Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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domingo, 29 de octubre de 2017

Corto Maltés en la era de lo (im)prescindible

El lenguaje vivo -hablado, leído- es el lugar de donde emergen las paradojas. Al decir que ya no llueve sentimos la lluvia, igual que al indicarle a alguien que ha adelgazado aflora su gordura. La paradoja flirtea con la lengua, si bien la realidad se encuentra siempre en otro sitio. (Cuando con mi boca digo pasa un carro, ciertamente un carro no atraviesa mi boca.)

Es así que, en el ámbito de las producciones culturales, nunca antes como ahora se ha insistido tanto -tal vez abusado- en decir de este o de aquel artefacto (un libro, una película, un cómic) que es imprescindible. Pero claro, en virtud de la paradoja inherente a toda habla, cada vez que suena o resuena el adjetivo 'imprescindible', revive en el oyente su opuesto, que alude a lo prescindible. 

La reciente aparición de Equatoria, segundo álbum del tándem Juan Díaz Canales-Rubén Pellejero inscrito en la serie de las aventuras del marinero creado por Hugo Pratt, en cuanto se revela como una lectura imprescindible para muchos (incluido yo mismo), activa la pregunta sobre la pertinencia de Corto Maltés en la era de lo (im)prescindible. 


Con Bajo el sol de medianoche (1915), Díaz Canales y Pellejero salieron airosos del difícil reto que suponía realizar un álbum centrado en la figura de Corto Maltés. Hugo Pratt había interrumpido la serie del marinero con su aventura nº 29: Mû, el misterio del continente perdido (1988). Muerto el creador veneciano en 1995, concluir con manos nuevas un trigésimo episodio de la mítica serie de Pratt exigía, como digo, demasiada responsabilidad. Y Pellejero y Canales lo consiguieron.

Bajo el sol de medianoche resulta, con todo, algo apelmazado. Es muy comprensible, dado que ambos autores debían establecer una continuidad indudable con el resto de la serie y convencer a todo el mundo de que, en efecto, se trata de un nuevo álbum de Corto Maltés y como tal reconocible. Es quizá un exceso de guiños y referencias prattianas lo que recarga este álbum. El tiempo de la historia de esta aventura de Corto parece ser inmediatamente anterior al de La balada del mar salado e inmediatamente posterior a la misma, según sugiere el nombre de Pamela Groovesnore en la penúltima plancha del libro. Una nueva ordenación cronológica de las aventuras de Corto Maltés situaría Bajo el sol de medianoche como el episodio nº 2, después de La juventud, y ubicaría La balada en el 3.

No obstante, la aventura que se narra en Equatoria altera de nuevo la ordenación temporal de la serie de Corto Maltés. La visita, por ejemplo, de un joven Winston Churchill a la Alejandría de Kavafis, así como el final de la historia, sitúan Equatoria, trigésimo primer episodio de Corto, en el tercer puesto de la ordenación temporal o biográfica del héroe. Con lo cual, La balada del mar salado pasaría a ser el episodio nº 4.

Equatoria sorprende por su ligereza, que se da tanto en la soltura del trazo de Pellejero y en su dosificación de la mancha, como en la narrativa secuencial aportada por el guion de Canales. Estamos ante un buen tebeo. Los autores inscriben una nueva historia en el corpus cortomaltesiano siguiendo (respetando) los rasgos fundamentales del personaje y de la serie establecidos por Hugo Pratt. Me refiero a cosas tales como la inserción de personas y hechos reales en los avatares de la ficción, el uso de la ironía en el lenguaje de Corto, el culturalismo presente, las referencias más o menos juguetonas a lo esotérico, la actitud descreída y a la vez comprometida del marino, el poder de seducción de su imagen, etc.

Con tan buenas manos, tenemos Corto Maltés para rato. Esperamos la aventura nº 32 del intrépido marinero.


Pero volvamos a lo sugerido por el título de esta entrada.

No puedo evitar relacionar el asunto de lo prescindible imprescindible en el contexto del cómic -y en concreto de Corto Maltés- con el libro de Hugo Pratt El deseo de ser inútil.

