Salud y tebeos

Salud y tebeos
Mantened los ojos bien abiertos.
(Winsor McCay)
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domingo, 19 de febrero de 2017

La causa irlandesa



Los conflictos pueden ser políticos, bélicos, personales, psíquicos, amorosos, sociales, de cualquier índole.

Son fuente de inspiración. Alimentan historias.

Los conflictos ofrecen no solo materia narrativa, sino también localizaciones y escenarios, partes contendientes, personajes, tramas. No es preciso ponerse dialécticos (à la Hegel o à la Marx) para concluir que sin contestación, sin oposición, sin conflicto, sin agón, sin contradicción no hay historia... ni narración de la historia. Con Heráclito es suficiente.

En lo que aquí nos atañe, basta con percatarse de que, en efecto, el conflicto -un conflicto determinado- está en la base de un muy elevado porcentaje de historias, sean estas dramáticas, trágicas, cómicas... Es la narración entendida como puesta en escena de conflictos variados. Y los escenarios, de naturaleza múltiple, suelen acoger una combinatoria de conflictos de carácter político, histórico, biográfico, rural, bélico, pasional, urbano, etcétera,

La isla de Irlanda proporciona uno de esos escenarios al ser sede de un conflicto histórico y político, más que religioso, basado en la dominación territorial por parte de los ingleses y el rechazo y la lucha ante esa dominación, por parte de los irlandeses. Es un conflicto violento, trágico, que inspira numerosos relatos literarios, gráficos y cinematográficos. Y es a lo que se refiere el sintagma 'la causa irlandesa'.


Hugo Pratt inscribió su Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina (1972) en el contexto y la situación de la causa irlandesa.

En otro post [ aquí ] relacioné este relato de Pratt con otro texto de Borges titulado "El tema del traidor y del héroe". Pero es más lo que en la historieta del italiano se ofrece. Gracias al dibujo secuenciado de Pratt, a su arte, el lector percibe la lucha de voluntades que la causa irlandesa encierra. Percibe la amistad como valor que aglutina destinos a la vez que percibe el dudoso valor de la simulación. Percibe igualmente la belleza un tanto agónica de 'la verde Erin'. Y conoce el lector, en fin, uno más de los amores imposibles de Corto Maltés. No creo incurrir en spoliler diciendo que Corto toma partido en este relato a favor de la causa irlandesa.

Por cierto, en A la sombra de Corto, uno de los dos libros de conversaciones de Hugo Pratt con Dominique Petitfaux, leemos respecto al título de esta historieta:

[Pratt] ... Es un título bonito. Los americanos no lo entendieron. Tradujeron "en fa menor". Y los españoles, "en do menor".

[Petitfaux] Mientras que la O se refiere al O' de muchos apellidos irlandeses, ¿no?

[Pratt] Exactamente.

Es obvio que, por su parte, el arpa y la nitroglicerina remiten, respectivamente, a la cultura irlandesa y a la lucha de ese pueblo contra la dominación inglesa.

Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina pasó a formar parte del álbum de Hugo Pratt titulado Las Célticas. Distintos avatares propiciaron que el número de historietas de Pratt incluidas en este álbum variase en sucesivas ediciones, pasando de seis a cuatro. Sin embargo, Concierto en do menor... siempre ha sido un elemento constante en Las Célticas.


En la portada de una edición de Las Célticas de 1987 que conservo, publicada en la Biblioteca Totem Extra de la editorial New Comic (Madrid), está escrito:

Con la alegre participación
del mago Merlín,
de las hadas Morgana y Viviana,
del rey Arturo,
de Oberón, Puck y sus amigos:
los lepricanos de Irlanda,
los pidies de Cornualles,
los bogeis de Escocia,
los korrigans de Bretaña,
los mineros del país de Gales,
los lutins de Francia, los guinness,
los druidas disparatados,
la "gente menuda"
del bosque de Brocelianda,
los cuervos reales
de Stonehenge...
sin olvidar a W. B. Yeats
ni el arpa del viento
de algún lugar
del norte.

