Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

sábado, 12 de noviembre de 2016

Pseudociencia. El alcance político de la superchería



Si la comunidad científica es un paradigma de comunidad democrática, cuando en democracia accede al poder una élite de dirigentes que presumen de mantener opiniones pseudociéntíficas se evidencia el fracaso no solo de la ciencia, sino también de la democracia.

[En tiempos convulsos es malo abandonar la razón sensata, avalada por la experiencia; tal vez al revés, es el abandono de la razón sensata, avalada por la experiencia, lo que facilita la emergencia de tiempos convulsos.]

La insistencia repetida en que todas las opiniones son respetables y valiosas, aunque sean irracionales y anticientíficas, trae consigo situaciones absurdas... en el mejor de los casos. Pero siendo el poder y sus relaciones lo determinante en primera y en última instancia, las creencias infundadas dejan de ser meramente absurdas cuando son respaldadas por altos cargos de la jerarquía social. En ese caso, las afirmaciones pseudocientíficas devienen peligrosas si se emplean para justificar actuaciones de barbarie. No habrá que dejar de insistir, entonces, en que lo verdaderamente respetable no son todas las opiniones, sino más bien todas las personas y la vida en todas sus manifestaciones. 




En momentos como el actual es procedente traer a colación en este blog Pseudociencia, cuyo subtítulo es Mentiras, fraudes y otros timos. Se trata de un cómic de 2012 escrito y dibujado por Darryl Cunningham (n. 1960) y publicado entre nosotros hace tres años. Igual que otros títulos comentados aquí como Logicomix, Cosmicómic, Neurocómic y Última lección en Gotinga, el libro de Cunningham se integra en ese lote de tebeos que combinan el arte del cómic con la voluntad de divulgación científica. En un sentido más amplio, Pseudociencia pertenece al grupo de cómics de no ficción que, sin tratar necesariamente cuestiones científicas, presentan un discurso temático imbuido de racionalidad al servicio de la información y el conocimiento. Pienso en títulos como La guerra civil españolaLa voz que no cesa, Olympe de Gouges y otras tantas biografías en cómic; los reportajes y crónicas de Joe Sacco; la trilogía metahistorietística de Scott McCloud (el cual, por cierto, es citado en el capítulo de agradecimientos de Pseudociencia). Lo que convierte a estos libros de no ficción en auténticos tebeos es que en ellos las imágenes no son simples ilustraciones de lo que se escribe y viceversa, los textos no son comentarios sin más de lo que ilustran las imágenes. Hay en estos cómics una narratividad lograda a través de elementos verbales e icónicos sabiamente conjugados. 

Sin embargo, en estos tiempos convulsos Pseudociencia adquiere relevancia debido a las nefastas consecuencias políticas que conlleva el abandono de esa síntesis de razón y experiencia que caracteriza a la ciencia y que es también constitutiva de la auténtica democracia. 


Terapia electroconvulsiva, Homeopatía, Movimiento antivacunas, Negación del cambio climático, Quiropraxis, Fracking, Antievolucionismo, Antialunizaje, todos ellos ítems exponentes de la Negación científica, son prácticas irracionales cuando no falsarias analizadas por Cunningham en Pseudociencia. Destaca sobre todo la actitud escéptica y crítica -motor de la ciencia- que exhibe el autor, junto a un cierto optimismo suyo que anima: 
"Sin embargo el poder de la industria tiene sus límites como bien saben las empresas tabaqueras... La verdad siempre termina saliendo a flote. Nadie puede mantener una mentira indefinidamente." 



El mismo autor de Pseudociencia, Darryl Cunningham, publicó en 2015 un cómic titulado The Age of Selfishness (La edad -o la era- del egoísmo), todavía no traducido aquí que yo sepa. Es una biografía de Ayn Rand, una pseudofilósofa y escritora del siglo veinte que influyó sobremanera en las clases medias y altas de EE UU. Su ideología es un cóctel que justifica el giro iniciado en la era de Ronald Reagan y Margaret Thatcher a comienzos de los ochenta pasados y ha desembocado, de momento, en la recién inaugurada era de Donald Trump. 

Cunningham demuestra con su trabajo que las afirmaciones gratuitas, pesudocientíficas, pseudofilosóficas, falsarias al cabo, pueden servir para sustentar posiciones políticas que instaladas en el poder son peligrosas por su ausencia de compromiso social. Me quedo con la actitud y el hacer de este autor. Me quedo con su optimismo inspirado en la seguridad que proporciona el conocimiento. 


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