Salud y tebeos

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(Winsor McCay)
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domingo, 29 de octubre de 2017

Corto Maltés en la era de lo (im)prescindible

El lenguaje vivo -hablado, leído- es el lugar de donde emergen las paradojas. Al decir que ya no llueve sentimos la lluvia, igual que al indicarle a alguien que ha adelgazado aflora su gordura. La paradoja flirtea con la lengua, si bien la realidad se encuentra siempre en otro sitio. (Cuando con mi boca digo pasa un carro, ciertamente un carro no atraviesa mi boca.)

Es así que, en el ámbito de las producciones culturales, nunca antes como ahora se ha insistido tanto -tal vez abusado- en decir de este o de aquel artefacto (un libro, una película, un cómic) que es imprescindible. Pero claro, en virtud de la paradoja inherente a toda habla, cada vez que suena o resuena el adjetivo 'imprescindible', revive en el oyente su opuesto, que alude a lo prescindible. 

La reciente aparición de Equatoria, segundo álbum del tándem Juan Díaz Canales-Rubén Pellejero inscrito en la serie de las aventuras del marinero creado por Hugo Pratt, en cuanto se revela como una lectura imprescindible para muchos (incluido yo mismo), activa la pregunta sobre la pertinencia de Corto Maltés en la era de lo (im)prescindible. 


Con Bajo el sol de medianoche (1915), Díaz Canales y Pellejero salieron airosos del difícil reto que suponía realizar un álbum centrado en la figura de Corto Maltés. Hugo Pratt había interrumpido la serie del marinero con su aventura nº 29: Mû, el misterio del continente perdido (1988). Muerto el creador veneciano en 1995, concluir con manos nuevas un trigésimo episodio de la mítica serie de Pratt exigía, como digo, demasiada responsabilidad. Y Pellejero y Canales lo consiguieron.

Bajo el sol de medianoche resulta, con todo, algo apelmazado. Es muy comprensible, dado que ambos autores debían establecer una continuidad indudable con el resto de la serie y convencer a todo el mundo de que, en efecto, se trata de un nuevo álbum de Corto Maltés y como tal reconocible. Es quizá un exceso de guiños y referencias prattianas lo que recarga este álbum. El tiempo de la historia de esta aventura de Corto parece ser inmediatamente anterior al de La balada del mar salado e inmediatamente posterior a la misma, según sugiere el nombre de Pamela Groovesnore en la penúltima plancha del libro. Una nueva ordenación cronológica de las aventuras de Corto Maltés situaría Bajo el sol de medianoche como el episodio nº 2, después de La juventud, y ubicaría La balada en el 3.

No obstante, la aventura que se narra en Equatoria altera de nuevo la ordenación temporal de la serie de Corto Maltés. La visita, por ejemplo, de un joven Winston Churchill a la Alejandría de Kavafis, así como el final de la historia, sitúan Equatoria, trigésimo primer episodio de Corto, en el tercer puesto de la ordenación temporal o biográfica del héroe. Con lo cual, La balada del mar salado pasaría a ser el episodio nº 4.

Equatoria sorprende por su ligereza, que se da tanto en la soltura del trazo de Pellejero y en su dosificación de la mancha, como en la narrativa secuencial aportada por el guion de Canales. Estamos ante un buen tebeo. Los autores inscriben una nueva historia en el corpus cortomaltesiano siguiendo (respetando) los rasgos fundamentales del personaje y de la serie establecidos por Hugo Pratt. Me refiero a cosas tales como la inserción de personas y hechos reales en los avatares de la ficción, el uso de la ironía en el lenguaje de Corto, el culturalismo presente, las referencias más o menos juguetonas a lo esotérico, la actitud descreída y a la vez comprometida del marino, el poder de seducción de su imagen, etc.

Con tan buenas manos, tenemos Corto Maltés para rato. Esperamos la aventura nº 32 del intrépido marinero.


Pero volvamos a lo sugerido por el título de esta entrada.

No puedo evitar relacionar el asunto de lo prescindible imprescindible en el contexto del cómic -y en concreto de Corto Maltés- con el libro de Hugo Pratt El deseo de ser inútil.

Sé que la semántica de 'útil/inútil' no es equivalente a la de 'imprescindible/prescindible'. Sin embargo, hay una sutil asociación de ideas que lleva a vincular lo útil con lo imprescindible y lo inútil con lo prescindible. Es una asociación en cierto modo gratuita, pues no es difícil encontrar ejemplos que la desmienten, al menos claramente en lo que concierne a lo útil entendido como imprescindible.

La ironía de Hugo Pratt se revela en esa frase sobre su deseo de ser inútil.

Conviene situar históricamente esta frase, contextualizarla para apreciar su sentido. La cosa tiene que ver con todo aquello de la literatura y el arte 'comprometidos' del siglo XX. El arte al servicio de una causa. La cultura del compromiso. L'artiste engagé. La primera aventura de Corto Maltés, La balada del mar salado, irrumpió en el mercado europeo en 1967, poco antes del mayo francés. Hugo Pratt ya había rebasado su etapa argentina (con o sin Oesterheld), rozaba la cuarentena y tenía un buen número de historietas publicadas. Pero ahora nos importa el contexto. No ya solo el gusto de Pratt por las historias y aventuras en parajes exóticos, sino el arte del tebeo mismo era percibido entonces por los intelectuales y artistas comprometidos como un gusto infantil, completamente inútil para la causa de los militantes. La vía lúdica aparecía entonces como poco menos que pecaminosa para las "mentes serias". El cómic es cosa de críos, decían.