A todos, muchas gracias.
Corto Maltés

Es decir, el relato de Pratt referido a la cuestión irlandesa, su Concierto en O menor para arpa y nitroglicerina está inmerso a su vez en un contexto que alude a un imaginario más amplio: el imaginario celta, que abarca una geografía mayor que la estrictamente irlandesa. Es difícil sugerir más sintéticamente, como lo hace este texto de Pratt, el alcance de ese imaginario.


Es este ambiente y esta inspiración "céltica" lo que Sergio Toppi recoge en su álbum de 2007 formado por tres narraciones dibujadas: El bosque de Brocelianda, Black & Tans y Solitudinis Morbus.

(Un estudio aparte se merecen las afinidades detectables entre Hugo Pratt y Sergio Toppi, no solo en cuanto a los motivos de ilustración que los dos comparten.)

El segundo de estos relatos, Black & Tans, transcurre directamente en el contexto de la causa irlandesa. Los "Black and Tans" eran unos policías reclutados especialmente para reprimir a la población irlandesa durante la guerra de independencia de Irlanda entre 1919 y 1921 (negro y tostado eran los colores de su uniforme).

Lo que Toppi nos cuenta en Black & Tans es un episodio al cabo más poético que bélico, aunque no exento de cierta intencionalidad. Fiel a su simpatía por el cuento maravilloso, Toppi, con un extraordinario dominio de la elipsis y de la síntesis narrativa, dibuja en solo doce planchas una extraordinaria historia que evoca a Cuchulain, uno de los grandes héroes de la mitología irlandesa, y con ello conecta el conflicto bélico con el imaginario mítico. La técnica de Toppi en Black & Tans, tan personal como siempre (splash pages, viñetas verticales alargadas, dibujo minucioso, sabia distribución del blanco y el negro), confirma una vez más la categoría del maestro italiano.


Finalmente, cerraré este post dedicado a la causa irlandesa refiriéndome a un tercer cómic centrado en este largo conflicto. Se trata de La versión irlandesa (2007), un ábum con guion de Jean Van Hamme y dibujado por Jean Giraud.

El álbum se inicia con un texto que ocupa la primera página y está firmado por el propio Van Hamme. Su título es "Un pequeño recuerdo histórico antes de empezar". En él se resume el conflicto iniciado en el siglo XII, cuando Irlanda fue colonizada por los ingleses mediante la invasión del país. Y el texto culmina cuando, a principios de agosto de 2005, el IRA depuso oficialmente las armas. En el ínterin, una larga historia de resistencia y de represión. Proverbial fue la creación en 1902 del Sinn Féin (Nosotros mismos en gaélico), una estructura política -el primer partido nacionalista irlandés- que ha sido capaz de organizar el conflicto hasta su probable extinción. Aunque no ha sido un camino de rosas, sin lucha sangrienta, ni los interrogantes han desaparecido del todo.

La versión irlandesa apareció como el número 18 de la serie XIII, una saga de más de veinte álbumes escrita por Jean Van Hamme y dibujada por William Vance. De la ilustración o el arte del álbum 18 de la saga, sin embargo, se ocupó Jean Giraud.

El hecho de que sea Jean Giraud la firma que aparece en La versión irlandesa, y no Moebius, es un indicio del carácter realista, si bien estilizado, del dibujo de esta historieta. De alguna manera, Giraud embellece todo lo que ilustra. Y en este sentido, La versión irlandesa no es un caso aparte en su obra.

Todo hace pensar en un sesgo oportunista del trabajo conjunto de Giraud y Van Hamme. La versión irlandesa es un ejemplo perfecto de álbum de la industria francobelga en formato 48CC realizado para triunfar en el mercado. Y así fue. No obstante, tampoco hay que ceder al prejuicio de identificar el montaje comercial con la falta de calidad artística. Muy buenas películas de Hollywood son prueba de lo que digo. La versión irlandesa es un cómic bien escrito, bien dibujado, bien realizado y en fin, que se lee bien. Carece de la intensidad poética de las historias comentadas de Pratt y de Toppi basadas también en la causa irlandesa. Pero el arte de Giraud y la habilidad de Van Hamme consiguen decantar un producto más que digno.



