Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

viernes, 22 de mayo de 2020

Sartre, Camus

Figuración filosófica y narrativa, pero sobre todo gráfica. Material de primera. Jean-Paul Sartre y Albert Camus, existencialistas. El primero rechazó el Premio Nobel razonadamente; el segundo pronunció tras la aceptación del premio un discurso de referencia. Niño rico, niño pobre. Sartre y Camus. Sus destinos en el imaginario común están indisolublemente ligados por causas contingentes (la contingencia es nuestra madre, salvo prueba en contrario). Pero en este binomio falta un tercer elemento, sin el cual el asunto decae, al menos de una de las dos partes. Me refiero a Simone de Beauvoir, personaje consustancial en la hisoria de Sartre. El cómic de Mathilde Ramadier y Anaïs Depommier lleva por título Sartre - Una existencia, algunas libertades (2015), si bien al leerlo se echa de menos la presencia de Beauvoir en el título, dado el destacado papel de la filósofa tanto en el tebeo como en la propia vida de Sartre. Por su parte, el cómic de José Lenzini y Laurent Gnoni: Camus. Entre justicia y madre (2017) posee un título revelador que sintetiza la producción del escritor francoargelino. 

Camus irrumpió en la vida de Sartre el 3 de junio de 1943, día del estreno de Las moscas (uno de los dramas sartreanos), aunque los dos escritores filósofos ya se habían leído previamente. La relación entre ambos terminó en 1951 tras la publicación de El hombre rebelde, obra de Camus. Es una historia conocida. Aunque Camus rechazara que se le incluyese entre los existencialistas, lo cierto es que el existencialismo fue algo más que una filosofía de moda. Era un movimiento que trascendía la academia, un modo de estar en el mundo, un Zeitgeist que recorrió Europa, el estilo y la pátina de al menos una generación (Nada, la novela de Carmen Laforet del año 1945, es pura literatura existencialista). Sartre y Camus eran personajes públicos y famosos. Las diferencias entre los dos fueron también notorias. Cierto aire condescendiente por parte de Sartre (y de Beauvoir) respecto a Camus, condescendencia marcada por un orgullo filosófico, pero también de clase, terminó por arruinar la relación entre los dos intelectuales a raíz de la dura crítica que, a instancias de Sartre, escribió Francis Jeanson en la revista Les temps modernes a propósito de El hombre rebelde. Tanto el cómic de Ramadier y Depommier como el de Lenzini y Gnoni dan cuenta de esta ruptura. El segundo expone además el rechazo que la intelligentsia parisina expresó contra Camus. Sin embargo, el paso del tiempo parece que inclina la balanza en otro sentido... aunque nunca se sabe. La cosa podría quedar finalmente en tablas. O en el más cruel olvido.

Curiosamente, las diferencias bien patentes entre estos dos tebeos, entre sus respectivas facturas, reproducen estéticamente las diferencias más que ambientales que hay entre Sartre y Camus. Pero también reflejan la complementariedad que los une. Mario Vargas Llosa recogió en el título de uno de sus libros, Entre Sartre y Camus (1981), la situación que se presenta ante estos dos intelectuales del siglo pasado. Ellos mismos nos hablaron de la importancia y el valor de elegir. Pero la verdad es que algunos preferiríamos no tener que hacerlo, elegir entre uno u otro, o hacerlo solamente a ratos y según el momento. 


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