Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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jueves, 5 de mayo de 2016

El ala rota (y El arte de volar). Lo invisible visible





El ala rota (2016), la nueva novela gráfica de Altarriba y Kim, está llamada a brillar en la historia del tebeo español. No solamente por luz propia, sino también si se lee en conjunción con El arte de volar (2009), en cuyo caso deslumbra. Esa brillante conjunción se da también en ambas novelas entre el guion de Altarriba y el dibujo de Kim.

El arte de volar y El ala rota se complementan narrativa, icónica y léxicamente. Hay entre ellas coincidentia oppositorum y resonancia poética. Juntas configuran, en fin, algo así como un retablo en marcha luminoso y oscuro, un yin-yang maltrecho y vívido que deviene en el marco de una historia triste de la Historia, la de España en el siglo XX.


Considerada en sí misma, El ala rota incorpora una novedad, o casi, en el ámbito de la novela gráfica en su vertiente confesional referida a la figura paterna. Me refiero a que, a diferencia de los cómics que agrupé en otras entradas bajo la etiqueta "la guerra de nuestros padres" y que transmiten la voz y la imagen del progenitor del autor (Maus, Yo René Tardi, Un largo silencio, El arte de volar, La vida es un tango, Dr. Uriel), a diferencia de esos tebeos, El ala rota se centra más bien en la figura materna del escritor. Es  aquí la madre el eje y el foco de la narración. 

En el aspecto confesional al que aludo, Alison Bechdel fue una adelantada (de ahí el "o casi" del párrafo anterior) al dedicar sendas novelas gráficas primero a su padre (Fun Home, 2006) y después a su madre (¿Eres mi madre?, 2012). En este sentido, Antonio Altarriba coincide con Bechdel cuando escribe una novela sobre su padre (El arte de volar) y unos años después otra sobre su madre (El ala rota). La vertiente confesional de Altarriba es más que evidente en ambas novelas desde el momento en que el propio escritor se autorrepresenta -mediante el arte de Kim (Joaquim Aubert)- en diferentes viñetas. Sin embargo, el díptico de Altarriba es menos psicoanalítico que el de Bechdel, al menos en el plano de la expresión.

De hecho, queda fuera de comentario la utilidad terapéutica o no que pueda haber obtenido Altarriba exponiendo su novela familiar (eso es cosa suya, si bien en el epílogo de El ala rota menciona el autor el valor terapéutico de su obra). Pero es de destacar cómo se sirve Altarriba de esa exposición en El arte de volar y en El ala rota para desentrañar y también desvelar mucha historia -a través de la intrahistoria- de nuestro país, a propósito de las vidas de su padre y de su madre, respectivamente. Después de todo, hay más política que psicoanálisis en estas novelas. O acaso la ética del psicoanálisis adopta en Altarriba la forma de historia política.


Política es también la tarea de visibilizar lo invisible en el entramado social. Si es verdad que las mujeres no han podido ser hasta ahora sujetos de la Historia, no lo es menos que han sido y son el sujeto de muchas historias. Por ejemplo, la que cuenta Altarriba y Kim dibuja en El ala rota. Un sujeto reducido por circunstancias difíciles de superar, pero también decidido a salvarlas. Y de paso, la novela relata sucesos políticos silenciados, si bien de primer orden.

El ala rota contribuye a mostrar que, también por el lado de la representación, el tebeo ha dejado de ser una cosa de chicos.


jueves, 11 de febrero de 2016

La liberación de los géneros. Enjambre

(El desaguisado de la 43ª edición del FIBD de Angulema respecto a la ausencia de mujeres en la lista original de treinta autores nominados para el Gran Premio es el síntoma reciente de una desconsideración general instalada también en el mundo del cómic.)

Lo de la liberación de los géneros se puede entender de dos formas: en sentido filosófico (teórico-práctico) y en sentido artístico (poético-productivo). Ambas formas encuentran en el cómic contemporáneo un ámbito de aplicación. Y lo hacen de manera convergente, siendo esta convergencia una de las marcas distintivas de la nueva narrativa gráfica. Además, en la plasmación en cómic de estos dos sentidos de la liberación de los géneros es determinante el papel desempeñado por historietistas que son mujeres.

1.- Como propuesta filosófica, 'la liberación de los géneros' apela a la realización de sujetos emancipados, libres de coerciones como son las identitarias de género: masculino, femenino et al (hetero-, homo-, bi-, trans-, inter-, ...) cuando son utilizadas como medio o bien son impuestas. Sujetos emancipados serían entonces aquellos que se liberasen de estas imposiciones identitarias. Es la liberación de la mujer, por ejemplo, entendida como un liberarse del "ser mujer" ("ser femenina") establecido como predicado esencial o como impostura.

En el cómic actual, las historietas y novelas gráficas de Alison Bechdel pueden ser leídas en clave de este sentido de la liberación de los géneros. La perspectiva qeer (o queer) que al final muestra la serie de Bechdel Unas bollos de cuidado ilustra esa actitud. Si fuere preciso, habría un único género humano carente de connotaciones esencialistas. Un género, por así llamarlo, cuya condición de posibilidad pasaría por el reconocimiento de las singularidades efectivas en términos inclusivos de humanidad compartida. Pero en cualquier caso, lo que anda y late por ahí no son los géneros. 

