Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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martes, 24 de noviembre de 2015

Cómics sensacionales... Sin adjetivos superfluos

Cuando un texto con pretensión de informar tira de adjetivos calificativos que obvian el empleo de otras frases, no hay por qué sospechar que ese abuso de los adjetivos enmascara carencias cognoscitivas del escritor. Como en todo, esto es una cuestión de medida. Y un uso medido de los adjetivos entraña también su mérito.

Es más pacífico convenir que lo que se expresa a menudo a través de los calificativos es la propia subjetividad del autor, de manera que en los textos muy adjetivados el significado emotivo predomina sobre la información.

No es preciso, con todo, recurrir a los calificativos para expresar contenidos subjetivos. El lenguaje verbal está sobrado de recursos sintácticos y semánticos que permiten construir oraciones sin límite, incluidas las que tienen referencia objetiva, las autorreferenciales y las referidas al sujeto que habla o escribe.


En el libro Cómics sensacionales, Santiago García no abusa para nada de los adjetivos, pese al que figura en el título. Más bien al contrario. En sus páginas el autor ofrece datos, información sobre el entorno de los cómics, a la vez que expresa anécdotas y detalles de sí mismo al hablar de sus tebeos preferidos. Es decir, lo que ofrece Cómics sensacionales es una equilibrada conjunción de información objetiva y subjetiva encadenando enunciados; sin adjetivos superfluos.

El estilo de escritura de Cómics sensacionales certifica que nos encontramos en la era del blog, la de los blocs personales. No en vano Santiago García es el artífice de Mandorla, uno de los blogs de cómics de referencia en nuestro idioma. Pero estamos también ante un libro "de autor". No solo es que Santiago García sea el responsable del ensayo La novela gráfica, el editor de la compilación de papers de varios autores titulada Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea, el organizador de la antología de historietistas Panorama. La novela gráfica española hoy y el firmante de un buen número de prólogos, artículos y otras aportaciones en este ámbito. Es que además Santiago García es un ya consolidado escritor de guiones de cómics diversos. La lista de tebeos guionizados por él empieza a ser importante. Y el éxito fulminante del galardonado Las Meninas, dibujado por Javier Olivares y escrito por nuestro autor, es el mejor botón de muestra de la valía de Santiago García como guionista.

García parece encontrarse en un momento dulce de su carrera. Así lo da él a entender en esa especie de canon particular de la historieta que viene a ser Cómics sensacionales. Nos afirma el autor que toda su vida ha estado dedicada a los tebeos; primero como lector e incipiente creador, después como traductor y luego como guionista, si bien cada fase nueva conserva las anteriores. La ocupación le va dando frutos, aunque el sabrá de sus esfuerzos (el entusiasmo no basta y los libros no se escriben solos). Siempre es una suerte notar que la cosa funciona.

Respecto a la distinción que Santiago García perfila entre neófitos, aficionados y profesionales en el mundo del cómic, yo le diría que todos amanecemos diariamente siendo neófitos en todos los mundos.

El equilibrio que muestra Santiago García en sus comentarios (si bien se nota un poco su circunstancia biográfica en favor de ciertos tebeos de superhéroes), esto es, la ecuanimidad a la hora de valorar los tebeos que nos presenta el autor -en la medida en que la propia ecuanimidad sea un valor de por sí en el ejercicio de la crítica-, más allá de que los títulos elegidos coincidan o no con los preferidos por el lector, y en cuanto que los comentarios se centran más en los autores y en su contexto que en los títulos mismos, todo ello, concluyo, nos muestra que el canon particular de Santiago García coincide en muy buena medida con el canon universal de los cómics.






domingo, 25 de enero de 2015

Endurance. El nombre de la resistencia


Hay una teoría que afirma que la novela es hija de la Historia; en su versión más dura, la novela habría aparecido en la modernidad como uno de los pecios del género histórico clásico.

Una versión más suave de esa teoría concluye que la novela comparte con la historia la narratividad: ambas refieren sucesos. Unos sucesos, por cierto, que a estas alturas no han de ser extraordinarios per se para merecer la atención del autor, ni la del lector. Cualquier hecho, por trivial que parezca, es susceptible de ser novelado, lo mismo que existe en la academia actual una historia de la vida cotidiana. El estilo es lo que cuenta, además de lo que se cuenta.

De una forma u otra, entonces, hay materia novelesca suficiente en la historia y viceversa, es decir, hay materia histórica suficiente en la novela. Qué sucesos sean los narrados en un caso y en otro, es algo que decidirá el autor. Y el lector, en definitiva, será quien califique esos sucesos como extraordinarios o no, siempre influido por el tratamiento que el autor imprima a su obra. 


Luis Bustos (n. 1973) publicó en 2009 bajo el sello Planeta la novela gráfica Endurance. Cinco años después, a finales de 2014, ha sido reeditada con motivo del centenario de la expedición a la Antártida iniciada el 8 de agosto de 1914 a borde del barco Endurance y dirigida por el explorador Ernest Shackleton (1874-1922).

