Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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martes, 7 de abril de 2015

La balada del norte 1

La verdad es que Alfonso Zapico ya ha demostrado con creces que es capaz de abordar en lenguaje de cómic asuntos difíciles en principio. Y además lo hace bien. Conoce el mecanismo de la representación, no cabe duda. Pero, sobre todo, posee el secreto de los tebeos: cómo contar lo que sea, por abstruso que parezca, ajustándose a las reglas y a los códigos de la historieta clásica, de la caricatura [ en el sentido de 'caricatura' que expongo aquí ], uno de cuyos principios es la exigencia de proporcionar entretenimiento al lector. Lograr que lo difícil aparezca fácil. Ese es el secreto de este arte. De su arte.

Zapico se atrevió con la espinosa cuestión palestino-israelí desde sus orígenes en Café Budapest. En un más difícil todavía consiguió realizar con Dublinés un tebeo completo sobre la vida y la obra de James Joyce. Ahora sorprende con la primera parte de La balada del norte, una novela sobre la revolución minera de 1934 en Asturias.


Pese a su título, La balada del norte no se refiere al rollito celta, sino que tiene que ver, por decirlo así, con el mal rollo ibérico. Solo que, por obra y gracia de la historia concreta y de su tratamiento por el autor, este mal rollo trasciende los límites geográficos nacionales y alcanza otras dimensiones. Si Jacques Tardi nos deleitó al dibujar la revolución de la Comuna de París en El grito del pueblo, Alfonso Zapico nos deja con la miel en la boca al culminar el Tomo 1 de La balada del norte con el estallido de la revolución de la Comuna de Asturias. Esperamos ansiosos la aparición del segundo tomo de esta novela.

Porque una novela tal cual, no diré que decimonónica, es lo que es La balada del norte (imposible no acordarse de Germinal, de Émile Zola). Una novela dibujada, con sus tramas y subtramas, personajes y acciones paralelas, en la que la narración (salvo alguna voz en off hacia el final) y la descripción siguen el orden del arte secuencial. (En cualquier caso, tildar de decimonónica una novela no supone descalificarla para nada. Y ahí está de nuevo Germinal para demostrarlo.)

En tanto que literatura dibujada, es doble el valor de La balada del norte.

En primer lugar, se encuentra el valor de la recuperación de unos hechos históricos mal conocidos por el público en general. Es este un valor que va más allá de la historia en cuanto afecta a la olvidada o silenciada memoria de un pueblo y conecta con la insoslayable dimensión política que a todos concierne.

En segundo lugar, junto al valor político de La balada del norte -e inseparable de él- se encuentra el valor estético. El cómic, al igual que la poesía, es un arma cargada de futuro. El propio Zapico desvela su estrategia en el cuerpo de la novela. Los hechos que sucedieron pueden desaparecer en las oscuras aguas del olvido. Pero la recuperación de esos hechos, su fijación a través de una obra de arte, permite inmortalizarlos. Lo dice Isolina en una conversación con Tristán: "Nos queda la literatura".

No diré más, de momento, a la espera de la conclusión de La balada del norte. Tan solo una cosa. De cumplirse las expectativas que la primera parte sugiere, estaremos (en realidad ya lo estamos) ante una magnífica novela gráfica, por mor de Alfonso Zapico.





sábado, 22 de diciembre de 2012

La ruta Joyce

Uno de los factores que han contribuido a darles credibilidad y valor a las novelas gráficas actuales inspiradas en biografías es el serio trabajo de documentación subyacente a las mismas.

Además, bucear entre los datos disponibles de la vida de alguien con el propósito de reconstruir y hacer pública esa vida supone una suerte de identificación con el biografiado, hasta el punto de anhelar en ocasiones visitar los escenarios y ambientes en que transcurrieron los hechos contados.

Así pues, no es extraño que Alfonso Zapico haya confeccionado en formato de cómic un personalísimo cuaderno de viaje: La ruta Joyce, el cual supone un complemento perfecto de Dublinés, la biografía que el historietista asturiano dedicó al escritor irlandés.


La ruta Joyce narra un personal recorrido por las cuatro ciudades principales en que transcurrió la vida de James Joyce: Dublín, Trieste, París y Zúrich. Es también algo así como la crónica de una experiencia interior, en la que Zapico desvela sus pasos y andanzas siguiendo las huellas de Joyce a través de una propia llamada.