También el cómic colectivo Todas putas. Los cuentos gráficos apunta a esa liberación. En este caso hay quince autoras que ilustran quince relatos homónimos de Hernán Migoya. Es interesante señalar que son quince mujeres a favor de un libro, Todas putas, descalificado en su momento por la colonia de los biempensantes en nombre del respeto a "la mujer". No se dieron cuenta, acaso, de que en el libro de Migoya -y por ende en los cuentos gráficos de sus ilustradoras- se muestra de plano el rechazo del concepto "ser mujer" en cuanto cosificado, alienante y objeto de manipulación e intercambio.


2.- 'La liberación de los géneros' aplicada a las artes, especialmente a las narrativas, se refiere a otra cosa. Tiene que ver con una superación de la dicotomía entre "literatura" y "literatura de género", esto es, con la posibilidad de realizar productos no necesariamente adscritos a un género determinado (policíaco, bélico, western, fantasía heroica, ciencia ficción, misterio).

En cuanto al cómic, esta liberación del corsé de los géneros alude a lo que en Francia se caracterizó  a finales de los setenta pasados como "la irrupción salvaje del cómic en la literatura" (Mougin) y en EE UU como "graphic novel", incluidos el costumbrismo y la autoexpresión.

No se me escapa que esa separación entre cómic literario y cómic de género es muy problemática. Tanto como pueda serlo la distinción entre película de género y película de cine. Tales distingos suenan artificiosos. Es mejor asumir que puede haber literatura y cómic (y cine) tanto en los géneros como más allá de ellos.


Enjambre (2014) es una antología, catálogo o álbum colectivo de autoras de cómic. Contiene dieciocho historietas -algunas en colaboración- más un prólogo de Ana Miralles y un epílogo de Marika Vila. Veinticuatro mujeres en total participan en este volumen. De las veinticuatro, cinco de ellas colaboraron también en Todas putas. Los cuentos gráficos. Se trata de Ana Galvañ. Carla Berrocal, María Herreros, Mamen Moreu y Elisa McCausland, esta última como escritora del epílogo de la ilustración colectiva de Todas putas y autora del texto de uno de los relatos de Enjambre. La presencia en ambos títulos de estas cinco autoras refuerza la tesis que afirma la convergencia de los dos sentidos de 'la liberación de los géneros'. 

Por otro lado, Enjambre recuerda a Panorama, la otra antología de cómic español reciente con características similares. La diferencia estriba en que Panorama recoge una muestra de veintiocho autores de los cuales solamente dos son mujeres: Clara-Tanit Arqué y Mireia Pérez. Y una de estas dos, Clara-Tanit Arqué, repite por cierto en Enjambre. (De la historieta a cuatro manos realizada por Mireia Pérez y Max incluida en Supercómic hablaremos en otra ocasión.) En lo que más coinciden Panorama y Enjambre es en lo que el subtítulo del primero indica: La novela gráfica española hoy. Es una constatación: la llamada novela gráfica se presenta como una liberación de las ataduras de los géneros.

En el prólogo de Enjambre, titulado "Zumbido", Ana Miralles (historietista decana) muestra algo así como una esperanza desesperanzada en que algún día se deje de adscribir a las autoras de tebeo bajo el rótulo "cómic femenino". Y remarca la validez de las artistas para acometer cualquier género. Destacaré este párrafo de Miralles:
"No hay que desestimar el poder del cómic para impulsar el conocimiento. El dibujo es un lenguaje universal lleno de matices que también nos habla elocuentemente de la personalidad del dibujante. El lector establece un diálogo con el autor, que nos ofrece lo mejor que sabe hacer. A un dibujo se le ve palpitar, deseando contar y colonizar, como un enjambre."
Está claro que el cómic es un medio con finalidades diversas. Sirve para entretener, desde luego. Pero también de un modo u otro ilustra cuando va más allá de lo representado. Y lo hace más por la vía del mostrar que por la del decir, ya que su modo específico es ese, el de la representación.

Enjambre es un libro que ilustra sobre la liberación de los géneros. En uno y otro sentido.


domingo, 7 de junio de 2015

Madwimmin (Sobre Alison Bechdel y su novela de género)

('Madwimmin' es el nombre de una librería. Ocupa un lugar en el espacio de la representación dibujado por Alison Bechdel. 'Wimmin', plural de 'mujer' en jerga, es un vocablo usado por feministas, lesbianas et al. como signo de oposición al patriarcado. 'Mad', en el contexto de Bechdel, tiene un significado tan irónico como el de 'Locas' en el de Jaime Hernandez. Puede ser que en un plano formal, las mujeres de Bechdel estén más politizadas que las de Hernandez. Pero unas y otras se enfrentan irresistiblemente a "la locura de ser mujer".)



