Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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domingo, 9 de marzo de 2014

Crumb y el inconsciente

Frente a la seriedad que tradicionalmente la conciencia política imponía a los sujetos así concienciados, la generación underground transformó esa seriedad en su contrario. Fue como si aquellos jóvenes nacidos en los años cuarenta hubiesen mamado de niños los análisis del capitalismo y la teoría de la sociedad que proponían los miembros de la Escuela de Frankfurt. La superación del hombre unidimensional descrito por Max Horkheimer daba paso a un sujeto que unía el principio de realidad (la conciencia política) con el principio de placer (la afirmación de los deseos del inconsciente). Y así en los años sesenta surgía un nuevo tipo de activista que acaso sin saberlo, con naturalidad, celebraba las bodas de Marx con Freud previstas por Herbert Marcuse. Si bien yo mismo soy consciente de que esto que escribo no es más que un relato y como tal es susceptible de ser compaginado con otros relatos.

Aunque, todo hay que decirlo, el del freudomarxismo fue un matrimonio desigual y de corta duración; la fuerza del deseo y sus pulsiones se impuso y Freud acabó arrinconando a Marx hasta el arcón de los disfraces olvidados.


El inconsciente es deseo, pulsión, instinto, repetición y derroche. Es irracional, incorrecto, no atiende a razones ni entiende de fórmulas convencionales. Persigue el juego y el goce. Regido por el principio de placer, sus contenidos y manifestaciones se escapan, son ajenos a la domesticación. Incluso estas palabras que uso ahora son un intento vano de encerrar en las mallas del lenguaje lo innombrable que articula el inconsciente.

El inconsciente es el lugar -o acaso el no lugar- de lo reprimido. Se manifiesta indirectamente, mediante síntomas. Y se desparrama en los sueños. De ahí el interés de Freud al proclamar que los sueños son la vía privilegiada de acceso al inconsciente.

En los sueños hay imágenes y hay movimiento: hay secuencias. Hay fuerzas además de representaciones y escenas primordiales, arquetípicas.  Por eso repetimos que el cine y los cómics están hechos de la misma materia con que se producen los sueños, en la medida en que estos son realizaciones de deseos.


Robert Crumb es quizás el más conspicuo exponente de esa generación underground que por medio de la ilustración y del arte secuencial disolvió la barrera o censura que cerraba las puertas a la libre manifestación del inconsciente. Y en la línea del más estricto freudianismo, Crumb entiende un inconsciente animado por la libido, esa fuerza vital cuya naturaleza es sexual.

Las palabras de Crumb que siguen dan cuenta exacta de su concepción del arte y del cómic, siendo este comunicación (en cuanto se trata de comunicar contenidos por medio de un arte), pero también entretenimiento:

"Y luego está el rollo del ARTE y la AUTOEXPRESIÓN. Esto que estáis viendo no es sólo un cómic, sino una obra de arte... O sea, un uso muy personal de un medio tradicionalmente comercial... Lo que lo hace arte y no mero entretenimiento es que no sé muy bien lo que estoy haciendo... Es algo que surge dentro de mí al margen de la conciencia... Suele ser grosero, brutal y ofensivo, pero necesita salir a su aire, así que, ¿estamos ante la verdad o simplemente son las obsesiones de un neurótico compulsivo? Sigo creyendo que el arte debería comunicar y, que Dios me perdone, entretener al mismo tiempo..." (La historia de mi vida)

Es el arte, en fin, producido como una libre aunque elaborada manifestación del inconsciente.


sábado, 28 de septiembre de 2013

Filosofía en cómic. El Príncipe



Herder es una editorial prestigiosa, con más de cien años de antigüedad, especializada en la publicación de obras de filosofía, teología, psicología, sociología... La primera Historia de la Filosofía que me compré -tenía yo dieciséis años y aún la conservo (la pagó mi padre, claro)- fue la de Johannes Hirschberger, en dos volúmenes, de la casa Herder.