La aventura del Endurance es la historia de un fracaso, en tanto que no consiguió el objetivo propuesto por Shackleton, esto es, atravesar por tierra el continente de hielo antártico. Sin embargo, este mismo fracaso es a la vez la historia de un éxito. La gesta de Shackleton permanece en el recuerdo como un ejemplo de supervivencia épica, un modelo del poder de la resistencia frente a la adversidad que adquiere incluso tintes heroicos.

Y así, la Expedición Imperial Transantártica (1914-1917), que es el nombre oficial de la Expedición Endurance, se inscribe en la epopeya de la denominada "edad heroica" de la exploración de la Antártida.

Endurance, la novela gráfica de Luis Bustos, recoge esta dualidad en la que coexisten el fracaso y el éxito de Shackleton y de su expedición. 



En el Prólogo a la reciente edición de esta novela, Santiago García menciona la presencia de "el japonés Osamu Tezuka y el norteamericano Jack Kirby" en este trabajo de Bustos. Y sí, es visible el estilo del manga en las composiciones de página y en las transiciones "a la japonesa" de muchas de las viñetas de Endurance; igual que es visible la influencia de Kirby, "the King of Comics", acaso en la tosquedad y dureza del trazo de Bustos en el dibujo de esta novela, pero también en el aire heroico que imprime el autor a su relato. Una tosquedad y una dureza que son, en todo caso, perfectamente acordes con las circunstancias en que tuvo lugar la aventura de Shackleton.

De alguna manera, Luis Bustos triunfa en su empeño cuando consigue transmitir al lector el frío, la dureza y la tosquedad mencionadas, mas también el espíritu de resistencia de unos hombres comandados por un personaje mitad aventurero, mitad visionario, pero capaz de embarcar a toda una tripulación hacia una odisea más que incierta.


Y es en este punto, volviendo de nuevo a la perspectiva histórica, donde cabe resaltar un apunte hermenéutico. El Endurance zarpó del puerto de Plymouth a los pocos días del comienzo de la Primera Guerra Mundial. La gesta de Skackleton coincide con esa Gran Guerra en el sentido de ser un desastre promovido por sueños de honor y de exaltación nacional. Y de igual modo que esa guerra marcó el final de un mundo y el comienzo de otro, la aventura del Endurance marcó el fin de la "edad heroica" y el comienzo de la "edad mecánica" en el ámbito de los exploradores. Los sueños facilmente se transforman en pesadillas. Y en estas solo cabe encontrar, si acaso, grandeza y valor épico en la resistencia de los hombres y mujeres, anónimos casi siempre, involucrados en tales locuras.

Esa es la grandeza de la aventura de Skackleton: mostrar el valor de la resistencia no solo de él, sino de los héroes que lo acompañaron en su ensoñación. Y esa es también la importancia de Endurance, la novela gráfica de Luis Bustos, en la medida en que da cuenta de ese valor.






jueves, 8 de enero de 2015

Lenguaje icónico, lenguaje verbal. Beowulf

Hay una cuestión que renace intermitentemente. Y en el ámbito del cómic, debido quizás a su propia naturaleza que combina imágenes y texto, se plantea con mayor o menor asiduidad. Me refiero a lo siguiente.


En la colección de historietas Luba en Nortemérica, de Beto Hernandez, encontramos una: "Ofelia, prima de Luba" en la que Ofelia declara:

"La escritura suele considerarse la forma más elevada de arte porque así lo dicen los escritores. Los escritores prefieren la obra escrita, así que reservan para ella los mejores halagos. La historia del arte, toda la historia está registrada por escritores. Es en quienes debemos confiar."

Y a continuación añade Ofelia:

"Nada satisface como la buena escritura. Una frase que sea un comunicado inteligente es como un chute de ideas directo al cerebro. La música y las artes visuales no tienen ese resultado concreto, esa recompensa cerebral, ese remate que te lleva de la mano. Son artes que 'flotan', mientras la escritura conecta."

Aunque luego da un giro ella misma al decir:

"A no ser que prefieras la música o las artes visuales a las palabras."

Con lo que concluye su interlocutor:

"Hablas como una escritora frustrada, mujer..."

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Es decir, el debate acerca de la jerarquía entre las artes visuales, artes de la escritura, artes musicales... -cuál ocupa un lugar más elevado en su consideración-, probablemente no es una cuestión que esté bien planteada. La escritura, en sus diferentes modalidades (verbal, icónica, musical) atraviesa todas las artes.

Y en el límite, son las obras realizadas las que son o no apreciadas y valoradas una por una, criticadas y juzgadas por sujetos que pertenecen a una comunidad.

Y lo que es más importante, la valoración de las artes no se da independientemente de la posición que ocupe en su entramado el sujeto que juzga. Intereses, preferencias, actitudes, circunstancias biográficas, la situación del lector-fruidor, en definitiva, también cuenta.


