Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

lunes, 14 de noviembre de 2016

El Persa y sus dimensiones



Me apetece escribir sobre El Persa. No lo conocí personalmente, era varios años mayor que yo; sin embargo, sí tuve noticia de él. Conservo también cierto conocimiento directo o por familiaridad de una parte de su universo y de su obra. El Persa me resulta cercano.

José Cardona (1943-2012) nació en Valencia. Su padre, oriundo de Xàbia, montó una pastelería en la valenciana calle de Borrull y fue allí donde el artista vino al mundo y se crió. Eran años de postguerra y escasez. Era época también de recortables y de tebeos. Y de novelitas baratas. Sobre esto de la cultura popular de papel, justo al lado del negocio familiar de los Cardona había una paraeta, un kiosco o tienda al por menor que proveía a los niños y niñas del barrio y a más de un adulto. José Cardona pasó muchas horas de su infancia así, entre el horno, la paraeta, los tebeos y los recortables. (La afición infantil por las chucherías y los juguetitos de plástico llegaría tras su niñez, en la época ya de la tele y el olvido de la mesa camilla y el brasero.) En edad muy temprana se manifestó en aquel niño una facilidad para el dibujo y la figuración. Esa facilidad le ayudó de por vida. 


Cuando José Cardona contaba más o menos diecisiete años de edad, Alfonso Belmonte, un profesor que preparaba el ingreso del joven a la Facultad de Arquitectura de Barcelona (pues en Valencia no existía aún tal Escuela) le puso el apodo que José adoptó hasta el final: El Persa. Abandonó la carrera antes de licenciarse. Bajo la firma El Persa eligió otro camino, si bien conservó y cultivó siempre sus capacidades para la arquitectura, entendida por él como el arte de jugar con las tres dimensiones y acaso la cuarta.

Dos libros de la editorial Media Vaca se centran en su figura y su obra. Uno de ellos es El Persa. Ese desconocido (2007). El otro, El Persa. Sólo Para Amigos (2013). Son dos fuentes complementarias -documentadas y bellas- para acceder a la vida, el trabajo y el entorno de José Cardona.


El Persa perteneció a la primera generación de postguerra, surgida en las cercanías (casi antes, durante o después) de dos guerras, tanto la del 36-39 como la II GM. Fue una generación que reaccionó ante la sordidez (del franquismo, de la guerra fría) de diferentes maneras; unas reivindicativas -defensa de los derechos civiles, "irse de casa", mayo francés, antifranquismo-, otras imaginativas -nuevas formas de relacionarse con el mundo, novedoso desarrollo de las artes populares, plásticas y musicales-. El Persa eligió la vía de la ilustración, el cómic, los cromos ... y sobre todo los recortables (la llamada "prensa efímera"). Fue único en este aspecto. Concibió el recortable como un arte multidimensional.


El valor de El Persa no se limita solo a la calidad de sus obras. Estriba también en la concepción que él tuvo de su trabajo como propio del "artista medio", en la integración de su vida en consonancia con ese trabajo, en el mantenimiento del mismo hasta el fin de sus días. 

Esta reivindicación del artista medio es valiosa. En un mundo necio ("Todo necio confunde valor y precio", escribió A. Machado), un mundo que solo entiende el arte ligado al éxito o peor, a la fama, y en el que la palabra loser (perdedor) se aplica a todo aquel que no triunfa de inmediato y gana mucho dinero, en un mundo así, resaltar el papel del artista medio es hacerle un servicio a la inmensa comunidad de artistas voluntariosos, muchas veces desconocidos, que mantienen su actividad independientemente de que puedan vivir de ella. En última instancia, la actitud vital de El Persa le hizo un gran servicio al arte. Y si no pareciera demasiado pretencioso o infatuado, diría que también a la humanidad. 



El Persa, en fin. A tener en cuenta. 


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