Hay más cómics referidos a la causa irlandesa. Por ejemplo, Blood Upon the Rose: Easter 1916, The Rebellion that Set Ireland Free (2009), de Gerry Hunt. Este post sería interminable si pretendiera dar cuenta de todos, sobre todo a partir de la alianza establecida entre la novela gráfica y el cine.

En cualquier caso, lo dejaré para otra ocasión.


19.02.1017



Balada irlandesa es el título del tercer y último relato de Negro (2009), del francés Baru. La historia está fechada en 1996, cuando la causa irlandesa se manifestaba todavía mediante la acción directa. En esta ocasión, el escenario de Belfast le sirve a Baru para componer una balada visual y narrativa con aires de Romeo y Julieta.

La poética de esta Balada irlandesa conecta de algún modo con la del relato de Hugo Pratt comentado arriba. 

sábado, 29 de octubre de 2016

Inside Sfar. Si Dios existe

Hablábamos de priapismo gráfico otro día a propósito de R. Crumb, pero esto no es algo exclusivo de él. Se encuentra en un buen número de dibujantes.

Un efecto natural de convivir a todas horas con la pluma (sea lápiz, rotring, boli, plumilla, pincel...) es usar el dibujo como un medio o instrumento para la autoexpresión... más o menos terapéutica. La obra de Crumb lo demuestra.

También Jean Giraud pertenece al grupo de dibujantes cuya respiración cotidiana es inseparable de su producción gráfica. En la serie Inside Moebius (2004-2010) -y en Major, un cuaderno de dibujos de Moebius publicado en 2011- se muestra un discurso que combina el dibujo con la autoexpresión (como si el cerebro y la mano gráfica de Moebius funcionaran al unísono en términos de diván: confieso que he dibujado). Con una fuerza equiparable a la de Crumb, Moebius demostró en su Inside Myself que el poder de la autorreferencia es sorprendente cuando se realiza con arte.

A este grupo de prolíficos dibujantes pertenece también Joann Sfar (n. 1971), quien por cierto no oculta el ascendiente de Moebius en su obra. La serie de Carnets o Cuadernos de Sfar (publicados desde 2002 en adelante) así lo atestigua. La caricatura sintética, límpida y suelta de los dibujos de Sfar (aunque más ondulante y rayada) remite de algún modo a Giraud. (Sobre la influencia de Moebius en L'Association...) Pero hay algo distintivo. Sfar muestra más pasión por la escritura, las letras; sus cuadernos son los dietarios de un homme de lettres que dibuja, ubicados en un orden plástico distinto al establecido por Moebius en sus carnets.

Hay más littérature verbale en Sfar. Este autor es heredero de la consigna aquella acerca del asalto a la literatura por el cómic (o al revés), lanzada desde À Suivre en 1978. Y a su modo la realiza.




Los Cuadernos de Sfar contienen reflexiones, anécdotas, tomas de conciencia, reconocimientos, divagaciones... dibujos, viñetas, ilustración. Hay en ellos una mayor reflexividad proyectada en el papel, mediante palabras, que en los cuadernos de Moebius, más icónicos estos. La narratividad de uno y otro es por lo tanto diferente. Se diría que el discurso de Sfar es más abiertamente político, en cuanto apela a una cotidianidad que es más inmediata que las fantasías de Moebius.

El priapismo gráfico de Joann Sfar, en fin, se manifiesta en sus Carnets al completo. Uno de estos cuadernos es Si Dios existe.



