Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Memoria histórica y familiar de Jaime Martín, ni lejana ni ajena

Ante lo que va sucediendo noticia a noticia en el mundo, me sumerjo para variar en un nuevo tebeo. No empieza mal. Tras un estupendo primer capítulo, el inicio del segundo me sacude con una cita de Albert Camus que conecta con una cierta desazón actual:

"Fue en España donde mi 
generación aprendió que uno 
puede tener razón y ser derrotado, 
que la fuerza puede destruir 
el alma y que a veces el coraje 
no obtiene recompensa."




El tebeo en cuestión es Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín (n. 1966), novedad que forma un díptico (de momento) con otro álbum que Martín publicó hace un par de años: Las guerras silenciosas. Ambas obras se inscriben con brillantez en el importante grupo de cómics que exhiben lo que otros medios silencian, e. e., historias auténticas de personajes leales cuyas circunstancias se vieron quebradas por la guerra del 36 y por la consiguiente postguerra, con toda la miseria moral implantada a sangre y fuego por los vencedores desde el primer día de la contienda que ellos mismos, los arrasadores, provocaron. 

(Es indiscutible la contribución creciente del arte del tebeo a la recomposición de la memoria histórica en favor de, entre otras cosas, una hermenéutica del presente. Todo ello sin abandonar lo específico de este arte, que a fin de cuentas suele remitir a una disposición anímica vitalista.)



El vínculo narrativo existente entre Las guerras silenciosas y Jamás tendré 20 años concierne a la familia de Jaime Martín. El primero de estos dos álbumes, Las guerras silenciosas (un magnífico título), describe a través de "la mili" del padre de Martín el escenario y el clima de una guerra, poco menos que secreta, que hubo entre la España de Franco y el reino de Marruecos por causa del territorio de Ifni. El segundo álbum, Jamás tendré 20 años -de algún modo presagiado en el primero-, se centra en las peripecias de los abuelos maternos del autor a propósito de la última guerra y postguerra españolas. Son dos títulos complementarios que inciden, con motivo de la saga familiar de Martín, en la historia bélica y belicista del franquismo. Tal y como cabe esperar de los buenos tebeos, las historias dibujadas en estos dos álbumes no consumen la significación de los mismos.



Una prueba de la oportunidad de recuperar nuestra historia mediante el cómic -y otros medios- nos la proporciona Jaime Martín en Jamás tendré 20 años. Este relato gráfico muestra cómo la razón de la fuerza truncó en julio de 1936 la vida de gentes de buena voluntad y, en definitiva, deshizo el proyecto de sociedad civil instaurado por la II República. Del arte de Jaime Martín en esta obra destaco la iluminación de las planchas, luz que pasa a ser un firme elemento narrativo. Valgan como ejemplo las páginas 22 y 23 del tebeo editado por Norma.

En cuanto a su valor para la hermenéutica del presente, el recuerdo de todo aquello nos alerta ante las dudas que sobrevienen día a día acerca de que hayamos conseguido asentar sólidamente la fuerza de la razón. Ese es, ni más ni menos, el resquemor que produce lo que ocurre actualmente, no solo en nuestro país; un recelo muy bien ilustrado por las palabras de Camus cuando escribe que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que a veces el coraje no obtiene recompensa. 


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