Sé que la semántica de 'útil/inútil' no es equivalente a la de 'imprescindible/prescindible'. Sin embargo, hay una sutil asociación de ideas que lleva a vincular lo útil con lo imprescindible y lo inútil con lo prescindible. Es una asociación en cierto modo gratuita, pues no es difícil encontrar ejemplos que la desmienten, al menos claramente en lo que concierne a lo útil entendido como imprescindible.

La ironía de Hugo Pratt se revela en esa frase sobre su deseo de ser inútil.

Conviene situar históricamente esta frase, contextualizarla para apreciar su sentido. La cosa tiene que ver con todo aquello de la literatura y el arte 'comprometidos' del siglo XX. El arte al servicio de una causa. La cultura del compromiso. L'artiste engagé. La primera aventura de Corto Maltés, La balada del mar salado, irrumpió en el mercado europeo en 1967, poco antes del mayo francés. Hugo Pratt ya había rebasado su etapa argentina (con o sin Oesterheld), rozaba la cuarentena y tenía un buen número de historietas publicadas. Pero ahora nos importa el contexto. No ya solo el gusto de Pratt por las historias y aventuras en parajes exóticos, sino el arte del tebeo mismo era percibido entonces por los intelectuales y artistas comprometidos como un gusto infantil, completamente inútil para la causa de los militantes. La vía lúdica aparecía entonces como poco menos que pecaminosa para las "mentes serias". El cómic es cosa de críos, decían.

La vía lúdica se impuso, no obstante. Un intelectual de aquí describió esta conversión como La infancia recuperada. El principio de placer es un buen compañero de tantísimas causas, no necesariamente perdidas. Hugo Pratt contribuyó a dejarlo claro mediante sus cómics.

Yo no sé si Corto Maltés es imprescindible, entre otras razones porque haría falta especificar un para qué. Así a bulto, o en términos gruesos, pocas cosas son estrictamente imprescindibles. Pero tampoco es eso. La civilización amplía nuestro horizonte y nuestros deseos...

Para terminar, destacaré la importancia y el valor de Corto Maltés en un mundo saturado de productos prescindibles.


sábado, 14 de mayo de 2016

Como viaja el agua. Nihilismo, madurez y acción

Sorprendente. Dos tebeos recién horneados, escritos y dibujados por sendos autores de aquí, coinciden en un aspecto destacable. Los dos, enmarcados en el género thriller, tienen como protagonistas últimos personajes ancianos. aunque muy activos. Es un dato importante. Ninguno de los dos, también, se limita a contar un relato de género. Uno de estos tebeos es Presas fáciles, de Miguelanxo Prado, al que me referí en la entrada anterior [aquí]. El otro es Como viaja el agua (2016), de Juan Díaz Canales. Una coincidencia añadida es que ambos autores han obtenido -en 2013 y 2014, respectivamente- el Premio Nacional del Cómic; Prado por Ardalén y Díaz Canales por Amarillo, de la serie  Blacksad, guionizada por él y dibujada por Juanjo Guarnido. Como viaja el agua es el primer relato gráfico escrito y dibujado íntegramente por Díaz Canales, con lo que este madrileño se manifiesta como un autor completo de cómic. 



Como viaja el agua es un tebeo de madurez. Una madurez que se revela en un doble sentido: madurez del autor y madurez del medio. No es del todo desdeñable aludir a un tercer tipo de madurez, la de los personajes implicados en la trama, en un medio (el cómic) en el que abunda, a grandes rasgos, la juventud de los protagonistas, si bien esta última es una opinión discutible, En cualquier caso, Díaz Canales elabora un discurso en Como viaja el agua que evidencia madurez hasta en la médula.



Nihilismo y acción es el título de un librito primerizo de Fernando Savater. Es también la frase que me ha sugerido la lectura de Como viaja el agua. Otras reflexiones que suscita la novela de Canales tienen que ver con el río de Heráclito, poetizado por Borges; con los ríos de Manrique; con la verdad oculta, innombrable, velada, que acaso enloqueció a Nietzsche; con la metáfora de la lucidez secreta, como secretos son los móviles de las acciones de todos.