Entre 1983 y 2008, Alison Bechdel publicó en diversos medios periodísticos una tira cómica (comic strip) titulada Dykes to Watch Out For (DTWOF), traducida a nuestro idioma como Unas bollos de cuidado y, ahora, Unas lesbianas de cuidado. Pese a su formato costumbrista y humorístico, Bechdel seguía muy de cerca en estas tiras el devenir político de la Administración estadounidense y su correlación con los derechos civiles, especialmente en lo referido a las cuestiones de género. Este es uno de los aciertos de la serie: combinar la ironía, la crítica política -y hasta ontológica-, la crónica urbana y la descripción de costumbres con el desenfado característico de la historieta de prensa clásica.

Durante veinticinco años, Bechdel publicó 527 episodios en tiras de DTWOF. Diversas recopilaciones de estas tiras (strip collections) se realizaron desde 1986. La última de ellas se titula The Essential Dykes to Watch Out For (2008), traducida aquí como Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado.


Es llamativo que esta última recopilación está elaborada de modo que configura una auténtica (y densa) novela gráfica. Está compuesta por 390 historietas de una página, cada una con su título, más una introducción de doce páginas en formato de cómic realizada ad hoc por Alison Bechdel. Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado es, así, una novela montada a partir de un material preexistente. Si con Fun Home (2006) y con ¿Eres mi madre? (2012) Alison Bechdel nos ofrece sendas versiones de su novela familiar, con Unas bollos de cuidado nos presenta su novela de género, en el sentido de 'género' que luego veremos (y no, desde luego, en el sentido de su adscripción a alguno de los géneros narrativos).

La primera tira que abre la selección de Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado es de mayo de 1987; la última, de mayo de 2008, forma también la última historieta publicada de la serie DTWOF. Al principio sorprende que esta selección no incluya "The Rule", la tira en que se basa el conocido e influyente "Test de Bechdel" [ ver aquí ]. Ocurre, digo yo, que "The Rule" es de 1985, anterior en dos años a la aparición de Mo (Monica Testa) en la serie. Y dado que la colección Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado está ordenada como una novela gráfica cuyo personaje central es Mo -en cierto modo alter ego de Alison Bechdel-, se entiende la exclusión de la historieta "The Rule" en la selección.


La propia Bechdel describe su obra como mitad columna de opinión, mitad novela victoriana serializada.

Por el lado de la columna de opinión, destaca el orden cronológico en la selección de tiras cómicas que forman el libro. Gracias a ello, el lector obtiene una visión histórica y crítica, irónica, de los avatares sucedidos en la vida civil y política durante finales del siglo pasado y comienzos de este no solo en EE. UU., debido a la globalización en marcha. La narración transcurre durante los mandatos de Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo (finaliza seis meses antes de la elección de Obama en las urnas, con los demócratas divididos entre Hilary Clinton: "Chicas al poder" y Barak Obama; "Negros al poder"). Un periodo caliente para el mundo, liquidada la guerra fría. El comentario político salpica la obra entera de Bechdel. Aunque ella diga en ocasiones que no se considera activista, es evidente su talante de columnista. La política está implícita en su mirada, como lo está en muchos miembros de su generación. Se da la circunstancia, además, de que la política no es algo ajeno desde el momento en que interfiere en la vida privada e íntima de los ciudadanos.

Por el lado de novela victoriana serializada, tenemos que esos avatares políticos sacuden la vida social, pero sobre todo íntima, de un grupo de personajes que luchan cotidianamente por reafirmarse como sujetos, a pesar de la ansiedad que su condición personal les produce en una sociedad alienada. Igual que en las novelas victorianas por entregas, Alison Bechdel va narrando en DTWOF las peripecias de un grupo de mujeres y algún varón interpuesto. Son personas de clase media inmersas en un mundo en transformación. La narrativa victoriana dio excelentes novelas escritas por mujeres. En lo que concierne a una mirada realista e inspiradora del feminismo a la vez, leemos en una viñeta de Bechdel una alusión a El molino de Floss, de George Eliot.



El asunto principal es más que evidente. Tiene que ver con las "cuestiones de género" promovidas por la revolución sexual de los pasados años sesenta; una revolución cuya raíz y condición de posibilidad se encuentra en la historia del feminismo ilustrado.

Históricamente, en los ámbitos filosófico y científico se hablaba de un único género humano ("el género humano es la Internacional", cantaban los comunistas). Los términos 'ánthropos' en griego y 'homo' en latín referían eso, un género específico que incluía a varones y mujeres. Sin embargo, en la ciencia social actual, con fuerte predominio anglosajón, el 'gender' se refiere a los dos géneros marcados por la gramática, esto es, el masculino y el femenino (lo cual no deja de ser una paradoja, ya que el idioma inglés carece de marcas lingüísticas o morfemas de género). De este modo, en ámbitos no solo académicos, expresiones como "estudios de género", "teoría de género", "cuestiones de género", "violencia de género", etc., parten de un principio relevante: "masculino" y "femenino" no designan dos especies naturales, sino que aluden a roles construidos socialmente. Y por ende, nuevos roles, nuevos comportamientos tienen cabida en ese flujo universal que viene a ser, en última instancia, el continuo vital. Las categorías, no solo las de género, se difuminan.


Hay entonces un debate filosófico implícito en DTWOF. En la Introducción a Lo indispensable de Unas lesbianas de cuidado, Alison Bechdel expone -bajo la advocación de Adrienne Rich- el devenir de su tira cómica en términos de "esencialismo lésbico" versus "humanidad". De hecho, en un admirable ejemplo de literatura confesional, Bechdel describe en esas páginas la deriva filosófica de su serie a través de los años. 

