Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

sábado, 7 de enero de 2017

Los años Sputnik: Nostalgia del futuro bajo el combate

Este no es un blog de novedadades. Es más de actualizaciones. De lecturas y relecturas. De escritos y de reflexiones... a propósito de los cómics. 

Por ejemplo.

1.- Cuando está liquidado -si es que puede estarlo-, el pasado no existe. Sin embargo, cuando no está liquidado, el pasado tampoco existe; opera en el ahora y por lo tanto no es pasado, sino presente.

Y del futuro, en fin, qué decir ante el espectáculo actual, salvo que tampoco existe.

Hubo un tiempo, en cambio, en que sí que parecía existir el futuro. Es un tiempo aquel actualizado, por ejemplo, por el arte de Baru. . 



2.- La afirmación de la lucha de clases como motor de la historia es la concreción de un principio más universal: el motor de la historia es la oposición de contrarios (Heráclito de Éfeso). Como tal, el antagonismo, el conflicto, la lucha es también el motor de muchísimas historietas. Por ejemplo, las de Baru.



Entre 1999 y 2003, el historietista francés Baru (Hervé Barulea, n. 1947) publicó cuatro álbumes (Le penalty, C'est moi le chef!, Bip bip!, Boncornards Têtes-de-lards!) que fueron reunidos en una edición integral publicada en 2009 con el título Les Années Spoutnik, traducida y editada aquí en 2013 como Los años Sputnik. Lo primero que se puede decir de esta obra es que es una magnífica carta de presentación del trabajo de Baru.


Efectivamente, Los años Sputnik supone ya desde el título un ejercicio de evocación. Los hechos que cuenta Baru en este cómic transcurren en 1957, año en que la entonces Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1, iniciándose con ello el denominado Programa Sputnik, vigente en la URSS hasta comienzos de la década de los sesenta. Es fácil imaginar la conmoción que causó el éxito de este lanzamiento. Supuso el comienzo de la carrera espacial (1957-1975), una sofisticada versión de la competencia entre la Unión Soviética y Estados Unidos en el contexto de la guerra fría. (Esta competencia se manifestaba incluso en el lenguaje: cosmonautas soviéticos, astronautas estadounidenses.)

La carrera espacial suscitaba ensoñaciones futuristas y de progreso. El personaje central de Los años Sputnik se llama Igor y tiene diez años, la misma edad que tenía Baru (nacido en 1947) por entonces. Claro que hay autobiografía en esta obra. Pero hay mucho más. No se trata de una mera evocación nostálgica del pasado. Si hay nostalgia en Los años Sputnik, esta viene a ser una nostalgia del futuro, un futuro esperanzado como sugerían las circunstancias de aquel periodo. Hay también una toma de partido en la posición de Baru ante aquella confrontación.


Porque de confrontación se trata. Cuando comencé a leer Los años Sputnik me dio la sensación de que estaba ante una nueva versión de La guerra de los botones, el clásico relato de Louis Pergaud publicado en 1912. Muy francés todo, pensaba yo, esto de inscribir una obra nueva en la tradición nacional. Sin embargo, según avanzaba mi lectura de Los años Sputnik me percataba de que la cosa no se reduce a eso. Hay desde luego concomitancias entre la novela de Pergaud y el cómic de Baru. En el plano formal: la edad de los protagonistas, p. e., y en el plano del contenido: la lucha, el conflicto como germen de la historia. Las diferencias conciernen sobre todo a la proyección política de la obra de Baru. El conflicto entre los niños en Los años Sputnik es un trasunto de la lucha de clases entre los adultos. (Se me ocurre que la versión fílmica de 2011 de La guerra de los botones, dirigida por Christophe Barratier, asume también una proyección política al situar la historia en el escenario de la II GM y la Resistencia francesa.)

La lucha como motor de la historia es una constante en los tebeos de Baru. Una lucha localizada políticamente. Incluso en sus cómics centrados en la figura de un boxeador (El camino de América y Rabioso), la lucha individual del protagonista conecta con el combate político y social.

(Por cierto, el arte de Baru al representar los combates de boxeo está a la altura del arte de Jaime Hernandez cuando representa los combates de wrestling femenino.)

De este modo, la autobiografía o autoficción de Baru en Los años Sputnik cede en importancia ante el valor de la historia dibujada. Es un buen enfoque, ya que un ombliguismo desmesurado podría restar interés a lo que se cuenta y a su significado final.


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