La vía lúdica se impuso, no obstante. Un intelectual de aquí describió esta conversión como La infancia recuperada. El principio de placer es un buen compañero de tantísimas causas, no necesariamente perdidas. Hugo Pratt contribuyó a dejarlo claro mediante sus cómics.

Yo no sé si Corto Maltés es imprescindible, entre otras razones porque haría falta especificar un para qué. Así a bulto, o en términos gruesos, pocas cosas son estrictamente imprescindibles. Pero tampoco es eso. La civilización amplía nuestro horizonte y nuestros deseos...

Para terminar, destacaré la importancia y el valor de Corto Maltés en un mundo saturado de productos prescindibles.


domingo, 4 de octubre de 2015

El deshielo de Corto Maltés

No es la primera vez que una serie de Hugo Pratt encuentra continuación tras la muerte de su creador. Ocurrió con Los escorpiones del desierto, serie de la cual el esritor y dibujante italiano publicó cinco historias entre 1969 y 1992. Hugo Pratt falleció en 1995 y diez años después, en 2005, el ginebrino Pierre Wazem realizó una nueva historia de Los escorpiones del desierto. Nuevamente, en 2008 un séptimo episodio de la saga vio la luz, esta vez de la mano de Giuseppe Camuncoli al dibujo y Matteo Cassali en el guion.

Por otra parte, en la medida en que las aventuras de Corto Maltés, más allá del culto, gozan de una difusión y un prestigio que lo acercan a una suerte de mainstream a la europea, no será del todo extraño que el personaje más famoso de Hugo Pratt constituya con el tiempo una franquicia comparable -salvando todas las imaginables distancias- a las de los superhéroes del mainstream del otro lado del Atlántico, en las que se suceden diferentes autores que mantienen la continuidad de las respectivas franquicias. Ya sabemos, después de todo, que el "Continuará" es inherente a las series que forman el medio del cómic, incluido el tebeo de autor.

Lo que ocurre es que precisamente eso, la difusión, el prestigio y el culto asociados a la figura de Corto Maltés parecían hacer imposible una continuación de la serie. Y así, el más famoso marinero de la historia del cómic quedó como congelado tras la desaparición de Hugo Pratt. A fin de cuentas, el teniente Koinsky -de Los escorpiones...- no ocupa esa posición cuasi mítica que es propia de Corto Maltese.

Sin embargo, el deshielo se ha producido. Y curiosamente, con una aventura que transcurre en buena parte entre el hielo. El guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero acaban de hacer público un nuevo álbum de Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche (2015).


La edición ha salido por partida doble. Hay una versión pura y dura en blanco y negro y otra de tamaño más reducido en color, con papel satinado más extras. Tras hojear ambas versiones, me decidí por la primera. Me parece mejor al menos para recuperar la lectura de aquel Corto Maltés que conocí hace años. Y para apreciar en detalle la limpieza del dibujo de Pellejero y sus sugerencias. Lo cual no significa que la versión en color desmerezca. La diferencia entre ambas, si se quiere, viene a ser similar a la que hay entre las historietas originales en blanco y negro de Pratt y las coloreadas después por Patrizia Zanotti (bajo el visto bueno del autor). Queramos o no, el color favorece la comercialización. Y tal vez edulcora la historia.

Bajo el sol de medianoche mantiene, por así decir, el espíritu esencial de las aventuras de Corto Maltés. Especialmente las de la primera época, cuando un cierto realismo histórico trufado con ribetes políticos era ajeno al regusto por el esoterismo, la mitología y la cábala de historietas posteriores. En mi opinión, Díaz Canales y Pellejero han sabido incrustar un nuevo episodio en el corpus creado por Pratt. Hay multitud de guiños para los connaisseurs de la serie, desde la presencia inicial de Rasputin en el relato hasta el nombre final de Pandora, pasando por otros detalles y signos que remiten a historietas ya conocidas de Corto y reavivan la memoria y la imaginación del lector.

Pero lo importante es que tales guiños, detalles y signos funcionan como engarces, puntos de sutura que insertan Bajo el sol de medianoche en la serie de Pratt. Y no solo eso. Pues este episodio, además de engarzarse en aquel corpus, lo dinamiza. Nada impide que las aventuras de Corto Maltés fluyan de nuevo, revitalizadas, gracias al trabajo de Pellejero y Canales. 

El reto, me parece, no era tan solo el de satisfacer a los viejos amantes de Corto Maltés. Han pasado casi treinta años desde la culminación de Mû, el misterio del continente perdido (1988-1991), la última aventura de Corto realizada por Pratt. Un nuevo acúmulo de lectores de historieta, una nueva generación se ha incorporado al entorno del cómic. Si Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero consiguen llegar con este álbum a esos nuevos lectores de tebeos, la continuidad de Corto Maltés está más que asegurada.

Y también está asegurada, pase lo que pase, la calidad de Díaz Canales en el guion y de Pellejero en el arte de Bajo el sol de medianoche