"¡Un catálogo de lesbianas nombraría lo no nombrado! ¡Dibujaría lo no representado! ... Y siguiendo una meticulosa metodología inductiva, se inferiría una esencia universal lésbica a partir de esos ejemplos particulares."

Aunque luego añade:

"Pero había cometido un grave error en mi razonamiento. Como diría cualquier lógico, no se puede inducir lo general de lo particular. Y no digamos de millones de lesbianas. Mi brillante esquema se fue al garete en los noventa. Las lesbianas podían ser unas provocadoras reaccionarias. Y coroneles. Archiconservadores y neoconservadores podían ser gays. Ah, y por lo visto, nadie era esencialmente nada."

La autora se confiesa perdida ("Me costaba seguir el hilo"), hasta que una carta de Adrienne Rich la reanima:

"Siempre he admirado la forma en que tu trabajo trata de desmontar el esencialismo lésbico para explorar nuestra verdadera humanidad."

Aunque nombrar lo no nombrado, dibujar lo no representado... conlleva sus riesgos, en función del efecto observador.

"Al hablar de lo innombrable... ¡...se convierte en algo hablado! Convencional. ¡Aburrido!

¡¿He dibujado episodios de este cómic como churros cada dos semanas durante décadas solo para demostrar que somos iguales que todo el mundo?!

Finalmente, Bechdel nos deja a las puertas de su relato, Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado, con estas palabras:

Toma, tú decides. ¿Esencialmente iguales? ¿O esencialmente diferentes? 



Con lo cual, lo que Alison Bechdel realiza en su serie DTWOF viene a ser lo que Michel Foucault (uno de los filósofos puntales de la gender theory) caracterizó como "una ontología del presente" o "una ontología de la actualidad". No se asuste el lector. Bechdel es una autora de cómic. Y como tal, conoce los mecanismos de este arte. Y sabe divertir, entretener... sin por ello renunciar a sus inquietudes.

En mi opinión, desde una perspectiva nominalista, el esencialismo de cualquier índole debe ser compatible con el pragmatismo. La aceptación de esencias, instancias no humanas, solo cabe en la medida en que resulten beneficiosas para la consecución de unos fines que sí han de ser humanos. Y desde esta óptica, pienso que con un solo género tenemos suficiente. Me refiero, claro está, al género humano.

Bravo en todo caso por Alison Bechdel.


martes, 2 de junio de 2015

El tebeo ya no es cosa de chicos. Alison Bechdel

En realidad, hace ya décadas que el tebeo no es cosa de chicos. Siempre que rastreamos los orígenes del cómic contemporáneo aparece la generación underground (junto con la conexión argentina y ciertas figuras europeas de la época) como fuente e inicio. Y en eso estamos.

La expresión "cosa de chicos" tiene dos usos. Por un lado, se aplica a la gente menuda. Por el otro, alude a los usuarios de género masculino.

Pues bien, desde las aportaciones del comix underground (más lo apuntado antes), el tebeo ha ido dejando de ser, progresivamente, una cosa de chicos en el doble sentido de la expresión. El cómic ya es un medio adulto, capaz de considerar cualquier tema y desde cualquier óptica, dirigido a -y consumido por- adultos. Basta con observar las fotografías de los asistentes a eventos de este medio para constatar la edad media de los interesados por el tebeo.

Además, el cómic ya no es cosa de chicos al haber incorporado a las mujeres tanto a la autoría y demás procesos implicados en la producción, como al consumo de tebeos.

Es obvia la conexión que hay entre la adultez y la participación de mujeres en un medio que antaño se organizaba mediante géneros (bélico, aventuras, terror, policiaco, superhéroes, etc.) dirigidos sobre todo a chicos. La tradición del manga es peculiar en este sentido, especialmente por el lado del consumo. Pronto se especializó el tebeo japonés en unos géneros "de" y "para" chicas, pero esa es otra historia (aunque venga a ser la misma).

Y, sin duda, la extensión de la novela gráfica en este medio es inseparable tanto de la mayoría de edad del cómic cuanto de la universalización de los implicados (varones y mujeres) en él.

A ambos lados del Atlántico encontramos un montón de autoras que cultivan con esmero el noveno arte, preferentemente en el ámbito de la narrativa gráfica. Ahora tengo entre manos a Alison Bechdel y su enorme The Essential Dykes To Watch Out For


Lo comentaré en un próximo post.

sábado, 7 de marzo de 2015

Papaíto (La niña de sus ojos)

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La comprensión de que el cómic es un medio y no un género está en la base de la renovación siquiera sea conceptual que este medio ha adquirido en los últimos años, en parte bajo el rótulo de "novela gráfica", aunque no solo bajo ese rótulo. El cómic, como la literarura, como el periodismo, como el cine, es un medio de expresión en el que caben contenidos y diseños tan diversos como sugerentes. La distinción entre géneros responde a decisiones u opciones dentro de ese medio. Pero ha dejado de ser consustancial a ese mismo medio.

