Salud y tebeos

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"Mantened los ojos bien abiertos" (Winsor McCay)

martes, 5 de julio de 2016

Philémon, de Fred. (1) Lo mejor del sentido de una época

No exagera Álvaro Pons cuando habla de su preferencia [p. e., aquí] por la serie Philémon, de Fred (Frédéric Othon Théodore Aristidès, 1931-2013). Su consideración está absolutamente fundamentada.


Philémon vio la luz en 1965 en la revista Pilote. A partir de 1972, la serie fue apareciendo en álbumes recopilatorios sucesivos, cada uno con su título, hasta 1987, año en que se publicó el decimoquinto. Finalmente, en 2013 salió un álbum 16 que clausura la serie, junto con la vida de su creador (Fred falleció menos de dos meses después de la publicación de este último tomo).

En 2011, la casa Dargaud publicó en Francia una edición integral de Philémon en tres volúmenes, a razón de cinco álbumes de la serie por libro. Esta edición de Dargaud es la que ha comenzado a publicar ahora, traducida a nuestro idioma, ECC Ediciones. De momento ha salido el primer volumen, que reúne los cinco primeros álbumes de la serie. No sabemos todavía, entonces, si el tomo 16 de Philémon, titulado Le Train où vont les choses (aparecido en 2013), estará en esta edición integral de ECC. Esperemos que sí.

Este primer libro disponible de ECC es suficiente para comprobar que Philémon es un tebeo que recoge y expresa lo mejor de una época.


Lo mejor de una época se percibe a través de su sentido. Es este, el sentido, el que expresa el valor de lo que acontece en cada coyuntura, en cada sucesión de acontecimientos.

El sentido no se dice. Se muestra. (No se encuentra en la rosa, sino en el nombre de la rosa.) Y lo hace a través de la figuración, incluidas las imágenes acústicas.

Las artes, aunque no solo ellas, expresan el sentido de una época... si bien no se reducen a eso. El arte del tebeo también.

Me refiero, en concreto, a la época en que alumbró el deseo de encontrar la playa debajo de los adoquines. Underground y formas pop.

Lo llamativo es cómo Fred vertió entre las viñetas multicolores de Philémon el anhelo de la revolución (el 'sesentayocho' y tal). Un anhelo expresado plástica, narrativa y poéticamente por otros autores (Calatayud, se me ocurre), con mayor o menor fortuna, pero magistralmente por Fred, quien conjugó con su arte los tres modos.


Es la época que adoptó como un guante el aforismo de Paul Valéry: "Lo más profundo es la piel".

Así, Fred parece haberse desenvuelto con soltura entre los efectos de superficie (igual que Jean Giraud se deslizaba hermosamente por la cinta de Moebius). De hecho, leyendo y contemplando Philémon resuena otro aforismo, este de Jacques Lacan: "El inconsciente está estructurado como un lenguaje".

Son las quince letras de un nombre, Océan Atlantique, los mojones que a manera de islas delimitan la superficie de la representación llevada a cabo por Fred en Philémon. Unas islas que no existen pero están ahí, como ocurre con el imaginario que aflora cuando emerge el inconsciente.

Se entienden, entonces, las comparaciones que sitúan a Fred a la altura de Lewis Carroll, de Jonathan Swift, de Winsor McCay, de George Herriman. Y se entienden también los comentarios que apuntan a la transversalidad del discurso de Fred.

Nos quedamos por ahora con esto. La articulación visual, narrativa y poética del deseo le sirvió a Fred para expresar el sentido de una época. Admirablemente, pues lo hizo mediante un tebeo puro, asequible a cualquier edad y condición (lo cual es un marchamo de identidad del noveno arte, según acredita su génesis).

Supongo que los tomos dos y tres de la integral de Philémon que comento confirmarán lo que digo.


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