Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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martes, 9 de enero de 2018

Especial Mujeres. Annie Goetzinger

Al final del año pasado se cruzó Annie Goetzinger en mi camino. Todavía estaba reciente mi decisión de leer por fin Una chica Dior (Jeune fille en Dior, 2013), cuando me enteré del fallecimiento de la autora en diciembre de 2017. Por otra parte, me encontraba esos días mirando el trabajo en BD como guionista de Pierre Christin e igualmente irrumpió en escena, mi escena, Mme. Goetzinger. Unas cosas y otras me llevaron a interesarme por aquel monográfico que la revista Totem publicó en 1978 bajo el título Especial mujeres. Una de las colaboradoras de ese número, además de responsable de las ilustraciones de su portada, fue Annie Goetzinger. 


El club de las mujeres representadas en cómic, como en otras artes, es muy numeroso. No lo es tanto, en realidad es más bien exiguo, el de las mujeres representantes. (Otro asunto, si bien incide en la cantidad respectiva, es el hecho de que también las mujeres representantes colaboran a la hora de aumentar el número de mujeres representadas.)

Más exiguo todavía era el número de dibujantes y autoras de cómic en los años setenta pasados, cuando Totem lanzó su extra Especial mujeres. La portada de este número representa imágenes de Amélie Élie, protagonista de la saga Légende et realité de Casque d'Or, escrita y dibujada por Annie Goetzinger entre 1975 y 1976. La historieta "Ilumina mi noche", de la misma autora, figura en el interior de la publicación. Otras historietistas que intervinieron en este número fueron Claire Bretécher, Cecilia Capuana, Cathy Millet, Marika (Mari-Carmen Vila), Keleck, Chantal Montellier, Nicole Claveloux, Marguerita Vaiente y Maristella Borotto, Mariel Soria, Montse Clavé y Cinzia Ghigliano.

Hablamos de una época pre-punk, moderna (sin el prefijo post-), removida por los movimientos sesentayochistas, hippie, underground... El cómic se desvelaba entonces como un medio idóneo. Entre otras cosas, para la libertad de expresión, incluida la de las mujeres. Para su liberación.

Es probable que a vista de hoy, la manera de entender y enfocar la cuestión de la liberación de los géneros en aquella década (y la anterior) pueda parecer un tanto simple o ingenua. Pues en realidad se concentraba en una exigencia de igualdad a toda costa entre varones y mujeres, en consonancia con la plena realización de los valores ilustrados, absolutamente modernos. Actualmente a mí dicho enfoque no me resulta ni simple ni ingenuo. Es más, considero que sin lo que hicieron nuestros hermanos y hermanas mayores, hoy tendrían difícil salida muchas de las reivindicaciones de nuevo cuño. Además, ¿quién piensa que es una cuestión superada la exigencia de paridad entre los humanos?

El artículo editorial o presentación del Especial mujeres de Totem, con el título "Las mujeres del nuevo cómic", incidía en este enfoque de lo que ahora describimos como 'feminismo de la igualdad'. Es decir, disentía de planteamientos que pudiesen "generar un machismo a la inversa". En esa línea, Totem discrepaba de la experiencia de Ah! Nana, revista francesa de bande dessinée con periodicidad trimestral, cuya redacción estaba compuesta exclusivamente por mujeres, con la excepción de un varón invitado en cada número. Ah! Nana aguantó nueve números entre 1976 y 1978, ya que a la discreta aceptación de la revista por parte del público se sumó una prohibición que afectaba a su distribución. La argumentación de Totem desfavorable respecto al experimento Ah! Nana se basaba en su rechazo a la instauración de ghettos culturales. No obstante, el extra Especial mujeres fue una experiencia única a la sombra de Ah! Nana. La redacción de Totem era partidaria de normalizar la presencia femenina entre las firmas de sus publicaciones, compaginándola con la de los varones y sin hacer referencia a su condición de género. Eran tiempos en los que las mujeres debían luchar por hacerse visibles y demostrar sus capacidades sin dejar de ser ellas mismas. Aunque sé de las dificultades que conlleva no ya la semántica, sino la pragmática del verbo normalizar, pienso que el discurso de la igualdad (y el de la fraternidad, etc., junto al irrenunciable de la libertad) se podrá actualizar si se quiere, pero no dejar de lado y mucho menos liquidar.