Bryan Talbot, entre otros, adoptó este enfoque manifiestamente en su obra Alice in Sunderland (2007) [ ... ]. Con este curioso experimento artístico de más de trescientas páginas, Talbot demostraba la validez del cómic como medio creativo, de exploración y a la vez de entretenimiento, desvinculado de la adscripción a los géneros típica de la historieta tradicional. Talbot llega a bromear en una página de su Alice in Sunderland (An Entertainment es el subtítulo de la edición original de esta obra) a costa de Scott McCloud para afirmar: "¡Los cómics pueden abarcar cualquier estilo y cualquier tema!"

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La manía clasificatoria, un desideratum racionalista que aplica rótulos y etiquetas a todo lo que se mueve, llevó a extender la categoría "novela gráfica" a los cómics nacidos desde este nuevo enfoque y no adscribibles claramente a ninguno de los géneros tradicionales. Con la connivencia añadida de que el término "novela" es un poco como el lecho de Procusto, que se adapta a cualquier designio. Por no hablar de la eficacia comercial de las marcas.

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En 2012 salió a la luz La niña de sus ojos (Dotter of Her Father's Eyes), un tebeo de difícil clasificación que, como tal, forma parte del acervo de novelas gráficas en el apartado de biografías. Se trata de una obra conjunta, escrita por Mary M. Talbot e ilustrada por su marido, Bryan Talbot. Mientras que él es un reputado autor de cómics (Grandville, Historia de una rata malaAlicia en Sunderland, etc.), ella, Mary M. Talbot, es una también reputada intelectual académica, espcializada en el análisis crítico de las relaciones entre lenguaje, género y poder (Language and Gender es el título de una de sus publicaciones). Esta primera colaboración entre los Talbot resultó exitosa. Recientemente han publicado una nueva obra conjunta: Sally Heathcote, Sufragista, de la que daremos cuenta.

La niña de sus ojos es un libro biográfico y autobiográfico a la vez. Mary Talbot establece un paralelismo entre su propia infancia y juventud y la infancia y juventud de Lucia Joyce. Esta, Lucia, fue la hija del escritor James Joyce. Mary, por su parte, es hija de un reconocido especialista en la obra de James Joyce. Ambas compartieron interés por la danza. Ambas fueron hijas de un "frío, loco y pavoroso padre". Ambas, en fin...

Estamos ante el cómic entendido como un ajuste de cuentas del autor -de la autora en este caso- en versión autobiográfica o confesional. (Es interesante apuntar que el uso del adjetivo "confesional" para referir este tipo de literatura autobiográfica es un anglicismo. En nuestro idioma, el término "confesional" se aplicaba referido a una confesión religiosa. Y así, tebeos confesionales eran por ejemplo las biografías de santos que la Editorial Novaro publicaba en nuestra infancia en la colección Vidas ejemplares.)

El ajuste de cuentas que Mary Talbot lleva a cabo en La niña de sus ojos es con respecto a su figura paterna. Recuerda, en este sentido, a lo que Alison Bechdel realizó en Fun Home. Solo que en el caso de Talbot la comprensión no parece superar al reproche, por más que su circunstancia vital no tuvo un desenlace tan desafortunado como el que padeció Lucia Joyce. La biografía de Lucia se mezcla en el libro con la autobiografía de Mary, pero la equivalencia se da solamente hasta cierto punto, a favor de Mary.

En un momento dado de La niña de sus ojos, Mary Talbot introduce en el texto a la escritora Sylvia Plath (1932-1963) y su poema Daddy. Creo que es una clave más que suficiente para entender el sentido del libro que comentamos.


En su aspecto formal, La niña de sus ojos da ocasión para que Bryan Talbot despliegue su inteligencia gráfica y visual. Sus viñetas y dibujos certeros nos trasladan a los precisos momentos históricos y psicológicos en que las historias se desarrollan. Es un arte que, unido a la inteligencia argumental de Mary Talbot, conforma una obra no solo muy significativa, sino además hermosa.

Dejo un traducción ( copiada de este enlace ) del poema Daddy, de Sylvia Plath. La palabra Daddy puede ser traducida como Papi, Papito, Papaíto...

Papi

Por Sylvia Plath

Ya no, ya no,
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papi: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
en que se vierte el verde legumbre sobre el azul
en aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco

dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
pusiste tu pie, tus raíces:
nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas lograba hablar:
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno,

una locomotora, una locomotora
que me apartaba con desdén, como a un judío.
Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que podría ser judía yo misma.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
no son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa
y tu recortado bigote
y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú...

No Dios, sino un esvástica
tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
con la bota en la cara; el bruto,
el bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papi,
en el retrato tuyo que tengo,
un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,
pero no por ello menos diablo, no menos
el hombre negro que

me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.

Saqué de ti un modelo,
un hombre de negro con aire de Meinkampf,

e inclinación al potro y al garrote.
Y dije sí quiero, sí quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:
el vampiro que dijo ser tú
y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papi.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.

jueves, 7 de noviembre de 2013

La novela gráfica en escena

Más allá de la clásica utilidad que los cómics de superhéroes ofrecen para ser llevados al cine y a la televisión, también la nueva novela gráfica se presenta como "un arma cargada de futuro" en el mundo del espectáculo y de las artes escénicas.