En realidad, no se trata de reflexiones de un lector en particular. Son ideas sustanciadas por Diaz Canales a través de una historia entretenida que combina costumbrismo y suspense hasta el fin, expuesta con un trazo quebrado que oscila sobriamente entre el blanco y el negro y con un desenlace revelador. Habrá metafísica en Como viaja el agua, pero hay sobre todo tebeo.

Y hay madurez, en definitiva, que muestra no solo la capacidad que el autor manifiesta en los planos del contenido y de la expresión, sino también el desarrollo que ha alcanzado el cómic como un medio capaz de albergar cualquier género y sacarlo de sí aportándole nuevos discursos.



domingo, 4 de octubre de 2015

El deshielo de Corto Maltés

No es la primera vez que una serie de Hugo Pratt encuentra continuación tras la muerte de su creador. Ocurrió con Los escorpiones del desierto, serie de la cual el esritor y dibujante italiano publicó cinco historias entre 1969 y 1992. Hugo Pratt falleció en 1995 y diez años después, en 2005, el ginebrino Pierre Wazem realizó una nueva historia de Los escorpiones del desierto. Nuevamente, en 2008 un séptimo episodio de la saga vio la luz, esta vez de la mano de Giuseppe Camuncoli al dibujo y Matteo Cassali en el guion.

Por otra parte, en la medida en que las aventuras de Corto Maltés, más allá del culto, gozan de una difusión y un prestigio que lo acercan a una suerte de mainstream a la europea, no será del todo extraño que el personaje más famoso de Hugo Pratt constituya con el tiempo una franquicia comparable -salvando todas las imaginables distancias- a las de los superhéroes del mainstream del otro lado del Atlántico, en las que se suceden diferentes autores que mantienen la continuidad de las respectivas franquicias. Ya sabemos, después de todo, que el "Continuará" es inherente a las series que forman el medio del cómic, incluido el tebeo de autor.

Lo que ocurre es que precisamente eso, la difusión, el prestigio y el culto asociados a la figura de Corto Maltés parecían hacer imposible una continuación de la serie. Y así, el más famoso marinero de la historia del cómic quedó como congelado tras la desaparición de Hugo Pratt. A fin de cuentas, el teniente Koinsky -de Los escorpiones...- no ocupa esa posición cuasi mítica que es propia de Corto Maltese.

Sin embargo, el deshielo se ha producido. Y curiosamente, con una aventura que transcurre en buena parte entre el hielo. El guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero acaban de hacer público un nuevo álbum de Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche (2015).


La edición ha salido por partida doble. Hay una versión pura y dura en blanco y negro y otra de tamaño más reducido en color, con papel satinado más extras. Tras hojear ambas versiones, me decidí por la primera. Me parece mejor al menos para recuperar la lectura de aquel Corto Maltés que conocí hace años. Y para apreciar en detalle la limpieza del dibujo de Pellejero y sus sugerencias. Lo cual no significa que la versión en color desmerezca. La diferencia entre ambas, si se quiere, viene a ser similar a la que hay entre las historietas originales en blanco y negro de Pratt y las coloreadas después por Patrizia Zanotti (bajo el visto bueno del autor). Queramos o no, el color favorece la comercialización. Y tal vez edulcora la historia.

Bajo el sol de medianoche mantiene, por así decir, el espíritu esencial de las aventuras de Corto Maltés. Especialmente las de la primera época, cuando un cierto realismo histórico trufado con ribetes políticos era ajeno al regusto por el esoterismo, la mitología y la cábala de historietas posteriores. En mi opinión, Díaz Canales y Pellejero han sabido incrustar un nuevo episodio en el corpus creado por Pratt. Hay multitud de guiños para los connaisseurs de la serie, desde la presencia inicial de Rasputin en el relato hasta el nombre final de Pandora, pasando por otros detalles y signos que remiten a historietas ya conocidas de Corto y reavivan la memoria y la imaginación del lector.