Lo curioso e interesante a la vez es que Herder cuenta entre sus colecciones con una rotulada así: Manga. Y está dedicada a ofrecer obras clásicas sobre todo de filosofía en versión de cómic japonés. Cabe señalar, a modo de información, que manga es la palabra que en Japón utilizan para designar nuestro tebeo o cómic, sin más. En sí mismo, pues, el manga es tan abierto y tan rico en posibilidades narrativas, temáticas y gráficas como lo son los tebeos occidentales.

De momento, esta colección de Herder Editorial cuenta con cuatro títulos fundamentales de sendos filósofos: Así habló Zaratustra, de Nietzsche; El contrato social, de Rousseau; El príncipe, de Maquiavelo, y El Capital, de Marx. También, en la misma colección, se encuentra La divina comedia, de Dante y El arte de la guerra, de Sun Tzu.

El precio de estos volúmenes es increíble: 9,80 euros cada uno, excepto el de Marx, que cuesta 14,90 euros. El IVA está incluido.

No he tenido todavía ocasión de leer ninguno. Cuando lo haga, lo comentaré.


28.09.2013

En 1513 Maquiavelo escribió uno de los tratados de política más influyentes de la Historia: El príncipe. No se publicó hasta 1531, es decir, a título póstumo. Con todo, este año se conmemora el quinto centenario de esta obra.

Aprovechando la efemérides, este mismo año se ha publicado en España, traducida, una novela gráfica que SmarterComics, de Palo Alto, publicó en 2011: El Príncipe (The Prince).


El motivo principal de la obra de Maquiavelo es el poder del gobernante individual, su consecución y su mantenimiento. Es muy diferente, entonces, de aquella otra obra de filosofía política también muy influyente: El contrato social, de Rousseau. Mientras que esta última pone énfasis en el poder de la ciudadanía que se manifiesta como 'voluntad general', El príncipe da recetas al gobernante para preservar el poder por el poder mismo. Es por esto que se le atribuye a Maquiavelo la frase: "El fin justifica los medios", siendo aquí el fin el poder nada más, desligado de cualquier otra consideración.

Sin necesidad de extraer simplificadamente conclusiones del tipo "El príncipe es el libro de cabecera de los políticos de un espectro, mientras que El contrato social inspira más a los del signo contrario", es cierto que el libro de Maquiavelo se presta muy bien a concebir argumentos narrativos basados en el ansia de poder a costa de cualquier precio, saltándose lealtades personales y objetivos de interés general y en beneficio del acrecentamiento de lo propio o del beneficio particular.


Así, la novela gráfica El príncipe cuenta una dura historia de ambición y deslealtad entre personajes. La narración se articula tomando textos sacados sobre todo de títulos de capítulos del libro de Maquiavelo e intercalándolos entre las viñetas del cómic. Predominan las elipsis, lo cual obliga a que el lector esté atento para comprender la historieta.


Como venimos diciendo, el mal es más sugerente que el bien a nivel narrativo.

Quedo pendiente de leer la versión en cómic de El contrato social de Rousseau, uno de los mangas de la editorial Herder que señalé en mi apunte anterior. 

jueves, 15 de marzo de 2012

Manifiesto Comunista

Una de las pruebas a favor de las posibilidades que encierran el entorno y el lenguaje de los cómics son las ediciones ilustradas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. El grafismo y las viñetas al servicio de la difusión de ideas. Un poco en la línea del proyecto que dicen que tuvo el cineasta Eisenstein: filmar en imágenes Das Kapital. Solo que el Manifiesto es más llevadero, y el lenguaje gráfico permite otras cosas.

Se han hecho varias versiones ilustradas o en cómic del manifiesto. Yo conservo un ejemplar de la que probablemente sea la primera edición en castellano:


La expresión "Sólo para adultos" que figura en la portada responde a una legislación de la época. Hoy en día, en general, esa expresión -"Para adultos"- se refiere a otra cosa. De la cual también hay buenas muestras en el mundo del cómic.