Dejo un par de informaciones que muestran la importancia de dos novelas gráficas que han servido como respectivas fuentes, una para un exitoso musical y otra para una premiada película. El hecho de que ambas obras giren en torno a la condición sexual de sus protagonistas lo consideraré anecdótico.

1.- De Fun Home hemos hablado ya en este hilo. Ahora triunfa como el musical de moda en Nueva York. Pongo al respecto el siguiente enlace y copio el primer párrafo de la noticia:

Un cómic que arrasa en vivo

Un musical adapta la rompedora novela autobiográfica de la dibujante Alison Bechdel
 'Fun Home', con una excelente acogida de crítica y público, extiende el calendario de funciones


“Mi padre y yo crecimos en la misma pequeña ciudad de Pennsylvania. Mi padre era gay y yo soy gay. Mi padre se mató y yo soy una dibujante lesbiana”. Con esta contundente explicación arranca el musical que triunfa este otoño en Nueva York, sobre el escenario del Public Theater en el circuito Off Broadway. Fun Home, adapta el cómic del mismo título con el que la ilustradora Alison Bechdel quedó catapultada a las lista de ventas y mejores libros del New York Times en 2006. Con su audaz, sincera y estremecedora tragicomedia familiar –como quedó subtitulado el libro– Bechdel dio un nuevo sentido a la novela gráfica, más auto-bio-gráfica que nunca hasta entonces.


2.-

La vida de Adèle (2013) ha obtenido la Palma de Oro del último festival de Cannes. Pese a sus tres horas de duración, está siendo considerada por público y crítica una de las mejores películas del año, tal vez debido a la estupefacción emocional o emotiva que parece provocar en el espectador.


Pues bien, el asunto es que La vida de Adèle es un largometraje basado en la novela gráfica El azul es un color cálido (2009), de la joven francesa Julie Maroh, ganadora en 2011 de un premio en la prestigiosa cita de Angoulème. El azul es un color cálido es una suerte de tranche de vie o de slice of life enmarcable tal vez en el estilo de la nouvelle manga.


jueves, 11 de julio de 2013

La novela gráfica de nuevo

Con lo cual, llegamos a lo que venimos diciendo en este hilo. Corto Maltés en Siberia es una novela gráfica como es otra Tintin en el Tíbet. Lo que ocurre es que la expresión "novela gráfica" empezó a usarse asociada a historietas más o menos confesionales, en las que el autor se implica a sí mismo no solo en la exposición sino en el mismo argumento de la trama.

Esta novedad en el mundo del tebeo corresponde a un puñado de dibujantes e historietistas que despuntaron en el underground americano (Justin Green, Robert Crumb, Harvey Pekar, Art Spiegelman), con la muy notable excepción de Will Eisner, que estableció un hilo de continuidad en la historia del cómic no solo al encarnar él mismo el cómic clásico (The Spirit) y el autobiográfico (El soñador; Viaje al corazón de la tormenta; El día que me convertí en profesional), sino también al introducir él la expresión "novela gráfica" en 1978 para presentar su Contrato con Dios. Suele aceptarse que en el cambio de paradigma de Eisner influyó su conocimiento del trabajo de Green y Crumb, de modo que habría sido la mirada underground la que abrió nuevos espacios a la representación.

La presencia del yo, del ello y del superyó del historietista un su obra, con el añadido carácter confesional, ha propiciado un "cómic de autor" en el que el espacio de la ficción lo ocupan a menudo las ansiedades neuróticas del exponente y otros aspectos de su vida. Y como en todo arte, también en el noveno la calidad estética en estas ocasiones la aporta la pericia y el saber hacer del autor. Son los casos que hemos ido viendo: Marjane Satrapi, Alison Bechdel, Craig Thompson, Chester Brown, Frederik Peeters. Ya dijimos en su momento que lo que hace soportable esta tremenda intrusión de la personalidad del autor en su obra es que para nada solicitan autocompasión del lector y menos todavía comercian con la pornografía de los sentímientos. Es un arte difícil, pero es un arte.

Otra forma de aplicar el componente autobiográfico, más en cierto modo vanguardista, la aporta el periodismo gráfico de Joe Sacco, los libros de viajes de Guy Delisle y Alfonso Zapico, también comentados arriba.



Pero puede que la autobiografía sea un elemento suficiente, aunque no necesario de la novela gráfica. Entendámonos, si bien lo dejo para otro post.

12.08.2013

No creo yo que a estas alturas se resuelva el expediente acerca de "la novela gráfica" refiriéndose a ella, sea esta lo que sea, como "tebeo gafapasta" o "cómic gafapasta".


viernes, 5 de octubre de 2012

El Test de Bechdel

Por cierto, hablando de Alison Bechdel, es muy interesante la proyección que está teniendo el denominado Test de Bechdel.

Se trata de una especie de examen que aplicándose inicialmente a películas, pero extendiéndose también a cómics y acaso a otros productos culturales como obras de teatro, sirve para determinar el grado en que el discurso femenino está ausente en la mayoría de tales productos. Dicho de otro modo, el test de Bechdel muestra cómo el discurso masculino es el que impera en nuestra cultura.