Estas consideraciones me han venido a cuento de la lectura de Beowulf, la transposición al lenguaje del cómic del poema épico medieval del mismo título, fundacional de la literatura inglesa. Este proyecto, difícil donde los haya, lo publicaron a finales de 2013 el guionista Santiago García (n.1968) y el dibujante David Rubín (n. 1977).

Y acaso lo mejor que se puede decir de esta "reescritura" visual del poema Beowulf es que en ella sus autores consiguen lo fundamental para el caso. Ya que en virtud de esta obra leemos Beowulf según los requerimientos del arte secuencial más estricto. Con todos los hallazgos visuales y estéticos que sus artífices despliegan en estas páginas.


Borges escribió sobre Beowulf:

"Sería la fábula de un hombre a quien alcanza finalmente el destino y de una batalla que vuelve." (Literaturas germánicas medievales)

García y Rubín parecen recoger esta descripción borgesiana, que bien podría ser el lema de su Beowulf realizado como una importante novela gráfica.

martes, 30 de diciembre de 2014

Yo, asesino. La sombra de Foucault y la autenticidad en el arte

No hace mucho nos referíamos a Michel Foucault a propósito de Las Meninas. En esa novela, Santiago García y Javier Olivares configuran una trama en la que el filósofo francés hace acto de presencia, siendo incluso representado gráficamente.

Curiosamente, la sombra de Foucault planea también al leer Yo, asesino, una nueva novela gráfica con guion de Antonio Altarriba y arte de Keko Godoy.


En esta ocasión, la presencia de Foucault no es visible. Ni siquiera es mencionado su nombre. Sin embargo, en Yo, asesino late aquel texto del filósofo francés titulado Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y mi hermano...

http://www.unirioja.es/dptos/dd/filosofia/actividades/yo_pierre_riviere.pdf

Otro punto de intersección entre Las Meninas y Yo, asesino (y dejaré aquí la cuestión, pues no es plan de comparar dos obras valiosas por sí) tiene que ver con sendas reflexiones acerca del Arte, su posibilidad, su alcance, sus límites... desde la perspectiva del Barroco.


Pues el arte, como acción y como pasión, como entrega mas también como modus vivendi, el contraste entre lo auténtico y lo inauténtico en el arte, arte y deseo, arte y saber, arte y poder, etc., son parte de los asuntos que se dirimen en Yo, asesino.

En este sentido, hay en esta obra una extraña conjunción (comunión, diría yo) entre la escritura directa y precisa de Altarriba y el dibujo expresionista de Keko. Un dibujo este, por cierto, que a la altura de los mejores se presenta como escritura. Y más que ofrecerle al lector una reflexión teórica sobre la autenticidad en el arte, lo que hacen estos autores en Yo, asesino, según mi entender, es presentarle en carne viva (decir escupirle suena incorrecto) una autenticidad que va más allá de la mera reflexión. Lo cual no significa que estemos ante una obra irreflexiva. Para nada.

Se trata del asesinato practicado y vivido, más que entendido, como obra de arte. Como una de las bellas artes.

Todo ello a través de un cómic. Es decir, de una muestra cumplida de arte.

Numerosas son las referencias visuales implícitas en el espacio de la representación que delimita Yo, asesino. Pero no hay aquí retórica ni cháchara visual, mucho menos narrativa. Prevalece la experiencia directa.

No está mal tampoco la presentación que se ofrece en Yo, asesino al lector de los entresijos del mundillo académico, universitario, nada menos que en el País Vasco; si bien, salvando la circunstancia política de allí, son unos entresijos extrapolables a universidades de otros territorios. Que una cosa es el saber y otra su institucionalización mediante el poder. Supongo que la condición académica del profesor Antonio Altarriba es inseparable de la escritura de su guion.


Y en fin, casi vendría a cuento recordar, a propósito de lo que se escenifica en Yo, asesino, la película La soga (Rope, 1948), dirigida por Alfred Hitchcock a partir de una obra teatral de Patrick Hamilton. Porque si no cabe duda de que la autenticidad es una de las características indiscutibles del arte, ya no está tan claro, a la vez, que el arte se alimente únicamente de la autenticidad. Dado que hay otras instancias, otros ámbitos también pertinentes.

También podríamos aludir al discurso psiquiátrico inherente al "caso Enrique Rodríguez". 

Sin embargo, hablar aquí de todo eso supondría introducir perspectivas y discursos sobrepuestos por mí a la desnudez que se perfila en Yo, asesino. Empecé este post refiriéndome a la sombra de Foucault y a su Yo, Pièrre Riviere... No dejemos que otras sombras, otros discursos, alteren la autenticidad que late en este cómic valiente de Altarriba y Keko.


viernes, 3 de octubre de 2014

La representación de la representación. Las Meninas

Y hablando de Velázquez,



Lo leeré mañana.

05.10.2014

Las Meninas de Velázquez es el cuadro de un cuadro.


Y en este respecto, el filósofo Michel Foucault inició su libro Las palabras y las cosas con un comentario sobre esta pintura. Allí escribió: "Quizá haya, en este cuadro de Velázquez, una representación de la representación clásica y la definición del espacio que ella abre".

