Salud y tebeos

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Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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jueves, 2 de abril de 2015

Moebius: "Lo esencial no es comprender...

...sino regocijarse."

Lo dice un personaje típicamente moebiusiano (una especie de misterioso maestro chamán sacerdote gurú encapuchado) hacia el último tramo de Los jardines de Edena (1988) -segundo álbum de El mundo de Edena- dirigiéndose a Stel: "… Para ti no ha llegado el momento de comprender, sino el de regocijarse". Y unas pocas viñetas después lo remacha: "Lo esencial no es comprender, sino regocijarse".

De igual modo, en una entrevista recogida en el catálogo de ArtFutura 1999 (la edición del festival de ese año estuvo dedicada al Ocio Digital), Dominique Mirambeau le pregunta al dibujante:

"-¿Qué percepción tienes de tu universo creativo?

A lo que Moebius responde:

-Mi universo creativo es principalmente el placer. El placer es el incentivo para sobrevivir. También hay la ganancia, el hecho de ser amado y admirado por los otros dibujantes. ..."

Más claro imposible. El placer como principio y como fin del relato.

Moebius nos muestra sus cartas en estas dos citas. Pese a toda la parafernalia del discurso pseudosapiencial y pre-meta-físico que acompaña muchos de los guiones de sus historietas, en particular los firmados por Jodorowsky, el propio artista reconoce (por boca de un personaje) que lo esencial no es comprender, sino regocijarse. Y que a fin de cuentas (declara en la entrevista), el principio de placer es el que rige su obra.


Ese es el espíritu clásico del tebeo, de la historieta, de las tiras cómicas. El que anima a Moebius, pero también al Eisner de The Spirit y a Crumb. Un talante que es anterior a la irrupción de la novela gráfica.

Pero esto de anteponer el placer y el regocijo a la comprensión en la obra de Moebius no equivale, me parece, a decir que sus historietas no significan nada o que carecen de significado. Entre otras razones, porque toda imagen significa al menos en dos sentidos: en cuanto refiere o denota otra cosa y en cuanto promueve una asociación de ideas en el lector. Y el lenguaje de la imagen es eso, un lenguaje. No deja de significar. (Otra cosa es que Moebius pueda suscitar en ocasiones la duda sobre si no estaremos ante "pijaditas de autor", o es más bien que hay ahí materia significante.)

Ante la pregunta sobre qué necesidad tenemos de valorar a Moebius por otra cosa que no sea por la calidad de su dibujos, la respuesta incluiría que esos dibujos están al servicio de un arte secuencial. Hablamos de cómic. Y es el lector de historietas quien se adentra en los vericuetos del significado entre viñeta y viñeta mediante el acto de la clausura.

Además, son las propias historietas de Moebius, sobre todo desde La desviación (de 1974, firmada por Jean Giraud) en adelante, las que despiertan cierto interés por su posible interpretación.


"Lo imaginario es lo real trasladado y enmascarado", afirma Moebius en la entrevista con Mirambeau citada arriba. Desde ese punto de vista, atender al imaginario dibujado y sugerido por Moebius requiere considerar, entre otros ámbitos de lo real, la generación a la que el artista pertenece, el momento histórico en el que desarrolló su obra. La de Moebius fue una generación de ruptura. Esa misma que Crumb refirió como "la generación del yo" -en la que también él se inscribe-, marcada por el ansia de la liberación de las coerciones, incluidas las del propio yo. Y en la que la autoexpresión ocupó un lugar relevante en cualquiera de los órdenes de la vida y, por supuesto, del arte.

El principio de placer. El espíritu del tebeo realizado por Moebius. 


martes, 8 de abril de 2014

El optimismo de Crumb

A R. Crumb se le pueden aplicar muchos calificativos, salvo el de pesimista. Pese a la atmósfera tenebrosa que se respira en Crumb, el filme de Zwigoff, lo cierto es que los dibujos e historietas de este autor conectan con el espíritu del tebeo tradicional, en el que un cierto sentido del humor es omnipresente y acompaña por tanto a las situaciones más disparatadas.

Crumb se ríe de sí mismo, de una imagen que él tiene de sí y hace gracia. Puede que su risa sea risa terapéutica, para no volverse loco. Pero eso al lector le da igual. Los complejos y fantasmas de Crumb son cosa suya. Lo que nos importa es su arte.


La cara más dulce de R. Crumb (The Sweeter Side of R. Crumb, 2010) es un libro de estampas (retratos, paisajes, dibujos) que trata de  mostrar "el lado amable" de Robert Crumb. Es una recopilación de ilustraciones que abarcan décadas, lo que prueba que ese talante dulce de Crumb ha estado siempre consigo. Así lo expresa el autor en la Introducción del libro.