Pero lo importante es que tales guiños, detalles y signos funcionan como engarces, puntos de sutura que insertan Bajo el sol de medianoche en la serie de Pratt. Y no solo eso. Pues este episodio, además de engarzarse en aquel corpus, lo dinamiza. Nada impide que las aventuras de Corto Maltés fluyan de nuevo, revitalizadas, gracias al trabajo de Pellejero y Canales. 

El reto, me parece, no era tan solo el de satisfacer a los viejos amantes de Corto Maltés. Han pasado casi treinta años desde la culminación de Mû, el misterio del continente perdido (1988-1991), la última aventura de Corto realizada por Pratt. Un nuevo acúmulo de lectores de historieta, una nueva generación se ha incorporado al entorno del cómic. Si Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero consiguen llegar con este álbum a esos nuevos lectores de tebeos, la continuidad de Corto Maltés está más que asegurada.

Y también está asegurada, pase lo que pase, la calidad de Díaz Canales en el guion y de Pellejero en el arte de Bajo el sol de medianoche


viernes, 27 de marzo de 2015

Action painting en Cómic. De Blacksad a Grandville (y viceversa)


Blacksad apareció primero: nueve años antes que Grandville. El álbum inicial de la serie Blacksad (Díaz Canales-Guarnido) es del año 2000; la primera 'graphic novel' de Grandville (Bryan Talbot), de 2009. (El que se se use la palabra "álbum" en un caso y "graphic novel" en el otro no es irrelevante.) En el orden de la producción, hay una diferencia temporal que se suma al cúmulo de cuestiones de hecho que individualizan no ya cada serie, sino cada ejemplar de la serie. 

Ahora bien, si atendemos al estricto espacio de la representación, la sincronía se impone. Como bien sabe Tardi -por poner un ejemplo-, en el marco de la figuración coexisten los pterodáctilos, las momias egipcias y el París de la Belle Époque. Es así, también, como Aquiles es vencido por la tortuga a través de los siglos. (O como este post permanece virtualmente en la nube.) 

En ese espacio atemporal de la representación coexisten Blacksad y Grandville. Y si la remisión mutua es poco menos que inevitable por lo que una y otra serie comparten, lo es también por lo que las diferencia. Ambas, además de estar protagonizadas por humanos zoomorfos -o animales antropomorfos-, rinden culto al género policíaco, recurren prácticamente a todos los códigos de ese género, alientan una lectura política, cultural, amorosa, etc. de lo que relatan. Ambas, en fin, conciben el entretenimiento de un modo que además deja huella, pues sus creadores son artistas a la hora de inscribir lo imaginario en lo real mediante sus guiones, guiños y citas.

Pero ocurre a la vez que no hay género sin especie, ni especie sin ejemplares concretos. Y de ahí las diferencias en el orden de la representación. En el caso de Blacksad y Grandville, estas son bien visibles. Las dos series se ajustan, respectivamente, a diferentes variantes o modalidades del género policiaco; se desarrollan en coordenadas espaciotemporales distintas con su diversidad de escenarios; el imaginario que sugieren, el trazo y el dibujo, su plástica y su estética son diferentes; sus luces y sus zonas de penumbra, por consiguiente, también.

Estas diferencias más que evidentes entre Blacksad y Grandville, amalgamadas o sintetizadas por el lector, conforman ante sus ojos algo así como dos marcos diversos de significación. Dos grandes estilos que imprimen sendos aires de familia y cuya diversidad, en el límite, puede ser anclada geográficamente de un modo tal que recuerda a la que se da en otros ámbitos (filosófico y jurídico, p. e.) en base a una distinción entre los términos "anglosajón" y "continental" aplicados a esos ámbitos. Aunque no se trata ahora de abordar el asunto de un cómic de corte anglosajón netamente diferenciado de un cómic continental, al cotejar Blacksad y Grandville asoman sugerencias en esa línea. Y bueno, después de todo, el logro final de un tebeo no está determinado por su adscripción a uno u otro marco. Igual que sucede en Derecho y en Filosofía, las diferencias entre el estilo anglosajón y el continental son al cabo solo eso, diferencias de estilo. Con todas sus implicaciones.