Pues bien, Las Meninas, el cómic de Santiago García y Javier Olivares arranca y se cierra con una invocación a ese texto de Foucault.

Pero no hay que alarmarse. Hablamos de un tebeo, escrito y dibujado en el lenguaje de los tebeos y tan disfrutable como lo suelen ser los tebeos. Hay entretenimiento. Aunque, eso sí, con la densidad e intensidad gráfica y narrativa requeridas por el tratamiento del tema en cuestión.

Se trata del Arte. Y este cómic demuestra que los entresijos del Arte son más que accesibles a través de la novena de las artes.


Pese a su título, Las Meninas no se centra en la gestación del cuadro homónimo. En el plano de la narración, el personaje principal de la historia es Velázquez, cuya vida es punteada con la excusa de una investigación emprendida por la Orden de Santiago. Asistimos así a los años de formación del pintor en Sevilla a cargo de Pacheco, con cuya hija casó. Sabemos de su llegada a Madrid requerido por el conde duque y de su aceptación en la Corte. Vemos su relación con Felipe IV y con otros pintores como Alonso Cano. Y la presencia de Rubens. Y los dos viajes a Italia de Velázquez y su visita a El Españoleto. Y su convivencia con Flaminia...

De igual modo, la pericia de García en el guion nos presenta en la historia a Picasso y a Dalí, magníficamente representados por el grafismo de Olivares. Y a Goya y a Madrazo. Y hasta a Buero Vallejo. Y al mismo Foucault.

Pero al poco de ingresar en las páginas de Las Meninas, lo que se presenta a los ojos del lector es una indagación acerca de los mecanismos secretos del Arte. Casi nada. Esto es lo que tiene atreverse a mirar a la cara la obra cumbre del pintor sevillano.

Pues de miradas, espejos, luces y sombras, espacios, equilibrios y posiciones es de lo que trata el cuadro de Velázquez. Y por ende, también el tebeo de García y Olivares. El arte Barroco en su plena afirmación, manifestado en la pintura Las Meninas, encuentra un correlato aceptable en la pretensión de la historieta que comentamos. Puede haber quien encuentre el resultado un tanto abigarrado. Yo pienso que no. A la larga, la complejidad y esplendor del Barroco no sé si trasparecen en el tebeo, pero al menos se vislumbran.

Velázquez consiguió integrar en su pintura la cuarta pared. Y a su modo, García y Olivares también lo consiguen.


Por último, se me ocurre que si, como escribió Foucault, Las Meninas de Velázquez es el cuadro de un cuadro, una representación de la representación clásica que esta define, entonces Las Meninas de García y Olivares apunta nada menos que a la representación del espacio que la representación del lenguaje del cómic -el arte secuencial- persigue. Esta interpretación puede parecer barroca, es lo propio. Pero espero que no quede pedante.

Me ha gustado el tebeo. Creo que da un paso importante en la exploración del lenguaje del cómic.


05.10.2014

Más que un símbolo, las meninas son un icono. Porque en caso de ser un símbolo, no sabría decir ahora de qué. Como no fueran el símbolo de un modelo o de un estereotipo, por no llevarlo a ser el símbolo de un arquetipo.


Es una de las imágenes más versioneadas en la actualidad. Y más reproducidas tanto en la esfera del arte como en la del mercadeo. Como lo son las imágenes del Che Guevara o las de Corto Maltés. Son acaso iconos vacíos de significado (o plenos desde otro punto de vista), bien porque aceptemos que en estos casos el significante agota el significado, bien porque pensemos que es el significante el que aporta el significado. Eso sí, son iconos ciertamente reproducibles. Y recreables. 

Equipo Crónica 
Por cierto, las meninas eran ("son" en el sentido atemporal del arte, como en el de la lógica) las doncellas que asistían a las infantas. Eran de familia noble y ejercían de meninas hasta que se casaban. Así, en la imagen siguiente una menina es la que está a la izquierda de la infanta Margarita.


 Y bueno, el cómic no es ajeno a nada representable y con movimiento. 


miércoles, 3 de julio de 2013

La novela gráfica. Panorama

Con el título Panorama y el subtítulo La novela gráfica española hoy se publicó hace un par de meses este libro:


Se trata, como se indica en la contraportada, de "El panorama de la novela gráfica en España a través de treinta de los mejores autores de cómic del momento". Es decir, estamos ante un libro colectivo. Una recopilación de treinta historietas cortas de otros tantos autores, totalmente consagrados unos, prácticamente desconocidos otros, y hasta algún novel.

Como en toda muestra de este tipo, hay variedad suficiente en este libro para hacerse una idea de por dónde van los tiros en esto del cómic en nuestro país. A unos les gustarán más unas historietas que otras. Se podrá cuestionar tal vez la validez de algunas de las propuestas. Pero en todo caso, el resultado es satisfactorio en la medida en que da cuenta de su propósito y objetivo.