Todo ello, claro está, sin dejar de ser cada uno uno mismo.


En este contexto se enmarca el trabajo de Annie Goetzinger, artista nacida en 1951. Yo pensaba centrar esta entrada en su comentario, pero de momento lo dejo con estas cuestiones previas. Señalaré, eso sí, el carácter absolutamente moderno de la obra de Mme. Goetzinger. 


jueves, 11 de septiembre de 2014

Sargento Kirk

Antes que el teniente Blueberry estuvo El sargento Kirk.


Es más, dado que las aventuras de Kirk comenzaron a publicarse en Argentina en enero de 1953, en la revista Misterix, se le reconoce a esta serie el papel de adelantada (pionera, según el anglicismo) en la nueva concepción del género del oeste, un western con rostro humano que luego plasmaría ampliamente no solo el cómic, sino también -y sobre todo- el cine.

Con guiones del argentino H. G. Oesterheld y dibujos de Hugo Pratt (en la primera época de la serie), las historietas del sargento Kirk cuentan los avatares de un desertor del séptimo Regimiento de Caballería del ejército estadounidense, en el periodo posterior a la guerra de Secesión, que se pone de parte de los indios movido por sentimientos de índole humanitarista. Debido a los escenarios donde transcurren los hechos, pero también por el lugar que esos sucesos ocupan en el imaginario occidental referido a la dicotomía "hombre blanco/indio", o al revés, estamos ante una auténtica literatura de frontera. Literatura dibujada, pero de frontera.

En lo esencial del planteamiento de Sargento Kirk rezuma el clásico de las letras argentinas, el poema narrativo El Gaucho Martín Fierro (1872), escrito por José Hernández. De hecho, parece ser que Oesterheld pretendía en principio que la serie se desarrollara entre gauchos, soldados e indios de La Pampa argentina. Aunque finalmente Oesterheld trasladase la serie a los escenarios fronterizos habitados por "las naciones" indias acosadas por la caballería yankee, mantuvo en lo esencial el espíritu del Martín Fierro. Literatura de frontera en un caso y en otro. No está de más añadir en este respecto que Oesterheld denominó a la editorial que fundó en Argentina en 1957, en estrecha colaboración con Pratt, precisamente así: Frontera. (Sería otro argentino -italoargentino- , Roberto Rocca, el que en 1977 fundó en España la editorial Nueva Frontera, sello de la ya mítica revista Totem.)

Y también rezuma en El sargento Kirk, por cierto al igual que en Martín Fierro, el significado del título de un breve relato de Borges, otro argentino: "El tema del traidor y del héroe".


Finalmente, es de destacar que uno de los personajes principales de la serie de Kirk se llama El Corto. Dibujado por Pratt.



15.09.2014

Por cierto, he encontrado en la red esta "Carta al Sargento Kirk":