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Por el lado de las afinidades, a mí me ha interesado particularmente el recurso a la historia del arte contemporáneo en general, y a las artes plásticas en particular, que los autores de ambas series practican.

Blacksad: Âme Rouge
Grandville: Bête Noire


Recorriendo Blacksad y Grandville, se descubre de vez en cuando una viñeta que contiene un guiño pictórico que remite a un cuadro en particular. Esto no es exclusivo de estas dos series. Ahí está el reciente libro La pintura en el cómic, de Luis Gasca y Asier Mensuro, para comprobarlo. En estas citas pictóricas, el dibujante transmite una señal que el lector, si es el caso, re-conoce. Este no se enfrenta a la percepción con la mente en blanco o como tabula rasa (a mayor conocimiento, mayor reconocimiento). Y no cabe duda de que los autores, the artists, juegan en muchos casos -en los mejores- con una trama de signos cuyo significante pasa desapercibido para el lector común. Aunque este, "el lector común", no deja de ser una abstracción. Solo hay lectores, como artistas, individuales.

Sin embargo, tanto en el tercer álbum de Blacksad, titulado Âme Rouge, como en la tercera 'graphic novel' de Grandville, Bête Noire, sus autores introducen algo más que referencias pictóricas puntuales.

La consideración de la historia del arte (contemporáneo o no) a través del lenguaje del cómic alcanza otra dimensión cuando un guion realizado, dibujado, refiere un capítulo de esta historia como uno de los elementos constitutivos del guion. Esto es lo que practican tanto en Âme Rouge como en Bête Noire sus autores. Y lo más curioso es que en ambos casos, tanto Díaz Canales y Guarnido como Talbot recurren a un mismo apartado de la historia del arte. En concreto, al momento de auge del expresionismo abstracto específico de la escuela de Nueva York (Pollock, Rothko, De Kooning, Gorky, Gottlieb...).


Alma roja y Bête Noire se desarrollan en tiempos y escenarios distintos. Y obedecen a sendas concepciones de la trama también diferentes. No voy a desvelar aquí nada. Solo indico que, de un modo nada anecdótico, Canales-Guarnido y Talbot encuentran en el expresionismo abstracto materia para estos tebeos, de manera que la narrativa visual de estos autores integra en sus relatos con tremenda eficacia discursiva uno de los episodios de la historia del arte contemporáneo.

Y no lo llevan a cabo mostrando un arte puro o desinteresado como auxilio estético. Antes al contrario. El motivo del expresionismo abstracto y su entorno es introducido por estos autores en la configuración de Alma roja y de Bête Noire, siendo en cada uno de estos títulos parte importante o puntal de la acción respectiva. En ambos casos, de un modo u otro, esta corriente artística alimenta la trama; sirve al relato.

Y en este sentido, viendo los resultados, lo que hacen con el expresionismo abstracto Canales-Guarnido y Talbot en estos tebeos no es utilizarlo como ornamento o a la manera del "arte por el arte", sino que más bien lo incrustan en el relato como un "arte para el arte".

Es un arte vivo, que actúa. Opera en el seno de la acción y de la propia historieta.

Action painting para el Cómic, entonces.






martes, 7 de octubre de 2014

Díaz Canales y Pellejero: Corto Maltés

Parece que va a seguir la serie de Corto Maltés, allí donde lo dejó Hugo Pratt:


Imagino que los royalties o derechos de propiedad de Corto Maltés serán sustanciosos. Allá por los años noventa, Hugo Pratt declaraba que se vendían al año unos cuatrocientos mil álbumes de su marinero errante. Y siendo eso así, las editoriales responsables del proyecto de continuación de la serie habrán tenido que llegar a acuerdos con los herederos de Pratt o con quienes sean los titulares de esos derechos. Son tres editoriales muy vinculadas a las publicaciones de Pratt en vida de este.

