Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

lunes, 12 de mayo de 2014

El tapiz de Bayeux

Uno de los tópicos que conforman la comicología (siendo esta a los cómics como es a la música la musicología) es el que se refiere al origen del arte de la historieta, es decir, el tópico que atañe a determinar en qué momento o cuándo nacieron los cómics.

Aunque está claro que hablamos de arte secuencial, que viene a ser uno aunque diverso, aquí sí que sería tal vez conveniente hacer alguna distinción terminológica. Ya que una buena parte de las discusiones en este respecto, la que tiene que ver con el origen de ese arte, procede de usar indistintamente los términos 'historieta', 'tebeo', 'cómic', 'arte secuencial' y otros afines. Este uso indiscriminado, sin matizar, es cómodo y útil en la mayoría de ocasiones. Pero hay otras veces en que dicha confusión de términos enturbia la conversación, cuando no la dificulta.

Una de esas veces, en mi opinión, es la que afecta a la historia del cómic y del tebeo, concretamente a su nacimiento.

Yo entiendo que el cómic es inseparable de -o tiene como condición sine qua non- la reproductibilidad técnica facilitada por el surgimiento de la imprenta. Más concretamente, el cómic sería inherente a esa forma de impresión más tardía que fue la prensa de información masiva y periódica realizada a través de diarios, semanarios y tal. Según esta hipótesis, el cómic moderno habría nacido gracias al soporte que le proporcionó esa prensa periódica de distribución masiva. Las tiras de viñetas cómicas que aparecían en los diarios y semanarios de mediados y finales del siglo XIX habrían sido, entonces, la fuente de la que surgieron los posteriores comicbooks y tebeos. No obstante, la historia de la representación gráfica secuencial es mucho más antigua.


Otro enfoque de esta historia sostiene la tesis de la continuidad. Según esa tesis, las novelas gráficas actuales son el último desarrollo de un arte gráfico iniciado en la prehistoria mediante las representaciones de escenas de caza en las paredes de las cuevas. Bajorrelieves mesopotámicos, papiros egipcios, manuscritos iluminados, vitrales y tapices medievales, xilografías, pliegos de cordel y aleluyas de la edad moderna y litografías de la edad contemporánea serían así, más que precedentes, manifestaciones o variantes históricas de un mismo arte secuencial ininterrumpido.

En esta historia ocupa un lugar destacado el Tapiz de Bayeux o Tapiz de la Reina Matilde, del siglo XI de nuestra era. Mide casi setenta metros de largo por medio metro de altura. Representa la conquista de Inglaterra por los normandos entre los años 1064 y 1066. Está secuenciado en nueve fragmentos que representan más de medio centenar de escenas y contiene inscripciones en latín a modo de relato.



Sea galgo, sea podenco; esto es, sea que se considere que el Tapiz de Bayeux es un precedente en la historia del cómic, sea que se lo interprete como siendo una modalidad temprana de cómic, no deja de ser esta una disquisición académica. Lo que es innegable es el indiscutible valor de este tapiz como interesantísima representación secuencial; un valor sazonado sin duda por la importancia secular (por no decir diacrónica, que sonaría redundante) de la historia.

Dejo una versión animada del Tapiz de Bayeux.




13.05.2014

Me dice un interlocutor:

No conocía ese tapiz, pero me acaba de recordar al Papiro de Ani, que también podría valer como precedente, más antiguo todavía.

Sí, pero hay una notable diferencia. El Papiro de Ani es un libro con las características que tenían entonces los libros. Es un rollo de pergamino, de igual modo que los diez libros de la República de Platón estaban escritos en rollos de pergamino (de cada uno de esos rollos o libros deriva la palabra 'volumen').

El lenguaje en el que está escrito el Papiro de Ani es jeroglífico, es decir, en él los iconos representan de un modo u otro palabras, a diferencia del Tapiz de Bayeux, en el que los iconos representan escenas. Otra cosa son las imágenes grandes que hay en ese Papiro además de los signos jeroglíficos. Esas sí que pueden ser representaciones secuenciales. En cuyo caso estaríamos ante un libro ilustrado, un poco a semejanza de los libros iluminados de la edad media.


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