Querido Kirk

Por Juan Sasturain
Cañadón Perdido
Arizona State, USA
Querido Kirk, espero que al recibo de la presente
te encuentres bien, disfrutando
de un seco, enérgico verano
en el desierto –no recuerdo un
solo día de lluvia en tus
andanzas– en compañía de los
tuyos: Maha, el Corto y el
barbado doctor Forbes.
Te aclaro –hace tiempo que
no tendrás noticias mías–
que si me vieras no me reconocerías:
he crecido un poco –eso sería lo
de menos–, tengo la cara llena de
pelos y se me han poblado los alrededores
de mujeres y de hijos.
Suelo tener la cabeza ocupada
en mil asuntos sin importancia y
casi he olvidado –te pido me perdones–
el episodio de Corazón Sutton, la
cara del cacique pawnee y el nombre
del jefe de Fort Gibson.
En fin, bien sabes que han pasado
algunos años desde entonces,
cuando nos veíamos todas las semanas
y compartíamos una intimidad
que me enorgullecía.
Puedo darte –si quieres– noticias
de tus viejos: Hugo volvió a Italia
hace mucho y se dedica a ser
famoso y tratar de olvidarte en otros hijos.
A veces lo consigue: habrás oído
hablar del otro Corto, el Maltés, un
poco irónico para tu amistad pero
es hombre de agua y de este tiempo,
tu desierto puesto al día y
sin remordimientos.
En cuanto a Héctor, el viejo, no se fue.
Anduvo algunos años lidiando por estos
arrabales del mundo y de la democracia,
eligiendo bien en general
–me entiendes: del lado de los indios–
y no le fue mejor que a ti:
perdió amigos, el buen nombre en las
editoriales, cuatro hijas.
No es mucho en un país lleno de
sangre; es demasiado para un
hombre solo. Ahora es uno más en
una lista larga y llena de agujeros,
otros reciben tardíos premios
en su nombre.
De tus amigos, algo te puedo contar.
Juan Salvo, el extraviado Eternauta,
volvió para juntarse con la gente, hizo
la guerra como un acto de amor, los
Ellos le dejaron la historieta y se
quedaron con la historia por ahora.
Ernie estuvo por Vietnam y fue
un fracaso: alguien tecleaba
la Remington por él, le trabucaba
los papeles o algo así.
De Ticon, nunca más supe. Tampoco de
Caleb o Numock, sólo versiones
muy lavadas de aquellos bosques grises
con indios adornados e ingleses de paseo.
Al infalible Randall
lo fueron desbancando oscuros primos
mellizos, malas fotocopias
de su sombría puntería. En fin...

