujo, difícilmente repetible.

El diseño fue de Sento, el guión de Manuel Vicent, el artista que la confecciónó: Manolo Martín. Y el vestuario de los ninots corrió a cargo de Francis Montesinos.


El título de la falla era "Como un espejo". Y reproducía fielmente el mismísimo balcón del ayuntamiento, centro de reunión del poder valenciano en las fiestas.

Era, pues, una falla autorreferencial. Como tantísimos cómics (post)modernos.