En la tira cómica de Alison Bechdel "The Rule", de 1985, uno de los personajes dice que ella únicamente acepta ver una película si cumple con los siguientes requisitos:

1.- En la película salen al menos dos personajes femeninos.

2.- Dichos personajes deben hablarse la una a la otra en algún momento.

3.- Sobre algo que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).

Una variante del test exige que, además, las dos mujeres sean personajes con nombre.

La wiki concluye que estas tres simples reglas, si se aplicasen a la inversa, es decir, a los hombres, darían como resultado que la práctica totalidad de las películas estrenadas cumplen el requisito para los hombres; por el contrario, si se aplica según su diseño original, resulta sorprendente la cantidad de películas que no pasan el test.

Pero la cosa puede ir más allá de la valoración del discurso de los cómics, las películas y tal. Al comentarle el Test de Bechdel o "The Rule" a una muy buena amiga, me confesó que es que ni siquiera en la vida real casi nunca se pasa ese test. En las conversaciones entre amigas, me decía, aparecen a menudo -por no decir casi siempre- los maridos, novios, pretendientes, hijos, padres, etc., como temas de la conversación. Entraríamos con ello en un ámbito que excede este hilo. Aunque queda clara la potencialidad de los cómics para suscitar debates e incidir en la vida real.

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Eres mi madre?

Tras el best seller Fun home (2006), en el que Alison Bechdel indaga en torno a su relación con la figura paterna, ahora en ¿Eres mi madre? (2012) el objeto de indagación de la misma autora es su relación con la figura materna.


Si el subtítulo de Fun home es "Una família tragicómica", el de ¿Eres mi madre? viene a ser "Un drama cómico". Sin embargo, no termino yo de ver a qué se refiere tanto énfasis en la palabra "comedia", como no sea una tenue referencia a lo que significa esta palabra por ejemplo en Dante, que tituló así su gran obra, Comedia, en el sentido de que acaba bien, nada menos que en el Paraíso. Aunque, por supuesto, los libros de Bechdel no acaban de un modo tan sublime.

Tal vez el reclamo de la palabra "comedia" sugerido en los subtítulos de ambos libros se debe al hecho de que Alison Bechdel es conocida  en su país gracias a unas tiras cómicas -en los dos sentidos de esta palabra- publicadas un distintos periódicos, recogidas bajo el título Unas bollos de cuidado (Dykes to Watch Out For) y protagonizadas por unas amigas lesbianas desenfadadas.

Desde luego, el ambiente, las historias y el tono de Fun home y de ¿Eres mi madre? pueden recordar en ocasiones algunas de las comedias de Woody Allen. Sin embargo, a mí no me parece que Alison Bechdel suponga un trasunto en versión cómic de las comedias del cineasta neoyorquino.


¿Eres mi madre? es una novela psicoanalítica. Está concebida, proyectada, dibujada y narrada según los parámetros del psicoanálisis.

Hay también en ella una a manera de advocación constante a la escritora Virginia Woolf, ya desde el lema que encabeza esta novela:

"No hay nada que sea sencillamente una cosa".

También aparecen Winnicott, Freud, Lacan, Alice Miller...

Es decir, el halo culturalista que detectábamos al leer Fun home se convierte aquí ya abiertamente en un modus operandi de Alison Bechdel. Apostar por escribir y publicar un cómic de estas características revela un cierto atrevimiento creativo y editorial. No obstante, el éxito de la novela gráfica anterior de Bechdel ha motivado el que por primera vez se editen 100.000 ejemplares de un cómic en nuestro idioma. Aquí no lo sé, pero casi seguro que en Argentina, Uruguay y otros lugares de habla hispana esta novela puede llegar a ser un éxito. Por aquello de la afición al psicoanálisis, ya saben.

El hilo conductor de ¿Eres mi madre? es la obra del pediatra y analista inglés Donald Winnicott (1896-1971). De hecho, el título de cada capítulo de la novela está tomado de algún concepto o motivo teórico de Winnicott. Este psicoanalista estudió a fondo la relación del bebé con la madre y elaboró un corpus teórico que sirve de marco y de guía a la indagación de Alison Bechdel sobre ella misma en su relación con su propia madre. No desvelaré más detalles. Tan solo diré que estamos ante un libro sumamente inteligente, pues no es fácil desentrañar o desenredar los nudos de una vida íntima y exponer públicamente el proceso siguiendo un patrón analítico. Y más difícil es aún encontrar un final o salida en todo este embrollo, cosa que Bechdel consigue con buena fortuna.

Puede sorprender la impudicia, o algo parecido, con que Alison Bechdel sale de su armario, lo abre de par en par y nos muestra su interior. Qué me importa a mí la vida de esta señora, puede decir alguien. No obstante, en el arte, lo mismo que en el psicoanálisis, el asunto estriba en convertir la anécdota en categoría universal.