Pero no era mi intención
llenar estas cuartillas con
recuerdos de amigos de papel o
carne y hueso. Claro que no.
Sin embargo, no sabría decirte
en realidad por qué te escribo.
Acaso sea la burguesa soledad, ciertas
mentiras descubiertas entre dientes o
el aire esquivo y apurado con que
paso delante del espejo.
Te diré que no es fácil andar
a esta altura del mundo y de
la historia personal. Extraño
tu ranch y tus caballos,
esa amistad viril sin psicoanálisis
y hasta olvido que en tu mundo
de comanches y balazos no
habría lugar para mi cobardía.
No me acuerdo ahora de grandes
cabalgatas ni de puñetazos providenciales;
sólo me queda una escena: el manchón
de una hoguera en la noche y
tu simple certeza para
explicarle al Corto que más vale
luchar por una causa justa
que hacerlo simplemente por dinero.
Los comentarios corren por tu cuenta,
pero en un país sin hogueras ostensibles
y el desierto almidonado por la espada
no es fácil leer tus aventuras sin
nostalgia. Y no digo la pavada
de la moda a lo Presley o los
Cadillacs del ‘50. Quiero decir
que todo se ha complicado en estos años
que han venido cortos, lluviosos, sin
verano, mal barajados para la aventura
y con un cierto aire de perdonavidas
del que te mira pasar porque mañana
te la dará sin asco y por la espalda.
Hoy ese pibe que cabalgaba a tu
lado a los doce años se ha
bajado del caballo, desensilló hasta que
aclare otra vez, la próxima,
el bueno, que le dicen.
Tú me recuerdas –la culpa es de él,
de Oesterheld, este tuteo literario que
entorpece los cariños–, tú me recuerdas,
te decía: cuarto grado, miércoles de mañana,
me comía la vereda en el camino hacia
el Hora Cero que desplegaba tu blanca y
seca geografía. Un desierto, un
cañadón, el atajo salvador,
un tomahawk en la punta de un indio,
una bala que buscaba tu brazo, el hombro
o alguna costilla cruzada en el
camino al corazón.
Hoy los tomahawks llueven de punta o
por televisión, las balas suelen encontrar
corazones grandes, vulnerables, ya no
hay atajos salvadores y no quedan sargentos
desertores en el Séptimo de Caballería.
Quiero decir que las historias tuyas
eran un prólogo simple, un golpecito en
el medio de la espalda hacia adelante.
La vida reservaba la sortija en un
recodo con la certeza de tus corazonadas.
El mundo era un globo por inflar, una
mujer por besar, una escalera alfombrada por
el escenógrafo de la Paramount.
Sólo había que esperar
que el director golpeara las
palmas, alguien encendiera las luces,
y todo empezara de una vez.
Es cierto: todavía esperamos las palmadas,
el chasquido de la luz del set
y la metafísica patada en el culo
que nos mande a escena.
Pero no hay tiempo para las frustraciones
de la pequeña –chiquitiiiiiita– burguesía,
especie en extinción desde años ha
en sus variantes más coloridas.
Algunos suelen deambular por oficinas hostiles o
países aparentemente democráticos, sentirse
juntos en la cancha de fútbol o las
librerías de viejo, de pasada.
Correr como un imbécil por Palermo, creer
en Ramakrishna o el poder terapéutico de la
mosca en mano, en la confluencia cívico-militar
y otros fantasmas son estrategias endebles
para los que nacimos con el
empujón de tu mirada segura bajo el kepi
encasquetado con la solidez de los
ideales de la juventud.
Por eso es mentira esta película:
al fondo del cañadón, espaldas contra la
roca, con las balas y las flechas
silbando alrededor clásicamente,
viendo caer a la gente como moscas
–la idea es pobre, verdadera–
escuchamos un clarín salvador, un
galope nutrido de casacas azules y
banderita al viento. Pero no.
No venís vos al frente. Es Reagan.
Cambiemos de canal, de vida, de esperanza.
Al fin, querido Kirk, dear sargent,
espero que a la terminación de
la presente te encuentres bien,
en compañía –ya te lo dije–
de los tuyos y ahora también de los
(pedazos) míos, disfrutando
del aire limpio de un cielo
blanco de revista vieja.
Te informo, al respecto, que
ahora los kioscos son
verdes y blindados como los sueños
de un general de caballería
de estos tiempos, y que hay poco para
leer si no es en los ojos de la gente.
Tal vez por eso me dedico a juntar
figuritas con tu cara, tomar mate y
hacerme cada día más tanguero.
Una estrategia de amor, no
una coartada.
Pero tampoco es éste el lugar
para salvarse o encontrarle todas las
patas al gato personal, que nunca
importa demasiado sino a uno.
Al final, creo que está claro
–lo veo ahora, después de tantas
vueltas– que no pienso en volver
atrás ni pedirte un caballo fresco
de los que cría el Corto en sus corrales
para escapar de mí o de lo que sea.
Supongamos, mejor, que yo te invito
y te venís –o vienes, como quieras–, que
hay algo urgente por hacer y con
sentido: salvar a la muchacha, defender
a los indios o cualquier otra causa
siembre abierta. En eso estamos.
Un abrazo. Tu amigo
Juan
(1981)



lunes, 19 de marzo de 2012

Crepax

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El cómic comparte con los sueños y con el cine el ser medios de realización de deseos. La ilustración de pulsiones sexuales, en concreto, tuvo en los años setenta y ochenta del pasado siglo un notable representante: el milanés Guido Crepax.

Crepax creó un personaje que dio la vuelta al mundo: Valentina. El erotismo y la sensualidad de sus historias y dibujos se combinaban con una supuesta exquisitez y sofisticación un tanto ingenuas, todo ello servido con una técnica gráfica y narrativa renovadora.

Las fantasías ilustradas de Guido Crepax presentaban un tipo de mujer sumisa y obediente, objeto de todo tipo de vejaciones a modo de juegos eróticos. Es revelador, en este sentido, que el autor dibujara precisamente versiones gráficas de Historia de O, Justine y Emmanuelle.

En España conocimos a Crepax a través de la revista Tótem.