Esta Introducción sigue siendo un texto confesional. En esa página Crumb declara concluido su largo proceso de autoconocimiento. Dice que ha vaciado su yo en sus obras y justifica sus destarifos visuales y temáticos del pasado apelando a su consumo de drogas. Poco menos que llega a pedir perdón. También considera que el yo que ha transmitido en su obra es un yo de tebeo, diferente del Robert Crumb real, siendo mucho más amable y tierno este que el otro.

Lo importante, insisto, con todo, es la narratividad de los dibujos de Crumb.


En lo que se refiere al optimismo, la historia de Keep on Truckin' es un prueba de que el espíritu alegre y optimista ha estado presente en Crumb desde sus comienzos como artista gráfico. La página es de 1968.




lunes, 7 de abril de 2014

"Crumb", de Terry Zwigoff

En el proceso de agotamiento o abandono de la imagen de sí mismo que Robert Crumb había ido estableciendo durante años, una imagen esta de sí mismo tal vez cosificada en exceso, fue determinante el estreno de la película documental Crumb (2004), de Terry Zwigoff.

Digamos que a los habitantes de la pareja Crumb no les gustó nada la peli. En la historieta de 1995 titulada: "¡Huyendo a las colinas! Intentando escapar del 'Tema R. Crumb'" (incluida en ¡Háblame de amor!), realizada entre ambos, leemos al final de una conversación con Aline las siguientes palabras de Robert:

R.: Pero este documental, "Crumb", es la gota que colma el vaso. Voy a inventarme un nuevo yo para que nadie me reconozca. El 'Tema Crumb' c'est fini, kaput... ¡Y va en serio!


Se da la circunstancia de que Terry Zwigoff, el realizador del documental, es un viejo amigo de Crumb y fue integrante también del grupo de música The Cheap Suit Serenaders. El caso es que su película sobre los hermanos Crumb (Charles, Maxon y Robert; las dos hermanas Sandra y Carol se negaron a comparecer en el filme) presenta unos personajes sombríos, dignos ejemplares de un manual de psiquiatría. Y en efecto, en la historieta que cito Robert declara:

Desgraciadamente, la mayoría de espectadores nos encontrarán siniestros y perturbadores...

En España se ha comparado a menudo el documental Crumb con El desencanto (1976), la película de Jaime Chávarri que mostraba a otros personajes, los componentes de la familia del poeta Leopoldo Panero, también como materia según muchos de frenopático. Pero eso es lo de menos, creo yo. El que esté libre de la locura, que tire la primera piedra.


Ambas películas, Crumb y El desencanto son notables no tanto por lo que muestran, sino por el imaginario que sugieren. Agarran por el cuello al espectador y lo llevan a una zona arrebatada, sombría aunque no exenta de luminarias. Aciertan los dos filmes en su peculiar registro, en su cadencia, en su tenue iluminación, en su voz pausada, en la adecuación entre su tejido, su confección y su trama. Pero también representan por añadidura escenarios que son el reverso de un mundo feliz. Se entiende entonces que ambos filmes fascinen a un buen número de espectadores, al tiempo que repugnan a otros tantos. Del Crumb de Zwigoff hay que decir, sin embargo, que ganó unos cuantos premios prestigiosos.

A los Crumb desde luego, como ya he dicho antes, no les gustó nada la película Crumb (Charles no llegó a verla, pues se suicidó antes de que la estrenasen). Y a Robert, según da a entender él mismo, le llevó a replantearse seriamente su imagen y el contenido de su trabajo.

No obstante, el documental muestra algo importante en mi opinión. Me refiero a cómo desde el principio del film queda claro que Robert Crumb se salvó a sí mismo mediante el dibujo y la creación de historietas. Sus dos hermanos, con los que empezó a dibujar siendo los tres pequeños, no tuvieron la misma suerte y sucumbieron a la devastación. Robert, en cambio, dibuja y ríe.

Una cierta asociación de ideas ha llevado a algún crítico a hablar de un priapismo de la pluma en el caso de Robert Crumb, un exceso de actividad gráfica incesante por su parte. Sería en todo caso, pienso yo, un priapismo terapéutico. Los dibujos de Robert revelan por sí mismos un sentido más o menos redentor, a diferencia de las libretas repletas de rayitas de su hermano Charles, quien habría tenido el mismo impulso gráfico que Robert, la misma pulsión aunque desbaratada.

Dejo enlace para ver si se quiere y se puede la película Crumb (2004), de Terry Zwigoff.


Y ya puestos, dejo enlace también para ver si es posible, que en este caso no está tan claro, El desencanto (1976), de Jaime Chávarri.