Si Dieu existe nació a raíz de los atentados del 7 de enero de 2015 en París contra la redacción de la revista Charlie Hebdo. Los terroristas en nombre de Alá atacaron entonces el corazón de un imperio, el de los dibujantes satíricos -franceses en este caso: Wolinsky, Cabu, Charb, Tignous, Honoré- que entroncan con la tradición comicográfica iniciada en Europa en tiempos de la Révolution o antes (William Hogarth). De la redacción de la revista fueron doce las víctimas mortales, entre ellas los cinco dibujantes citados. La conmoción dentro y fuera del ambiente profesional fue brutal.

Una de las consecuencias gráficas surgidas tras el atentado contra Charlie Hebdo es Si Dieu existe (2015), de Sfar. Otras respuestas dibujadas fueron la de Catherine Meurise: La Légèreté (2016) y la de Luz (Rénald Luzier): Catharsis (2015). Son obras que tratan de sobreponerse a la tragedia mediante el lenguaje que dominan sus autores: el del cómic a través de su importancia catártica.



Es analíticamente obvia la impronta del judaísmo en la obra de Sfar. Y es también pública la condición religiosa, hebraica, de su familia.

Un capítulo largo de la historia del cómic lo colman dibujantes de origen judío. Es esto algo sabido, aunque no deja de ser llamativo. Hay ahí materia... Quizás la iconofilia de estos dibujantes sea un modo particular de afrontar la iconofobia tradicional del monoteísmo semítico... En cualquier caso, lo que importa aquí es, sobre todo, la manera en que cada autor actualiza o no mediante el arte del tebeo sus condiciones de origen... en relación con su entorno...

Entre las circunstancias personales de Joann Sfar cuentan no poco las que lo constituyen como un ciudadano voluntarioso y consciente de la República francesa. Así lo da a entender en Si Dios existe.

Cuando la Révolution marcó un hito al anteponer a la condición de creyente la de ciudadano, se abrió un nuevo horizonte para los individuos: el acotado por el republicanismo y sus valores, entre los que se encuentra la laicidad. La vida civil alcanzó una dimensión constitutiva de la persona. Esto significa que los valores republicanos adquirieron carta de naturaleza más allá de las ideas y creencias privadas, incluidas las de índole religiosa. Las ideas y creencias no son sagradas; la vida humana sí. Esta viene a ser la perspectiva en la que se sitúa y defiende Sfar.

Nacido en el seno de una familia judía, como hemos dicho, Joann Sfar nació también como un futuro ciudadano francés. El dibujante hace frente en Si Dios existe a las contradicciones inherentes a esa doble condición que en cierto modo alimenta su obra completa. Él se decanta, con todo, por el valor de los derechos y libertades de la república.

Inevitablemente, en el núcleo de Si Dios existe planea la querella de las religiones... monoteístas. A lo que se añade la situación histórica del judaísmo, minoritario a fin de cuentas. Es una querella insoluble desde posiciones privadas meramente excluyentes. El republicanismo inclusivo, en cambio, alumbra como solución.

Al comentar El árabe del futuro, de Riad Sattouf, referíamos la importancia de una "religión" civil, laica, como superación de los particularismos y condición de posibilidad de la convivencia...

Todo esto es un relato, obviamente. Pero pienso que la vía de la modernidad no puede hacer caso omiso de ciertos relatos.


sábado, 28 de febrero de 2015

Aniversario con Toppi

Hace ahora tres años empecé a leer tebeos más o menos asiduamente y a escribir al respecto. De hecho, si en mi primer post de este blog -que nació como un hilo en un foro generalista- declaraba no ser lector habitual de cómics, hoy no puedo decir lo mismo. Es por eso que hace un par de meses, no llega a tres, decidí ingresar en la blogosfera con este Mientras tanto, continuará, que no es más que la prolongación de aquel hilo.

En aquel momento no partía de la nada o desde cero. Simplemente, me había estado dedicando hasta entonces a otras cosas. Pero como no me canso de repetir, soy miembro nato de una generación que alimentó buena parte de su infancia y algo más leyendo tebeos. Y espero que este arte -el noveno- no desaparezca con nosotros, aunque se transforme cambiando el soporte de papel por los mapas de bits.