04.07.2013

Acerca de qué pueda ser la (o una) novela gráfica.


Panorama se presenta como una recopilación de pequeñas muestras de novela gráfica.

El volumen trae un interesante prólogo de Santiago García titulado "La lengua materna" que es esclarecedor. La novela gráfica, nos dice al fin, no es un género, ni un formato, ni un estilo, ni una moda.

Recurriendo un tanto a la definición ostensiva, el prologuista de Panorama apunta que la novela gráfica es lo que el lector tiene ante sus ojos al leer esta recopilación.

Y a modo de ostensión, he aquí una página de Miguel Gallardo de su historia "Navidad en casa", incluida en el panorama:


Pero lo fundamental, concluye García, lo que comparten todos los historietistas de Panorama, es su lengua materna. Una lengua que no es otra que la de los tebeos de la infancia.


Así termina Santiago García su prólogo:

Alguien pensará y con razón, que si la novela gráfica no es nada de esto, ¿qué es entonces? Para conocer la respuesta solo tiene que pasar la página y adentrarse con un puñado de historias personales contadas por un puñado de autores que utilizan para expresarse su 'lengua materna', la del cómic.



06.07.2013

Desde la perspectiva de hoy, mañana ya se verá, la expresión novela gráfica puede acabar siendo en la historia del cómic  algo así como la expresión nouvelle vague en la historia del cine. Sólo que, mientras la segunda es tan nacional como las baguettes, la primera es de la aldea global. El cómic y el cine siguen cada uno su historia.


Tanto novela gráfica como nouvelle vague son rótulos o etiquetas, una especie de marcas. No están vacías, pero tampoco se pueden definir intensionalmente. El recurso para hablar de ellas es la denotación, la definición ostensiva: señalar objetos que lucen a manera de esto es novela gráfica o esto es nouvelle vague.

Se suelen buscar parámetros generacionales, recursos estilísticos, temáticas, cualquier elemento común que sirva para identificar primero y caracterizar después el significado de "novela gráfica" y de "nouvelle vague". O, desde posiciones no extensionales, se intenta aprehender o capturar la esencia o al menos la connotación de cada una de esas expresiones.

Sin embargo, al final, lo que queda es un aire de familia compartido por un puñado de historietistas o de directores de cine.


Otro aspecto que tienen en común la novela gráfica y la nouvelle vague es que en ambos casos sus realizadores se criaron leyendo tebeos y viendo películas. Mamaron tanto cine y tanto cómic, que los tienen inoculados hasta en las retinas y en la sangre.


Lo único que queda claro, al final, es el aire de familia.

06.07.2013

Sin embargo, ni todo lo que se realiza en el medio tebeístico es novela gráfica ni la susodicha "marca" es del agrado de todos los implicados en el mundo de las historietas:

..cuando oye las palabras "novela gráfica" amartilla su pistola...


..cuando oye las palabras "novela gráfica" amartilla su pistola

Este hilo se inició por casualidad a raíz de la publicación de Nuevas Hazañas Bélicas. En el acto de presentación de esta nueva serie, el director de la editorial que la publica y el guionista de la misma se despacharon a gusto al respecto:

Navarro y Migoya coincidieron en reivindicar los viejos tebeos [se refiere a Hazañas Bélicas] y a su autor, Boixcar, "vilipendiado y tenido injustamente por menor", y en denostar el "papanatismo" y "desvarío" de la novela gráfica y su "elitismo cultural", que jugzaron como la decadencia del cómic. El editor incluso dijo que cuando oye las palabras "novela gráfica" amartilla su pistola, ...

07.07.2013

El caso es que Panorama se acoge al rótulo "novela gráfica" y lo promociona. De paso, nos ofrece una muestra variada de historietas en la que sí es evidente la condición de "novelistas gráficos" de muchos de los escritores y dibujantes del libro.

Así, las historias de Antonio Altarriba y Kim, Rayco Pulido, Alfonso Zapico y Santiago Valenzuela, entre otros, conectan directamente con sendas novelas gráficas precedentes de los mismos autores. En el caso de Altarriba y Kim, su historia es además autometarreferencial, en total sintonía con los aires o las ondas de la novela gráfica y con esa ilustración post o no  que usa libros, títulos, canciones, eslóganes y letras e imágenes en general como materia narrativa.

Las respectivas historias de Paco Roca y de Max habían sido publicadas previamente.

Otros autores, como Fermín Solís, Micharmut, Pedro Alcázar, parece que aprovechan la ocasión para retomar sus historias.

Otros, a su vez, contribuyen con una historieta genuina, como Juan Berrio. O incluso la escriben ad hoc, como Juanjo Sáez.

Entre unos y otros, entre los treinta que son y están, más el Prólogo, Panorama nos da una visión de lo que se cuece bajo la expresión 'novela gráfica' en nuestro país, según la editorial que lo publica. El libro se cierra con una propina, un apéndice en color sepia titulado "Cómics del siglo XXI", un repertorio o compilación de reseñas de cómics españoles de los ùltimos diez años.