El libro está escrito con la misma frescura y desenfado que la biografía de Joyce. Lo mismo que en ésta, prevalece la humanidad ante todo. Cabe decir que es un tono que a mí me ha recordado al que usa el canadiense Delisle en sus crónicas también tebeísticas.


Entre unas cosas y otras, leer cómics actualmente se está convirtiendo en una interesantísima fuente de información por acopio de datos. Una fuente gozosa, por cuanto en ella se combinan los elementos estéticos o figurativos con los narrativos.


Una fuente de placer, por consiguiente.

Dublinés

Retomando el hilo donde lo dejamos:

La biografía se consolida como uno de los géneros prioritarios en el campo de la novela gráfica

Puede que se trate de una moda, pero lo importante no es eso.

Si es cierto que el cómic es un arte popular donde los haya -aunque yo tengo mis dudas, al menos por lo que se refiere a España, donde tantas cosas salen caras-, la moda de escribir biografías dibujadas servirá para que muchos personajes interesantes por sí mismos o por sus obras, poco conocidos por el gran público, pasen a ser accesibles y tal vez inciten al lector a interesarse por ellos y, si es el caso, por sus obras.

Tal sucede con el escritor irlandés James Joyce, por cuya biografía, Dublinés, ha recibido Alfonso Zapico este año el premio nacional de cómic.


Joyce es un autor de primer orden en la literatura del siglo XX. Su novela Ulysses (1922) marcó un hito de tal envergadura que hoy se celebra anualmente y no solo en Dublín todos los 16 de junio lo que se denomina el "Bloomsday", en honor al nombre del protagonista y a la jornada completa en que se enmarca esta novela de Joyce.

Con todo, Ulysses es un libro controvertido y de difícil lectura. Más accesible al lector común es el libro de relatos Dublineses (1914), donde la prosa de Joyce se atiene a unos registros más usuales. El último relato de este libro, "Los muertos", dio pie al monumento cinematográfico que fue la última película de John Huston.

Finalmente, con Finnegans Wake (1939), novela absolutamente ilegible para muchos, Joyce dejó la prosa inglesa en un nivel prácticamente inconmensurable.

Pues bien, el tebeo de Zapico nos acerca con frescura, desenfado y sentido del humor a este oscuro y a la vez luminoso escritor que fue James Joyce.

Y como digo al principio, bienvenido sea Dublinés si consigue rebasar el interés por Joyce más allá de los joyceanos.



lunes, 29 de octubre de 2012

Café Budapest

Antes de Dublinés, que ha supuesto el Premio Nacional de este año para Alfonso Zapico, este joven autor (n. 1981) publicó Café Budapest (2008).


De alguna manera, la juventud de Zapico se refleja tanto en el planteamiento como en la resolución de Café Budapest. Pero esto no significa que estemos ante una obra ingenua o asaz inmadura.
 
Hace falta cierta valentía para escribir una historia que transcurre mayormente en el Jerusalem de 1947. El Holocausto era reciente y por decisión mayoritaria de Naciones Unidas se produjo el "reparto" de los territorios palestinos, con el bienintencionado propósito de otorgar a Israel un Estado propio. Por aquel entonces, aquellos territorios estaban controlados por las fuerzas del Reino Unido. En Jerusalén convivían católicos, ortodoxos, judíos y musulmanes en relativa paz y armonía. La creación del nuevo Estado de Israel dentro del mismo territorio se reveló de inmediato como una suerte de caramelo envenenado. Las fricciones entre unos y otros fueron a más hasta el punto de que en 1948 el ejército "inglés" abandonó aquella zona, librando a su suerte a los habitantes de Palestina enfrentados según las distintas confesiones respectivas. Un auténtico polvorín que perdura hasta nuestros días.


Con este enmarañado trasfondo, Alfonso Zapico escribe y dibuja una historia de relaciones familiares, amigables y sinceras. Describe así un momento fugaz que plantea una convivencia posible entre distintos humanos, una convivencia basada en la simpatía compartida antes que en otras instancias religiosas o políticas. Es algo así como el buen vivir espontáneo a la sombra de un café acogedor. Y animado por la música de un violín tocado por un joven protagonista.


Café Budapest es la segunda obra importante de un sorprendente autor asturiano que seguramente dará que hablar en el mundo del cómic, el tebeo, la historieta.