Y esta señora lo consigue suficientemente.


martes, 24 de abril de 2012

El invierno del dibujante

Esto de la metanarrativa aplicada al cómic actual de que hablaba ayer tiene diferentes versiones y matices. En unos casos, aparece el autor del relato inmerso en el proceso de escribir el relato. El caso paradigmático en este sentido es Art Spiegelman en su novela Maus. Otras veces encontramos reflexiones del autor inmersas en la novela, reflexiones que culminan con el fin del relato, como hace Frederik Peeters en Píldoras azules. En el caso de Fun home, el lector va descubriendo que la autora, Alison Bechdel, está implicada en la historia en su condición no solamente de hija del objeto de la indagación, sino también como escritora de la vida de su padre (algo que remite a fin de cuentas al Spiegelman de Maus).

Diferente es el uso de la metanarrativa en el caso de El invierno del dibujante, de Paco Roca.


Aquí simplemente el mundo de la historieta es el motivo de la historieta, a través de la consideración de sus artífices. El autor del relato no aparece directamente en el relato, pues lo que Roca lleva a cabo en El invierno del dibujante es una especie de homenaje a la denominada por Terenci Moix en su momento "Escuela Bruguera".


La editorial Bruguera fue una de las tres escuelas o empresas de tebeos que predominaron en la España franquista, la de nuestra infancia. Y fue, de hecho, la que más preeminencia tuvo al final de esa etapa triste de la historia de nuestro país. Por allí pasaron los dibujantes que crearon tantísimos personajes de los tebeos de entonces, especialmente Pulgarcito y Tio Vivo.


La historia que cuenta Paco Roca en El invierno del dibujante se centra en la aventura editorial de cinco de los dibujantes de Bruguera que se hartaron de las condiciones laborales de la empresa y decidieron fundar por su cuenta una nueva publicación: Tio Vivo. No desvelaré más detalles, pero leyendo este cómic uno se entera de cosas muy curiosas, como por ejemplo del origen del nombre "Mortadelo y Filemón, agencia de información", del dibujante Ibáñez ("el que se parece a Vázquez"), o de otras cosas referidas al propio Vázquez.

No obstante, aunque Paco Roca no es uno de los personajes de su propio relato, sí que está presente en él de un modo indirecto. Ya que él mismo confiesa que se educó con aquellos tebeos y que siempre deseó ser un miembro de la casa Bruguera. La autobiografía de nuevo, siquiera de un modo indirecto y sentimental.

En otro post comentaba la importancia e influencia de Carlos Giménez en la historia del reciente cómic español. Esta influencia es más que evidente en El invierno del dibujante, de Paco Roca, pues esta historieta remite directamente a Los profesionales, de Giménez.


Yo no sé si Roca resistirá la comparación con Giménez. En todo caso, de Los profesionales hablaré en otra ocasión.

martes, 13 de marzo de 2012

Kiki de Montparnase

En Fun Home, el cómic de que hablaba ayer, Alison Bechdel realiza un tipo de biografía íntima muy sugestivo. Es una indagación de raíces proustianas a la vez que una celebración del amor hacia el padre. Hoy traigo aquí otra novela gráfica más cercana al biographical comic usual y hermanada por ello con el género biographical picture cinematográfico (las biopics).

Alice Prin fue una mujer francesa que vivió en la primera mitad del siglo XX. De origen provinciano y humilde, se trasladó siendo muy joven a París y se convirtió en amiga, modelo y musa de un buen número de artistas de la vanguardia de entreguerras (Cocteau, Breton, Duchamp, Picabia, Tzara, Picasso, Modigliani, Soutine, Calder...). Fue la reina del barrio de Montparnasse, nido de los bohemios, pintores y artistas, y conocida por todos como Kiki de Montparnasse.

Su relación más íntima y duradera fue con Man Ray, quien inmortalizó a Kiki con una fotografía que se convirtió en un icono de los surrealistas: El violín de Ingres,


En 2007 salió a la luz una novela gráfica (acepto finalmente esta denominación) titulada precisamente Kiki de Montparnasse:


Una vez más es una mujer quien se ocupa del dibujo y la entintación en blanco y negro: Catel Muller. El guion es de José-Louis Bocquet.

Una de las curiosidades de esta obra es cómo con un grafismo sencillo se reproducen los rostros y algunas de las obras de los artistas que participan en la trama. La historia que se cuenta es la de una mujer que habiendo sido diosa, efímera si se quiere, aunque inmortalizada en tantísimas imágenes, acabó siendo olvidada y otras cosas más tristes. La joie de vivre y una de sus contrapartidas.

Magnífica novela, en todo caso. Se lee como un tebeo.



lunes, 12 de marzo de 2012

Fun Home


Fun Home. A Family Tragicomic (2006), de Alison Bechdel, es una de las obras que llevan a uno a conocer un ejemplo de novela gráfica. Si se quiere, adolece un poco de cierto elitismo cultural, pero es que a fin de cuentas se trata de una indagación personalísima que la autora lleva a cabo en su propia vida en relación con la figura paterna.

El culturalismo viene de serie en este caso dadas las circunstancias biográficas de Alison Bechdel y de su propio padre. Cada uno es hijo de su tiempo y de sus circunstancias, de modo que cada uno aplica su arte a ese propio tiempo y esas propias circunstancias. No obstante, es más que legible, entendible y disfrutable.

Al menos a mí me pareció una obra muy digna de consideración.