10.07.2013

El debate o discusión sobre la novela gráfica puede acabar siendo otra tormenta en la taza de té de los comentadores y críticos, los entendus en esto del cómic, tebeo, historieta o arte secuencial, a manera de lo que fue aquel debate de los ochenta pasados acerca de la línea clara, con la diferencia de que este ùltimo fue tan local que se desarrolló entre nosotros en contraposición a una denominada línea chunga, mientras que la novela gráfica tiene un alcance que adopta dimensiones globales.

Esta globalidad trae consigo el promocionar cantidad de tiras cómicas que previamente recopiladas o no, se acogen a la categoría de novela gráfica, esgrimiéndose si acaso que lo de la novela gráfica es un movimiento, un fenómeno muy amplio incircunscribible a la mera categoría de 'categoría'.

Ahora bien, el debate línea clara vs. línea chunga nos enseñó algo. Descubrimos que lo que importa es la producción de tebeos o historietas, la evolución y el trabajo concreto de artistas que merecen ser así juzgados por sus obras. Siendo el caso además que a la postre estamos manejando conceptos que no son otra cosa que flatus vocis, Lo que hay que seguir, según el gusto de cada cual, son determinadas realizaciones de nuestros autores preferidos.

Tal cual nos ocurre con la novela gráfica.

Aunque al ser el arte de los tebeos netamente popular, como lo pueda ser el cine, no es preciso que el lector o espectador se empape de monografías, papers, blogs, foros, entrevistas, congresos, festivales, etcétera, para disfrutar del tebeo. O de la película.


Lo que suele pasar es que una cosa conlleva la otra, de modo que la afición por los tebeos acaba ampliando su alcance para incluir la información secundaria, además de las fuentes.

10.07.2013

Uno de los treinta autores que deja su muestra en el libro Panorama es Santiago Valenzuela. Y lo hace con una historieta ocasionalmente titulada "Llámalo X". Seis páginas que parecen ser un adelanto de lo que será el noveno volumen de la serie de aventuras del Capitán Torrezno.

El caso es que Valenzuela nos es presentado como uno de los representantes de la novela gráfica española contemporánea. Y lo es, no cabe duda, en el sentido más genuino de las palabras: Santiago Valenzuela es un novelista gráfico. Cien por cien novelista y cien por cien gráfico.

Otra cosa es lo que el propio Valenzuela opina sobre el estereotipo "novela gráfica", Así declara Valenzuela en una entrevista con fecha de 21 de junio de 2011:

A mí no me interesa mucho eso de la novela gráfica, quiero decir que no tengo esa inquietud que parece haber ahora por plasmar un trozo de vida o una experiencia personal, y que tiene que ver bastante con cierto impulso, a veces loable y otras más bien ridículo –dependiendo del resultado que es lo único que importa–, por dignificar el medio, por así decirlo, por hacer de él un vehículo para narraciones adultas o artísticas o profundas, tres calificativos bastante sospechosos, sobre todo el de adulto. Yo no creo que el cómic tenga que avergonzarse de nada, y creo que lo adulto y lo artístico y no digamos ya lo profundo son cosas que surgen por sí mismas y casi diría que por casualidad, no por una deliberación del autor que suele conducir al desastre.



11.07.2013

Con lo cual, llegamos a lo que venimos diciendo en este hilo. Corto Maltés en Siberia es una novela gráfica como es otra Tintin en el Tíbet. Lo que ocurre es que la expresión "novela gráfica" empezó a usarse asociada a historietas más o menos confesionales, en las que el autor se implica a sí mismo no solo en la exposición sino en el mismo argumento de la trama.

Esta novedad en el mundo del tebeo corresponde a un puñado de dibujantes e historietistas que despuntaron en el underground americano (Justin Green, Robert Crumb, Harvey Pekar, Art Spiegelman), con la muy notable excepción de Will Eisner, que estableció un hilo de continuidad en la historia del cómic no solo al encarnar él mismo el cómic clásico (The Spirit) y el autobiográfico (El soñador; Viaje al corazón de la tormenta; El día que me convertí en profesional), sino también al introducir él la expresión "novela gráfica" en 1978 para presentar su Contrato con Dios. Suele aceptarse que en el cambio de paradigma de Eisner influyó su conocimiento del trabajo de Green y Crumb, de modo que habría sido la mirada underground la que abrió nuevos espacios a la representación.

La presencia del yo, del ello y del superyó del historietista un su obra, con el añadido carácter confesional, ha propiciado un "cómic de autor" en el que el espacio de la ficción lo ocupan a menudo las ansiedades neuróticas del exponente y otros aspectos de su vida. Y como en todo arte, también en el noveno la calidad estética en estas ocasiones la aporta la pericia y el saber hacer del autor. Son los casos que hemos ido viendo: Marjane Satrapi, Alison Bechdel, Craig Thompson, Chester Brown, Frederik Peeters. Ya dijimos en su momento que lo que hace soportable esta tremenda intrusión de la personalidad del autor en su obra es que para nada solicitan autocompasión del lector y menos todavía comercian con la pornografía de los sentímientos. Es un arte difícil, pero es un arte.