Lo fascinante para mí en este periodo ha sido simultanear el descubrimiento con la exposición; realizar la práctica de la lectoescritura; recuperar con tebeos la infancia.

He tenido la suerte, además, de culminar estos tres años con el conocimiento de Toppi, un hallazgo de arte mayor.


Sergio Toppi (1932-2012) pertenece a esa estirpe de grandes dibujantes europeos continentales nacidos en el segundo cuarto del siglo XX (Hugo Pratt, Jean Giraud/Moebius, Guido Crepax, Jacques Tardi...). En versión italiana, añadiríamos, si es que tuviera aún sentido establecer categorías entre los artistas en función de su nacionalidad; lo cual es discutible, al menos en la esfera de la tradición occidental, ya que las diferencias de estilo entre autores son más individuales, menos grupales, que las diferencias idiomáticas.

El hecho de que la obra de Sergio Toppi haya sido más re-conocida por círculos afectos a la praxis de la historieta (guionistas, dibujantes, críticos, entendus) que entre el público aficionado sin más puede ser debido a meras circunstancias de edición y distribución o a su ausencia. Los Giraud, Pratt, Crepax et al abundaron más entre nosotros, pero eso no quita que Toppi ocupe un lugar importante, me parece, entre los autores de cómic sobresalientes. El tiempo, como suele decirse, pone a todos en su sitio.

Lo que importa es la calidad del trabajo de Toppi. Una calidad que es bifronte, pues se aprecia tanto en su faceta como ilustrador cuanto en su faceta de historietista. Por decirlo de algún modo, Toppi es un autor que conjuga sabiamente el arte estático con el arte dinámico, el dibujo minucioso y preciso con un peculiar sentido del orden secuencial.


Por el lado de la ilustración, Toppi es un dibujante se diría que artesanal -en el sentido de meticuloso- a la vez que elegante. La riqueza visual de sus dibujos propone una caligrafía gráfica que invita a leer sus imágenes, sea que estas representen rostros, árboles, utensilios, tejidos, animales, montañas. Es también llamativa la sabia distribución del blanco y el negro que Toppi practica en sus dibujos, logrando una notable compensación y equilibrio de tonos. 


En lo que se refiere al aspecto dinámico del arte de Sergio Toppi, esto es, a su manera de practicar el orden secuencial en la confección de historietas, destaca su concepción de la página entendida como módulo narrativo, sin necesidad de cuadricularla mediante tiras de viñetas (splash page). Es esta una técnica que se emplea comúnmente en la primera plancha de muchísimos comic books e historietas, conformadas como novelas gráficas o no. Así, son antológicas las splash pages de Will Eisner encabezando sus relatos de The Spirit; si bien, en su etapa posterior como autor de graphic novels, Eisner recurrió a menudo a este tipo de página sin calles más allá de la plancha inicial. Es este un recurso estético que confiere a la narración un aspecto visual y significante novedoso y pleno.

Esta faceta experimental de la concepción de la página la hizo suya Toppi, como decimos, aplicándola en multitud de planchas de sus relatos. Es una marca particular de su estilo. 


Más que del realismo mágico, las historietas de Toppi participan de elementos tomados del cuento maravilloso. Cuando el lector se interna en el entramado gráfico y narrativo de sus páginas y clausura con atención el significado de lo que Toppi le cuenta, la sorpresa va seguida de un doble goce, intelectual y estético. Y este doble goce convierte al lector en un miembro más de la legión creciente de admiradores del maestro italiano. 

Un feliz aniversario con Toppi. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Juego de titanes

Duelo (o mejor, juego) de titanes

A partir de cuatro onomatopeyas propuestas por otros dos autores, Hugo Pratt y Jean Giraud (Gir, Moebius) repentizan una historieta en tres viñetas en que aparecen sus personajes de más éxito: Corto Maltés y Blueberry.

