Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
Mostrando entradas con la etiqueta Mique Beltrán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mique Beltrán. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de diciembre de 2015

"La casa", de Daniel Torres. Tebeo por los cuatro costados


A mí me parece que quienes conocen las aventuras de Roco Vargas-Armando Mistral, Rubén Plata, Opium y compañía re-conocerán sin duda el arte de Daniel Torres cuando lean y contemplen La casa. Crónica de una conquista. Y no lo digo solo por la brillantez con que la arquitectura y el interiorismo amueblan muchas de las viñetas de aquellas historietas de Torres, aunque también. Siendo La casa, como es, una exposición de la historia 
de la vivienda contada a través de historietas, conforme se avanza en el libro y se llega al siglo veinte se da cuenta 
el lector de que el autor de Roco Vargas y demás y el de La casa no puede ser otro que el  mismo. 

La elegancia visual y narrativa es una constante común a los autores de lo que se dio en llamar Nueva Escuela Valenciana, sea esta una escuela o un simple grupo generacional. Es la elegancia en particular de Daniel Torres, de Sento Llobell y de Mique Beltrán, la cual se sobrepone a la materia o asunto tratado en cada uno de sus cómics.

Otra marca que identifica a estos autores, lo veíamos al comentar Un médico novato y Atrapado en Belchite, de Sento, es la importancia que ha tenido el tebeo tradicional (junto al cine) en la formación estilística y sentimental de este grupo. Centrándome en la obra que nos ocupa ahora, es puro tebeo lo que destilan las páginas de La casa. Daniel Torres tuvo y retuvo el lenguaje del cómic. Y ahí está esto, La casa, para corroborarlo.


Ya sé que habrá quien opine que La casa no es un cómic. O que su lugar natural está en las bibliotecas públicas y en los centros educativos, por su valor didáctico. No se trata en realidad de dos objeciones distintas. En ambas subyace un mismo a priori -limitado y estrecho- acerca de qué es un cómic y qué no lo es. Una suerte de esencialismo visual y narrativo incapaz de apreciar que el cómic es un medio secuencial inclusivo, en el que caben manifestaciones tan diversas como las que se encuentran, por no citar a nadie, en cualquier tienda de tebeos. Baste recordar, a propósito, cómo eran las primeras revistas ilustradas y el antiguo tebeo, con sus misceláneas, biografías y "de todo un poco". Sin entrar aquí en mayores disquisiciones, se me ocurre que otro criterio (extensional también) para decidir si La casa es un cómic sería comprobar si esta obra es admitida para optar al Premio Nacional correspondiente, en el caso de que fuera como tal presentada a concurso. Yo pienso que sí lo sería. 


Antes que defender la condición de tebeo de La casa, mi intención en este post era otra. Pensaba destacar el arte de Daniel Torres señalando algunas cosas, como por ejemplo lo bien que ilumina sus páginas. O lo bien concebidos que están el conjunto y cada parte de la obra. Esta se compone, en efecto, de capítulos sucesivos, cada uno de los cuales narra mediante texto, ilustración e historieta un momento decisivo en la concepción, desarrollo y consolidación de la vivienda a través de la historia de la humanidad de Occidente. Mucha tela para cortar. Y mucho arte el logrado por Torres. Cada uno de los capítulos tiene tratamiento y factura específicos. Y son, en la mayoría de los casos, sorprendentes. Torres domina el arte de la historieta y así lo demuestra. Hasta el punto de que es este, La casa, un cómic de cómics, esto es, una larga historieta integrada por veintiséis historietas diferentes, una por capítulo. Que sea uno de los rostros de la Historia, en fin, lo que a la postre se muestra en el libro no es sino el resultado del arte y del buen hacer de Daniel Torres. 


Crónica de una conquista es el subtítulo de La casa. La conquista, veo yo, de un derecho. O mejor, de un conjunto de derechos que se plasman en algo tan íntimo y social a la vez como es la vivienda que cada uno ocupa y a todos ocupa. 

Muchos son los motivos que ofrece esta crónica gráfica. Por presencia o por ausencia. El sonido que emite el rumor de los desarraigados es uno de ellos. 


viernes, 21 de septiembre de 2012

Nueva Escuela Valenciana

La Nueva Escuela Valenciana de cómic fue un rótulo, a manera de fórmula, que se difundió para referirse a un puñado de dibujantes que deslumbraron con sus historietas a partir de los comienzos de la década de los ochenta.

En realidad, no se puede hablar de una escuela como tal. Es más bien una generación. Tenían, eso sí, un lugar de origen más o menos común: el País Valenciano.

Como siempre que se habla de arte, aquí las singularidades pesan más que los intentos de crear etiquetas unificadoras. No obstante, hay un aire de familia marcado por un tiempo histórico común y, por tanto, por unas actitudes y gestos también comunes.

Todos ellos son historietistas de segunda generación. Se formaron y aprendieron a dibujar tebeos leyendo tebeos. Es posible, por tanto, encontrar referencias en sus viñetas procedentes de otras viñetas que impactaron sus retinas a través de sus lecturas de tebeos e imágenes del mundo que les rodeaba. Eran, pues, postmodernos. Se criaron con el cine, la música y los tebeos de la modernidad.

Como digo, cada uno de los integrantes de esta grupo tiene sus propias singularidades. A manera de presentación, dejo de momento la nómina de los representantes más destacados de la (mal) denominada Nueva Escuela Valenciana. Su influencia se ha dejado ver desde entonces en los creadores más actuales.

Micharmut (Juan Enrique Bosch Quevedo, n. 1953):


Sento (Vicent Josep Llobell Bisbal, n. 1953):


Daniel Torres (n. 1958):


Mique Beltrán (n. 1959):


De alguna manera, todos ellos recibieron influencias estéticas, cromáticas y conceptuales del alicantino Miguel Calatayud (n. 1942):


Una cosa, con todo, comparten. Al igual que Max, que no es valenciano pero que encaja perfectamente en este grupo, se educaron en buena medida leyendo los tebeos de la Escuela Bruguera, entre otros.

Y eso se nota.

15.01.2013

Los dibujantes y autores de la denominada 'Nueva Escuela Valenciana', que despuntaron a primeros de los ochenta pasados, retoman su actividad tebeística.

Micharmut acaba de publicar en papel contenidos de su blog: Sólo para moscas. Es un libro que promete.


Sento ha ganado un premio con una novela gráfica: Un médico novato. Pronto será editada.


Por su parte, Mique Beltran ha reunido en un solo volumen las historietas de aquel personaje que animaba el suplemento infantil de El País en los años noventa: Marco Antonio. Obra completa.



Beltran anuncia que en breve hará lo mismo con su heroína y madre de Marco Antonio, Cleopatra. De igual modo, declara que vuelve a la creación de historietas.


Y en fin, supongo que pronto oiremos hablar de nuevo de Daniel Torres.

Son estos, a lo que parece, buenos tiempos para el tebeo.

Y además, como suele decirse, el que tuvo retuvo.