Otra forma de aplicar el componente autobiográfico, más en cierto modo vanguardista, la aporta el periodismo gráfico de Joe Sacco, los libros de viajes de Guy Delisle y Alfonso Zapico, también comentados arriba.

Pero puede que la autobiografía sea un elemento suficiente, aunque no necesario de la novela gráfica. Entendámonos, si bien lo dejo para otro post.

12.08.2013

No creo yo que a estas alturas se resuelva el expediente acerca de "la novela gráfica" refiriéndose a ella, sea esta lo que sea, como "tebeo gafapasta" o "cómic gafapasta".



lunes, 21 de enero de 2013

Proust en BD


En principio no me interesan las adaptaciones a cómic de obras literarias previas. Cada cosa es cada cosa y cada una tiene su arte. Lo mismo podría decir de las adaptaciones cinematográficas de novelas y cuentos, aunque en este caso la transposición de un arte a otro es más radical y por ello puede ofrecer mayores posibilidades. El cine es un medio caliente a diferencia de la literatura, que al igual que el cómic es un medio frío.

Sin embargo, debo reconocer que la versión tebeística de À la recherche du temps perdu me está interesando, a modo curioso, aunque solo sea por lo desmesurado del empeño. 


Y es que buena parte del interés de esta adaptación reside precisamente en la osadía de su pretensión. La monumental novela de Marcel Proust, dividida en siete volúmenes -cada uno de ellos con su respectivo título-, parecería imposible de ser trasladada al lenguaje figurativo y narrativo específico de los cómics. No obstante, ahí está el trabajo de Stéphane Heuet y su proyectada versión en bande dessinée (BD) de En busca del tiempo perdido.

Heuet ha anunciado su personal Recherche distribuida en doce álbumes. De momento ha publicado cinco. El primero, "Combray", corresponde a la primera parte del primer volumen de Proust: Por el camino de Swan. Los dos siguientes álbumes de Heuet son la versión dibujada del segundo volumen de Proust: A la sombra de las muchachas en flor. Los dos restantes libros del historietista francés publicados están dedicados a "Un amor de Swan", segunda parte del primer volumen original de Proust. Estos dos últimos libros en cómic no han sido todavía editados en español.

Debo decir que a mí no me encajan los números. Si hasta ahora Heuet ha necesitado cinco álbumes para transponer los dos primeros volúmenes de À la recherche du temps perdu, y piensa concluir su proyecto en doce libros, le quedan solo siete para los cinco restantes de la novela, teniendo en cuenta que aún queda mucha historia y mucho texto por delante.

La recepción del trabajo de Stéphane Heuet está siendo ambivalente y diversa. Hay quien se ha escandalizado: Proust en cómic, hasta dónde vamos a llegar. Pero hay también muy buenas acogidas, sobre todo en Francia. Sociedades y clubes de amigos de la obra de Proust han dado su beneplácito a lo que va saliendo. Y muchos profesores de literatura de allí recomiendan a sus alumnos esta forma de acercarse a una de las más importantes novelas en lengua francesa.


Leer íntegramente los siete volúmenes -unas tres mil páginas- que conforman la novela En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, es una experiencia estética e intelectual de las más intensas y duraderas de las que cabe gozar en los tiempos que corren. Los lectores que se quedan en el primer tomo a la altura de lo de la magdalena o como mucho terminan el segundo, no saben lo que se pierden. Y los que ni siquiera la empiezan, pues bueno, tal vez no serán tan lectores.

Desde luego, lo que dificulta el acceso a la lectura de la Recherche no es la extensión de la obra. Novelones de actualidad como Los hijos de la tierra, por citar uno solo, superan con mucho su número de páginas.

El quid del asunto se encuentra en la misma escritura de Proust.


La morosidad descriptiva y narrativa, el alcance de sus puntos de vista psicológicos, la mordacidad e ironía que salpican la obra, los comentarios culturalistas y artísticos que la aderezan, la longitud desmesurada y la sintaxis compleja de muchas de sus frases, la expresión a cielo abierto de tantas intimidades, el monólogo interior, la ocasional procacidad encubierta, la extrema agudeza en la caracterización sutil y a menudo mordiente de los personajes, en fin, la calidad de una prosa que muestra que la poesía no siempre se escribe en verso... todo ello supone una especie de barrera para el disfrute universal de esta novela. Sin embargo, superar esa barrera comporta, como digo antes, unos beneficios intelectuales y estéticos de primer orden.

Es indudable que una versión en cómic de En busca del tiempo perdido no puede transponer en imágenes, cartuchos y bocadillos la riqueza de la prosa de Proust. (Curiosamente, dos críticas que se le hacen al empeño de Heuet son, por un lado, que recorta demasiadas frases dejando poco texto; pero, por otro lado, la inversa: que tiene demasiado texto. Acabáramos.)