El vídeo es de 1972. (Eliminado de YouTube)

Quién supiera dibujar.


30.09.2014

La información cronológica no es una condición necesaria para disfrutar un producto cultural o artístico. El goce estético que produce por ejemplo la contemplación del cuadro Vista del jardín de la Villa Médicis, en Roma se obtiene sin necesidad de saber en qué año lo pintó Velázquez, si antes o después que Las Meninas e incluso, en el límite, sin que sea necesario conocer que es un cuadro del pintor sevillano. Sin embargo, la información añadida a la mera contemplación de una obra enriquece su disfrute.


Esto viene a cuento del vídeo que puse en el apunte anterior (ya eliminado de YouTube). Podemos ver en él a Pratt y a Giraud dibujando al alimón una microhistorieta. En este caso, está más que garantizado el disfrute ante la contemplación de dos de los grandes del cómic europeo del siglo pasado dibujando conjuntamente. Pero es muy oportuno considerar que el año de realización de ese vídeo es 1972.

En 1972, en efecto, Hugo Pratt tenía ya una obra considerable como dibujante, pero había publicado menos de la mitad de la serie dedicada a Corto Maltés y una parte del primer episodio de Los escorpiones del desierto, por citar solo dos grandes series a las que dedicó su etapa de madurez.

Por otra parte, en 1972 Jean Giraud no estaba todavía identificado por el público como Moebius. Aunque ya había utilizado ese pseudónimo en alguna ocasión, Giraud era en aquel año conocido como el dibujante de Blueberry. Fue a partir del año siguiente cuando se produjo la geminación en la personalidad del autor.


Esta información, decía, no es necesaria para disfrutar el vídeo. Pero pienso que enriquece la contemplación.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Los gringos

El cine y el western (y el psicoanálisis, por cierto) nacieron de la mano con el siglo XX y lo cubren por completo, nouménica y fenoménicamente.

El siglo XXI parece que va por otros derroteros, lo cual confirma que cada centuria tiene su propia especificidad.


Uno de los grandes guionistas de tebeos de aventuras del siglo XX fue Jean-Michel Charlier (1924-1989). Hemos visto que Charlier creó junto con el dibujante Jean Giraud  dos series del oeste: Blueberry y Jim Cutlass. La primera de ellas, mucho más extensa y extendida, consiguió demostrar definitivamente que existe una poética del cómic tan sólida y sugerente como pueda ser la poética del cine, en esta ocasión circunscribiendo las artes al género western.

Charlier creó otra serie adscribible a este género, esta vez dibujada por un español afincado en Francia, el asturiano Víctor de la Fuente (1927-2010). Se trata de Los Gringos.


Una vez más, Charlier inició la serie, pero no la culminó. De los seis episodios que componen Los Gringos, solo escribió los dos primeros (Viva la Revolución y Viva Villa). Posteriormente, Guy Vidal se ocupó de guionizar los cuatro restantes (Viva Adelita, Viva México, Viva Blueberry y Viva Zapata). Del dibujo y la ilustración de la serie completa se encargó De la Fuente.

La mera enumeración de los títulos que conforman Los Gringos instala al lector en el marco en que se desenvuelven los hechos, la revolución mexicana -y sus principales protagonistas- durante el segundo decenio del pasado siglo. Los gringos no son otros que dos jóvenes estadounidenses ("del otro lado de Río Grande") que se ven involucrados a su pesar en los acontecimientos narrados. No obstante, los dos gringos solo son la ocasión para el despliegue visual (De la Fuente) y narrativo (Charlier y Vidal) que se ofrece al lector.