En casos como el que comentamos, los acuerdos no suelen limitarse a la parte crematística. Puede ocurrir que los propietarios de "la marca" exijan unas condiciones de calidad a quienes piensan explotar o continuar esa marca. En cuyo caso podrían incluso revocar la concesión si el resultado no fuese de su agrado. Siempre, claro está, que no vendan la propiedad de esos derechos. Todo depende de los términos del contrato. Aunque todo esto que digo es una especulación.

Por el lado artístico, en principio el proyecto parece estar en buenas manos. Juan Díaz Canales es el guionista de Blacksad. Y Rubén Pellejero es el dibujante de Dieter Lumpen, nombre de una serie y de un personaje que siempre al lector le recuerdan a Corto Maltés.

Esta es una muestra del arte de Pellejero en la primera página de la última de las aventuras de Dieter Lumpen, El precio de Caronte (1994):


Con lo cual, no me extrañaría que no haya polémica, salvo en el caso de los nostálgicos. El mercado y el arte continúan, son las dos vertientes de los cómics. Y además, hay ejemplos de historietas continuadas por otros. Sin ir más lejos, en el mundo de los superhéroes americanos, tipo Marvel y DC, los personajes acaban siendo franquicias en manos de sucesivos guionistas y artistas.

Y en el ámbito europeo, Corto Maltés viene a ser una suerte de imagen superheroica. Los nuevos lectores que se incorporen sabrán descubrirlo.


lunes, 28 de abril de 2014

Formatos

 ... David B. ... es uno de los autores que rompieron con la tradición del cómic francobelga "48CC", esto es, el editado en álbumes de cuarenta y ocho páginas en color y encuadernados con tapa dura (cartoné). ... 

Una parte sustancial del conocimiento del medio llamado narrativa visual o gráfica, o noveno arte, consiste en discernir los diferentes formatos en que se presenta dicho arte. No por puro diletantismo, sino porque hay asociadas implicaciones diversas a cada uno de los formatos.

Dichas implicaciones conciernen no solo a estilos, temas y géneros, sino también a procesos de realización y edición e incluso a distinciones geográficas o nacionales.

En este enlace que dejo hay una aceptable presentación de los principales formatos en el mundo del cómic:



Cuando los factores e intereses económicos y de mercado imponen su inercia sobre el medio, los formatos se convierten en moldes prefigurados que, más que condicionar, determinan la actividad de todos los que intervienen en los procesos de producción y distribución de tebeos.

Y así, cuando arriba escribo que David B. es uno de los autores que rompieron con la tradición del cómic francobelga "48CC", la cosa no se reduce a cambiar simplemente de formato. Y mucho menos, el aserto significa que el formato en cuestión haya desaparecido del ámbito de la BD (bande dessinée), siendo sustituido por otros formatos. En realidad, lo que hicieron David B. y otros autores como Lewis Trondheim, Joann Sfar y Emmanuel Guibert fue ampliar y enriquecer ese ámbito introduciendo nuevas materias narrativas más allá de la presión de los géneros, nuevas perspectivas, nuevos planteamientos formales, nuevas formas de escribir la historieta... e introduciendo también nuevos formatos.

Pero la fórmula "XCC" continúa y sigue dando buenos resultados en BD. Es una delicia leer en ese formato, por ejemplo, las novelas de Cava y Seguí o los relatos de Canales y Guarnido (Blacksad). Y son obras que se ajustan al formato XCC debido a que están publicadas originalmente en Francia y sus derechos pertenecen a las respectivas editoriales de allí. Pero son en todo caso un regalo visual (incluso yo diría que táctil y hasta olfativo), además de narrativo. Su lectura, en fin, es una gozada.

