Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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domingo, 6 de septiembre de 2015

Beto y Xaime, Hernandez y Hernandez


Leí antes a Gilbert. Me impactó tanto, que su efecto se interpuso después cuando accedí a Jaime. Dicho en breve, pasé a formar parte de los que preferían a Beto frente a Xaime entre los hermanos Hernandez (desconozco el trabajo de Mario).

Mi impresión se vio reforzada al encontrarme con estas palabras de Robert Crumb (extraídas de la amplia entrevista realizada al dibujante por Gary Groth y publicada en The Comics Journal, núm. 121, en abril de 1988):
"Una de las cosas que más me han gustado últimamente es Sopa de gran pena, de Gilbert Hernandez. Me parecen cómics muy ricos. Me gustan más que los trabajos de Jaime."
A continuación, Crumb explica su preferencia en términos de "lo real", más presente según su opinión en la obra de Gilbert que en la de Jaime. (En las páginas 146-147 del libro R. Crumb. Entrevistas y cómics, publicado en 2014 por Gallo Nero Ediciones, se encuentran las opiniones de Crumb al respecto.) 

Más allá de la fecha de las palabras de Crumb, cuando aún no se había desplegado por completo el trabajo de Beto y de Jaime Hernandez, comenzar a conocerlos con Sopa de gran pena, como a mí me ocurrió, es algo que impresiona de tal modo al lector que no es extraño decantarse por Gilbert en detrimento de Xaime, Puede ser que el "efecto realidad" trasparezca en primera instancia, si se quiere, mejor en la obra temprana de Beto que en la misma de Jaime. Pero hay más variables en juego. Y el motivo de la realidad en el arte es siempre un asunto complejo. 


Sin embargo, tras la última obra de Jaime Hernandez, Chapuzas de amor (2015), me he replanteado mi preferencia por Beto. Chapuzas me ha metido de nuevo en el universo de Locas y me ha llevado a releer todo el trabajo anterior de Jaime sobre ese universo. Una relectura gozosa. Pues he descubierto a un autor tan impresionante como su hermano. Y digo 'tan' porque creo, ahora ya, que no es cuestión de debatir acerca de cuál de los dos es mejor. Gilbert (Beto) Hernandez y Jaime (Xaime) Hernandez son dos enormes autores. Quizás el hecho de que sean hermanos, unido a la cercanía de fechas entre sus edades convierte en inevitable la comparación. Quizás, pese a esa cercanía (Beto nació en 1957, Jaime en 1959), pueda haber una distancia generacional entre ambos, la que media entre "lo progre" y "lo punk". Quizás, en fin, esa misma cercanía no solo de fechas, sino también el entorno común -mexicano en los Estados- que los dos representan en sus cómics, cada uno a su modo, dificulta la adecuada percepción de la singularidad respectiva de ambos. (En el límite, quien tenga hermanos cercanos sabrá lo que digo). 

De manera que el asunto de las preferencias entre los Hernandez se queda, creo yo, a la altura de otras preferencias como las que puedan establecerse entre Borges y Cortázar, por poner un ejemplo. O entre Hammett y Chandler. O incluso, si me apuran, entre Moebius y Pratt. La cosa va por días, por momentos tal vez. Lo que es innegable es que entre los grandes las comparaciones están de más. 

Obviamente, este post solo contiene una declaración personal. Hasta ahora no le he dedicado entradas a Jaime Hernandez en el blog. Por efecto de Chapuzas de amor he constatado cómo crece la obra de este autor ante las relecturas. Creo que Xaime ha ido creando una gran novela gráfica por episodios, cercana a las mil páginas. Supongo que iré dando cuenta aquí de algunas de mis impresiones ante esta magnífica novela cuyo título acaso, si aceptamos que el de Locas es el de una parte de ese todo, resulta aún impreciso. 



jueves, 14 de noviembre de 2013

Palomar

Probablemente, la gran creación de Beto Hernandez es Palomar.

  

Las dos circunstancias referidas al trabajo de los hermanos Hernandez que señalé en un post anterior confluyen en esta obra.

En primer lugar, Palomar puede ser considerada una novela gráfica, y de hecho lo es, teniendo en cuenta que es también una recopilación ordenada de historietas publicadas previamente en formato de revista versión comic book (Love and Rockets) . Es lo mismo que sucede en la tradición europea, por ejemplo, con Persépolis, de Marjane Satrapi. En este caso no se trata de revistas o comic books, sino de álbumes. Las fechas de inicio de ambas obras, la de Gilbert Hernandez y la de Satrapi, explican su publicación seriada previa a su difusión en formato de libro.

Es de hecho un tópico o lugar común en el mundo del cómic actual el debate acerca de qué es lo que convierte una recopilación (TPB) en novela gráfica o, lo que viene a ser lo mismo, el debate acerca de la licitud o no de aplicarle a una recopilación el rótulo "novela gráfica".

Dejando de lado la respuesta que resuelve la cuestión indicando que lo de 'novela gráfica' es una moda fomentada por el mercado, es interesante el planteamiento que compara las recopilaciones bajo un nombre común de historietas seriadas más o menos autoconclusivas, como Palomar y Persépolis, con las series de televisión compuestas por capítulos y temporadas también más o menos autoconclusivas, como A dos metros bajo tierra, p. e.

Y es también convincente entender la palabra "novela" de un modo abierto y como la más moderna de las formas de escritura, en la que caben diferentes estructuras formales y narrativas al servicio de una unidad de planteamiento y resolución.

Así, Palomar  es un universo narrativo con personajes, situaciones, escenarios, arcos y tramas que configuran un todo novelesco.



16.11.2013


En segundo lugar, la condición latina hispanoamericana de Beto Hernandez alcanza en Palomar una manifestación de universalidad verista que a menudo se equipara con la que alcanzó Gabriel  García Márquez en Cien años de soledad. Y es cierto que al abrir cada página de Palomar, resuenan a la vista y al oído los acordes del realismo mágico. Y a veces hasta telúrico.

Palomar es un pueblito que recuerda el Macondo de García Márquez e incluso el Comala de Juan Rulfo, alegorías de Latinoamérica. Está situado "en algún lugar al sur de la frontera con Estados Unidos". Carece de teléfono y de gasolinera. Entre sus habitantes también hay fantasmas. Y allí saben cocinar una "sopa de gran pena" que alivia los corazones rotos.

Son muchos los personajes que pueblan Palomar. Más de cien solo en "Sopa de gran pena" (yo no los he contado, pero hay quien sí). Destacan sobre todo mujeres, personajes femeninos, heroínas. La shérif Chelo, Pipo, Carmen, Tonantzín, Ofelia, la finalmente alcaldesa Luba. Y están también las hijas de Luba: Maricela, Guadalupe, Doralis, Casimira, Socorro y Concepción. Y el hijo Joselito. Hay también, cómo no, personajes masculinos. Heraclio, Israel, Vicente, Gato, Jesús, Khamo, Satch, Martín "el loco" y otros varios.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los realizadores de literatura episódica o seriada es el de la continuidad. Es difícil mantener la atención del lector cuando hay intervalos temporales de semanas o de meses entre una y otra historieta. Y es difícil, también, sostener de ese modo argumentos congruentes siendo tantos los personajes en juego. Sin embargo, sorprende el arte de Gilbert Hernandez para concitar en una historia personajes familiares y diversos con detalles que remiten a su vez a otras historias anteriores que identifica el lector. La continuidad estriba en eso. Y es un arte, como digo, que domina Beto Hernandez.

Y es también lo que permite tildar Palomar de acertada novela coral. Y tremenda.