Lo que prevalece en Los Gringos es la acción, la aventura. El ritmo vertiginoso que Charlier imprimía a sus guiones arrastra la historia sin tregua o descanso para el lector. Guy Vidal estuvo a la altura, si bien se percibe un talento distinto en su escritura. En ambos casos, el entretenimiento aparece fuertemente asentado en la documentación y la fidelidad histórica, de modo que en más de un sentido Los Gringos viene a ser un fresco deleitoso de la Revolución mexicana. Esta circunstancia, unida a la importancia que en esta historieta adquieren la gasolina y el motor de explosión (avioneta, automóvil) y la ametralladora en detrimento del caballo y la pistola, mas -razón determinante- la ausencia de un héroe o antihéroe caracterizado como tal, lleva a poner en cuestión que Los Gringos sea ciertamente un western.

Eso es lo de menos, me parece. Los escenarios, los personajes, las acciones y sobre todo la épica implícita, convierten esta serie en un magnífico regalo para los degustadores del género del oeste.


jueves, 4 de septiembre de 2014

Jim Cutlass

El tándem Charlier-Giraud que tan bien funcionaba con las aventuras de Blueberry concibió otra serie de género western: Jim Cutlass. De esta serie, Charlier solo llegó a escribir la primera historieta, titulada Mississippi River.


Los planteamientos narrativos de Charlier y figurativos de Giraud son en Jim Cutlass similares a los de la serie Blueberry. El marco de la historia en este caso es el inmediato a la Guerra de Secesión o American Civil War (1861-1865). Las aventuras se suceden teniendo en cuenta que el protagonista principal, Jim Cutlass, es un pelirrojo excombatiente yankee vinculado por nacimiento y herencia a las tierras sudistas de Nueva Orleans.

En términos generales, y al igual que en Blueberry, en Jim Cutlass se evidencia en qué medida el género western está estrechamente vinculado al cine.


A propósito de esto, si tenemos en cuenta que Jim Cutlass vio la luz en 1980, no es aventurado imaginar que el zaragozano Calpurnio (Eduardo Pelegrín, n. 1959) encontró inspiración -para al menos el nombre de su personaje Cuttlas- en la serie iniciada por Charlier y Giraud, dado que el origen de la serie El bueno de Cuttlas de Calpurnio data de 1983.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

Blueberry

De hecho, las aventuras del teniente Blueberry son una muestra de tebeo de alta calidad en formato 48CC, con todas las características propias de este tipo de álbumes: sus episodios constituyen una serie que es adscribible a un género (el del oeste), estaba dirigida en principio a un público adolescente y es a la vez enormemente popular.


Hay quien considera que Blueberry es algo así como el western más perfecto de los realizados en cómic. A ello contribuye sin duda la pericia del dibujo de Giraud, de un extremo detallismo de corte tan realista que fuera como si el polvo de los caminos, el sudor de los personajes y los relinchos de los caballos sacudieran la retina del lector.


Pero no cabe duda tampoco de que no es solo el dibujo de Jean Giraud lo que determina la calidad de Blueberry. Y es que las mejores aventuras de esta amplia serie son aquellas que fueron escritas por el belga Jean-Michel Charlier, es decir, las recogidas en los veintitrés álbumes publicados con la firma de ambos entre 1965 (Fort Navajo) y 1990 (Arizona Love).

La colaboración entre el guionista Charlier y el dibujante Giraud comenzó en 1963 mediante la publicación en la revista Pilote, bajo el sistema "Continuará", de las aventuras del Teniente de Caballería Mike S. Donovan, alias Blueberry.


Dicha colaboración terminó abruptamente con la muerte de Charlier en 1989.

04.09.2014

El guionista Charlier y el dibujante Giraud se compenetraron tan perfectamente en la elaboración de la serie de Blueberry como lo hicieron a su vez Goscinny y Uderzo en su serie de Astérix. Se trata de dos grandes éxitos internacionales del cómic europeo en el formato 48CC, cada uno en sus respectivos géneros.