Y hablando de formatos, dejo como curiosidad la imagen de  un cómic editado en formato "banda de Moebius":



martes, 4 de marzo de 2014

Humanos zoomorfos, animales antropomorfos

La representación figurativa mediante animales antropomorfos (o mediante humanos zoomorfos) es una constante a la hora de caracterizar personajes ficticios en nuestra cultura. Tales personajes podían ser deidades en la antigua religión de los egipcios, p. e., donde algunos animales eran divinizados o algunos dioses animalizados. Pero en la tradición cultural de occidente es más habitual representar no dioses sino tipos humanos, demasiado humanos, caracterizados como animales o viceversa, es decir, una representación de animales con rasgos humanos. Este recurso estilístico puede obedecer a una intención moralizadora, como lo es en el caso de las fábulas clásicas (Esopo, La Fontaine, Iriarte, Samaniego). Aunque no siempre es necesario que sea así; no siempre ha de haber moraleja cuando hay animales por medio.

En la historia del tebeo abundan las historietas y tiras cómicas protagonizadas por este tipo de personajes.


Los animales representados y que actúan en el universo del cómic -y no solo en el de Disney- son de lo más variado. Es notable, sin embargo, el número de gatos ilustres que pueblan ese universo, desde sus comienzos.

Quizás el primero de todos fuera Krazy Kat (1913), de George Herriman (1880-1944).


Luego le seguirían -y sin ánimo de ser exhaustivo-:

El gato Félix (1923), de Otto Mesmer (1892-1983).


El gato Fritz (1965), de Robert Crumb, (n. 1943).



Garfield (1978), de Jim Davies (n. 1945).


Aunque no es exactamente un gato, otro felino que destaca en el ámbito estadounidense es el tigre de peluche Hobbes, compañero de Calvin (1985), de Bill Watterson (n. 1958).


Del lado de acá, en el cómic francobelga encontramos:

El gato (1983), de Philippe Geluck (n. 1954).


El gato del rabino (2003), de Joann Sfar (n. 1971).


El felino Blacksad (2000), de Juan Díaz Canales (n. 1972) y Juanjo Guarnido (n. 1967).


Por otra parte, como donde hay gatos puede haber ratones, además del ratón Ignacio de Herriman, otros ratones ilustres del mundo de la historieta son:

El ratón Quimby (1990), de Chris Ware (n. 1967).


Mickey Mouse...


... y Maus.


Todo esto sin entrar en el mundo de los cartoons o dibujos animados, en cuyo caso la lista sería inagotable.



jueves, 5 de septiembre de 2013

Blacksad

Decir que la marca distintiva de que algo es bueno es que tenga éxito viene a ser tan incierto como decir que el éxito es la señal distintiva de que algo es bueno. Lo hemos dicho alguna vez.

Y para qué nos vamos a engañar, el mito de que la relación establecida entre ambas variables, calidad y éxito, es inversamente proporcional no es más que eso, un mito del mismo calibre que aquel otro que afirma lo contrario, esto es, que la relación entre la calidad y el éxito es directamente proporcional.

Lo que ocurre más bien es que sucede lo que sucede y es el caso lo que es el caso.

Y es el caso, entonces, que hay veces en que la calidad y el éxito van de la mano.

Como en Blacksad.


Los artífices de este International Bestseller!, literalmente forrado de premios y elogios, son dos españoles de origen: Juan Díaz Canales (n. 1972) y Juanjo Guarnido (n. 1967). Dicen que el primero se ocupa de los guiones y el segundo de los dibujos. En cualquier caso, la combinación es asombrosa. Un ejemplo perfecto de tándem en el mundo del cómic.


Tuvo que ser Francia, una vez más, la que descubriese la valía y el potencial de Blacksad. Y es la editorial Dargaud la que hasta ahora ha publicado originalmente los cuatro títulos de la serie: Un lugar entre las sombras (2000), Artic-Nation (2003), Alma Roja (2005) y El infierno, el silencio (2010). Esa misma editorial está a punto de publicar el quinto volumen de Blacksad, cuyo título ya conocemos: Amarillo.  Y por tanto, es Dargaud la que mantiene los copyright del invento. Ni que decir tiene que el idioma original de la serie es el francés.

En español están traducidos y editados los hasta ahora cuatro títulos en álbumes independientes. La misma editorial de aquí publicó en 2011 un volumen integral, en catalán, que incluye la serie completa más extras. Es esta última una muy buena edición que además gratifica el bolsillo.