Sí que puede, en cambio, representar los escenarios y ambientes preciosistas de aquella Francia de la Belle Époque que culminó con la primera guerra mundial y en la cual se desarrolla la obra. Puede también sintetizar los hechos principales y presentar ordenadamente a los personajes con sus relaciones mutuas. Puede clarificar algunos aspectos enmarañados de la historia que se cuenta. Y puede, lo más difícil de todo, conservar y transmitir el espíritu y la atmósfera que destilan las páginas de Proust.



Todo eso, en mi opinión, lo consigue Stéphane Heuet con sus dibujos fieles a la tradición de la línea clara francesa. Hay en el trasfondo de su proyecto un inmenso y laborioso trabajo de documentación y de fidelidad estilística respecto a la plasmación formal de la historia. Y hay, en definitiva, una recreación del espíritu proustiano de la que el lector participa, en la medida de lo posible y con todo el esquematismo que se quiera.

Así se demuestra una vez más que el cómic se merece por sí mismo en ocasiones que no son pocas el título de noveno arte.



Sería lamentable que Heuet, como tantísimos lectores que abandonan la lectura de Proust, no pasara de "A la sombra de las muchachas en flor", el segundo volumen de À la recherche du temps pedu. Esperemos que no sea ese su caso y termine la empresa de ofrecernos la obra completa.

Y para redondear la cuestión, si Heuet culmina su plan, esperemos también que podamos disfrutar de la edición completa en español de esta versión ilustrada de En busca del tiempo perdido.



26.07.2013

Siete años después de su aparición original en francés, ya tenemos disponible en español el cuarto tomo de la transcripción a tebeo de En busca del tiempo perdido, de Proust, realizada por Stéphane Heuet.

Este álbum corresponde a más o menos la mitad de la segunda parte del primer libro de la novela de Proust: Por el camino de Swan; una parte cuyo título es Un amor de Swan. En su versión en cómic, Heuet ha dedicado dos álbumes a esta segunda parte. Y así, lo que tenemos ahora entre manos es el primer volumen de eso, Un amor de Swan.


Podemos suponer que la edición en español de este primer volumen irá seguida del consiguiente segundo álbum. En Francia, esta versión tebeística de Un amor de Swan realizada por Stéphane Heuet la publicaron en un cofre (coffret) que incluye los dos volúmenes.



31.07.2013

Por lo que vamos viendo y leyendo, los álbumes de Stéphane Heuet ilustran detalladamente los escenarios de la Recherche de Proust. El preciosismo de las viñetas de Heuet dibuja el preciosismo de los ambientes de la narración proustiana.


La cuestión es si esta versión en bande dessinée de En busca del tiempo perdido de Proust, realizada por Stéphane Heuet, alcanza a transponer cabalmente al lenguaje del cómic tanto el latido del narrador como el fluir de los acontecimientos que atraviesan À la recherche du temps perdu.

Además, esta cuestión apunta una inquietante posibilidad, más allá de la pertinencia o no del trabajo de Heuet:

¿Es posible expresar a la manera de Proust las vicisitudes de un narrador que cuenta sus historias con viñetas y palabras aunque ajenas al universo figurativo proustiano? Más sencillamente, ¿se puede emular a Proust con el soporte gráfico y visual específico de los cómics?

Y es aquí, al hilo de estas preguntas, donde ubicaría yo el valor como historietista del estadounidense Chris Ware (n. 1967):


Al menos, este tipo de cuestiones -entre otras muchas- son las que me ha inspirado la lectura de Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo.


11.08.2013

Lo que son las cosas. En el contexto de un debate acerca de  las relaciones entre el cómic y la literatura, leo para mi sorpresa un párrafo de Óscar Palmer que coincide con lo que yo intentaba apuntar arriba:

"¿Quiere esto decir que los cómics deberían renunciar a ser literarios o a dejarse influir por la literatura? Ni mucho menos. Simplemente indica que deberían acudir al fondo en lugar de a la forma y replicar dicho fondo mediante formas propias e intrínsecas al cómic. Por utilizar el ejemplo más sangrante y evidente, sea de forma consciente o no, obras como 'Jimmy Corrigan' y 'Building Stories', de Chris Ware, tienen ya de por sí una relación mucho más estrecha con Proust, con su forma morosa y detallada de concebir y plasmar la memoria y los efectos laberínticos del tiempo, de lo que jamás podrá hacerlo la adaptación a la historieta que de 'En busca del tiempo perdido' viene realizando desde hace años Stéphane Heuet, condenada de antemano a ser un triste émulo de una obra mayor."


[Óscar Palmer: "La escena del crimen. Nuevas aproximaciones al género negro norteamericano". En Santiago García (coord.): Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea. Madrid, Errata naturae, 2013, p. 209. El subrayado es mío.]

13.11.2019

Hoy mismo, leyendo Rusty Brown, de Chris Ware, me he tropezado con estas viñetas:


(Continuará)