El estilo narrativo (Charlier) y figurativo (Giraud) de las aventuras de Blueberry corresponde al momento de auge del llamado western revisionista o incluso western crepuscular, que no viene a ser otra cosa que un western con rostro humano. En esta nueva concepción, los héroes planos y sin fisuras dieron paso a los antihéroes. El maniqueísmo de buenos y malos ("el único indio es el indio muerto") se vio sucedido por un nuevo relativismo en el que no siempre las cosas son como parecen y donde las cualidades humanas están repartidas entre unos y otros indiscriminadamente. Los valores absolutos a la hora de explicar los móviles de las acciones de los personajes se diluyeron en nombre de realidades tangibles y determinantes de comportamientos diversos. Los estereotipos de cartón-piedra tradicionales fueron superados por una representación realista de ambientes, actores y situaciones. En definitiva, del mito inicial acerca del salvaje oeste se pasó a una nueva expresión artística que añadía la reflexión psicológica a la fidelidad histórica.

La historia del cine, que es inseparable de la historia del género del oeste, dio buenas muestras entre los años sesenta y setenta -tal vez un poco antes (John Ford)- de esta nueva concepción de un género que mostraba ya señales de acartonamiento. Películas como Pequeño Gran Hombre (1970) de Arthur Penn -por no extenderme demasiado-, sirven como ejemplo de lo que digo. En el medio cinematográfico hubo también, dentro de este movimiento revisionista del western tradicional, versiones caricaturescas del género, si bien aportaron también nuevos aires de renovación. La película de 1964 Por un puñado de dólares, del italiano Sergio Leone, es una buena muestra de esta variante renovadora del género del oeste.

Todos estos aires se encuentran presentes en la serie de Blueberry. El realismo figurativo de Giraud se vio complementado con un tremendo trabajo de documentación y de fidelidad histórica por parte de Charlier. Los marcos de la Guerra Civil o de Secesión estadounidense, de la Guerra del Indio y hasta de la Revolución mexicana aportaron escenarios y tramas para los sucesivos arcos narrativos que conforman las aventuras de Blueberry creadas por Charlier y Giraud.

Todo ello se dio, sin embargo, sin dejar de lado el factor de entretenimiento que es seguramente consustancial a los cómics desde su nacimiento.


miércoles, 27 de agosto de 2014

Giraud/Gir/Moebius


Por casualidad, a ver si no por qué, este hilo comenzó justo una semana antes de que falleciera Jean Giraud (1938-2012). Este es el sucinto post que le dediqué entonces al acontecimiento:

                                                        Un dibujo de Escher en homenaje a Moebius.
Lo primero que procede al acercarse a Jean Giraud es constatar su doble manifestación como dibujante y autor de tebeos, es decir, apreciar la doble expresión simbólica de su personalidad.

Por un lado Giraud, bajo la firma 'Gir', fue el brillante ilustrador minucioso y detallista de las aventuras del teniente Blueberry, de las que a partir de cierto momento (tras el fallecimiento de Charlier) escribiría también algunos guiones.


Por otro lado Giraud, bajo la firma 'Moebius', fue el creador de un universo plástico pleno de arquitecturas y poblado por seres como Arzach, el mayor Grubert (Mayor Fatal) y otros, además de por los personajes ideados por escritores como O'Bannon y Jodorowsky.


De esta dualidad expresiva, de esta esquizofrenia aparente dio cuenta el mismo Giraud cuando en una nota a pie de página de El garaje hermético, un obra firmada por Moebius*, se lee:

(*) O como volverse sobre uno mismo para hacer de dos rostros uno.

Creo que esta nota es la clave que descifra el misterio de Jean Giraud - Gir - Moebius.

Cómo ser dos siendo uno, o como ser uno siendo dos a la vez.

Hacer de dos rostros uno. La cinta de Moebius, cuya figura es afín a la representación del infinito matemático.

Ese era el significado de mi sucinto homenaje a Giaraud, para el cual recurrí a otro gran genio de la ilustración, M. C. Escher.

Con el tiempo, Moebius acabaría por absorber completamente a Gir. Pero esa es ya otra historia en la historia del cómic.